Consumo de porno en la infancia y sus efectos en el cerebro (III): ¿Está un niño preparado para ver porno violento?

PornEducation para el finde, ¿te atreves? (*) #PornEducationParaElFinde

Un nuevo artículo de José Luis García para leer y reflexionar el fin de semana.

En el anterior artículo (clica aquí) hablábamos de la construcción del sentido y significado de la sexualidad, que va haciendo el cerebro desde muy pronto y de la trascendencia de los estímulos sexuales de carácter audiovisual. Sugeríamos que la calidad de la sexualidad y la afectividad adulta, podría tener relación con el modo y la manera con la que se haya abordado la sexualidad desde la más tierna infancia. 

En mi afán por ofrecer contenidos formativos en este ámbito, a quien pueda interesarle, hoy trataremos de responder a la pregunta ¿Está un niño/a preparado para ver porno violento?

 Singularidad de los estímulos sexuales

Por lo dicho hasta ahora, sorprende que haya personas que piensen, incomprensiblemente, que la exposición frecuente a las películas sexuales a edades tempranas (tampoco de mayores) no tiene ninguna consecuencia, ya que esto de la pornografía, suelen decir, es una ficción. Algo así como que es mentira. Ya.

Lo cierto es que es un argumento que ha vendido inmejorablemente bien la industria del porno y sus fieles consumidores, y que se lo “han comprado” algunos sectores sociales. Este aspecto ha sido analizado ya en otros artículos.

En mi opinión los estímulos visuales de carácter sexual tienen una característica que no tiene ningún otro estímulo visual: excitan y producen placer, lo que le confiere un plus de atractivo y subyugación difícilmente superable. Eso no es ficción. Son sensaciones y emociones singulares, potentes, que se experimentan intensamente en el propio cuerpo y en el cerebro obnubilado por la dopamina. En el próximo artículo hablaremos de esta increíble sustancia dopaminérgica.

Además, como ya he comentado, el deseo sexual, que se activa fácilmente con estímulos visuales, es una de las motivaciones humanas más poderosas, concatenada con la supervivencia de la especie, a los que nuestro cerebro responde de manera inmediata con generosas descargas de dopamina que inundan el centro de recompensa. Tal vez, ninguna otra motivación tiene ese poder evocador, repitiéndose desde hace millones de años.

¿Está preparado un niño/a para afrontar esta experiencia?

En el primer artículo de esta serie, mencionábamos el caso de la cantante americana Billie Eilish, que confesaba en una entrevista que se hizo viral, los graves efectos que había supuesto el ver porno violento a partir de los 11 años.

“El consumo de pornografía, a los 11 años, creo que destruyó mi cerebro. No me negué a hacer cosas que no eran buenas las primeras veces que tuve sexo. Y fue porque pensé que eso era lo que se suponía que me debía gustar. Me arrepiento de ese pasatiempo al que recurría con frecuencia, por las consecuencias que ha tenido en mi forma de vivir mis primeras experiencias sexuales”. Billie Eilish (cantante americana de 20 años)

Es solo un testimonio de otros muchos que conocemos y que ilustra perfectamente lo que tratamos de decir. Con frecuencia recibimos testimonios de personas que han “sufrido” las consecuencias de esta adicción.

En otro momento (clica aquí) hemos analizado el consumo de pornografía infantil, o del genero incesto y su posible asociación con los abusos sexuales. Recibo muchos testimonios sobre los efectos del consumo de porno, como por ejemplo:

En consecuencia y considerando lo dicho hasta el momento, nos planteamos si, realmente, los niños y niñas que ven esos vídeos, están preparados para afrontar este reto que supone exponerse a esos contenidos usualmente con diferentes dosis de violencia. Creo sinceramente que no. Si bien su cerebro tiene capacidad para responder fisiológicamente a esos estímulos, es decir provocan una respuesta en su cuerpo, carece de la preparación (y capacidad) para tomar decisiones respecto de, si eso que ve, es saludable o perjudicial para ellos/as, ni para valorar las consecuencias de su visionado.

Tampoco tiene la capacidad cognitiva necesaria para comprender el sentido y significado de unas imágenes sexuales violentas, más aún sin la suficiente capacitación sexual, de ahí que esa exposición máxime si es continuada, puede provocar diversas reacciones, casi seguro, poco saludables.

Además, lo más probable es que lo vea a escondidas, con la sensación de culpabilidad y sin poder confrontar lo que ve con otros modelos de relaciones sexuales y afectivas radicalmente diferentes. Este extremo me resulta de gran interés, ya que confiere a la experiencia un carácter particular.

Como vimos, el cerebro de los niños es más primario, en construcción, responde más fácilmente ante cuestiones emocionales, supervivenciales, porque no tiene todavía la capacidad que confiere la corteza cerebral de evaluar las ventajas e inconvenientes de cualquier contingencia y tomar decisiones.

Esta zona prefrontal de nuestro cerebro, más evolucionada y en sintonía con el resto a modo de red, es la encargada de la toma de decisiones, realizar valoraciones de los pros y contra de las mismas antes de tomarlas o todo lo que hace referencia a los pensamientos abstractos, capacidad intelectiva para resolver problemas, entre otras muchas tareas complejas y elaboradas. Y esta aptitud en un niño/a, más que estar en standby, está haciéndose, es inmadura.

Además, sabemos que todo aquello que emociona al chico/a, tiene un plus de atractivo, a la hora de aumentar su atención y motivación, razón por la que las cuestiones sexuales, exhibidas en su adorado smartphone, en su habitación, reúnen las mejores características, singulares y pujantes, para hacer un pack sumamente sugestivo y fascinante. Y con un enorme poder adictivo, no lo olvidemos.

La adicción a las películas sexuales tiene características similares a la adicción a la cocaína y otras drogas. Su patrón neurofisiológico y conductual es similar. Probablemente no hay chute más atractivo para un adolescente, que ver pornografía en una deslumbrante pantalla en la intimidad de su habitación, excitado a tope, masturbándose, mientras la dopamina inunda su cerebro. ¿Hay algo más novedoso, seductor, atractivo y placentero que eso?  Difícil para un chaval que está descubriendo, su cuerpo, sus relaciones y todo el mundo que le rodea.

Si añadimos otras características biológicas y psicosociales de la pubertad y adolescencia (que ya hemos analizado en el libro de la derecha) como por ejemplo los cambios corporales, la influencia hormonal, o la estimulación del entorno hipersexual -que les genera un gran interés por las cuestiones sexuales que, preciso es subrayarlo, están generalmente bajo un halo de silencio en los hogares y en los colegios- el resultado juega a favor del peso de esas imágenes. La balanza se escora hacia su lado, como no podía ser de otra manera, en esas condiciones.

Por consiguiente, lo más probable es que, ante esas imágenes sexuales novedosas, esté impactado, tanto en las representaciones que observa con interés y sorpresa, como en sus propias reacciones corporales, e indefenso ante ellas, ya que su facultad excitatoria es pujante, y no tiene ningún filtro de control, por lo que las imágenes acabarán imponiéndose ante su enorme atractivo y su encanto fascinador.

Como se ha dicho, cuando estamos haciendo o viendo algo que nos genera bienestar, el cerebro produce un neuro transmisor que se llama dopamina, que se activa en situaciones placenteras reales (como ver películas sexuales) o ficticias (como por ejemplo un pensamiento, un recuerdo o una fantasía). El poder del pensamiento en evocar estas vivencias está fuera de toda duda. Las fantasías sexuales son una prueba inequívoca de ello, en cuya elaboración tienen mucha importancia los sentidos de la vista y del oído, pero también la memoria y los pensamientos como ya vimos.

Inmediatamente después, el cerebro da la orden y el cuerpo comienza a reaccionar: inquietud, aumento respiración, taquicardia, pezones duros, erección del pene o lubricación vaginal, cambios en la piel… síntomas inevitables de la Respuesta Sexual Humana (RSH), presente en todas las personas desde el nacimiento. Y esta reacción es sumamente placentera, característica que va a redundar en que se quiera repetir. El ciclo se cierra.

Esta gráfica representaría una RSH masculina, con las fases más destacadas, entre el tiempo (horizontal) y el nivel de excitación (vertical).

Una exposición precoz y continuada a este tipo de estímulos, podría alterar el sistema de recompensa, presentando dificultades a la hora de responder sexualmente y asociar determinadas conductas con su “premio” ulterior. Los investigadores han sugerido diferentes trastornos cerebrales derivados de esta situación.     

Algunas reacciones concretas

Antes de nada, me gustaría recordar el experimento del famoso psicólogo Albert Bandura, que se estudia en las Facultades de Psicología en primer curso: el experimento del muñeco Bobo, para ilustrar como aprenden los niños/as la violencia. Creía que los patrones violentos se aprenden desde la infancia por la imitación que los niños hacen de lo que observan a partir de los modelos de su entorno (padres, familia, profesorado, medios de comunicación…).

Albert Bandura. Foto tomada de Wikipedia

Bobo era un muñeco relleno de aire que era golpeado por un adulto. Una vez vista la escena, se les dejaba el muñeco a los niños. Los que habían visto el modelo de violencia (había tres alternativas para contrastar) lo imitaron, tanto verbal como físicamente. La conclusión de nuestro admirado investigador es que, si usamos insultos verbales y si los exponemos a la violencia, ellos la van a copiar e imitar, van a actuar de ese modo con otros niños/as.

Entre otras recapitulaciones, señaló que los niños y las niñas copiaban a los adultos de su mismo sexo en mayor proporción,aunque, en términos generales, las conductas violentas eran más usuales en los chicos.

Pues bien, a los cerebros de los niños y de las niñas cuando se exponen -sin que puedan contrastarlo con otras alternativas visuales- a los vídeos de contenido sexual, podría ocurrirle exactamente eso. Además de las investigaciones señaladas, los modelos de aprendizaje basados en la imitación y en el modelado, las neuronas espejo o los superestímulos sexuales son mecanismos conocidos que intervienen en estos procesos.

Sobre los cambios en las conductas y practicas sexuales derivadas del consumo de las películas sexuales ya hemos escrito un artículo que ha tenido una excelente acogida con varios miles de visitas.

¿Cómo puede reaccionar un niño viendo un vídeo sexual por primera vez?

Por tanto, ver películas sexuales sean o no violentas, provoca respuestas en quien lo hace. Excita sexualmente de manera muy fácil y de ahí su éxito. Pero, en un niño de 6-8-12 años, ¿qué podría suceder? Vamos a aproximarnos a este punto, teniendo en cuenta diferentes testimonios de personas que recuerdan esas primeras exposiciones.

A mi entender, los efectos pueden variar notablemente en función de la edad, del tipo de vídeos, de la personalidad del chico/a, de su nivel de desarrollo cerebral y del grado de conocimiento que tenga de la sexualidad y de las relaciones sexuales, entre otras variables de interés. Dada la generalización de los contenidos con violencia, es probable que las imágenes que vea tengan algún componente agresivo de esa índole, cuestión esta que me parece determinante.

Por otra parte, en una sociedad hipersexual como la nuestra, muy pronto los niños y niñas, ya tienen una idea más o menos aproximada -acertada o no es otro cantar- de lo que es eso del sexo y de la sexualidad. Es muy probable que exista una cierta idea de que “no es algo muy normal”, porque no se habla, se tiene a ocultar, se expresa en chistes que todos ríen, genera sorpresa y risas en los adultos y los papás y mamas se incomodan, delante de los hijos/as, cuando aparecen en la TV escenas eróticas en las películas que se emiten.

Por tanto, consideramos al menos cuatro alternativas que podrían incluir algunas de estas reacciones:

Primera, que se exciten es decir que ese mecanismo de Respuesta Sexual que vimos, presente en todos los individuos de la especie humana, desde el momento del nacimiento, se ponga en marcha y la experiencia pueda ser excitante y placentera.

Segunda, que se produzca un rechazo, mezclado o no con una cierta excitación.

Tercera, que se viva como un acontecimiento traumático, dependiendo de las imágenes y de las ideas y actitudes previas que tuviera.

Cuarta, que esas imágenes de violencia sexual explícita les produzcan una suerte de indiferencia y que no le de importancia alguna. Dudo que haya muchos niños/as que reaccionen de esa manera, pero habría que contemplar esa posibilidad.

En cualquiera de los cuatro casos, estas reacciones, debido al contexto de ocultamiento en el que suelen acontecer, y de las características de cada niño/a, podrían ser vividas con culpabilidad, condicionando lo que pueda ocurrir posteriormente: que lo rechace o lo siga viendo con culpa.  

Tal vez, también, dada la desinformación y la falta de comunicación sobre estas cuestiones, podrían ser vividas en soledad con ansiedad y preocupación, tanto el visionado como la masturbación asociada.

Lo cierto es que diferentes testimonios de personas adultas constatan esa reacción de repulsa y rechazo, respuesta que perduró en el tiempo porque usualmente no se comunican con los adultos. En nuestra cultura, parece excepcional que se converse sobre estas vivencias, tan intensas como íntimas, entre hijos/as y padres/madres. En mi experiencia profesional, esa reacción de rechazo, perfectamente comprensible, es más frecuente en chicas.

Esta es una muy buena razón que debe animar a las familias a hablar de sexualidad cuanto antes, con la finalidad de evitar sufrimientos innecesarios por experiencias culpabilizadoras. ¡Cuántas personas tienen un recuerdo triste y desagradable de esas primeras experiencias de acercamiento al sexo, que nunca lo comentaron y lo regurgitaron, en soledad, en su cerebro repetidas veces! El caso de los abusos sexuales es desolador como hemos señalado aquí.

Foto Pilarín Bayés

En todo caso, considero que la excitación sexual en base a imágenes violentas y agresivas, sean reales o a través de fantasías sexuales, es un buen motivo para consultar a un psicólogo experto en conducta sexual, para que ayude a gestionar esa experiencia, nada fácil. O que las imágenes incorporen miembros del grupo familiar. Cuanto antes se consulte, mucho mejor.

Pues bien, sin que queramos decir que estos efectos en los adultos son inexistentes o inocuos, cuestión a la que dedicaremos otro artículo, mi tercera conclusión es que el cerebro de los niños y las niñas no tiene las capacidades necesarias para afrontar sin riesgo alguno, las consecuencias de esas primeras experiencias tanto la visualización de esas imágenes, como la inmediata respuesta sexual.  

Considerar igualmente que, lo más probable es que lo siga viendo, a escondidas, ocultándose a los padres/madres, y con una cierta aura de culpabilidad.

Esta es otra excelente razón para que los padres y madres contemplen la pregunta que solemos hacer en todos nuestros talleres de formación para familias: ¿Qué hacer cuando pillas a tu hijo/a viendo porno (o sabes que lo hace)? En esas intervenciones establecemos las pautas adecuadas para afrontar esa situación que, a juzgar por los datos disponibles, afectará a la inmensa mayoría de las familias más temprano que tarde.

Por tanto, los efectos van a depender de numerosas variables que ya analizamos en el primer volumen de TUS HIJOS VEN PORNO, pero lo cierto es que influirá y que, tal vez, podría suponer un coste en diferentes áreas de su vida. En el próximo artículo veremos dos de ellas: la violencia sexual y la conducta adictiva.

Tus hijos verán películas sexuales con violencia

Como es sabido, algunos estudios señalan los 6 años como una edad en la que algunos niños se topan con estos vídeos. También a los 8, con el regalo del smartphone de última generación en la primera comunión, de manera que a los 12 cerca de la mitad de ellos ya lo conoce. A los 16 son mayoría y, probablemente, a los 18 haya pocos chicos que digan: nunca he visto porno.

También es probable que un amigo le muestre esas representaciones eróticas en cualquier momento. Con todo, sea por buscar intencionadamente esos contenidos o toparse con ellos accidentalmente, lo cierto es que ocurrirá. Sí o sí.

Como ya he dicho en otras ocasiones, aunque las chicas ven menos películas que los chicos, acabarán sufriendo las consecuencias de que ellos sí lo hagan, ya que “caerán en los brazos de ellos”, enamoradas o no, experimentando aquellas prácticas que ellos les va a sugerir/imponer. Si quieres saber más clica aquí (conductas sexuales)

Y todo esto ocurre, usualmente, en su móvil a cualquier hora del día o de la noche, aunque cualquier otro dispositivo digital con acceso a la red, tiene las mismas funciones. No vamos a entrar en el debate de la edad recomendada para usar el móvil, porque no hay acuerdo, pero muchos especialistas aconsejan no comprárselo antes de los 12-13 años y supervisar y acompañarlos en ese proceso. Cuanto antes lo usen, los riesgos también serán mayores. Pocas familias se mantienen firmes y no ceden a las presiones que tienen por doquier.

En todo caso, si se lo compran, deberían formarse previamente y establecer conjuntamente, criterios claros sobre el uso adecuado tanto en los tiempos como en los contenidos. En nuestra propuesta educativa, ya citada, hemos establecido criterios acerca del uso de este artilugio ya imprescindible en la vida cotidiana.

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Por tanto, amable lector/a, a tus hijos/as, nietos/as, sobrinos/as también les pasará, so pena de que vivan protegidos en una campana de cristal, hecho imposible en un mundo hiperconectado, pero que igualmente conllevaría otro tipo de riesgos que no es el caso.

Y aquí nos encontramos, tanto ontogenéticamente como filogenéticamente, con un cambio asombroso en la especie humana: me refiero a la cantidad y calidad de los estímulos sexuales que provocan y mantienen el deseo sexual, impulso potente donde los haya, porque nunca en la historia ha habido tantos, tan accesibles y tan eficientes, cambios van de la mano de otros que se producen por la irrupción del aprendizaje a través de las pantallas y de Internet.

Para ilustrar este hecho, y como ejemplo ilustrativo de lo que queremos decir, suelo señalar una innovación a la que, probablemente, el cerebro tendrá que adaptarse: la generación de varones de principios del siglo pasado, quizá tuvo como estímulo visual, segura que superimpactante para ellos, la foto en blanco y negro de la rodilla de una chica, refiriéndonos a la modalidad heterosexual. Nada que ver con lo que ocurre hoy.

Los niños de esta generación digital tienen en la pantalla de su mano, a un clic, miles de estímulos totalmente explícitos, de todas las practicas inimaginables, de otras tantas mujeres seductoras de todas las edades, etnias y características a su entera disposición, que le invitan a estar con ellas de infinitos modos bien sugerentes. No me digan que el cambio no ha sido espectacular en tan solo un par de generaciones.

Aunque siempre ha habido estímulos sexuales que jóvenes y adultos han utilizado para masturbarse, sin embargo, lo que ocurre en la actualidad no tienen parangón alguno, con ningún otro momento histórico, tanto en el número ilimitado de vídeos como en los contenidos violentos infinitos que muestra.

Como quinta conclusión, por tanto, subrayo que tus hijos verán películas sexuales, pero, en su mayoría, a juzgar por los estudios disponibles, serán un tipo de cintas con diferentes dosis de violencia hacia las mujeres y menores y una visión del hombre, de la mujer y de sus relaciones sexuales raquítica e inaceptable.

A modo de resumen.

Pero alguien podría preguntarse ¿siempre es contraproducente? No lo sabemos. Si fueran imágenes sin ningún tipo de violencia, estéticamente adecuadas, donde se exhibiera un modelo de sexualidad como el que nosotros proponemos, podría considerarse esa posibilidad mucho más saludable que las que habitualmente puede ver, particularmente si hubiera un contexto educativo en el que estuviera integrada. Soy consciente de que es raro que puedan acceder a esos contenidos, por una razón bien simple: se prodigan muy poco en webs porno.

 En todo caso, podríamos establecer un continuo, cuyo extremo sería un impacto desagradable y repugnante, hasta la otra punta en la que se puede producir excitación sexual y vivirse con cierta normalidad, a tenor de que porque nuestro cerebro está programado genéticamente para responder psicofisiológicamente  a los estímulos sexuales que lleguen a través de los sentidos, pero no para entender su significado y trascendencia, en virtud de que esa aptitud requiere tareas más evolucionadas del córtex cerebral, capacidad que no se consigue hasta bien pasada la adolescencia.

Diferentes testimonios de niños y niñas al descubrir esa novedosa y, sin duda, fascinante realidad para todos/as, señalan muy diversas respuestas que podrían ubicarse a lo largo de ese continuo. No recuerdo haber escuchado alguno que revelara indiferencia, aunque puede haberlo, claro.

Con todo, es probable que, tal experiencia, suponga un antes y un después en la vida de cada pequeño, donde la culpa va a tener también su importancia, acompañada, tal vez, del silencio y la ocultación de la misma, habilidad que, es muy probable, ya ha aprendido anteriormente, por cuanto forma parte del ADN de nuestra cultura.

 Resulta cuando menos paradójico que, en una sociedad con rasgos esquizoides como la nuestra, de una parte, se sigue ocultando hablar de sexualidad de manera normalizada y saludable, pero, a la vez, está presente por doquier en un entorno hipersexual, donde la absoluta accesibilidad a las películas sexuales pornoviolentas es un elemento central, aunque no el único.

Parece claro que, en ese proceso de transformación cerebral, el hecho de que haya experiencias o no de esta naturaleza puede decantar las conexiones neuronales en una u otra dirección. Los modos y maneras en que se conectan las diferentes estructuras, nervios y neuronas pueden variar en función de la estimulación y las experiencias exteriores y afectar a los procesos de aprendizaje de la memoria, de los pensamientos o de las emociones de cada individuo.

Las investigaciones sobre neurociencia sugieren que el cerebro de los agresores sexuales no es igual al de los no agresores y es en esas diferencias en donde radicaría una de las causas de los delitos cometidos.

 Por tanto, estamos hablando de un complejo y permanente proceso de feed-back protagonista de ese proceso de maduración del cerebro y que, de seguir esos derroteros, quizá pueda acabar en un adulto con problemas de adicción al sexo, buscando de manera ansiosa contenidos más duros e incluso ilegales como la pornografía infantil.

Pues bien, siguiendo con esa experiencia precoz de exposición a estímulos sexuales, cabría considerar así mismo que esa vivencia traspasa la frontera de lo prohibido antes de tiempo. Tanto el hecho de resultar impactado de manera desagradable como sentir la excitación sexual deberían ser tenidos en cuenta y ser abordados por los progenitores, aunque solo sea como elemento de prevención.

¿Por qué, te preguntarás? La respuesta es que hay muy diferentes estudios que sugieren que la precocidad, y el tiempo destinado a ello, tiene relación con conductas sexuales y afectivas futuras vinculadas a conductas adictivas y sus correlatos neurológicos y conductuales, así como trastornos sexuales compulsivos. Diferentes investigadores han señalado que los cerebros de las personas adictas, que consumen compulsivamente este tipo de materiales es diferente al de aquellas personas que no lo hacen.

Muchos padres y madres no son conscientes de la necesidad de hablar con sus hijos e hijas de sexualidad y de pornografía cuantos antes, agobiados por preguntas de este tipo: ¿Qué decirles? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿De qué hablarles? ¿Cuántas veces? ¿Y si no preguntan?  etc. lo que conlleva a abandonar el diálogo. En mi programa TUS HIJOS VEN PORNO, explico todo ello con amplitud y subrayo las consecuencias de repetir el bucle del silencio de generación tras generación.

Como advertimos continuamente, la formación de familias y profesionales en este área, es imprescindible para comenzar a revertir la situación. Si tienes interés en conocer nuestra propuesta formativa clica aquí.

Seguiremos.

El próximo viernes (PornEducation para el finde, ¿te atreves?  #PornEducationParaElFinde ) publicaremos el cuarto artículo donde seguiremos aproximándonos a este apasionante tema, en particular la violencia sexual y las conductas adictivas.  Hasta entonces.

(*) PornEducation para el finde, ¿te atreves? , es una nueva propuesta, una más, a modo de campaña de sensibilización, que quiere ofrecer contenidos formativos por medio de artículos de divulgación , que se publicaran en este blog cada viernes, para leerlos y comentarlos el fin de semana con tranquilidad, con el hashtag: #PornEducationParaElFinde Si te parece de interés, comparte los artículos con tus amigos/as y contactos.

2 comentarios en “Consumo de porno en la infancia y sus efectos en el cerebro (III): ¿Está un niño preparado para ver porno violento?”

  1. Wilfredo Cossío

    Como siempre José Luis García tocando un tema muy grave al que por lo general la sociedad mira de soslayo, entender y tratar este tema de la adicción a la pornografía, en especial en niños por el riesgo subyacente debido a la edad y el porque el daño que ocasiona es peor, es una lucha titánica por lo desigual, una industria multimillonaria y nefasta enfrentada por la ciencia correcta y preocupada desde lo humano y lo social.
    Gran esfuerzo de José Luis en el que de alguna manera estamos inmersos desde nuestras pequeñas tribunas en redes.

    1. Jose Luis García

      Así es. La inmensa mayoría de la sociedad, pasa y cree que nunca les va a pasar. Luego se lamentarán…como siempre acontece.

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