Consumo de porno en la infancia y sus efectos en el cerebro(I): Sexo, pantallas y desarrollo cerebral.

PornEducation para el finde, ¿te atreves? (*) #PornEducationParaElFinde

Un nuevo artículo de José Luis García para leer y reflexionar el fin de semana.

“El consumo de pornografía, a los 11 años, creo que destruyó mi cerebro. No me negué a hacer cosas que no eran buenas las primeras veces que tuve sexo. Y fue porque pensé que eso era lo que se suponía que me debía gustar. Me arrepiento de ese pasatiempo al que recurría con frecuencia, por las consecuencias que ha tenido en mi forma de vivir mis primeras experiencias sexuales”. Billie Eilish (famosa cantante americana de 20 años)

Dos notas previas: 

Primera, me propongo, en cuatro artículos sencillos de divulgación, reflexionar sobre el alcance del consumo de pornografía violenta en niños y niñas.

Segunda, con el fin de poner una cierta claridad en el fenómeno de la pornografía, sugiero acabar con este término, por su elevada carga ideológica y emocional, confusa y estéril, ofreciendo una primera distinción (que contempla otras subdivisiones que no vienen al caso) entre Películas sexuales Eróticas (PSE) y Películas sexuales Pornoviolentas (PSP), proponiendo a los padres y madres que transmitan a sus hijos/as, de manera razonada y argumentada, que no vean las PSP tal y como hemos señalado en otros artículos y en nuestra propuesta educativa  TUS HIJOS VEN PORNO. 

Punto de partida.

Nada mejor que mostrar un caso real, para darse cuenta del impacto que tiene el consumo de películas sexuales a edades tempranas. Hace unas semanas la exitosa cantante americana Billie Eilish, confesaba en una entrevista que se hizo viral, los graves efectos que le había supuesto a ella ver porno violento, desde los 11 años.

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“Creo que destruyó mi cerebro”, afirmaba en la interviú publicada en EL PAIS, tras confesar que llegó a sufrir pesadillas debido a que parte del contenido que veía era muy violento y abusivo. Además, señalaba que “No me negué a hacer cosas que no eran buenas las primeras veces que tuve sexo. Y fue porque pensé que eso era lo que se suponía que me debía gustar”. Con todo, la artista se arrepentía de ese pasatiempo al que recurría con frecuencia, “por las consecuencias que ha tenido en su forma de vivir sus primeras experiencias sexuales”.

Es solo un testimonio de otros muchos que conocemos y que ilustra perfectamente lo que vamos a tratar de decir en esta serie de artículos y que podemos resumir en una primera conclusión: El consumo precoz de películas sexuales violentas, puede tener consecuencias muy graves en la vida y en la salud de quienes se exponen a ello, sin que dispongan de una amplia capacitación previa.

En otras publicaciones (clica aquí)hemos hablado con detalle de todos esos riesgos, por lo que hoy y en las entregas siguientes, mencionaremos únicamente tres aspectos destacados de los que cita esta joven artista de tan solo 20 años: Afectó a su cerebro, perturbó sus primeras relaciones sexuales e influyó negativamente en su vida sexual posterior. Veamos todo ello en detalle.

Importancia del cerebro

El cerebro es el responsable de todo cuanto nos ocurre, excepto contingencias externas, catástrofes naturales o similares, claro. Gestiona el funcionamiento del cuerpo, la conducta o nuestros pensamientos, a través de un prodigioso sistema nervioso, con millones de neuronas y de conexiones sinápticas hiperconectadas entre sí y con la médula espinal, cuyas órdenes llegan a cualquier rincón del organismo.

Sabemos que, al nacer, nuestro cerebro es como un folio en blanco hiperflexible y en 3D. Aristóteles hablaba de Tamquem tabula rasa, es decir una tabla limpia, concepto que a mí me parece interesante. A partir de ese momento se va escribiendo, es decir construyendo, lo que pensamos, lo que somos y hacemos. Cada nuevo aprendizaje, siempre personalizado, modifica nuestro cerebro, esa hoja en blanco, que a mi me gusta utilizar didácticamente.

Por ejemplo, la idea que tiene cada cual de la sexualidad y las relaciones sexuales se va a ir construyendo, modelando gradualmente en ese cerebro abierto al mundo exterior e igualmente cambiante, a partir de numerosos factores y contingencias externas e internas, desde muy pronto.

He advertido reiteradas veces que el modelo de relaciones sexuales y afectivas que ofrecen una buena parte de esos vídeos que cita la protagonista que introduce estas líneas, puede coadyuvar a construir una concepción del hombre y de la mujer en quienes los visionan, inaceptable desde cualquier punto de vista, por cuanto se basa en el sometimiento y en la violencia contra las mujeres y los/as menores.

No es exagerado afirmar que esto está ocurriendo a diario en la sociedad actual. Creo que estos modelos de relaciones sexuales y afectivas que ofrecen las películas sexuales son, lamentablemente, el manual de instrucciones 3.0 de muchos chicos y chicas.

Vínculos y relaciones de afecto

Los conocimientos disponibles señalan que la calidad de los vínculos afectivos primigenios, el apego, pueden ser determinantes en estos primeros años y que el modelo de identificación e imitación que ofrecen cotidianamente los progenitores a sus hijos e hijas, es fundamental. Por ejemplo, que el bebé se sienta querido y seguro es una necesidad primordial, para adentrarse confiado en ese entorno sorprendente que le rodea.

La comunicación y la confianza en el núcleo familiar es un elemento de gran interés, de cara a establecer canales de dialogo en el área de la sexualidad y de la afectividad, que despierta un gran interés en niños y niñas. Su ausencia obliga a buscar esa información fuera del hogar, con el riesgo de que sea altamente inapropiada.

Hay numerosos estudios científicos que sugieren las consecuencias de estos déficits infantiles. Tambien otros relacionados con experiencias traumáticas sexuales en los que se encontraron una conectividad cerebral reducida en los sistemas de atención conocidos como red de atención ventral y dorsal, afectando incluso a las redes de conexión del cerebro. Algunos especialistas hablan de Experiencias Infantiles Adversas (EIA) en el área emocional y de las consecuencias que conllevan.

También sabemos que la sexualidad es una dimensión humana positiva, que genera gran interés en la mayoría de las personas, desde la más tierna infancia, estando presente a lo largo de toda la vida e implicada en las relaciones, en la salud y en el bienestar de los seres humanos.

Pero al igual que puede ser una fuente positiva de bienestar, puede ocurrir lo contrario, que genere dolor y sufrimiento, dependiendo de muy diversas contingencias.

Aprendizaje y cerebro

La capacidad de aprendizaje del ser humano comienza a desarrollarse desde el preciso momento que sale del útero materno: su complejo dispositivo nervioso y sensorial ya está listo para recibir estímulos, enviarlos al cerebro y procesarlos, estableciéndose las primeras conexiones cerebrales que tienen que ver con ese primer contacto con el mundo exterior. Ese dispositivo es personal y único, dura toda la vida, siendo más permeable y flexible antes de los 30 años, hasta que adquiere su “madurez”.

No hay duda de que el desarrollo cerebral requiere su tiempo. Es un proceso madurativo que dura más allá de la adolescencia.

Al igual que la ingesta de tóxicos (tabaco, alcohol o drogas) en edades tempranas puede ser nociva para la salud, determinadas experiencias sexuales inadecuadas (incluso pensamientos y creencias) precoces pueden interferir en ese desarrollo saludable, en virtud de la interacción permanente, de retroalimentación, entre todo aquello que percibimos del exterior -particularmente aquello que nos motiva y que nos lo apropiamos a modo de esponja- y su procesamiento en el interior del cerebro, dando prioridad a aquellos hechos que resultan emocionalmente más atractivos, novedosos y estimulantes.

Esos tres rasgos, hacen que las imágenes sexuales que se observan en una pantalla superatractiva ya en sí misma, sea un combinado único para generar una conducta adictiva, porque estamos hablando de una motivación poderosa del comportamiento humano desde hace millones de años, relacionada con la supervivencia de la especie que se activa con esos estímulos visuales, en virtud de que es un mecanismo programado genéticamente.

Pero hay más: los especialistas en neurociencia señalan a las emociones como el vehículo privilegiado para el aprendizaje, confiriéndole un carácter significativo a aquello que reviste esa característica. Los educadores y docentes saben bien a que me refiero. El conocimiento asociado a la emoción es más eficiente y duradero.

Son las emociones, gestionadas por la amígdala cerebral, la que nos permite recordar los hechos y gran parte de lo que aprendemos, porque el cerebro es muy receptivo a ellas. El aprendizaje asociado a las emociones es más significativo ya que estas están, a su vez, vinculadas a la supervivencia. Por tanto, se graban y se recuerdan con mayor facilidad. Lo veremos en el siguiente artículo.

Si añadimos el hecho aceptado de la neuroplasticidad, en el sentido de que cuanto más practica nuestro cerebro algo, más influencia tiene, hay que considerar el tiempo que se dedica a visionar films sexuales, excitarse con ellos y masturbarse, ya que ocupa un lapso relevante en un sector destacado de nuestra juventud, en razón de que la repetición permite, que esos cambios químicos y neuronales puedan acabar siendo estructurales, fortaleciendo las conexiones cerebrales. Es decir que pueden ser aprendizajes permanentes.

No en vano las primeras experiencias , fantasías y pensamientos sexuales ocupan un lugar destacado en esa amígdala y se suelen recordar por su impacto, sea positivo o negativo.

Necesariamente, en este listado de aspectos destacables, tengo que hacer referencia al placer sexual que es el refuerzo psicológico natural más importante. Son esas imágenes, solo esas, las que excitan y producen placer, imágenes a las que se inviste de un poder singular, que provocan unas descargas de dopamina espectaculares y que pueden escapar al control del córtex. Y por ello pueden “enganchar”.

El cerebro, además, retiene aquellos hechos y fenómenos que le interesan. El sexo, no hay duda que genera un notable interés.

Seguramente los vídeos sexuales y el smartphone (o cualquier pantalla), cuando van de la mano, en la intimidad, constituyen un tándem motivador y emocionante, con gran diferencia respecto de otros elementos, porque presentan esas características que hemos mencionado de modo fehaciente, de ahí su extraordinario poder adictivo.

Las pantallas ofrecen gratificaciones permanentes, inmediatas y fáciles. Las imágenes sexuales también. Hacer frente a este dúo imbatible supone un esfuerzo cognitivo muy importante, siempre que exista la aptitud para hacerlo, habilidad de la un niño no es capaz. En consecuencia, si no puede llevarla a cabo tal tarea, ergo, lo más fácil es dejarse llevar por la emoción y el impulso sexual. El cerebro más primario gana.

En consecuencia, de lo dicho hasta ahora, dada la inmadurez cerebral en la infancia, se desprenden dos consideraciones:

a) Que las características singulares de los contenidos sexuales les convierten en potencialmente adictivos.

b) Que exponerse precozmente a estas películas, en las que se representan explícitamente, diferentes manifestaciones de violencia contra las mujeres y menores, puede ser una experiencia inadecuada y de alto riesgo para niños y niñas. Si, además, el uso es frecuente, los efectos podrían ser graves.

Consiguientemente, existen riesgos para la salud derivados de esta exposición, riesgos que familias y profesionales deberían considerar muy seriamente, como aconsejan una gran parte de los especialistas que han llevado a cabo las investigaciones sobre este particular. Lo veremos más adelante.

Infancia y desarrollo cerebral

La infancia está hecha para ser vivida como un niño o como una niña. Ya habrá tiempo de ser adulto y de hacer las cosas que hacen los adultos porque, entre otras muchas consideraciones, sus necesidades e intereses son diferentes. Sus cerebros y las capacidades cognitivas también lo son, en virtud de los procesos desiguales de desarrollo.

Hemos mencionado los vídeos sexuales violentos, pero hay más asuntos. Por ejemplo, me parece preocupante observar a niñas influencers, sexualizadas, vestidas y maquilladas como chicas mayores, promocionando productos de todo tipo, ingresando millones de dólares, negocio controlado convenientemente por sus padres que sin pudor utilizan a su pequeña.

No menos me preocupa, el hecho de que se han convertido en modelos de conducta a seguir por otras niñas y por sus respectivos progenitores, que anhelan obtener un filón de dinero comerciando con su retoño. Ya hay academias de influencers y de youtubers.

Tambien aquellas menores que, sin darse cuenta, influenciadas por las RRSS, como Instagram o TikTok, y que afectan negativamente a su ya de por sí baja autoestima, que maltratan su cuerpo con dietas imposibles.

O lo exhiben como elemento de excitación sexual para otros adultos, perreando con movimientos pélvicos sexys, ofreciendo sus cuerpos sexualizados, sin valorar el alcance de ese comportamiento- las más de las veces con la pretensión de obtener likes y seguidores, cuando en realidad lo que buscan es ser reconocidas y queridas, arriesgándose a ser objeto de manipulación y grooming por parte de los depredadores sexuales que abundan en esos espacios.

El poder de la pantalla

Es indudable que la pantalla, especialmente lo que se ve en ella, seduce y gratifica, mantiene la atención, es permanentemente novedosa y ofrece múltiples satisfacciones. Es un chute de dopamina. De ahí su poder adictivo, razón por la que ha sido catalogada como la nueva droga del Siglo XXI. El ser humano necesita sentirse querido, que le quieran y eso puede obtenerse a través de reconocimientos verbales sencillos (decir por ejemplo eres valioso, te quiero…) o a través de dinero, premios, homenajes…

El sentirse querido es un acicate destacado de la conducta, una espoleta que la activa y la pone en marcha. Ser reconocido es otro chute. Sin embargo, ese afán por conseguir likes y los seguidores no parece muy saludable, por cuanto son sustitutos ilusorios de esa necesidad psicológica básica de los seres humanos. Duran, lo que dura una pavesa que asciende rápidamente desde el fuego.

Y, como era de esperar, acaban frustrando. El daño psicológico de plataformas como TikTok o Instagram ha sido reconocido por sus propios creadores, pero ahí siguen, con cientos de millones de usuarios, muchos de ellos menores, incluso niños/as con sus cuentas oficiales.

Dejemos que niños y niñas vivan su infancia, fuera de la sexualización de los adultos y mucho menos incluirlos en el mercadeo sexual de los mayores (el caso de TikTok es un claro ejemplo) con los abusos sexuales y violaciones de las que son objeto, inaceptables desde todo punto de vista. (clica aquí si quieres saber más)

Tambien que los alejemos de los llamados metafóricamente “contenidos para adultos” por las razones que veremos en este y en los próximos artículos, mientras que les vamos capacitando para que puedan afrontarlos con éxito.

En fin, en todo caso, nos encontramos con problemas inéditos, en un mundo nuevo, que se ha transformado radicalmente con la generalización del acceso a Internet, un invento maravilloso y apasionante que nadie pone en duda. Pero en la mochila de ese avance, también hay espacio para los efectos adversos que su uso inapropiado puede conllevar.

Sería deseable separar el polvo de la paja y extraer los elementos positivos, reconociendo que este avance ha venido inevitablemente acompañado, en el mismo paquete, de otros tantos riesgos de salud, entre los destaco aquellos que tienen que ver con las conductas adictivas derivadas del consumo de las películas sexuales.

Tal vez, más temprano que tarde, la disrupción en el proceso evolutivo y emocional de esas niñas-anuncio, o de la exposición a la pornoviolencia, les pasará factura en su salud mental y sexual, toda vez que se les habrá privado, sin vuelta a atrás, de la vivencia única e irrepetible de experimentar en primera persona ese proceso distintivo de “ir haciéndose adulto” y afrontar todos los desafíos que ese devenir evolutivo puede comportar.

Muchos padres y madres no son conscientes de la necesidad de hablar con sus hijos e hijas de todas estas cuestiones que tienen que ver con la sexualidad y la pornografía cuantos antes, agobiados por preguntas de este tipo: ¿Qué decirles? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿De qué hablarles? ¿Cuántas veces? ¿Y si no preguntan?  etc. lo que conlleva a abandonar el diálogo. En mi programa TUS HIJOS VEN PORNO, explico todo ello con amplitud y subrayo las consecuencias de repetir el bucle del silencio de generación tras generación, así como la necesidad de formarse y actualizar sus conocimientos.

El próximo viernes (PornEducation para el finde, ¿te atreves?  #PornEducationParaElFinde ) publicaremos el segundo artículo donde esbozamos el impacto de los estímulos sexuales de carácter audiovisual y la realidad del uso de películas sexuales pornoviolentas en menores y sus efectos en el cerebro. Hasta entonces.

(*) PornEducation para el finde, ¿te atreves?  , es una nueva propuesta, una más, a modo de campaña de sensibilización, que quiere ofrecer contenidos formativos por medio de artículos de divulgación , que se publicaran en este blog cada viernes, para leerlos y comentarlos el fin de semana con tranquilidad, con el hashtag: #PornEducationParaElFinde 

Si te parece de interés, comparte los artículos con tus amigos/as y contactos.

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