¿GENERACIÓN DE JÓVENES ABDUCIDOS POR INTERNET ?(II): AUSENCIA DE PENSAMIENTO CRÍTICO.

En un artículo anterior (clica aquí si quieres leerlo ) reflexionábamos sobre la adición a Internet y del impacto en la conducta del uso del smartphone, más centrado en población juvenil, aunque vimos que no era solo una característica de esta etapa evolutiva, en razón de que este atractivo accesorio nos ha seducido a todos/as.

Hoy proseguimos nuestro análisis, comenzando por una cita de Luciano Lutereau[1], refiriéndose a los niños del siglo XXI definiendo una de sus características: van “de la teta a la pantalla”. Habla de la adicción a Internet tanto de niños como de adultos y señala el ejemplo significativo de un infante que una vez le dijo, que le gustaba visitar a su terapeuta porque era la única persona que le hablaba sin un teléfono en la mano.

Otro psicoanalista argentino Cesar Hazaki[2], nos plantea un aspecto de gran interés cuando habla de los efectos del móvil en la generación de cyborgs humanos, afirmando que “si vamos a ser cyborgs, lo seamos con pensamiento crítico, no cyborgs ramplones”.

Y lo traemos a colación porque pone encima de la mesa una de las propuestas que sugerimos: aceptando que nuestros hijos e hijas tendrán inevitablemente algún grado de adicción a Internet, debemos reconocer este hecho, ser conscientes de los riesgos que comporta y disponer de las habilidades necesarias para controlarla

La preocupación del profesor Leonardo Haberkor, citado en la primera parte de este artículo, respecto del escaso interés de su alumnado, pone en evidencia también, los cambios acontecidos en las dos últimas décadas, no solo en los sistemas de aprendizaje y de adquisición de conocimientos, sino en otros aspectos de la conducta de singular interés. Este docente universitario, dejó su trabajo harto del desinterés generalizado de su alumnado y de su adicción al móvil. En el anexo de este artículo se detallan los motivos de su abandono.

Un nuevo paradigma

Internet ha cambiado muchas cosas. Veamos algunas de ellas. Por ejemplo, con no poca frecuencia, parece buscarse lo sencillo y lo básico, aquello que no ocasione mucho esfuerzo. Por ejemplo, tengo la impresión de que la lectura de los artículos extensos pasó a la historia. Se prefiere el resumen, la síntesis. Ahora es a través de vídeos de escasa duración, bien sea en YouTube o en las múltiples plataformas existentes o podcast con un tiempo limitado. 

Se seleccionan los textos cortos, de post con no muchas palabras, de tuits (Twitter es paradigmático) con una extensión limitada. De hecho, este artículo que tienes en tu pantalla, amable lector/a, inicialmente era único, pero me pareció conveniente dividirlo en dos para facilitar su lectura, criterio que he seguido en otros publicados con anterioridad.

Todo ello configura los nuevos modos y maneras a través de los cuales, muchos jóvenes y mayores aprenden, se documentan y actualizan la información. Hay numerosos y modernos cursos que capacitan a los/as creadores/as de contenidos en esta dirección: ir al grano y no andarse por las ramas.

Por su relevancia en el hábitat juvenil, tenemos que citar así mismo esa obsesión por tener seguidores en la red social de moda y conseguir el mayor número de likes, fenómeno que acaba enganchando a muchas personas, lo que ocasiona frustraciones contribuyendo, con otros factores asociados, a crear diferentes trastornos emocionales. Los riesgos sexuales de Internet han sido analizados ampliamente en nuestro programa TUS HIJOS VEN PORNO[3], ofreciendo diferentes estrategias para un adecuado afrontamiento.

La constante (y estresante) subida de fotos a las RR SS, puede tener como contrapartida algo que nos resulta relevante: parece mucho más prioritario e interesante compartir esa experiencia concreta con los colegas, que disfrutar de ella, enfatizando el lado bonito de la historia y poder competir así con el resto de gente guapa y guay que se exhibe en esos espacios. En redes sociales como Instagram, da la impresión de que todo el mundo exhibe su pose más glamurosa.

Tan en así que los propietarios de esta red social, han pedido disculpas por su contribución al descalabro de la autoestima de muchos jóvenes. Vaya, todo un detalle, pero que no ha ido acompañado de controles para que tales hechos sean excepcionales [4]. Resulta cuando menos paradójico (o hipócrita para ser más precisos) que los riesgos negativos que comporta promover y fomentar esos valores y comportamientos – que han sido advertidos por numerosos especialistas desde hace algún tiempo, en particular el efecto negativo que tiene en la autoestima de los jóvenes- sean asimismo reconocidos (aunque en documentos internos, lo que hace sospechoso ese mea culpa ) por Facebook, la empresa dueña de Instagram. [5].


Pero no son casos aislados. Es toda una cultura promotora de esos valores. Fijémonos en otro detalle: muchos niños tienen numerosas fotos en Internet meses antes de su nacimiento, subidas por sus padres/madres y miles de ellas después del mismo. ¿Se lamentarán cuando sean adultos o se integrarán en esa moda como un fenómeno más? Los padres y madres se convierten en modelos privilegiados donde los vástagos aprenden, desarrollan y normalizan esas habilidades de internautas que suben intimidades a la red, al objeto de destacar y provocar impacto, solo medible en el número de veces que se clica “me gusta”.

Porque lo que parece estar ocurriendo ahora, es una suerte de obsesión por vivir esos momentos en un santiamén y dar cuenta de ello en una instantánea, de modo que, una vez hecha la foto, pasar inmediatamente al siguiente episodio, a tenor de que la finalidad es, más que disfrutar la experiencia, tratar de impactar a los demás. Competir a ver quién genera más impresión y así aumentar el cupo de admiradores, que van a presionar en la pantalla donde está ubicado el corazoncito rojo, aderezado con los más variados emojis que han sustituido a la comunicación de emociones y sentimientos.

Me acuerdo de esos soportes publicitario de antaño colgados al cuello, que cubrían por delante y por detrás el cuerpo del/la modelo callejero/a. Ahora somos el propio sujeto del anuncio que se “vende” así mismo como producto. Aunque en este caso hablamos de publicidad engañosa, de actores que muestran la parte más glamurosa, escondiendo aquello que se considera política/socialmente incorrecto, tratando de sopesar el impacto que causará en los espectadores.

El seguimiento de millones de jóvenes, bajo suscripción, a los influencers de moda es otro aspecto a subrayar seriamente, ya que parece estar cambiado el panorama de los valores que se le proponen a menores y jóvenes. Las limitaciones sociales de la Covid-19, no han hecho sino incrementar este problema.

También los adultos han sucumbido a las redes sociales, que para nosotros no son sino un increíble y eficiente invento del neoliberalismo, toda vez que un espectacular negocio (las redes sociales más conocidas valen varios miles de millones de dólares) y que, en realidad, no es más que un muro, un folio en blanco, donde escribir las ilusiones, frustraciones y protestas, aminorando así su efecto transformador y, de ese modo, tenernos “ocupados” y entretenidos. En realidad no son más que un pasatiempo que consume una buena parte del tiempo libre. ¿O no?

Es más, en algunas como Twitter, ocultos bajo un Nick anónimo, circunstancia que permite decir a algunos/as las mayores barbaridades e insultos sin correctivo de ninguna clase, vomitando la bilis amarga, estimulando la cobardía hasta límites insospechados, porque a lo sumo, la penalización es la suspensión temporal de la cuenta. Pero no importa, te haces otra en un par de minutos. De ahí que dudo del poder de cambio de las RR SS, como algunos pretenden hacernos creer. Muchas de las aplicaciones, webs y plataformas han venido para quedarse, para crear adictos y consumidores sin pensamiento crítico.

Entiendo que este fenómeno es imparable, razón por la que sería deseable tenerlo en cuenta, reconocerlo, para poder minimizar sus efectos.

Ventajas e inconvenientes

Pero inmediatamente tenemos que aclarar que no se trata de demonizar el progreso tecnológico porque tal cosa es una soberana estupidez y está condenada al fracaso. Nadie discute los enormes efectos positivos asociados al desarrollo de las nuevas tecnologías, avances que, a no dudar, beneficiaran a las siguientes generaciones, ya que, desde edades tempranas, van a adquirir habilidades que serán útiles en su desarrollo personal y profesional.

Ahora bien, familias y profesionales deben reflexionar valientemente sobre este asunto y buscar la manera de que, en cada caso, se pueda encontrar un equilibrio entre el uso adecuado de estos dispositivos y sus contenidos, con el tiempo que también hay que dedicar a otros menesteres y actividades de nuestra existencia cotidiana y real, porque hay vida después de Internet.

Sí parece claro que padres y madres deberán supervisar el uso de los dispositivos en sus hijos/as menores, pero sin perder la perspectiva de ayudarles a gestionar su uso, es decir capacitándoles adecuadamente. Como se ha dicho, hay problemas muy serios respecto de la adicción a Internet y las nuevas tecnologías. En ocasiones la prensa informa de algunos casos de adicción grave a los videojuegos, por parte de menores que han requerido dos meses de hospitalización [6].

Por tanto, Internet y los avances digitales no solo no son perjudiciales en sí mismos, sino que son “muy buenas cosas”. Es el futuro en el que tienen inexorablemente un lugar destacado, y por tanto en nuestra vida y en la de nuestras/os hijas/os, lo que nos obliga a establecer unas reglas. Tenemos que aprender a manejar adecuadamente esta tecnología para que nos haga una vida más saludable y feliz, y no lo contrario.

¿Qué nos deparará el futuro? Pregunta de imposible respuesta. Empero me atrevo a pronosticar que probablemente las adicciones a Internet serán un capítulo muy relevante en la atención de los servicios de Salud Mental en todo el mundo, a tenor del aumento de los riesgos de salud que comporta.

Y que promover el pensamiento crítico, va a constituir un empeño de notables dificultades por el poder omnipresente de Internet y de los valores que promueve el sistema socioeconómico liberal.

Aunque soy consciente de nuestras limitaciones frente a los poderosos y al sistema dominante, sin embargo, y a pesar de ello, defiendo fervientemente educar en el desarrollo del pensamiento crítico de nuestros niños, niñas y jóvenes, y de apostar por un consumo racional que contemple tiempos de desconexión digital, a sabiendas de que, en épocas de cambios constantes que se producen a una velocidad endiablada, de consumismo aquí y ahora en una sociedad hiperconectada, no es tarea fácil, porque es nadar contracorriente. 

En el siguiente anexo se adjunta el texto citado en la primera parte de este artículo.

[1] https://www-pagina12-com-ar.cdn.ampproject.org/c/s/www.pagina12.com.ar/amp/208240-los-mitos-sobre-la-adolescencia-actual

[2] https://www.clarin.com/revista-enie/ideas/cesar-hazaki-enamora-maquinas-_0_o5moh5qf.html

[3] https://joseluisgarcia.net/articulos/quieres-conocer-nuestra-propuesta-educativa-tus-hijos-ven-porno/

[4]https://bit.ly/3tStnb3

[5]https://elpais.com/tecnologia/2021-09-15/facebook-admite-en-documentos-internos-que-instagram-perjudica-la-autoestima-de-muchas-jovenes.html

[6]https://www.diariodemallorca.es/sociedad/2021/09/19/hiperadiccion-adolescente-fortnite-llega-psiquiatrico-57440707.html


ANEXO

El periodista y académico uruguayo Leonardo Haberkorn renunció a seguir dando clases en la carrera de Comunicación en la Universidad ORT de Montevideo, mediante esta carta que ha conmovido al mundo de la Educación:

“Después de muchos, muchos años, hoy di clase en la universidad por última vez. Me cansé de pelear contra los celulares, contra WhatsApp y Facebook. Me ganaron. Me rindo. Tiro la toalla. Me cansé de estar hablando de asuntos que a mí me apasionan ante muchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa de recibir selfies.

“Claro, es cierto, no todos son así. Pero cada vez son más. Hasta hace tres o cuatro años la exhortación a dejar el teléfono de lado durante 90 minutos -aunque solo fuera para no ser maleducados- todavía tenía algún efecto.

Ya no. Puede ser que sea yo, que me haya desgastado demasiado en el combate. O que esté haciendo algo mal.

“Pero hay algo cierto: muchos de estos chicos no tienen conciencia de lo ofensivo e hiriente que es lo que hacen. Además, cada vez es más difícil explicar cómo funciona el periodismo ante gente que no lo consume ni le ve sentido a estar informado.”

“Esta semana en clase salió el tema Venezuela. Solo una estudiante entre 20 pudo decir lo básico del conflicto. Lo muy básico. El resto no tenía ni la más mínima idea. Les pregunté si sabían qué uruguayo estaba en medio de esa tormenta. Obviamente, ninguno sabía.

Les pregunté si conocían quién es Almagro. Silencio. A las cansadas, desde el fondo del salón, una única chica balbuceó: ¿No era el canciller? “Así con todo. ¿Qué es lo que pasa en Siria? Silencio.

“¿Qué partido es más liberal, o está más a la “izquierda” en Estados Unidos, los demócratas o los republicanos? Silencio. “¿Saben quién es Vargas Llosa?

¡Sí! “¿Alguno leyó alguno de sus libros? No, ninguno. “Lamento que los jóvenes no pueden dejar el celular, ni aún en clase. Conectar a gente tan desinformada con el periodismo es complicado.

Es como enseñar botánica a alguien que viene de un planeta donde no existen los vegetales. “En un ejercicio en el que debían salir a buscar una noticia a la calle, una estudiante regresó con la noticia de que todavía se venden diarios y revistas en las calles…

“Llega un momento en que ser periodista te juega en contra. Porque uno está entrenado en ponerse en los zapatos del otro, cultiva la empatía como herramienta básica de trabajo.

Y entonces ve que a estos muchachos -que siguen teniendo la inteligencia, la simpatía y la calidez de siempre- los estafaron, que la culpa no es solo de ellos. Que la incultura, el desinterés y la ajenidad no les nacieron solos.

Que les fueron matando la curiosidad y que, con cada maestra que dejó de corregirles las faltas de ortografía, les enseñaron que todo da más o menos lo mismo.

“Entonces, cuando uno comprende que ellos también son víctimas, casi sin darse cuenta va bajando la guardia.

“Y lo malo termina siendo aprobado como mediocre; lo mediocre pasa por bueno; y lo bueno, las pocas veces que llega, se celebra como si fuera brillante. No quiero ser parte de ese círculo perverso. Nunca fui así y no lo seré.

“Lo que hago, siempre me gustó hacerlo bien. Lo mejor posible. Y no soporto el desinterés ante cada pregunta que hago y se contesta con el silencio. Silencio. Silencio. Silencio. “Ellos querían que terminara la clase.

Fuente: https://www.facebook.com/claubenitezfois