Impacto del consumo de pornoviolencia en el altruismo, la empatía y la compasión (II): Definición y conceptos.

En el artículo anterior (clica si quieres leerlo) hablé de la importancia de estas tres cualidades humanas, a partir de 5 historias,  tres de ellas positivas y otras dos radicalmente distintas, en las que parece haber una alteración total de estas tres capacidades humanas. Hoy vamos conocer más en detalle cuales son las características más destacadas de esas tres cualidades/capacidades.

Para situar el alcance del problema, convendría partir de algunos datos que corroboran un incremento significativo de las denuncias de agresiones sexuales en los últimos años, presentados por el INE, el Ministerio del Interior o la fiscalía.

 Por ejemplo, de 2024 respecto a 2023, las agresiones sexuales con penetración se elevaron un 27,3%. Este aumento progresivo es un hecho: en 2022 hubo incremento del 33,9 % en comparación con 2021 y del 53,2 % en relación a 2019.

Las agresiones sexuales en grupo en España se multiplicaron casi por cuatro entre 2016 y 2019. El 29,2% en 2021 respecto al año anterior.

El balance anual de criminalidad del Ministerio del interior, referido al primer semestre de 2024, señalaba que las violaciones subieron un 11,6% con respecto al mismo periodo del año anterior.

Siempre ha habido agresiones sexuales, empero creo que, ahora, además de que se denuncian más, hay factores que podrían favorecerlas. Sospecho que el significativo número de casos de agresiones sexuales a menores por parte de menores, es un fenómeno novedoso y propio de nuestras sociedades modernas y civilizadas y de los cambios que han experimentado en las últimas décadas: el consumo abusivo y precoz de este tipo de vídeos pornoviolentos es también un hecho reciente.

Estoy seguro que estos datos seguirán en ascenso por diferentes razones entre ellas por el futuro de la pornografía que, no olvidemos, es un negocio impresionante, como he señalado aquí. Si queremos entender qué está pasando no debemos olvidar esta cuestión-como ocurre con el alcohol, el tabaco o las drogas- así como la utilización sin ningún pudor de todos los avances tecnológicos para esos fines crematísticos. Veremos un porno a la carta, subastas de vídeos pornográficos en diferentes situaciones inimaginables, con guiones imposibles que, con toda probabilidad, generaran tendencias en las conductas sexuales.

Por tanto, a mi entender, la pornografía va a seguir creciendo, apoyándose en todos los avances tecnológicos posibles. Por ejemplo si nos referimos al incremento de agresiones sexuales a menores, creo que la IA va a aumentar sensiblemente este problema por la creación de infinidad de vídeos pedófilos de dibujos e imágenes no reales, pedófilos que campan a sus anchas en Instagram, Twitter, Telegram y TikTok que promueven sus actividades.

 Otro apunte que contribuye explicar este aumento: en una sociedad hipersexual y violenta donde muchas canciones y videojuegos, por poner solo dos ejemplos conocidos, son un canto a la violencia y a la violencia sexual.

 En cualquier caso, es preciso destacar este hecho: el logro de las PSP heterosexuales, ha sido legitimar y normalizar la violencia sexual, erotizar su ejercicio y aplicación para el varón y el sometimiento para la mujer, vendiéndolo como una forma normalizada y aceptable de vivencia sexual.

 Es más, en un ejercicio de perversión y máxima obscenidad propone que, a la mujer y a los menores, le gusta ser forzados y vejados porque eso les excita. La conclusión y el mensaje que lanzan es obvio y a la vez inquietante: a la mujer le gusta ser violada. O que a los menores les gusta y van provocando como han señalado algunos religiosos.

O, también, que es muy fácil tener relaciones sexuales con cualquier mujer, grande o pequeña, joven o mayor, solo basta proponérselo, ya que al final siempre se consigue ¿Conocéis algún vídeo porno en el que el hombre no haya conseguido su propósito de penetrar a la mujer por todas sus oquedades y eyacular en su cuerpo, sin condón? Yo no, quizá excepcionalmente en alguno cutre con mujeres marginales, el preservativo aparece de refilón.

Más allá de los casos concretos que comentábamos en el primer artículo de esa serie, quiero destacar el hecho dramático de la insensibilidad social y la ausencia de empatía y compasión de los agresores, pero así mismo de quienes a sabiendas eligieron ocultarlo, incluso de aquellos que aplauden y se excitan con esas imágenes.

La cuestión es que hay personas, en este caso hablamos de hombres, que al parecer carecen de esas tres características humanas -o al menos las tienen alteradas profundamente que son esencialmente positivas y bienhechoras- que los llevan a cometer hechos tan horrendos. ¿Tal vez no han tenido los modelos más adecuados en su familia para aprenderlas? ¿Los han tenido pero otros factores personales o sociales han podido alterarlas? ¿El consumo de pornoviolencia podría tener algo que ver?

Esta realidad nos permite plantear la siguiente cuestión: ¿El hombre es un lobo para el hombre? o por el contrario El hombre es bueno por naturaleza y son las circunstancias las que le hacen malvado.  Mantengo el dicho en masculino, aunque considero que la maldad, en general, no tiene sexo. Tampoco la violencia verbal. Sí la violencia física y sexual que es una característica propia de los hombres.

Hay una canción terrible de Paquita del Barrio, que se despacha a gusto con los varones, expresando su resentimiento hacia los hombres que han causado sufrimiento a las mujeres de su familia, incluso a ella misma, refiriéndose a ellos como  infieles e “inútiles”. Entre otros muchos epítetos les dice: “Rata de dos patas, te estoy hablando a ti, porque un bicho rastrero, aún siendo el más maldito, comparado contigo se queda muy chiquito.”

 Si observamos en la calle a una persona que necesita ayuda, hay quienes la atienden sin pensarlo y hay quien pasa de largo sin inmutarse. Existen experimentos muy interesantes que muestran un aumento de los que pasan de largo.

La hipótesis que planteo y que sería deseable investigarla en profundidad, es que la exposición precoz y frecuente a películas sexuales caracterizadas por la violencia, tiene algún tipo de relación con lo que estamos tratando y que podría contribuir a alterar en diferentes grados estas capacidades.

El consumo precoz y abusivo de pornografía violenta, aunque es gratis no sale de balde. Puede tener consecuencias para el futuro de los menores consumidores precoces. Una de ellas podría ser la alteración de las capacidades de empatía y compasión, como resultado de deshumanizar a las actrices/menores de los vídeos pornoviolentos. Como señalaré, este consumo precoz y abusivo, sin educación sexual previa, podría afectar a esas dos características humanas, y por derivación, al altruismo. De tal manera que podría decirse que dicho consumo favorece que haya personas cuyo comportamiento es tóxico para otras. Se comportan como “mala gente” y hacen daño.

Defiendo que este tipo de estímulos son el manual de instrucciones de las relaciones sexuales 3.0 de nuestros menores, al carecer de otros modelos de aprendizaje alternativos.

El último estudio consultado, (Hernández-Monferrer, M. I. et al. 2026) sugiere que el consumo de pornografía “puede estar asociado con una disminución de la empatía y una mayor cosificación, especialmente bajo condiciones de alta exposición a pornografía o contenido violento”.  Teniendo en cuenta los resultados de diferentes estudios transversales, longitudinales y experimentales, este trabajo sugiere que la exposición a la pornoviolencia, “se asocia con una reducción de la empatía y una mayor desensibilización emocional”.

Un estudio en jóvenes españoles de 13 a 18 años, por un equipo de investigadores (Colom, S. 2024), constata que el 90,5 admite haber visto porno, el 76% ha visto pornografía hardcore o dura, el 22,9 consume 5 o más horas por semana o el 16% podría estar consumiendo de manera abusiva. La bibliografía está al final del cuarto artículo.

En una investigación del grupo de investigadores dirigido por E. Martellozzo, en el que se señalaba que cerca de un 40% de las niñas de 11 a 16 años, informaron creer que la pornografía era una representación realista del sexo. El informe de Save The Chidren en España de 2020, aumenta esos porcentajes hasta el 54,9% que afirman desear llevar a cabo aquello que ven en los vídeos y que les excita sobremanera, en un cerebro en construcción henchido de dopamina.

No olvidemos que, según algunos estudios en España, por ejemplo, uno de la Universidad de Baleares, y otro de Lluis Ballester, una cuarta parte de jóvenes habría visto, antes de los 20 años, entre 1000 y 5000 horas de este tipo de pornografía.

Otros trabajos, como el de un equipo de investigadores (Sun, C. et al. 2016) concluyen que “cuanta más pornografía veía un hombre, más probable era que la usara durante el sexo, solicitara actos sexuales pornográficos particulares de su pareja, evocara deliberadamente imágenes de pornografía durante el sexo para mantener la excitación y tuviera preocupaciones sobre su propio desempeño sexual e imagen corporal”.

Aquello que nos excita, produce placer, es novedoso, nos emociona, es significativo… tiende a ser más valorado por nuestro cerebro por razones de supervivencia de la especie que, seguramente, vincula esas reacciones con otras experimentadas con anterioridad. Si esa vivencia se ensaya miles de veces, no hay duda de que puede dejar una impronta.  La novedad (y la rutina) es un elemento clave para la sexualidad. La gratuidad y la ausencia de controles de acceso, no hacen sino favorecer la exposición.

Por tanto, nuestro cerebro recuerda más fácilmente aquello que nos produce placer, bienestar y tranquilidad, que son emociones y sensaciones características del orgasmo, lo que hace que vuelva a sentir la necesidad de repetir la experiencia.

 Una información basada en un estudio parece sugerir que las imágenes más atractivas para los humanos (no pueden resistirse a prestar atención) eran aquellas que presentaban: – Comida – Sexo / Sensualidad – Peligro. 

Si el actor/actriz se emociona y llora, se excita y disfruta,  las zonas cerebrales de quien lo visiona, asociadas a esa emoción se activan, tratando de vivir ese mismo estado psicológico. Lo mismo ocurriría con una persona real, si bien la intensidad de la emoción podría variar, al igual que puede cambiar si en lugar de verlo, el acceso se hace a través de la lectura de una noticia dramática. 

Estamos hablando de las neuronas espejo, de las que hablé en las Jornadas del año pasado.

Veamos algunos rasgos destacados de estas tres cualidades, con un carácter de divulgación. Subrayo el hecho de que los valores éticos y las cualidades que estamos considerando se aprenden fundamentalmente en el seno familiar en la infancia. Teniendo en cuenta que hay algunos niños que a los 6 años, incluso antes, ya acceden al porno con diferentes dosis de violencia, este hecho podría alterar la construcción y arraigo de estas capacidades humanas, dependiendo de las características de ese consumo y la presencia o no de una adecuada educación sexual.

Hay varias teorías sobre el altruismo. Podría entenderse como aquel comportamiento que pretende bienestar en el otro sin esperar algo a cambio, incluso aunque pueda provocar un perjuicio. Estamos hablando de lo que, popularmente, se conoce como “buena gente”, es decir que se comportan de manera generosa y amable con el otro/a, porque les hace sentir bien, tanto el hecho de implicarse como el de comprobar el efecto positivo en quien recibe ese acto bondadoso. Sostengo que uno de los elementos constitutivos, de lo que se suele llamar felicidad vital, radica en este extremo: ser generosos, bondadosos y hacer el bien.

Otros consideran que la expectativa de ayuda, que podría basarse en determinados valores éticos, podría promover una conducta similar en quien la recibe, en la medida en que tendería a sentirse en deuda con el otro, contribuyendo en última instancia a la cooperación y a la supervivencia.

El altruismo, según Boris Cyrulnik, un neuropsiquiatra que estuvo en Auschwitz a los 6 años huérfano, es una capacidad esencialmente humana que, entre otros muchos efectos positivos, nos ayuda a luchar contra el dolor. A menudo las personas que han sufrido son más altruistas, porque saben lo que ello comporta y tratan de ayudar a otros, protegerles de lo que bien conocen, el dolor y el sufrimiento.

También es cierto que determinadas vivencias vinculadas con el trauma no resuelto, podrían constituir un bloqueo de estas capacidades. El caso de las agresiones sexuales a menores, la pornografía o la prostitución, por ejemplo, son ejemplos de ellos.

En un estudio de Nancy Eisenberg, (Eisenberg, N. et al., 1990) se refería a la capacidad para comprender los sentimientos de otra persona y visibilizarlo en la relación, lo que revela inteligencia emocional, teniendo que ver con aspectos cognitivos y emocionales, así como disponer de herramientas para gestionar todo ese proceso.

En términos coloquiales, suele entenderse cómo “ponerse en la piel del otro, en su lugar del oro, meterse en sus zapatos”, experimentando en carne propia sentimientos y emociones suyas, dándonos cuenta de que los seres humanos no somos tan diferentes y compartimos muchas más cosas de las que creemos. Hago énfasis en comprender los sentimientos y emociones de la otra persona.

Algunos documentos sugieren que los humanos disponemos de una cierta capacidad -con arraigo en procesos neuronales específicos, incluso se habla de las neuronas espejo ya citadas- para percibir el dolor ajeno, que nos motiva a ayudar, de ahí su vínculo con el altruismo.

En 1996, el grupo investigador capitaneado por el neurobiólogo Giacomo Rizzolatti y Corrado Sinigaglia, descubrieron un comportamiento interesante en algunos primates, cuando se activaban determinadas áreas cerebrales, observando un patrón de comportamiento que estaba siendo ejecutado por otro “modelo”. Es decir, reflejaban aquello que estaban observando en otros. A este mecanismo lo denominaron neuronas espejo.

Son células cerebrales, ubicadas en el área de Broca, Corteza premotora y Lóbulo parietal inferior, que se activan cuando la persona ejecuta determinada conducta o, así mismo, cuando observa ese comportamiento llevado a cabo por otro sujeto. Nos permiten “copiar” aquello que hacen quienes están a nuestro alrededor. Sería un mecanismo imitador del cerebro y que podría ayudarnos a entender, por ejemplo, la conducta sexual violenta, pero, paradójicamente, también la empatía. Los científicos sugieren su implicación también en el aprendizaje del lenguaje.

La empatía se ha asociado con la cooperación social. Sin embargo, hay teóricos que considerarían que las conductas de cooperación son resultado de la evolución por selección natural, cuyo sentido moral es favorecer una interesada convivencia pacífica entre los miembros del grupo social.

Podría sostenerse que un grupo social con motivaciones genuinamente altruistas presenta una mayor cohesión de la estructura social y, a su vez, beneficia a quienes pertenecen a ese grupo.

Se sabe que un entorno afectivo seguro facilita el interés y el descubrimiento de otras personas. Los niños que aprenden o practican determinadas actividades artísticas o deportivas tienden a ser más empáticos, socializan mejor y suelen tener mejores resultados académicos. También el deporte, el teatro o el cine comportan ventajas en la socialización, ya que facilitan la empatía. Los cuentos son igualmente una valiosa herramienta… Todas estas actividades nos permiten socializar y aprender a convivir mejor.

 En consecuencia, esta aptitud es básica para la convivencia civilizada de la sociedad -que exige confiar en el otro que me da garantías de honestidad y veracidad- favoreciendo los avances sociales en todos los órdenes. 

Etimológicamente compasión significa “sufrir con” y aunque en nuestra cultura tiene un importante arraigo religioso cristiano, podríamos entenderla como una capacidad/cualidad de empatizar con el dolor ajeno y decidir involucrarse con la finalidad de aminorar ese sufrimiento o que desaparezca, es decir siendo altruista. En consecuencia, estos tres elementos, son imprescindibles de un mismo proceso que nos confronta con nuestra capacidad humanizadora, así como de decidir respecto qué hacer con el otro y qué vínculo establezco con el o, lo que es lo mismo, de nuestra libertad, ya que el otro forma parte de un grupo en el que yo también me inserto.

No obstante cabe precisar que comprender el estado emocional de una persona no comporta necesariamente desarrollar comportamientos de compasión ni altruismo.

En la serie Disclaimer (Apple TV) dirigida por Alfonso Cuarón, hay un momento esencialmente compasivo que refleja muy bien esta cualidad humana. Cuando Stephen (Kevin Kline) está decidido a asesinar al hijo de Catherine (Cate Blanchett) ingresado en la UVI, porque está obsesionado por la pérdida del suyo, se conmueve y desiste de hacerlo cuando el chico susurra lleno de tubos: “mamá quiero irme”.

Al igual que la empatía, la compasión tiene que ver con los avances sociales que pasan, necesariamente, por reconocer y aceptar las diferencias de cada cual, resultado de una historia particular y única. Soy consciente de que esta propuesta es poco menos que revolucionaria en la sociedad actual, cada vez más polarizada y violenta.

Las guerras crueles a las que asistimos en estos tiempos convulsos, en un entorno geopolítico donde priman los intereses económicos y de poder más que los seres humanos, amputan estas capacidades esencialmente positivas y bienhechoras. Todo ello se produce, claro, en un entorno capitalista neoliberal, sistema que es esencialmente egoísta e individualista, promoviendo valores bien distintos a los que estoy analizando.

Hay movimientos políticos que justamente proponen este tipo de valores que son opuestos a los que vengo comentando, ya que consideran al diferente como un peligro, obstaculizando la capacidad de empatizar y, por tanto, de la cohesión y equilibrio de los grupos que conviven en la sociedad. Esta conducta es irresponsable ya que es echar gasolina al fuego.

No soslayo que este afán egoísta, esta ambición desmedida por el poder ha acompañado al ser humano desde sus orígenes. La violencia, lamentablemente, ha sido así mismo protagonista de la evolución de nuestra especie, coexistiendo con la empatía, la compasión y el altruismo que han permitido, en buena parte, los avances sociales.

Sin embargo, en los últimos siglos, ha habido avances en la creación de sistemas más democráticos, más justos donde se promueve la igualdad y la equidad, así como los derechos humanos y sociales, frente a la barbarie anterior. 

Promover una educación basada en valores fraternales, compasivos y empáticos sería un requisito importante en pro de una sociedad más solidaria, justa y libre, aspiraciones y rasgos singularmente humanos.

Estoy hablando no solo de aceptar la diferencia, sino que el valor de la palabra, de la negociación y del consenso, son el núcleo central de un sistema democrático, sistema claramente más humanista, que los favorece, frente a aquellos dictatoriales y dogmáticos.

Algunos estudios sugieren diferentes beneficios en adoptar conductas compasivas en la atención sanitaria. Por ejemplo, una mayor satisfacción de los pacientes con su atención, mejor obtención de información sobre éstos, mejor calidad de la atención, mayor bienestar y mejor salud mental en los profesionales involucrados en el cuidado o menores niveles de ansiedad, estrés y depresión en determinados grupos de población.

Hay investigaciones que destacan que la compasión estaría correlacionada a nivel neurobiológico con la corteza prefrontal medial, la ínsula y la sustancia gris, de forma similar a otras emociones prosociales.

Como feed-back, al darnos cuenta de que nuestra ayuda incide directamente en el bienestar de la otra persona, se genera un nuevo estado emocional de alegría, lo que a su vez promueve nuevamente la empatía acompañada de un sentimiento de satisfacción personal.

Este contexto es a su vez interesante por dos razones, ayudar a los demás genera sentimientos positivos en las personas, es saludable y bienhechor. Quienes se implican activamente en ello, se sienten mejor, son más alegres y felices y, a la vez, ese entorno podría ser favorecedor de la cohesión social, la creatividad y el progreso, que algunos sociólogos denominan como conducta prosocial, imprescindibles para el progreso civilizado y humanista de la especie.

En el próximo artículo, que publicaré la semana siguiente, seguiremos analizando estas apasionantes cuestiones.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio