Adicción a la pornografía (II): justificación del término

Mis últimos libros publicados sobre pornografía y educación sexual, escritos para ayudar a familias y profesionales, en la compleja tarea de afrontar los retos que tienen nuestros menores y jóvenes, en una sociedad digital convertida en referente y modelo educativo. Si quieres saber más visita el apartado libros en mi web.

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Este artículo pertenece a una serie de ellos en los que abordamos la adicción a la pornografía. En el anterior artículo señalé algunos efectos del consumo de pornografía y me aproximé al concepto de adicción, dando mi opinión acerca de la necesidad de hablar específicamente de ADICCIÓN A LAS PELÍCULAS SEXUALES o de ADICCIÓN A LA PORNOGRAFÍA. En esta entrega justificaré esa consideración.

Existen numerosos trabajos que sugieren considerar la adicción a la pornografía como una adicción conductual, comparándola con otras adicciones. Se habla de “la cocaína de Internet”. Creo que es pertinente comenzar a hablar con esa denominación como adicción conductual.

Hay diversas opiniones, desde una perspectiva neurocientífica, de ciertas similitudes entre la tecnología adictiva y la cocaína”. Por ejemplo, un autor conocido, Marc Potenza, señala que “Tenemos estudios de neuroimagen que demuestran que el cerebro se activa de la misma manera en estas personas que en alguien que consume cocaína», y que «Las mismas áreas cerebrales se activan en el jugador compulsivo que en el drogadicto»[1].

Existe notable evidencia científica (Brand M. y col. 2019 [2], Alter A.[3], Lembke, A.[4]  )respecto de que, el mecanismo de acción de las llamadas adicciones comportamentales (extensible también a las RRSS, apuestas on line o presenciales, videojuegos…) pone en marcha el circuito de recompensa del cerebro, (Centro de Recompensa CR) liberando dopamina en áreas como el núcleo accumbens. Como es sabido, este neurotransmisor está implicado en todo lo que tenga que ver con el placer y la satisfacción de las necesidades más primarias, para la supervivencia de la especie, en especial el sexo y la comida.  

Además, la Psicología ha estudiado concienzudamente algunos de los mecanismos más significativos en este proceso. Me refiero a la Tolerancia y a la Abstinencia: El consumo de pornografía, muy a menudo, a lo largo del tiempo, produce una cierta adaptación en el cerebro, de manera que va a necesitar más tiempo de uso y, más pronto que tarde, contenidos más “fuertes” para llegar al mismo nivel excitatorio (tolerancia). Si no hay estímulo sexual, se produce otro proceso caracterizado por un intenso malestar, ansiedad, irascibilidad…(abstinencia).

Finalmente, por sintetizar solo los aspectos más significativos, la persona con este trastorno pierde el control de sus impulsos y vuelve a consumir de manera compulsiva, a sabiendas de los efectos negativos que ello conlleva.

Tengo claro el poder adictivo de la pornografía y, de eso saben, los psicólogos/as que tienen en sus consultas pacientes aquejados de esa enfermedad, sus familias y, sobre todo, el propio afectado/a. Es muy fácil engancharse aunque, lamentablemente, no hay una conciencia social de su poder adictivo.

Pienso que la inmensa mayoría de las personas adictas, nunca habrían sospechado a donde les llevó su consumo y del destrozo personal y familiar que comporta. En este sentido, hace falta una mayor educación que, con caracter preventivo, informe rigurosamente y capacite a niños y jóvenes de los riesgos que suponen las adicciones, como señalé en el anterior artículo, en razón de que mis publicaciones tienen una finalidad eminentemente preventiva.

Hay varias clasificaciones de las conductas adictivas. A menudo, se tienden a agrupar en determinadas categorías como, por ejemplo:

  • Sustancias clásicas (drogas, alcohol, tabaco, fármacos…)
  • Juego y apuestas patológicas (on line o presencial)
  • Psicofisiológicas (sexo, comida, ejercicio físico…)
  • Tecnología información (RRSS, pantallas, porno, compras compulsivas, videojuegos…).
  • Conductuales (compulsión, sectas, dependencia emocional…)
  • Otras (trabajo, vigorexia, fama, aplauso, dinero, poder…)

Otra taxonomía también frecuente, es la de considerar dos grupos:

  1. Sustancias

Se pueden incluir “productos” tales como, el tabaco, alcohol, azúcar, bebida de cola, cafeína, cocaína, cannabis, alucinógenos (LSD); inhalantes; opioides sedantes, hipnóticos, ansiolíticos; estimulantes (incluidas sustancias de tipo anfetamínico), fármacos diversos …

  1. No sustancias o Conductuales

En este apartado se incluyen el sexo, películas sexuales, pantallas, videojuegos, comida, apuestas online, RRSS, compras compulsivas…

Todavía nos encontramos con que hay quienes dan más importancia a las primeras, cuando, en realidad, parecen tener un nivel de peligrosidad similar, actúan del mismo modo en el cerebro, con síntomas muy parecidos y con consecuencias muy semejantes. Es cierto que algunas , como el porno, presentan alguans peculiaridades. Ciertas personas siguen acercándose a este hecho desde un modelo de la adicción como enfermedad cerebral, más tradicional, frente al modelo de adicción conductual que es más reciente.

No es baladí esa consideración, por cuanto hay un debate florido, del que no hay que obviar los grandes intereses económicos y de poder que rodean a las conductas adictivas, consideradas como enfermedades neurobiológicas crónicas y recurrentes caracterizadas por la búsqueda y el consumo compulsivo.

Hay infinidad de corporaciones planetarias poderosas, con lobbies en todas las esferas de poder político, que ganan sumas ingentes de dinero en base a manipular y explotar las vulnerabilidades humanas, vendiendo productos diseñados para crear dependencia. Hay que hablar claro.

No hay que olvidar que todo el entorno de las pantallas está cuidadosamente diseñado y planificado para enganchar, crear adictos y consumidores compulsivos sin pensamiento crítico. Se han invertido, y siguen haciéndolo con la IA, cantidades astronómicas con ese propósito: para que las personas estemos el mayor tiempo posible pegados a los móviles, sin rechistar, y parece que lo están consiguiendo tanto en menores como en mayores.

Esas corporaciones son las principales responsables de lo que ocurre y no quieren, de ninguna manera, reconocer su implicación, echando balones fuera: si los niños consumen, dicen, es culpa de los padres y madres, que no les compren móviles.

¿Alguien en su sano juicio, cree que un niño de 8 o 10 años, tiene recursos cognitivos suficientes para salir airoso de esa batalla de poder, de ese influjo poderoso de las industrias de Internet? Imposible, se lo comen, si carece de una capacitación específica.

Criterios de Asociaciones Profesionales

¿Qué dicen las agrupaciones de profesionales? Desde un plano más académico, en 2013 la APA (DSM-V) refiriéndose a los trastornos vinculados al consumo de pornografía, pasó de clasificarlos como “trastornos relacionados con sustancias” a “trastornos    relacionados    con    sustancias y trastornos adictivos”.

 Incluyó “Trastorno de Juego” como trastorno adictivo (antes “trastorno del control de impulsos”), porque mostraba similitudes entre la adicción al juego y las adicciones a sustancias (tolerancia, abstinencia, pérdida de control), curso clínico, comorbilidad y bases neurobiológicas. Sin embargo, no incluye adicción a los videojuegos.

Esta organización reconoce que comparten similitudes con los trastornos relacionados con sustancias, especialmente a nivel neurobiológico, al actuar sobre sistemas de recompensa.

El concepto de adicción, presente en el DSM-V, establece como “grupos de conductas repetitivas, que algunos denominan adicciones conductuales, con categorías como “adicción al sexo,” “adicción al ejercicio,” o “adicción a las compras”.

No se incluyen en ese sistema clasificatorio, porque en este momento, según esa entidad, no hay suficiente evidencia revisada por pares para establecer los criterios de diagnóstico y las descripciones necesarias para identificar estos comportamientos como trastornos mentales.

La OMS, tiene otro sistema clasificatorio de los trastornos mentales (CIE-11) tanto en 2019 como en 2022, introduce cambios en su Clasificación Internacional de Enfermedades, versión 11:  Trastornos del juego, incluyendo a los videojuegos (Gaming Disorders); el Trastorno Sexual Compulsivo, incluyendo el consumo problemático/patológico de pornografía, así como otros trastornos de conductas adictivas.

A su juicio, la adicción a los dispositivos es ya un problema planetario, que tiene vinculación con el aislamiento derivado de la covid-19. Más en concreto, la OMS categorizaba la adicción a los videojuegos como “Trastorno mental del comportamiento o del desarrollo neurológico”.

En resumen, la OMS considera el consumo de pornografía como un Trastorno del comportamiento sexual compulsivo (Código 6C72), mientras que la APA habla de Trastorno de Conducta Sexual Compulsiva, e incluye a la pornografía como un síntoma, no como trastorno.

En este debate, a mi entender, no hay que soslayar el hecho de que la APA es entidad privada de EEUU, donde se promueve y defiende un modelo de salud neoliberal de carácter privado y con una presencia importante de los lobbies de los laboratorios farmacéuticos y de las aseguradoras de salud. Además, no me extrañaría nada que la todopoderosa industria pornográfica no va a permitir, de ninguna manera, que se hable de adicción a la pornografía, porque eso perjudica a sus intereses y comprará las voluntades necesarias para tal fin.

Además, en EEUU, estas adicciones conductuales no son diagnosticables, por lo que normalmente no se pueden facturar a los seguros en los Estados Unidos. Es común que de la atención clínica se ocupen centros privados y que diferentes organizaciones religiosas y ONG ofrezcan tratamientos gratuitos.  

Por el contrario, la OMS es una entidad con arraigo en todo el mundo, que podría considerarse pública y que defiende modelos de salud públicos. Es muy probable que también haya lobbies en su seno, pero creo que lo tienen más dificultoso.

Para esta organización, el Trastorno del Comportamiento Sexual Compulsivo se considera en base a una serie de factores como, por ejemplo: Incapacidad persistente para el control de impulsos sexuales, intensos, repetitivos, que  pueden llevar a conductas habituales, lo que se traduce en la dificultad para controlar y la insistencia en conductas a pesar de las consecuencias negativas. El consumo de pornografía es una de las manifestaciones más comunes de este trastorno.

Este trastorno no se debe a los efectos de una sustancia o a otra condición médica y debe darse en un periodo largo (más de 6 meses) con una clara afectación de la vida personal. El consumo puede considerarse como una manera de escapar de estados emocionales negativos. No se debe confundir con otros diagnósticos tales como Trastorno Obsesivo-Compulsivo (en el que el comportamiento sexual se experimenta como una compulsión irracional para aliviar una ansiedad u obsesión); Trastorno del Control de los Impulsos NO Especificados (Dificultad para resistir un impulso que es dañino para uno mismo o para los demás) o del Trastorno Parafílico (Si el comportamiento se centra en intereses sexuales atípicos o intensos que causan malestar o daño).

Existen numerosos artículos científicos sobre este punto. Veremos algunos de ellos.

  1. Por ejemplo, el de Sharpe CHar, M. y col.[5] que propone incluir el consumo/uso problemático de pornografía, dentro de los trastornos por conductas adictivas. Entre otras muchas consideraciones, señalan que este consumo se vincula con disfunciones sexuales, violencia doméstica y conductas sexuales agresivas, incluyendo estrangulamiento sexual, advirtiendo que los algoritmos fomentan el consumo de contenido cada vez más violento, lo que puede inducir disfunciones sexuales y deseo por material ilegal como el abuso sexual infantil.

Constata que este uso problemático puede provocar cambios cerebrales similares a los observados en adicciones a sustancias, afectando el control de impulsos y la empatía.

Interesantes algunas de las recomendaciones de los autores:

  1. Sugieren intervenciones legales y de salud pública, como verificación de edad, campañas educativas y advertencias integradas en sitios pornográficos.
  2. Ofrecen recomendaciones políticas para prevenir el desarrollo del PPU.
  3. Proponen incluir cuestiones educativas sobre el impacto cerebral de la pornografía en escuelas y
  4. Aconseja implementar advertencias legales y sanitarias al inicio de sesiones de consumo

2. Otro estudio del grupo de Shu, X., y col.[6]   se plantea como objetivo investigar los efectos neurobiológicos del consumo frecuente de pornografía, comparándolos con hallazgos en adicciones a sustancias, con una muestra de hombres de 18 a 35 años consumidores. Más en concreto:

  • Hay alteraciones en la conectividad cerebral, en forma de reducción de conectividad en la corteza prefrontal que está asociada al control ejecutivo.
  • Hay una hiperactividad en el núcleo accumbens (circuito de recompensa).

Respecto del procesamiento emocional, se observa igualmente unas respuestas atenuadas a estímulos no sexuales (similar a la tolerancia en adicciones), así como una mayor reactividad emocional ante contenido explícito.

Respecto del rendimiento cognitivo, constatan un deterioro en tareas de control inhibitorio y memoria de trabajo.

3. La investigación del grupo de Love, T. y col.[7] encuentran similitudes con la adicción a sustancias: activa circuitos de recompensa (como el sistema dopaminérgico) de manera similar a las drogas, llevando a patrones de craving y pérdida de control.

Consideran que habría que enmarcarla dentro de las “adicciones comportamentales” (como el juego patológico), con mecanismos como la sensibilización, la tolerancia y la abstinencia, apoyándose en estudios de neuroimagen que muestran cambios en áreas como el estriado ventral y la corteza prefrontal, consistentes con otras adicciones.

4. Un trabajo de    Brand, M. y col[8].  aporta información muy significativa porque presenta por primera vez el modelo I-PACE (Interaction of Person-Affect-Cognition-Execution). Este modelo se ha convertido en un referente para entender las adicciones a Internet, incluido el trastorno por uso de pornografía en línea.

5. Otro de Hilton, D. L. y col[9] concluye que, a tenor del sustrato neurobiológico, el consumo compulsivo de pornografía debe ser tomado en serio como una condición clínica potencial.  Consideran que un modelo de adicción es el más adecuado para entender y tratar de manera adecuada el trastorno.

Estos trabajos consideran que el consumo abusivo de pornografía, provoca una hiperactivación de la actividad dopaminérgica cerebral (sistema de recompensa cerebral), mecanismo similar a las sustancias clásicas de abuso, que “jaquean” el sistema de recompensa del cerebro, diseñado en origen para reforzar conductas esenciales para la supervivencia del individuo (comida) y de la especie (sexo).

A menudo creen pertinente señalar la disponibilidad y accesibilidad a superestímulos sexuales. Similar con la comida basura (supraestímulos), ya que altera el CR, (placer por comida que puede acabar en obesidad).

Citan los circuitos neuronales subyacentes que son muy similares, en las conductas adictivas siendo la dopamina el catalizador. Las experiencias placenteras, la liberan, enviándola a los ganglios basales. De aquí al SR y al de formación de hábitos:  Toma nota de las circunstancias asociadas a esa experiencia. De cara al futuro: crean antojo y dos recompensas: la expectativa y el placer real. La dopamina se produce en ambas contingencias.

6. Dos trabajos de Levy, (Lavi)N.[10]  y de Volkow, (volkou) N. y col.[11]  aportan interesantes consideraciones desde la neurociencia sobre los mecanismos de la adicción, entendiéndolas no solo como “enfermedad cerebral”, si no también enfatizar en la importancia de los factores contextuales, morales y personales, estableciendo el marco neurobiológico fundamental (el modelo de los circuitos cerebrales) que se utiliza para entender todas las adicciones, tanto a sustancias como conductuales.

7. Otro trabajo de Sutrisno, W., & Saputra, M. (2025)(12)identifica un total de 857 estudios, de los cuales 55 cumplieron los criterios de inclusión y exclusión. La revisión abarca una década de investigación desde 2013 hasta 2023, incorporando perspectivas multidisciplinares, para analizar los principales comportamientos problemáticos asociados a la adicción a la pornografía. Entre otros hallazgos se advierte que los comportamientos problemáticos de consumo de pornografía “incluyen trastornos de control de impulsos, aislamiento social, ansiedad y conductas sexuales de riesgo. Al mismo tiempo, los impactos negativos van desde el deterioro de la función cerebral ejecutiva y el rendimiento cognitivo hasta la depresión, la disfunción sexual y la desarmonía en las relaciones”.

Como conclusión de este apartado señalar que el consumo frecuente de pornografía muestra patrones neurobiológicos paralelos a las adicciones, con implicaciones para la regulación emocional y la función ejecutiva. Son comportamientos repetitivos que activan mecanismos cerebrales de recompensa y placer similares a las adicciones tradicionales. No son sustancias químicas, pero generan “enganche” y malestar psicológico, emocional y social.

Quiero añadir un aspecto más sobre las RRSS y su poder adictivo, además de ser una fuente de acceso al porno, cuestión ésta que la he abordado en este artículo y en este otro dentro de este blog. Sus vínculos con la prostitución de la que hablo en otros dos artículos o a las relaciones de pareja analizadas aquí., son efectos bien conocidos del consumo de películas sexuales. Lo hago destacando el carácter de las recompensas, que deben ser consideradas como premios en forma de chutes de dopamina: de los likes y los seguidores, comentarios a favor, retweets , fotos con etiquetas, mensajes privados, invitaciones de todo tipo y emojis interminables, o los “match” de Tinder, entre otros “ganchos”.

En el caso de los menores, habrían de considerarse a modo de “chucherías” sociales que general la misma dopamina que drogas como la cocaína y procesos neurológicos similares. Estando perfectamente diseñadas para ese fin adictivo, con tecnologías como el Scroll infinito, gamificación (inversiones, puntos, microtransacciones.. en videojuegos) o las notificaciones, alertas… que actúan como señales perfectas para desencadenar el proceso.

Por tanto, en mi opinión, también deberían ser incluidos en modelos de adicciones conductuales.

Un punto más: afirmo que las Películas Sexuales tienen un poder adictivo extraordinario, difícilmente comparable a otras adicciones, en razón de que confluyen en ella tres productos adictivos de primer orden: al sexo, a las pantallas y a la propia pornografía.

Seguiré en el próximo artículo.


[1] Véase, Mesure, S. (2016, September 25). ‘It’s digital heroin’: how screens turn kids into psychotic junkies. The Guardian. https://www.theguardian.com/science/2016/sep/25/screen-time-iphone-ipad-digital-heroin-turning-kids-psychotic-junkies

[2] Brand, M., Wegmann, E., Stark, R., Müller, A., Wölfling, K., Robbins, T. W., & Potenza, M. N. (2019). The Interaction of Person-Affect-Cognition-Execution (I-PACE) model for addictive behaviors: Update, generalization to addictive behaviors beyond internet-use disorders, and specification of the process character of addictive behaviors. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 104, 1-10. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2019.06.032

[3]  Alter, A. (2017). Irresistible: The rise of addictive technology and the business of keeping us hooked. Penguin Press.

[4] Lembke, A. (2021). Dopamine nation: Finding balance in the age of indulgence. Dutton,  afirma: “La dopamina es la moneda común de todas las adicciones, ya sea a las sustancias o a los comportamientos… El cerebro no distingue entre una inyección de heroína y un ‘me gusta’ en Instagram. Ambos incrementan la dopamina.”

[5] Sharpe, M., & Mead, D. (2021). Problematic Pornography Use: Legal and Health Policy Considerations. Journal of Behavioral Addictions, *10*(1), 1-3. https://doi.org/10.1556/2006.2021.00010

[6] Shu, X., Li, W., Zhang, L., Wang, Y., & Chen, H. (2023). Altered brain connectivity and emotional processing in frequent pornography consumers: A resting-state fMRI study. Frontiers in Human Neuroscience, 17, 1125632. https://doi.org/10.3389/fnhum.2023.1125632

[7] Love, T., Laier, C., Brand, M., Hatch, L., & Hajela, R. (2015). Neuroscience of Internet Pornography Addiction: A Review and Update. Behavioral Sciences, 5(3), 388-433. 🔗 DOI: 10.3390/bs5030388

[8] Brand, M., Young, K. S., Laier, C., Wölfling, K., & Potenza, M. N. (2016). Integrating psychological and neurobiological considerations regarding the development and maintenance of specific Internet-use disorders: An Interaction of Person-Affect-Cognition-Execution (I-PACE) model. Addiction Biology, 21(1), 39–53. https://doi.org/10.1111/adb.12182

[9] Hilton, D. L., & Watts, C. (2011). Pornography addiction: A neuroscience perspective. Surgical Neurology International, 2, 19. https://doi.org/10.4103/2152-7806.76977

[10] Levy, N. (2013). Addiction is not a brain disease (and it matters). Frontiers in psychiatry, 4, 24. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2013.00024

[11] Volkow, N. D., & Koob, G. F. (2015). Neurobiology of addiction: a neurocircuitry analysis. The Lancet Psychiatry, 2(8), 760-773. https://doi.org/10.1016/S2215-0366(15)00204-8

12 Sutrisno, W., & Saputra, M. (2025) Understanding online pornography addiction: A systematic review of behavioral impacts, screening tools, and therapeutic interventions, Entertainment Computing, 54, 100956. ISSN 1875-9521, https://doi.org/10.1016/j.entcom.2025.100956

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