Adicción a la pornografía (I): aproximación al concepto.

Mis últimos libros publicados sobre pornografía y educación sexual, escritos para ayudar a familias y profesionales, en la compleja tarea de afrontar los retos que tienen nuestros menores y jóvenes, en una sociedad digital convertida en referente y modelo educativo. Si quieres saber más visita el apartado libros en mi web.

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“Mi experiencia con la pornografía que aborda la sexualidad desde un prisma de violencia, es que cuando te haces adicto a ella (y lo considero una especie de adicción, (…) como en una adicción, ansías y ansías algo que cada vez  se va haciendo más y más difícil de conseguir… algo que te consiga excitar más, hasta que llega un momento en que la pornografía ya no basta… y llegas a un punto de inflexión en el que empiezas a preguntarte si quizás hacerlo realmente te dará una mayor excitación que la que te produce solo leer o ver (…) llevo bastante tiempo en la cárcel y he conocido a muchos hombres con tendencias violentas como yo y, sin excepción, cada uno de ellos estaba profundamente enganchado a la pornografía, no hay duda de eso. Sin excepción, cada uno de ellos estaba profundamente influido y consumido por una adicción a la pornografía. No hay duda alguna”.

Ted Bundy

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Por tercer año consecutivo, tuve la gran satisfacción de abrir las IIIª Jornadas de Pornografía y violencia sexual: efectos en la salud e intervenciones preventivas, con una ponencia que profundizó en el tema que me va a ocupar en esta serie de artículos y que se refiere a una temática, bien documentada, sobre uno de los efectos más reconocidos del consumo de Películas Sexuales: la adicción. Me propongo compartir con vosotros/as algunas reflexiones y consideraciones sobre esta cuestión crucial en el momento presente.

Si quieres ver mi intervención (la primera del vídeo) y el resto de las comunicaciones y ponencias, aquí las tienes.


Este artículo pertenece a una serie de ellos en los que abordo la adicción a la pornografía. Me propongo en esta serie aproximarme a este fenómeno con importantes implicaciones de toda índole. La adicción al porno ya fue abordado muy sucintamente en este artículo y en este otro dentro de este blog. Así mismo, la problemática referida al consumo y la exposición a las pantallas, ha sido analizada en varios artículos en esta web como este y he escrito un libro de ayuda para quienes tienen un consumo problemático, adictivo o abusivo. Incluso está pensado para quienes creen que controlan su consumo.

Pues bien, respecto del concepto, para referirse a esta problemática, existen diferentes términos como, por ejemplo: Adicción, Trastorno Sexual Compulsivo, Hipersexualidad o Consumo (o exposición) Excesivo. Otros se refieren a Comportamiento Compulsivo, Uso inadecuado, Conducta Adictiva. Otros expertos hablan de Uso Abusivo. (Pistre, N. y col.)[1] Hay quienes hablan de Trastorno Clínicamente Significativo. (Antons, S. y col.)[2]

Yo soy partidario de hablar de ADICCIÓN AL CONSUMO DE PELÍCULAS SEXUALES o de ADICCIÓN A LA PORNOGRAFÍA, por razones que explicaré más adelante a lo largo de la serie de artículos, si bien te adelanto mi opinión.

ADICCIÓN VERSUS USO PROBLEMÁTICO

Las poderosas industrias (alcohol, tabaco, drogas, porno…) que se enriquecen obscenamente de las vulnerabilidades humanas, no soportan que sus productos sean considerados adictivos y harán TODO LO POSIBLE para que así sea, incluso comprar voluntades de profesionales. Hay casos bien documentados.

Proponen en su lugar “uso/consumo problemático” y defienden con uñas y dientes un “control responsable” compatible con la salud. Consumo moderado lo llaman. Les ha salido redondo, porque se ha normalizado y generalizado su consumo, incluyendo una mayor precocidad, propósito priopritario.

Pongo un ejemplo referido al alcohol, un producto tóxico de primer orden y un agente carcinógeno muy potente.

Pues bien, según el estudio EDADES 2024, la prevalencia general del consumo de alcohol en España, 2024–2026 es del 64% de la población de 15–64 años que consumió alcohol en los últimos 30 días.

Los hombres: 7 de cada 10 y las mujeres 6 de cada 10, siendo la edad media de inicio los 16,4 años entre la población de 15–64 años.

Alguna vez nos hemos preguntado ¿Qué coste supone para las arcas del Estado este consumo? Según un informe oficial la OCDE estima que el consumo actual de alcohol provoca:

  • Costes sanitarios equivalentes al 1,3% del gasto sanitario total
  • Reducción de la productividad laboral suficiente para que el PIB de España sea un 1% inferior de aquí a 2050
  • Para compensar esta pérdida de PIB, España necesitaría recaudar 43 € adicionales por persona y año en impuestos

No entro a considerar conductas violentas, accidentes diversos, problemas de pareja… asociados a su consumo ya que solo me refiero a que el alcohol no solo genera gasto sanitario, sino que reduce la productividad, aumenta las bajas laborales y disminuye la esperanza de vida, lo que repercute directamente en el PIB.

En consecuencia me pregunto: ¿Hay que hablar de adicción y dejarse de paños calientes, llamando a las cosas por su nombre y reconociendo el problema o seguimos mareando la perdiz?

Vayamos al consumo de pornografía.

Como es sabido el consumo precoz y problemático de pornoviolencia está vinculado a diferentes efectos que van a variar según numerosos factores asociados a esa exposición y que he analizado en otros artículos y libros.. A modo de resumen destacaría:

  • Cerebrales: Alteración funciones cognitivas/ejecutivas/Control impulsos/ neuronas espejo.
  • Psicológicos: Empatía, compasión, emociones, autoestima, trastornos mentales.
  • Salud mental: adicciones.
  • Sociabilidad: Soledad, (autolesiones…) problemas relaciones interpersonales.
  • Sexual: Disfunciones sexuales, mitos sexuales, cosificación, violencia, menor placer
  • Pareja: conflictos de relación, infidelidad.
  • Prostitución: refuerzo/legitimación sistema, cosificación.
  • Construcción de una cosmovisión negativa de la sexualidad, afectividad y relaciones

Además, en mi opinión, cabría añadir que puede considerarse un manual instrucciones 3.0 de las primeras relaciones sexuales de los jóvenes, donde se erotiza la violencia, no existe o no está claro el mutuo acuerdo y, muy a menudo, se observa una imposición de un modelo de conducta sexual masculino.

Ha de quedar claro que la adicción a la pornografía es una consecuencia reconocida en diferentes ámbitos como tendremos oportunidad de señalar.

La primera idea que hay que subrayar, es que el concepto de Adicción a la pornografía, todavía no está reconocido en los sistemas clasificatorios profesionales, como el DSM-V o el CIE-11, aunque ya adelanto que, en mi opinión, será una cuestión de tiempo o debería serlo.

Hace unas décadas se daba a los niños/as quina Santa Catalina (una bebida alcohólica para quienes no les suene) porque se creía que daba energía y ayudaba a su desarrollo. Hoy sabemos los adversos efectos del consumo de alcohol y a nadie se le ocurriría hacerlo. La mayoría de los avances, en todos los órdenes científicos y sociales, han venido precedidos de demandas de cambios, tanto en las denominaciones como en los contenidos, de personas o grupos.

Por ejemplo, ya hay una categoría diagnóstica de adicción a los vídeos juegos o a Internet. Con las películas sexuales ocurrirá lo mismo, aunque la falta de información, intereses corporativos muy poderosos y ciertas creencias sociales obstaculicen esa medida.

Sabéis que la palabra pornografía a mí no me gusta nada, porque más que aclarar confunde, razón por la que hablo de Películas Sexuales, distinguiendo entre las Eróticas (PSE) y las Pornoviolentas (PSP), dos formas de representación audiovisual radicalmente diferentes. Deberíamos enterrar para siempre el término pornografía.

La consecuencia directa es que hay un sesgo notable en gran parte de los estudios que conozco, al considerar que todas las representaciones sexuales sobre sexualidad se engloban en el paraguas de la pornografía. Entiendo que hay una enorme diversidad de vídeos y películas y que es un error considerarlo todo igual, porque no es lo mismo relaciones sexuales de mutuo acuerdo y empatía sin violencia, que una agresión sexual con violencia, por ejemplo. Son realidades radicalmente opuestas. Incluso cabría establecer un continuo entre uno y otro extremos, donde se ubicarían diferentes grados de violencia y agresividad, ya que el debate respecto de lo que se considera violencia y agresividad es igualmente florido.

Cuando en una investigación se habla de pornografía, ¿a cual de ellas se refieren?

En cualquier caso, parece pertinente hacernos la pregunta ¿Existe la adicción a la pornografía o a las películas sexuales? extensible a las adicciones a las RRSS o, más genéricamente a las pantallas.

La respuesta es que no hay acuerdo universal sobre la denominación de esta realidad, resultando un popurrí de términos como se ha advertido más atrás, tales como uso inadecuado, comportamiento sexual compulsivo, uso(consumo) problemático (o abusivo), conducta adictiva… entre otros.

La APA (American Psychiatric Association), considera que  no hay suficiente evidencia científica para considerar la “adicción al sexo” como una adicción conductual comparable a la adicción al juego o a las sustancias, ya que “no hay consenso en cuanto a si estos trastornos se deben clasificar como una adicción conductual, un trastorno del control de impulsos o un trastorno obsesivo-compulsivo, y no existe el soporte empírico necesario para considerar que el trastorno sea equivalente, o esté estrechamente relacionado con el trastorno de juego o con los trastornos por consumo de sustancias”.[3]

En mi opinión, repito, es una cuestión de tiempo, como ha ocurrido con la denominación de otros trastornos del comportamiento y que, entidades como la OMS en su CIE-11, ya reconocen como conductas adictivas.

Creo que podemos y debemos hablar de adicción a la pornografía en razón a que.

1. Cumple los criterios relevantes de otras adicciones.

2. Hay evidencia científica que lo sugiere.

3. La casuística clínica es similar en razón de que activan los mismos circuitos cerebrales y neurotransmisores implicados en las conductas adictivas.

4. Categorizar un problema tiene ventajas e inconvenientes, en este caso visibilizar esta realidad contribuye a su prevención, siempre desde mi perspectiva, si bien habremos de cuidar que no se estigmatice. Conceptualizar un trastorno no debe llevar aparejado el estigma.

Veamos algo más en detalle.

Respecto de los criterios más relevantes, considero que, en este caso, estamos hablando de:

  1. Patrón persistente en no poder controlar impulsos sexuales intensos. Esa pérdida de control, genera ansiedad, mientras que consumir tranquiliza y calma, aunque sea temporal.
  2. Interfiere significativamente en toda su vida y sus relaciones.
  3. Continúa exponiéndose a pesar de las consecuencias negativas.
  4. Consume para escapar de estados emocionales negativos.
  5. El comportamiento no se debe a otras sustancias (drogas, alcohol) o a otra condición médica.

Diferentes estudios sugieren mecanismos neuronales y conductuales típicos de una adicción: La imposición para consumir, es más poderosa que la voluntad. Si bien este proceso es sensible a factores como el nivel de estrés psicológico, de las necesidades emocionales y de las características de cada cual y su entorno. Tampoco ha de soslayarse las implicaciones sociales, económicas y de poder de la potente industria pornográfica y sus efectos en la cosificación y violencia hacia las personas.

En este artículo y en los siguientes, explicaré las características de la adicción a la pornografía, su prevalencia, y señalaré diferentes aspectos relativos a la prevención y a la atención clínica, a través de la Terapia Cognitivo Conductual.

Seguiremos en el próximo artículo.


[1] Antons, S., Brand, M., & Potenza, M. N. (2020). Neurobiology of cue-reactivity, craving, and inhibitory control in non-substance addictive behaviors. Journal of the Neurological Sciences, *410*, 11666. https://doi.org/10.1016/j.jns.2019.11666

[2] Pistre, N., Gola, M., & Castro-Calvo, J. (2023). Conceptualizations of problematic pornography use: A focus on diagnostic criteria, theoretical frameworks, and treatment outcomes. Current Addiction Reports, *10*(4), 668–679. https://doi.org/10.1007/s40429-023-00520-4

[3] American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th ed.). https://doi.org/10.1176/appi.books.9780890425596

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