¿Habría que regular/prohibir el porno violento?

¿Sabías que la URJC, ofrece un formación de postgrado para profesionales “Experto/a en Prevención de los Efectos de la Pornografía en la Salud Afectivo-Sexual”  que ha tenido una acogida fantástica, con dos convocatorias?

Aquí tienes más información sobre la evaluación de esta iniciativa. Es una formación de postgrado pionera en el mundo de estas características. Si conoces a alguien que le pueda interesar, comparte.

A menudo, recibo comentarios acerca de mi propuesta de olvidarnos del término pornografía y, en su lugar, distinguir entre Películas Sexuales Eróticas (PSE) (que son necesarias para muchas personas con el fin de estimular su deseo sexual) y Películas Sexuales Pornoviolentas (PSP) (que no tienen ninguna ventaja y que pueden producir efectos adversos en menores).
A algunos/as les parece oportuno esta clasificación, otras echan pestes. A mi me parece fundamental.  No es igual tomarse 14 cubatas de tequila, que una copa de buen vino en una comida. Bueno, pues no es igual echarse un buen polvo, de mutuo acuerdo, sin ningún tipo de violencia, que una agresión sexual, porque la mayoría de los vídeos porno tienen diferentes dosis de violencia sexual.
Por tanto, no tienen absolutamente nada que ver. Esa es la diferencia fundamental.

El debate prohibición/regulación/dejarlo como está… sobre la pornografía es recurrente y motivo de enfrentamiento feroz entre los detractores y partidarios de cada posición. Reconozco que estoy cansado de esta controversia porque me parece estéril y no ayuda gran cosa a resolver el problema, es más, creo que lo encona, además de tener que soporta exabruptos e insultos de quienes defienden sectariamente sus posiciones. Paradójicamente, en estos debates, se observa una agresividad y violencia que difícilmente se encuentra en ningún otro ámbito, en grupos que supuestamente se presentan como no agresivos.

Conscientes de las implicaciones políticas, ideológicas y legales de la producción, distribución y consumo de pornografía, hemos escrito varios artículos de divulgación sobre este particular, como por ejemplo estos dos en este mismo blog o estos seis en una revista, incluyendo otra entrega introductoria en donde hablo de la pornografía y la sexualidad y cuento algunas anécdotas de mi acercamiento al estudio del porno, clica aquí .

De todo ello, voy a resumir lo más relevante.

  1. Prohibición.

Voy a ser claro: sería deseable disponer de una ley que regulara estrictamente el acceso, la tenencia y la distribución/compartición de los vídeos pornoviolentos on line, similar a la de la pornografía infantil(MESI). Sin embargo, soy consciente de la dificultad de aprobarla y de hacerla cumplir. ¿Cuántas condenas efectivas se han llevado a cabo en pornografía infantil? Toda vez que supondría un compromiso de, al menos, la mayoría de los países del mundo y, cronológicamente, tardaría una eternidad.

Como medidas a considerar, además de la ley, habría que controlar los accesos de pago a las webs y plataformas porno, a través de las compañías de tarjetas de crédito que prohibieran ese pago con sus tarjetas. Y la medida estrella: controlar/prohibir/boicotear a aquellas empresas que inviertan en la publicidad y a la venta de datos de los usuarios que acceden, a esas webs y plataformas. Porque ahí está el meollo de la cuestión.

Este tipo de medidas supondría una revuelta política de extraordinarias dimensiones, ya que se plantearía el debate de la libertad de creación y de uso de las personas adultas, en un sistema socioeconómico liberal hasta las trancas, en el que el sexo es un elemento de consumo como pocos. También los defensores de la ley de protección de datos clamarían con tesón. Muy, muy complicado.

Pero, de producirse, aún sería siendo insuficiente. Si alguien cree que con esa medida por sí sola vamos a resolver el problema, está equivocado. La solución solo vendrá, sí o sí, de la mano de la capacitación específica en este consumo. El porno violento solo desaparecerá cuando deje de consumirse, no antes. Y me temo que esa va a ser una ardua tarea de familias, educadores y sanitarios… y de toda la sociedad que ahora parece estar anestesiada.

Por esa razón, nuestro ofrecimiento es que mientras esa aspiración llega -que se me antoja va para largo y que yo no la conoceré- la capacitación específica/educación de los menores y jóvenes es el único recurso que tenemos para combatir y prevenir sus efectos.

Voy a ser claro: No creo en la efectividad de las prohibiciones. La historia nos ha dado pruebas sobradas de que son un fracaso. Baste recordar la conocida LEY SECA en EEUU. Soy partidario de CAPACITAR y educar a nuestros menores para que no consuman pornografía violenta, porque solo así desaparecerá, anhelo que tardará décadas, siempre que haya voluntad política internacional de llevarlo a cabo, cuestión que ahora mismo es un imposible.

He defendido una postura crítica con la industria, pero los insultos, descalificaciones y amenazas han sido una constante, toda vez que estás solo y si tienes algún problema, tendrás que apañártelas como buenamente puedas y te comerás solo el marrón. Son los políticos y fiscales los que tienen que tomar la iniciativa y no lo hacen. No voy a hacerle el trabajo a ellos/as, toda vez que mi tiempo es más útil en otros menesteres que tienen que ver con la educación y prevención.

Poner todos los obstáculos para el acceso, desde los controles parentales hasta sistemas de identificación en las webs, hay que apoyarlas y aplaudirlas. Sin embargo, son insuficientes porque los chicos avezados circunvalaran esos controles y fuera de casa verán lo que no pueden en el hogar. Hay aplicaciones y plataformas de mensajería que evitan esos controles por ejemplo WhatsApp.

En consecuencia mi posición decidida es CAPACITAR. Comprendo que lo de capacitar supone esfuerzo, dedicación, preparación, es decir asumir una responsabilidad innata a la de ser padre/madre o docente, razón por la que no se tiene muy en cuenta, máxime en una sociedad que tiende a sospechar de la formación y que está acostumbrada a preocuparse de los problemas cuándo estos ya están en casa, o al menos en el rellano de la escalera.

La alternativa más realista y eficiente es esta, pero también es la que mayor esfuerzo conlleva y por ello es la más dificultosa. Supondría un compromiso social en pro de la salud de nuestros menores y de generaciones futuras, que implica a todos/as pero en especial a familias, docentes y sanitarios.

Seamos realistas: cuando una APYMA de un centro educativo de 200 familias organiza una actividad para padres y madres, sobre este tema, acuden una docena de mujeres. En general somos más de cañas. La verdad es que no estamos para tirar cohetes, con la crisis de participación social existente y una sociedad anestesiada.

Pensemos en el alcohol o cualquier otra droga. El alcohol es un tóxico de primer orden que está implicado fehacientemente en no pocos desastres personales, familiares y sociales, no solamente de salud. ¿Alguien cree realmente en políticas de prevención eficientes en nuestro país, con el consumo de alcohol tan normalizado y generalizado, en la casi totalidad de la población? La normativas laxas que hay al respeto ¿evitan realmente los botellones de los menores? ¿Qué sería de todas las fiestas populares de pueblos y ciudades sin consumo masivo de alcohol? ¿En cuantas familias españolas hay una despensa generosa de bebidas alcohólicas para festejar cualquier evento?

Los colegas psicólogos que se dedican a estos menesteres les cunde el desánimo. No es para menos.

Bueno, pues con el porno es aún más difícil, porque es gratis, excita, da placer y tiene una base biológica de hace millones de años. El deseo sexual es una motivación fundamental de la conducta humana desde los orígenes de la especie.

En consecuencia, propugnar la prohibición de TODA LA PORNOGRAFÍA porque es toda igual, es legítimo en una sociedad democrática en la que se tiene el derecho a opinar. Sin embargo si tenemos en cuenta la realidad del fenómeno pornográfico, esa afirmación, además de una falacia, un brindis al sol, es una manera irresponsable de blanquear la pornografía mas violenta poniéndola al mismo nivel que otros vídeos eróticos sin violencia. Encima tengo que aguantar no pocas estupideces. No tolero que se me acuse a mí de blanquear la pornografía violenta cuando llevo décadas dando la cara y manifestándome en contra de la violencia sexual.

Mantener una argumentación de mediados del siglo pasado, cuando la sociedad ha cambiado radicalmente y la pornografía actual no tiene nada que ver con la de entonces, es estéril. Decirle a nuestros menores que todo el porno es igual, es un grave error que quienes lo defienden deberían reflexionar muy seriamente. ¿Porqué?

a) Porque hay miles de millones de vídeos pornográficos y no todos son iguales. Por ejemplo, un vídeo de tortura sexual a una menor, no se puede poner al mismo nivel que uno amateur de una parejita que los sube libremente en plan divertido y en el que no hay ningún tipo de violencia.

Cierto que el volumen de vídeos violentos es, con creces, infinitamente superior a los que no presentan violencia. El último informe del Senado de Francia concluía que el 90% de los vídeos que ven nuestros menores en Internet, tienen violencia REAL. Harían falta miles de web de vídeos eróticos sin ningún tipo de violencias. Y no hay ninguna web específica.

b) El deseo sexual necesita estímulos sexuales (sensoriales, imaginativos o brebajes/fármacos varios). Eso ha ocurrido desde el origen de la especie porque está en nuestro ADN, ocurre ahora y seguirá ocurriendo hasta que nos carguemos el planeta. No entender esto es vivir en otro mundo. Pretender prohibir este mecanismo ancestral, de nuestro cerebro con raigambre en la biología, es un problema de desconocimiento o un delirio sin sentido. La supervivencia de la especie necesita de estímulos sexuales. La sexualidad también.

El deseo sexual está en la base de negocios tan extraordinarios como la pornografía, la prostitución o la publicidad. Atraviesa numerosas modalidades artísticas y creativas desde tiempos inmemoriales. Y lo seguirá haciendo le pese a quien le pese. Desgraciadamente el deseo sexual también está presente en todas las agresiones sexuales, mezclado con otras motivaciones perversas.

Pero donde yo quiero insistir es que habría, por tanto, estímulos sexuales SALUDABLES y estímulos sexuales NO SALUDABLES, como ocurre con tantos otros productos. Por ejemplo, no es igual el efecto de un aguardiente con una graduación alcohólica de 60º que el de una cerveza con 2º. Tenemos que advertirle a nuestros hijos/as que, en una sociedad donde el consumo de alcohol está absolutamente normalizado, no beban, pero que si lo hacen, que la inmensa mayoría lo hará, beban productos de baja graduación y de manera racional y controlada.

Alguno me dirá, ¿Qué tiene que ver el alcohol con el sexo? yo le digo, mucho. Desde el punto de vista de la salud y de su poder adictivo tienen un patrón neurológico y conductual muy similar. Como el tabaco, las drogas o las apuestas on line. Y mi perspectiva es desde la salud, porque soy un profesional de la salud. Un problema de adición no se resuelve desde la ideología o la propaganda.

En consecuencia, aunque esto le repatea a algunas personas sectarias y con notorio desconocimiento, vengo proponiendo la necesidad de distinguir entre PELÍCULAS SEXUALES PORNOVIOLENTAS (PSP), que son inaceptables desde todo punto de vista por el daño que hacen a los menores,(los mayores son mayorcitos para tomar sus decisiones) razón en virtud de la cual solo deberían ser accesibles en determinados lugares de Internet con entrada controlada rigurosamente y PELÍCULAS SEXUALES EROTICAS (PSE) sin ningún tipo de violencia y basadas en los criterios que hemos establecido en otros artículos y en mí propuesta TUS HIJOS VEN PORNO. Este consumo debería ser racional y controlado.

¿Cuál es el verdadero problema? Que no hay películas sexuales eróticas para competir con las pornoviolentas. Es un David diminuto contra batallones de Goliat. Hacen falta millones de ellas, de corta duración para los menores que lo necesiten, a los que tenemos que decirles, lo repito para que no haya duda, que hagan un consumo racional y controlado, porque también pueden generar adicción y acabar consumiendo PSP, pero hay está la esencia de la educación: que nuestros jóvenes sean adultos que tomen decisiones responsables sobre su salud y sobre la de los demás.

Algún día, yo no lo conoceré, los gobiernos democráticos y responsables políticos mundiales más poderosos tendrán que sentarse a negociar con la industria del porno para llegar a acuerdos y, si no, al tiempo. Porque no van a dejar su lucrativo negocio por nuestra cara bonita.

No tengo ninguna duda. Porque este sistema de desarrollo socioeconómico –que valida como aceptable cualquier negocio que dé dinero y el sexo es uno de los que más- no tiene pinta de cambiar, más bien irá a más: sálvese el que pueda vienen a decirnos. A mi me gustaría que no hubiera alcohol o drogas y que los pisos de alquiler o compra tuvieran un precio justo, pero esto es una ilusión: seguirán creciendo como ocurre en París, Londres o Nueva York, porque el que tenga uno lo va a vender a precio de mercado, no a un precio justo.

El 93% de nuestros menores y jóvenes usa pornografía violenta para excitarse y masturbarse, un 25% lo hace entre 1000 y 5000′ horas antes de los 20 años. Yo prefiero que los adolescentes que lo necesiten para masturbarse, utilicen vídeos eróticos, en lugar de los pornoviolentos. Porque si creen que todos son iguales, y esos mensajes de que todo es igual les inducen a ello, irán a los más fuertes o acabarán en ellos. Sí o sí. Hay que hablar con los jóvenes sobre este asunto.

“A ver doctor, me dice que nunca consuma vídeos pornoviolentos, porque hacen daño a mi salud y no tienen ninguna ventaja, entonces ¿cuáles veo? Porque, a mí, las imágenes me molan para masturbarme. Es lo que más me pone. Y lo voy a seguir haciendo porque no pasa nada por ver porno” R.16 años

Está claro, ya lo he dicho, que hay que regular el acceso a menores, ora con controles parentales, ora con mecanismos de control riguroso de acceso a las web y plataformas que ofrecen porno, incluyendo todas las RRSS, que lo hacen directa o indirectamente. Con los mayores ya es otra historia, porque son mayorcitos. En las cajetillas de tabaco se advierte a los/as fumadores/as que el tabaco mata y siguen fumando. El consumo de alcohol tiene costes impresionantes en todos los, órdenes, pero se sigue promoviendo su consumo de muchísimas maneras.

Sin embargo es igualmente insuficiente. Los chicos avezados circunvalaran los controles y, en la calle, con el móvil de sus amigo podrá ver lo que quiera.

Hay, pues, que CAPACITAR y educar desde muy pronto y de manera continuada a lo largo de la infancia y adolescencia, al menos desde la familia y los centros educativos. Una charlita (en casa o en la escuela) no sirve gran cosa. Quienes defienden, porque viven de ello, intervenciones esporádicas en Institutos o colegios, impartidas por profesionales ajenos, saben que el alcance, en comparación con la educación sexual negativa que ofrece el porno, es insignificante.

Y pongo un ejemplo, porque un chaval o chavala sepa lo que es un condón (en el caso de que lo sepan en realidad)no significa en modo alguno que (al menos) sean consciente de los costes/beneficios de su uso, que lo compren en farmacias, que lo lleven en el bolsillo (o bolso)y que lo usen de manera eficiente en todas las relaciones de coito que tengan. Además en su referente educativo, que es el porno, el condón no existe. He escrito dos libros sobre todo esto.

Aunque esta es la posición dominante hasta ahora, y seguirá siéndolo, no vamos a entrar en ella, si bien hay que advertir que no hacer nada, es una forma eficiente de hacer: dejar las coas que sigan su curso, es decir que la producción y consumo de porno violento siga su crecimiento exponencial.

Y esto es lo que hay en nuestra sociedad. Estamos ante un serio problema de salud que a casi nadie parece interesarle solucionar: el aprendizaje de la sexualidad de nuestros menores a través de la violencia sexual en los vídeos porno. ¿Por qué esa desidia?

El tabaco el alcohol y las drogas, productos tóxicos para la salud y que pueden generar adicción, tienen algún tipo de regulación aunque mínima e insuficiente . Si el consumo de porno violento puede tener consecuencias graves para la salud y genera adicción como aquellos, toda vez que en mi opinión, como ya he señalado en otros artículos, su poder adictivo es mayor (gratuito, excita, da placer, total disponibilidad) ¿Por qué no se le mete mano?

Según nuestras informaciones tan solo un país en el mundo Tailandia, ha elaborado una ley restrictiva con el acceso a la pornografía. ¿Por qué el resto de países no lo ha hecho? Hay algunos estados de EEUU, Francia y RU que están tratando de diseñar procedimientos para regular el acceso de los menores. ¿Se pueden poner límites a Internet? ¿Supondría que todos los estados del planeta tendrían que tener una misma normativa? Porque conque solo hubiera uno, las productoras y distribuidoras de vídeos porno se irían allí. Como ocurre con los paraísos fiscales que es imposible regular, porque, seamos claros, no interesa hacerlo. Hay diferentes noticias de que algunos países están tratando de regular el acceso a menores, pero no tengo constatación empírica de que realmente se esté llevando a cabo y funcione.

¿Qué ocurriría si en un colegio hubiera una máquina dispensadora de alcohol y tabaco gratuito? Sería inaceptable y a sus promotores “se les caería el pelo”. Esta idea, que propuse en un momento de mi colaboración en la docuserie GENERACIÓN PORNO, ha tenido un impacto notable y me lo han comentado muchas personas. Creo que es clave para entender la desidia de la sociedad para con el poder adictivo del porno y sus consecuencias. Bueno, pues un niño o niña con un smartphone tiene acceso a contenidos violentos sexuales, a cualquier hora del día o la noche, cuyas características adictivas son comparables a aquellos o incluso superiores.

Sostengo que el poder adictivo de la pornografía es, por sus características particulares, inigualable y exclusivo, de ahí su poder. La adicción al porno pivota sobre un producto excepcional: el placer asociado al deseo sexual, que nos acompaña desde el origen de nuestra especie y que está programado genéticamente para la búsqueda de su satisfacción por razones supervivenciales. Los estímulos audiovisuales son los más poderosos para estimular ese deseo y provocar ese proceso que está presente en nuestro ADN que, a decir verdad, en cuestiones de biología sexual, es muy similar al de nuestros primos hermanos los primates. El influjo de estos estímulos es mucho mayor por razones obvias ya que estamos inmersos en una sociedad de pantallas.

Además es completamente gratis, a cualquier hora del día o de la noche.

Se trata de una adicción silenciosa, de amplias y conocidas consecuencias, no solo que casi nadie reconoce, sino que tampoco dice nada al respecto, es decir se esconde, lo que incrementa su gravedad. Parece invisible. Es invisible. Sobre la adicción he escrito otros artículos.

Hay que educar contra la violencia sexual. Porque, vamos a ver: ¿Qué sentido tiene esta exhibición ostentosa de la violencia sexual hacia la mujer o hacia chicas aniñadas, incluso claramente menores? ¿Qué ventajas e inconvenientes tiene hacerlo? ¿Qué intereses están detrás de esta política de permisividad total? ¿El argumento de la libertad de creación prima sobre cualquier otro? ¿Ofrecer productos novedosos para los consumidores habituales? ¿Provocar impacto psicológico en los chavales que acceden por primera vez? ¿O es simplemente un negocio que da jugosos beneficios, permisible en un modelo socioeconómico neoliberal, desigual e injusto, hasta las trancas?

Si una buena parte de las películas sexuales tienen contenidos pornoviolentos ¿Por qué no se establecen mecanismos legales de acceso para los menores? ¿Qué justificación hay para promover  la violencia gratuita hacia las mujeres y los menores? y, en consecuencia, ¿por qué no existe ningún tipo de regulación jurídica? porque es obvio que tal circunstancia facilita un crecimiento exponencial, así como su expansión planetaria, debido a esa carencia de control efectivo en Internet.  

Para mi este asunto es muy serio. Sostengo que no hay ninguna justificación científica ni ética para que la sexualidad y la violencia vayan de la mano como si fueran un equipo bien avenido. De ahí que en nuestro programa educativo TUS HIJOS VEN PORNO (clica aquí si quieres más información) analizamos el papel de las películas sexuales porno violentas en las agresiones y abusos sexuales, proponiendo un modelo de intervención educativa para desarrollar en casa y en los centros de enseñanza, que prevenga esas lacras en nuestra sociedad.

Ya sé que es un mantra que vengo repitiendo desde hace muchos años y que no cuaja tanto como me gustaría. A menudo en las RR SS me dicen que es una exageración, que no pasa nada porque los chicos vean porno, que siempre ha habido pornografía, que ven películas de Superman y no se tiran por la ventana, que no se puede ir en contra del progreso digital… cuando no una utopía sin visos de llevarse a cabo siquiera en grado mínimo. Pero lo seguiré diciendo en la medida en que lo creo fervientemente. En todo caso no es igual ver una película erótica que una película pornoviolenta

Porque lamentarse únicamente, o poner el correspondiente emoticono en las RR SS, cuando los medios nos informan, con una insoportable frecuencia, de violaciones y atropellos sexuales a mujeres, chicas aniñadas y menores, no contribuye en nada a su disminución. Porque al día siguiente se ha olvidado. Cada cual debe comprometerse activamente en tal propósito en su entorno más cercano y, a mi parecer, mientras no haya un pacto social contra la violencia sexual, difícilmente vamos a avanzar.

La complejidad de todo ello es indudable, razón por la que he sugerido, como primera medida, olvidarnos del término pornografía y sustituirlo por el de películas sexuales PS, haciendo una distinción previa entre aquellas que son eróticas y las que son pornoviolentas, siendo la exhibición de cualquier tipo de violencia el elemento diferenciador más destacado entre ambas, refiriéndonos exclusiva a los contenidos pornoviolentos de carácter heterosexual.

Mi modesta contribución se traduce en una aproximación teórica al problema, que deriva y da soporte a una propuesta pedagógica en la familia y en los centros de enseñanza que quiere contribuir a prevenir este flagelo. Me gustaría poner mi granito de arena en dejar el mundo algo mejor de lo que lo encontré, sugiriendo un modelo de sexualidad radicalmente distinto al que ofrece el porno violento y con el que aprenden nuestros niños y niñas.

La propuesta que hago en todo el ingente trabajo realizado (16 libros publicados y otros muchos recursos pedagógicos) es que la sexualidad es una dimensión amorosa, saludable, divertida, tierna y placentera que tiene todo el sentido cuando se da en un entorno de deseo y acuerdo mutuo, afecto, respeto, libertad y corresponsabilidad en el placer con la otra persona, que me concierne, con la que empatizo, que me genera compasión, características incompatibles desde todo punto de vista con la agresión y la violencia.

Por tanto, esta hermosa parcela de la vida que tiene que ver con el placer, el bienestar, la salud y las emociones humanas positivas, es incompatible con la violencia, que nunca está justificada en las relaciones amorosas. Nunca.

En fin, el deseo sexual es una poderosa motivación de la conducta humana, vinculado con la supervivencia de la especie, tiene que ver sobre todo con el “buen rollo” y está en las antípodas de la agresión a otra persona. Llevo mucho tiempo advirtiendo de que asociar la excitación sexual -y el placer sexual de la masturbación subsiguiente- con la violencia, tiene demasiados riesgos. 

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