Adicción a la pornografía (IV): el amor adictivo

Mis últimos libros publicados sobre pornografía y educación sexual, escritos para ayudar en la formación de familias y profesionales, en la compleja tarea de afrontar los retos que tienen nuestros menores y jóvenes, en una sociedad digital que promueve la pornografía violenta, convertida en referente y modelo educativo. Si quieres saber más visita el apartado libros en mi web.


En anteriores artículos he hablado de algunos aspectos de interés que, a mi juicio, deben ser tenidos en cuenta si queremos entender la adicción conductual a la pornografía. En las líneas que siguen prosigo en este análisis, introduciendo otro elemento de interés: el amor.

“Ya he perdido la cuenta del número de parejas que he conocido y de las que me he enamorado hasta las trancas. Y pasa lo de siempre: que la pasión se apaga y la relación se va muriendo. Por una cosa o por otra, acaba en ruptura, porque necesito otra nueva relación que me vuelva a dar subidón. Necesito esos escalofríos. No puedo vivir sin ellos”.  M. 38 años

Cecilie una de las víctimas protagonistas de ‘El timador de Tinder”, un documental de Netflix (2022) dirigido por Felicity Morris, en el que cuenta como el trilero Shimon Hayut, un israelí lover premiun, estafa y arruina a numerosas mujeres de países ricos, enamorándolas y ofreciéndole expectativas novedosas, sorprendentes, propias de una relación idílica, afirmaba que “nunca he sido tan feliz como cuando he estado enamorada” y que “por mucho desamor que hayas tenido, lo sigues buscando”

A pesar de haber sido engañada y haber perdido 250.000$, entregándoselos al amante avezado, reconocía que “me encantan las citas. En cuanto me pongo nerviosa, sé que hay algo especial. Adoro esos nervios. Me encanta esa sensación que me devora”.

Sirva este ejemplo para introducir un tema apasionante y bien sabido: que el amor tiene un enorme poder adictivo, puede enganchar siendo el enamoramiento un ejemplo claro de ello. Cabe considerar que la naturaleza estableció esos vínculos afectivos poderosos para garantizar la supervivencia de la especie, por cuanto el bebé humano necesita de cuidados durante largo tiempo y ello solo es posible con vínculos afectivos potentes entre los progenitores y entre estos y el bebé, que garanticen esas atenciones durante largo tiempo.

Como sugiere Cecilie, en esa primera cita y los prolegómenos previos a la misma, la producción de dopamina en su organismo, es muy probable que estuviera en niveles estratosféricos, ya que aglutina seis elementos fundamentales: expectativas maravillosas, situación novedosa, sumamente atractiva, sorpresa, deseo sexual y placer. Todo ello configura una motivación tan poderosa como emocionante en la que, ese neurotransmisor, ocupa un rol determinante.

Considero que para conocer y comprender algunos de los efectos del consumo precoz de pornografía y su poder de enganche, tenemos necesariamente que hacer una parada en uno de los temas más relevantes de esta temática: el papel de diferentes sustancias y mecanismos cerebrales, en particular la dopamina y su implicación en los deseos y las conductas afectivas y sexuales.

Esta sustancia cerebral, que se produce igualmente en el intestino, se denomina también la molécula del placer, en el amplio espectro de las gratificaciones de las personas, en particular de la sexual y la afectiva.

La gran mayoría de las personas pasa por episodios más o menos intensos de enamoramiento, a lo largo de su ciclo vital, con una o varias personas. Una parte de ellas, dependiendo de muchos otros factores, acaban en una situación más relajada y tranquila, es decir con mayores dosis de realismo frente a la “locura” de esa etapa de ebullición emocional. Otra gran parte, sobre todo en los/as jóvenes de las generaciones actuales, acaban en ruptura, buscando inmediatamente después una nueva relación. Algunos denominan a esta situación monogamia seriada.

El que ocurra una cosa u otra puede depender de diferentes variables pero, así mismo, de una serie de moléculas que produce y gestiona nuestro cerebro como, por ejemplo, nuestra protagonista de hoy, la dopamina, pero también hay otras como la serotonina o la oxitocina. No hay que olvidar que, en última instancia, más que procesos bioquímicos cerebrales, habría que poner el foco en el responsable de los mismos, es decir que es la persona concreta la que decide cómo y cuándo se llevan a cabo, a pesar de que existe la idea de que en asuntos amorosos prima la irracionalidad y el descontrol. El corazón es el que manda  dicen…si bien yo creo que es el cerebro, como principal órgano sexual y gestor de los afectos. Eso no quita para subrayar la estrecha relación que hay entre los pensamientos y las emociones: una preocupación puede hacer que nuestro corazón aumente su actividad que se traduce en un aumento de las pulsaciones.

Seguramente detrás de los divorcios subsiguientes a una relación fuera de la pareja, está la dopamina. O a muchas rupturas sin que haya infidelidad.  O un embarazo no deseado por no usar preservativo. O… a esas primeras citas de Cecilie. Todas tienen en común la presión del deseo sexual -que, a modo de mano imaginaria que empuja a los glúteos, impeliendo a moverse y echar a andar- en la búsqueda de la satisfacción. Ahí está “trasteando” la dopamina.

¿Qué película, serie, novela… no incluye en su guion, elementos de amor-desamor, tensión sexual entre los protagonistas, emociones o sentimientos de naturaleza erótica, desde tiempos inmemoriales? Muy pocas, porque los guionistas sabedores de su impacto, los utilizan generosa e intencionadamente, en virtud de que la dopamina se activa y engancha, no solo por los procesos de identificación que se establecen con el /la espectador/a, sino por el impacto de las representaciones audiovisuales en los pensamientos y en la memoria que dirige el cerebro.

En mi último libro sobre “?Como superar la adicción al porno?”, y en otros artículos que he escrito sobre la sexualidad y la pornografía, he hablado de esta sustancia cerebral presente en muchas conductas, de las que destacamos ahora la adicción a las pantallas y al sexo (a la pornografía, al cibersexo…) los dos miembros del tándem ganador que secuestran nuestra atención. En realidad, lo más relevante son las imágenes, la pantalla es el soporte físico que permite el acceso a Internet, pero una mano no se lava sin la otra.

Con todo, es difícil sustraerse a su poderosa influencia, cuando se es un infante o más aún cuando estás en la llamada “edad del pavo”, descubriendo el asombroso mundo que te rodea, proceso en el que está presente esta sustancia psicotrópica, como si fuera una droga, vaya, que estimula el conjunto del sistema nervioso central, produciendo cambios en diferentes áreas de las emociones, el ánimo o el comportamiento.

La dopamina es un neurotransmisor que tiene funciones muy importantes en las conductas humanas a través de recompensas, gestiona así mismo una buena parte de los deseos, en particular el deseo sexual y nos empuja a buscar novedades permanentemente, ya que la expectativa de una nueva oportunidad es un elemento determinante.

También se la suele conocer como el “neurotransmisor del placer” siendo protagonista indiscutible en la gestión del Núcleo Accumbens, llamado “Centro de Recompensa Cerebral”, del que ya he hablado en otros artículos y que es una estructura de nuestro cerebro encargada de gestionar todas nuestras vivencias placenteras.  Funciona como un “subidón que te carga las pilas”, pero no solo en el sexo, sino en otras muchas conductas como la comida o del uso de las pantallas de los dispositivos.

Por cierto, no está de más recordar que estas mismas estructuras cerebrales, también gestionan la respuesta dopaminérgica a otras drogas como la cocaína.

De manera que mezclar la pantalla y las películas sexuales, supone una activación de dopamina difícilmente comparable con cualquier otra sustancia estimulante. De ahí que enganche a mayores y pequeños.  Probablemente, no hay chute más atractivo para un adolescente, que ver pornografía empantallado en la intimidad de su habitación, sintiendo un intenso placer debido en parte a la producción de dopamina que inunda y obnubila su cerebro. ¿Hay algo más novedoso, atractivo, excitante y gratificante que eso? Especialmente cuando se está aburrido pero no solo en esas situaciones.  Y, además es gratis, a cualquier hora ¿Alguna otra motivación similar? Difícil superarlo.

Y lo que ve, que le produce esos cambios espectaculares son, muy a menudo, imágenes de conductas y prácticas sexuales con diferentes grados de violencia, que excitan sobremanera a los actores y actrices, al menos eso parece por las manifestaciones corporales que exhiben, y que provoca de igual manera una excitación en el espectador, ávido de obtener satisfacción orgásmica.

Estamos hablando de espectadores adultos, porque esas mismas imágenes vistas por niños y niñas, sin ninguna capacitación previa y en determinadas circunstancias, podría tener graves consecuencias en la salud afectiva y sexual posterior, ya que algunos expertos considerarían que podría ocasionar un síndrome de estrés postraumático posterior, vinculándolas, por ejemplo, con la ansiedad y la depresión en etapas posteriores.

Consumir porno violento precozmente, de manera habitual, a escondidas, con culpabilidad, sin una capacitación previa puede tener un impacto negativo en su vida afectiva, sexual y relacional y en su desarrollo sexual.

El mecanismo de Respuesta Sexual Humana está presente desde el nacimiento. Numerosos testimonios revelan intereses y prácticas sexuales desde muy pequeños y reacciones corporales a diferentes estímulos. Ese hecho ya obliga, en sí mismo, a conocer los riesgos de todo tipo que comporta visionar películas sexuales desde corta edad en una atractiva pantalla, que puede provocar una producción de dopamina de manera descontrolada y seguramente incomprendida en la mente de un menor.

Un niño de 6, 8 o 10 años, que ha descubierto las sensaciones excitatorias de las imágenes sexuales, casi siempre a escondidas y con sensación de culpabilidad, debería tener presente estos hechos para poder comprender lo que le está ocurriendo. Pero, ¿Qué padre o madre conversaría sobre estas cuestiones con sus vástagos?

Parece difícil pensar en poner límites efectivos en la adolescencia, si desde la cuna no ha habido ninguno.

Las pantallas tienen un magnetismo especial. Sus luces, colores, sonidos y notificaciones, así como sus imágenes en movimiento… atrapan a quienes se acercan a ellas. He visto a bebés en su carrito de paseo, alucinando con los colores y los sonidos, con los ojitos absortos en el cristal de la pantalla. Y sus padres permitiendo tal barbaridad, en contra de los criterios señalados por organismos profesionales nacionales e internacionales. Tal vez más adelante puedan arrepentirse de esa exposición sin control de un bebé. Pero…! qué descanso para los progenitores, tener al bebé ocupado, sin dar “guerra” para que puedan navegar por Internet o charlar con los amigos!

Es muy probable que la dopamina ya comience a activarse en el cerebro de ese bebé contemplando absorto la pantalla, con sus sonidos y sus luces de colorines. Si a esto le añadimos los estímulos de carácter sexual, el riesgo aumenta. En una serie de 6 artículos en este mismo blog, he analizado este problema.

No hay duda que las películas sexuales en las pantallas, enganchan con la dopamina que se libera a borbotones, en razón de dos rasgos muy destacados: la novedad ilimitada y los llamados superestímulos sexuales, de los que hablaré en otros artículos.  Algo similar a lo que ocurre con las máquinas tragaperras y otras adicciones conductuales, con la diferencia de que el estímulo sexual es único y exclusivo y el placer asociado lo hace aún más exclusivo. De ahí su éxito en crear adictos al juego, porque tienen todas las papeletas para conseguirlo con el iluso anhelo, añadido, de hacerse rico, empeño que nunca llegará y que le vaciará los bolsillos.

Las notificaciones en el móvil tienen así mismo ese poderoso efecto adictivo, que incitan a mirarlo, nada más que las escuchas. Está todo pensado, para que estemos el mayor tiempo navegando en Internet. Ese es el negocio. Nos quieren consumidores fieles, adictos, sin rechistar, para que los ingresos por publicidad aumenten, dependiendo del tráfico de usuarios en cada web o plataforma.

El pelotazo económico de las RR SS, en este sentido. ha sido espectacular. Y ahí tienen a una legión de individuos abducidos, creando contenidos, dando likes a diestro y siniestro, bloqueando o siguiendo, para generar tráfico, con la pretensión de que el número de seguidores/suscriptores, permita monetizar la actividad y que Google, las RRSS o YouTube, suelten la panoja, logro que solo unos pocos consiguen, con lo que disponen de una mano de obra eficiente y muy barata, legiones de esclavos, que trabajan a destajo para ellos, con el anhelo ilusorio de que ganarán mucho dinero y se irán a Andorra… Ilusos. En este sentido, he de reconocer que la estrategia de estas grandes corporaciones ha sido extraordinaria, sin costarle un euro.

Los CEO y propietarios de las grandes compañías tecnológicas que dominan el mundo, y que se han enriquecido con ello, es decir generando conductas adictivas, tienen prohibido que sus hijos/as utilicen los móviles y las Tablet en sus escuelas. ¿Por qué será?

No nos engañemos: estaba previsto que así fuera, ya que estas grandes empresas, habían invertido miles de millones en el diseño de esos dispositivos, con el objetivo prioritario de conseguir ese enganche espectacular de pequeños y grandes. El resultado es que, los dueños de estas entidades, y sus accionistas, año tras año, figuran entre los primeros en el ranking de personas que más dinero ganan en todo el mundo. Dividendos obscenos a costa de la salud de muchos millones de personas a escala mundial.

Se han comprado smartphones a tutiplén -y se cambian cada poco por el último modelo de singulares y novedosas prestaciones- pensando que era una buena decisión, porque las ventajas, nos decían, eran extraordinarias ya que iba a mejorar la vida de todos/as, con nuevos puestos de trabajo más creativos, que íbamos a disponer de mayor tiempo libre para disfrutar…Menuda milonga.

Lo cierto es que hemos consentido, embaucados e ilusos, participar en un experimento planetario, que en realidad no ha sido más que un negocio impresionante, cuidadosamente diseñado por laboratorios de conducta con inversiones sin límite y sin ningún control ético. Porque, basándose en los conocimientos de la Psicología y la Neurociencia, se plantearon inicialmente la hipótesis: ¿Cómo podemos conseguir que las personas estén pegadas a la pantalla el mayor tiempo posible?

Y lo han conseguido. No hay ninguna duda. Les ha salido redondo. Además, la sofisticada publicidad se mete por cualquier rendija con el único propósito de que seamos consumidores compulsivos, adictos a las pantallas y sin pensamiento crítico.

Y toda esa potente industria, responsable directo de todo lo que está ocurriendo se lava las manos, porque casi nadie pone el foco en sus negocios. Si hay alguien que se corrompe es porque hay una agencia corruptora que, muy a menudo, se “escaquea” de todo. Pues lo mismo ocurre aquí. Sin ánimo de demonizar la tecnología porque ha venido para quedarse definitivamente y extender aún más su poder, no conviene olvidar esta responsabilidad de las grandes corporaciones de Internet y exigírsela por vía administrativa o penal.

Es evidente que a las familias y profesionales no les queda otras que formarse y educar a la chavalería, a lo largo de toda la infancia y adolescencia en pensamiento crítico, hábitos digitales responsables y autorregulación saludable en el uso de las pantallas. Si chicos y chicas van a crecer entre pantallas, tenemos que pensar en el papel que ocupan en su salud integral.

Al poder adictivo de las pantallas en sí mismas, se añade el poder adictivo de la pornografía, y el del sexo, configurando un coctel explosivo que en la juventud es altamente significativo. En consecuencia, estos vídeos vistos porno en una pantalla, generalmente con representaciones visuales de calidad, con primeros planos en 4K, comportan una característica muy peculiar: ofrecen productos novedosos, abundantes, originales que excitan y producen placer. Miles de mujeres, de todas las edades y características, que se ofrecen al chaval ávido de sensaciones eróticas. Cada sorpresa es un latigazo, una sobredosis. Y aquí aparece nuestra protagonista, la dopamina, que es la responsable de esa búsqueda de lo novedoso, de lo original… en una carrera sin fin, porque es la eterna insatisfecha. La dopamina siempre quiere más.

Como es sabido la etapa juvenil se caracteriza por una especial sensibilidad emocional, una búsqueda incesante de novedades, sentimiento de invulnerabilidad, querer las cosas ya y escaso control cortical, en un cuerpo y en un cerebro cambiantes en proceso de maduración, que prioriza las emociones frente al control ejecutivo de la corteza prefrontal. ¿Qué puede salir mal?

Los cambios biopsicosociales, profundos, intensos y rápidos, en esta etapa evolutiva, son determinantes y las vivencias, en el caso que nos ocupa, la construcción de la idea sobre la sexualidad, los estímulos sexuales o la masturbación, podrían configurar el devenir de las ulteriores relaciones afectivas y sexuales.

Seguiremos nuestras reflexiones en próximos artículos.

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