Impacto del consumo de pornoviolencia en el altruismo, la empatía y la compasión (I): Historias empáticas.

Tengo el gusto de informarte de mi nuevo libro, (¿Hablamos de porno?) publicado por Plataforma Editorial, en el que resumo cerca de 50 años de experiencia educativa con familias y profesionales, orientado a ayudarles en esta difícil y compleja tarea de la educación sexual y afectiva de sus hijos/as. Si quieres más información, clica aquí.  

Un resumen de este trabajo que tienes en tus manos amable lector/a, fue presentado como ponencia en la conferencia inaugural de las IIª Jornadas Violencia sexual y pornografía, que la URJC organizó en Madrid el día 8 noviembre 2024. Esta conferencia se presentó acompañada de una serie de 88 imágenes que ilustraban su contenido. La presentación puede verse en su totalidad en este enlace.

Dada la extensión de este documento, se divide en cuatro artículos, en razón de que pueda ser más fácil su lectura, advirtiendo que la finalidad es generar interés por investigar este tema, del que solo comparto algunas reflexiones. En el último de ellos, se adjunta una bibliografía relevante.

Si recordáis, el año pasado, en la primera edición de estas mismas Jornadas, hablé de los mecanismos psicológicos de aprendizaje que nos pueden permitir comprender tres aspectos centrales: por qué se consume pornografía, su facilidad de enganche y cuáles podrían ser los efectos de su exposición en menores, en particular el referido a los contenidos violentos, que tienen un gran interés para mi.

Hablaba también, entre otros aspectos complementarios, del aprendizaje por modelado, de las neuronas espejo y de la neuroplasticidad cerebral. Consideraba entonces que la repetición del visionado de las denominadas Películas Sexuales Pornoviolentas (PSP), en contraposición a las PSE, afianza su impacto, en un contexto de excitación intensa y placer, lo que parece generar una menor conciencia de que aquello que están viendo es violencia sexual, circunstancia que puede verse favorecida en la medida en que los jóvenes consumidores no suelen tener otros modelos alternativos de conducta sexual.

En estas cuatro entregas, mi propósito es acercarme al consumo de pornografía violenta y observar qué vínculo podría existir con el altruismo, la empatía y la compasión, compartiendo algunas reflexiones al respecto recordando, como siempre hago, que mi preocupación se centra en los menores consumidores precoces y abusivos de pornoviolencia.

La profesora Nuria Máximo, alumna en la primera promoción de nuestro Experto/a sobre pornografía violenta y salud sexual, (sigue este link si quieres conocer más de este curso de postgrado) sabe mucho de empatía de los animales, sobre todo los perros. Emociones con patas, llama a uno de sus proyectos más conocidos, basado en trabajar la inteligencia emocional, la gestión y el reconocimiento de las propias emociones, la empatía… encaminado todo ello a reducir la violencia en las aulas. Noble propósito.

Hay especialistas como Frans de Waal, que afirmaban hace algunos años, en un trabajo clásico, que la empatía es propia de los mamíferos: “Nacemos con empatía. Todos los mamíferos tienen empatía, en el sentido de que son sensibles a las emociones de los demás y les afectan “.

Por ejemplo, un estudio con ratones mostró conductas de ayuda hacia otros congéneres con dolores y lesiones, mediante el llamado lamido social, en la zona dolorida.

 También hay alguna especie de pájaros en las que, los ejemplares jóvenes, alimentan a los mayores.

 Sin embargo, muchas especies no pueden atender a las crías más vulnerables y las abandonan a su suerte. Un ternero recién nacido en la pradera, con lesiones graves en sus extremidades, está condenado a ser pasto de las alimañas.

A diferencia de otros animales, la especie humana cuida a su prole, protegiéndola, aun cuando presenten alguna discapacidad, si bien el tratamiento dado, en algunos momentos de la historia, hacia estas personas no ha sido el más deseable.

 Considero que la violencia, en general, está en las antípodas de la empatía y la compasión.

 En las guerras, por ejemplo, desaparece por completo. También en cualquier homicidio. En todas las agresiones sexuales y así mismo en la prostitución. Son formas emblemáticas de egoísmo descarnado, de desprecio por otra vida humana, en nuestro sistema social. Los genocidios que están asolando nuestro planeta ponen de relieve hasta qué punto de brutalidad irracional pueden llegar algunos homo sapiens.

 Defiendo desde hace muchos años que, frente a este modelo de violencia sexual, la sexualidad es una dimensión positiva de la vida de los seres humanos, vinculada con la salud, el afecto, la pasión, el placer y el bienestar. Dado que está hecha para el contacto gozoso y el encuentro tierno y apasionado, no puede ser que, bajo ningún punto de vista, se convierta en una experiencia traumática, dolorosa y trascendental en la vida sexual, afectiva y emocional posterior de muchas niñas, y también niños, trastocando su futuro. Este es mi principal motivo que impulsa mi trabajo. La violencia sexual no tienen nada que ver con la sexualidad, no es necesaria en ningún caso. El deseo sexual tiene potencia positiva suficiente cómo para no requerir ningún tipo de agresividad o violencia. NINGUNO.

Como introducción al tema, os voy a contar algunas historias. Unas son maravillosas, emocionantes, mientras que otras son terribles y conmovedoras, pero todas ellas tienen que ver con el altruismo, la empatía y la compasión.

  1.  Un catedrático español de Antropología, Ignacio Martínez, nos presentaba a Benjamina un fósil de hace al menos medio millón de años, que correspondía a una niña de 10-12 años, con una lesión cerebral, discapacitada, que sobrevivió por los cuidados recibidos, fruto del apego afectuoso de quienes estaban a su lado, constituyendo uno de los primeros ejemplos de integración que se conoce. Un amor fosilizado.
  2. Otra catedrática de Otoacústiva Evolutiva de la Universidad de Alcalá, Mercedes Conde, nos presentó a Tina una niña con síndrome de Down, que murió a la edad de 6 años, debido a una serie de malformaciones congénitas que hubieran hecho imposible su supervivencia en el Paleolítico sin la ayuda de su grupo. Por ejemplo, tenía una sordera severa y, probablemente, problemas de equilibrio y crisis de vértigo.  Cambio climático

Estamos hablando de una época de hace 273.000 y 146.000 años de antigüedad -cuando los neandertales estaban en su apogeo en la península Ibérica-

  • En unas excavaciones arqueológicas en un rico yacimiento de un asentamiento primitivo, dirigidas por la prestigiosa antropóloga Margaret Mead, un alumno en prácticas, le preguntó cuál había sido el signo de civilización humana más significativo de todo lo encontrado en esa excavación, esperando que en su contestación mencionara objetos como el anzuelo, los recipientes de barro o los útiles de labranza.  Sin embargo, su contestación indicaba con rotundidad que el primer signo de civilización de esas sociedades prehistóricas fue un esqueleto encontrado en aquel lugar, de un individuo joven, mujer, cuyo fémur había estado fracturado y después sanado.

 Estos tres hechos ponen de relieve que alguien cuidó y ayudó a esas tres menores. Probablemente no solo se trató de un adulto sino de una tribu. De ahí la conocida frase de la educación de la tribu, en expresión de Yuval Noah Harari que afirma en su libro Sapiens que: para criar a un humano, hace falta una tribu, circunstancia imposible en las sociedades modernas, ahora, la tribu es la pantalla del móvil.

 Esta tribu incluye la generosidad de los abuelos/as y otros familiares, al cuidar de los miembros más vulnerables del grupo, como otro elemento a considerar, tal vez germen de los servicios sociales muy primarios para proteger a los más débiles.

Los cuidados citados pueden explicarse, en parte, por el altruismo, la empatía y la compasión, competencias/cualidades que se aprenden y desarrollan en el grupo familiar fundamentalmente a través, entre otros, del apego seguro y del aprendizaje por modelado.

 Estos ejemplos, ponen de manifiesto que dicha motivación, además de amorosa y tierna, va más allá de la mera reciprocidad del hoy por ti, mañana por mí o del si te beso por el queso que decía mi abuela. Se trata de un comportamiento bondadoso incondicional y desinteresado: te ayudo porque quiero y porque te quiero. La persona se siente mejor cuando tiene conductas prosociales.

Un trabajo de C. Daniel Batson de 20161 sostiene que “La hipótesis de la empatía-altruismo afirma que la preocupación empática produce motivación altruista” y que sentir preocupación empática por una persona necesitada sí evoca la motivación altruista para ver aliviada esa necesidad .

 La empatía es la esencia de los cuidados que está presente, por ejemplo, en las profesiones sanitarias y que podría verse comprometida con la atención en salud dominada por las tecnologías y los fármacos remediales. No solo te pones en los zapatos de la otra persona, sino que comprendes sus emociones y sentimientos.

 En este sentido, hago notar que la sociedad de internet y de las pantallas, diseñadas para crear adicción, pueden dificultar el desarrollo de estas habilidades interpersonales y la socialización.

El conocido filosofo Zygmunt Bauman (Lemos, 2023) afirma que las sociedades actuales se caracterizan por las “relaciones líquidas”, es decir vínculos muy frágiles que establecemos con las personas que nos rodean.

Desde este enfoque, estas tres cualidades, serían el germen de la solidaridad y la cooperación, imprescindibles en la evolución y desarrollo de las sociedades y no solo resultado de la selección natural que prima a los más fuertes, razón bien conocida en el curso evolutivo de la especie.  Habría otras cualidades como la gratitud y el perdón que están relacionadas, pero que no las vamos a tener en cuenta en esta aportación.

Podríamos considerarlas, por tanto, como la   argamasa que faculta e impele a los humanos a formar grupos integrados por individuos, no emparentados, capaces de estrechar lazos de colaboración entre sí de manera intensa y eficiente, utilizando la comunicación como un recurso privilegiado, creyendo y confiando en el otro, apoyándose mutuamente, siendo inspiración para el progreso, la creatividad y la innovación.

Este es el primer aspecto positivo de este trio de cualidades humanas. Pero veremos más.

Pues bien, frente a esas tres historias positivas, podríamos citar otras radicalmente distintas, terribles, en las que hay una alteración total de estas tres capacidades humanas. No me refiero solo a las guerras genocidas, que sería la prueba más brutal del destrozo de las mismas que, aunque se supone sean más propias de la historia antigua, lamentablemente siguen siendo protagonistas de este siglo XXI.

Aunque ha habido muchos casos similares, que han provocado una gran alarma social momentánea, que desaparece enseguida cual pavesa que asciende de la lumbre, este seguramente lo recordareis:

             Una niña de 11 años fue violada en manada, secuestrada a punta de cuchillo, en los lavabos de un centro comercial MAGIC de Badalona en horario de mañana. No dijo nada a nadie después de ser salvajemente agredida. A nadie. Se lo calló durante meses. Fue su hermano el que, pasados unos meses, al ver los vídeos grabados de la agresión, compartidos indiscriminadamente en Internet que le pasaron sus colegas, dio la voz de alarma y la chica acabó reconociendo y denunciando.

Hermano al que los agresores matones, amenazaron de muerte por haberlos denunciado. La familia tuvo que migrar a otra ciudad como apestados.

Quiero poner el foco también en que, nadie de los que vieron el vídeo, puso en manos de la justicia esa violación grupal a esa niña de tan solo 11 años. Lo siguieron compartiendo.

Por tanto, los violadores, los que miran para otro lado, los que se masturban con el vídeo y quienes lo comparten podrían exhibir una ausencia de empatía.

            La menor se lo calló, como se lo callan y han callado millones de mujeres y de niñas (también niños) violentadas a lo largo de la historia. Y jamás lo comunicarán, ni menos denunciarán. Lo regurgitaran cada noche, en su cabeza. durante años, incluso a lo largo de toda su vida, en silencio, junto a los recuerdos más negruzcos, culpabilizándose por lo sucedido.

Mientras, los agresores siguen su vida con normalidad, en el anonimato, orgullosos por lo ocurrido. Hasta la siguiente víctima.

En la consulta clínica psicológica es frecuente encontrar casos, ya de adultos, que recuerdan esas experiencias, conmovidos y aún con la voz temblorosa. Es una cicatriz que nunca se cierra para muchas personas, que puede condicionar toda su existencia posterior.

 A los pocos días, un periódico entrevistó a menores de esa ciudad y lo que aparecía en los titulares era: “son las niñas las que van buscando polla, luego se arrepienten… sí es que a ellas les gusta esto (…) a las niñas les gusta (…) la niña del vídeo se reía” y en otro momento afirman que “las niñas te pescan en las RRSS, y te dicen que quieren follar (…) quieren eso, es lo que buscan. No me hace falta conocerlas, ya sabes para que las quiero”.

Este titular descarnado, es el mensaje perverso que ofrecen muchas películas sexuales pornoviolentas y que va calando poco a poco:  a las niñas/mujeres les gusta que las violen. Terrible, sin duda.

En otra entrevista, los chicos agresores, reconocían el consumo habitual de pornografía, hecho además que figuraba en un informe de la Generalitat de Cataluña sobre esas agresiones sexuales, mencionando expresamente la exposición a la pornografía en los chavales implicados, en un contexto social hipersexual donde se suman los efectos de los videojuegos violentos, las RRSS, o las canciones con violencia sexual explícita.

 Otro caso tan terrible como conmovedor, ocurrido en Francia recientemente, viral en todo el mundo, donde una mujer de 72 años, se enteró accidentalmente de que su marido había ofrecido su cuerpo inerte, en diferentes foros de Internet, para que fuera violada gratuita y salvajemente en su presencia, asegurándose de que no fuera consciente: la drogó para que, al menos 92 sujetos cometieran la tropelía. Al parecer solo tres declinaron hacerlo, al observar la espeluznante escena, pero tampoco lo denunciaron.

Cito el nombre de él, verdadero protagonista, no el de ella, víctima de una violación múltiple de un mínimo de 200 ocasiones.

La prensa relató que, algunos de estos hombres, en su descargo, alegaron en el juicio que ella consentía y que se drogaba intencionadamente.

Los detalles del caso son espantosos, incluyendo la hija del matrimonio y otros familiares menores, que parece pudieron haber vivido algo similar. La declaración de la mujer perturba y remueve a cualquier persona con un mínimo de sensibilidad.

Una de las muchas preguntas que podría hacerse es ¿Cómo es posible que, no solo o Dominique Pélicot, que representaba a las mil maravillas el papel social de padre y cónyuge modelo, sino que casi 100 hombres, de todas las edades, razas, características y profesiones, pudieran llevar a cabo esa agresión, sin experimentar la más mínima empatía y compasión, al asaltar sexualmente a un cuerpo inmóvil, de una persona que fue (mal) tratada como un objeto, una cosa y, también, quienes sabedores de todo ello, no hicieron nada por denunciarlo? Por cierto, se supo que algunos de estos repitieron con su pareja el sórdido ritual y lo compartieron en sus grupos de wasap.

Eran hombres normales, sin ninguna enfermedad mental que, seguramente, en su vida cotidiana podrían mostrar conductas altruistas, empáticas y compasivas…Pero no con la mujer violada.

Otro caso conocido estas últimas semanas fue un cirujano francés que había a agredido sexualmente a 300 pacientes, después de sedarlos, la mayoría de ellos menores.

Proseguiré mi aproximación a este interesante tema en el siguiente artículo (clica si quieres leerlo) en el que abordaré las definiciones y conceptos más básicos, desde una perspectiva divulgadora.

(1) Batson, C. Daniel, ‘Empathy and Altruism’ , en Kirk Warren Brown y Mark R. Leary (eds) , The Oxford Handbook of Hypo-egoic Phenomena , Oxford Library of Psychology ( 2016; edición en línea, Oxford Academic , 5 de octubre de 2016 ), https://doi.org/10.1093/oxfordhb/9780199328079.013.11 ,

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