En él artículo anterior hablé de diferentes estudios e investigaciones que se han llevado a cabo sobre estas tres capacidades humanas, describí el llamado apagón del sistema empático-compasivo, resultado de una alteración de las mismas. Sugería que el consumo precoz y abusivo de contenidos violentos podría “cortocircuitar” este sistema, ya que este tipo de porno con brutalidad tendería a deshumanizar a las mujeres y a los menores, toda vez que consideré que las personas que deshumanizan a otras son mucho más propensas a tratarlas mal.
Creo que en un mundo que nos invita a mirar hacia otro lado o a mirar con morbo, la compasión es el acto de rebeldía más humano que existe.
Hoy, además de ofrecer una bibliografía específica, recapitularé no sin antes hablar del aprendizaje por modelado.
Aprendizaje por modelado
Dada la importancia de este mecanismo de aprendizaje, querría recordar algunas consideraciones, si bien fue abordado en las Jornadas del año pasado.
Supone la existencia de un modelo (algo o alguien del que se aprende) y de una persona que observa dicha conducta aprendiéndola.
Decía A. Einstein que “educar con el ejemplo no es una manera de educar. Es la única”. Hay pocas dudas de que los progenitores pueden determinar el funcionamiento cerebral de sus hijos a través de sus opiniones, actitudes y comportamiento cotidiano, de la relación entre ellos y de la que tienen con sus vástagos, del lenguaje y la comunicación que incluyen, así como la transmisión de normas y valores. La empatía, la compasión y el altruismo se aprenden y refuerzan en el hogar.
Numerosas investigaciones, desde diferentes enfoques (Shonkoff JP et al., 2012) han mostrado la importancia de las vivencias en la infancia y la solvencia de este mecanismo. Uno de los investigadores más prestigiosos en tratar de explicar el impacto del aprendizaje de las conductas violentas, fue el psicólogo Albert Bandura demostrando que los patrones violentos se aprenden desde la infancia, por la imitación que los niños hacen de lo que observan a partir de los modelos de su entorno.
Este estudioso subraya que los niños y las niñas copiaban a los adultos de su mismo sexo en mayor proporción, aunque, en términos generales, las conductas violentas eran más usuales en los chicos. La violencia según el sexo la analicé en este artículo.
Hay muchísimos aspectos de la vida familiar en los que este mecanismo es muy eficiente, por ejemplo, en la regulación de las emociones. El padre y la madre son el modelo privilegiado para enseñar a sus hijos/as a gestionar adecuadamente todas sus emociones.
Pues bien, sabemos que una parte importante de las motivaciones de consumir pornografía en chicos y chicas, aunque más significado en ellas es aprender “cómo hacerlo”. Una pregunta habitual en adolescentes es ¿Cómo se hace?, refiriéndose, claro, a las relaciones sexuales. Si hay confianza, las preguntas pueden ser mucho más concretas acerca de determinadas prácticas sexuales.
Parece razonable considerar que, con esta predisposición previa, los actores del porno (o los influencers de moda) a los que se puede llegar a admirar por sus “elevadas capacidades eróticas y atractivo corporal”, se convierten en un modelo del cual extraer pautas concretas, para aplicarlas luego en las relaciones sexuales y del que recordarán sus habilidades, máxime cuando no disponen de otro alternativo.
Pero quiero hacer notar ahora que la publicidad es el alma del negocio no solo de las webs porno, sino de todo Internet. Bueno, en realidad, es una pata imprescindible de todo el sistema de desarrollo socioeconómico que tenemos. Y en este punto en particular, siempre en mi opinión, puede ser una estrategia torticera de la propia industria y de los muchos negocios vinculados, en la medida en que en la propia web, antes de visionar el vídeo ofrecen publicidad altamente persuasiva de multitud de productos “para mejorar el cuerpo y los órganos sexuales” y adecuarlos al de los protagonistas del vídeo. El circulo se cierra.
Sí un jugador de fútbol famoso o una actriz influyen en diferentes decisiones de sus jóvenes admiradores, por ejemplo, en cuestiones estéticas corporales o en la compra de las camisetas y zapatillas que publicitan, -que funcionan claramente porque las empresas invierten cantidades ingentes en estas promociones- es razonable pensar que los habilidosos actores y actrices del porno (guapos, capaces, sexys, jóvenes, desinhibidos y exitosos en sus tareas sexuales) sean también modelos de conducta, admirados por sus fans, en un aspecto de gran motivación y atractivo en sus conductas sexuales, mecanismo que consiste no solo en admirarles y reproducir algunos de sus comportamientos, sino también siguiéndoles en sus webs oficiales, comprándoles sus productos o creando algunos grupos específicos de seguidores.
El caso del actor Nacho Vidal, referente mundial en este tipo de representaciones, es un paradigma de esto que trato de decir: en una entrevista que le realizó Jordi Évole, afirmaba que una fuente importante de sus ingresos era pintar cuadros con su pene, cuyo tamaño le llevó al estrellato.
Por otra parte, no hay que olvidar que la motivación para aprender (tanto por el contenido sexual como por el hecho de ser un menor ansioso de conocimiento) facilita el proceso de búsqueda de información, habilidades y placer. El grupo de iguales no hará más que incentivar esta búsqueda.
Bien es verdad que puede aparecer otro elemento de interés no tan positivo: al observar las “habilidades extraordinarias” de los actores/actrices, en particular aquellas que revelan unas aptitudes amatorias extraordinarias, es probable que algunos/as sean presa de la frustración al considerar que no tienen esas capacidades (tamaño del pene, duración de la erección, tiempo de eyaculación, cantidad de eyaculado, cuerpos exuberantes, eyaculado femenino, (ese chorro que expulsan las mujeres” ) orgasmos “normales” o “cósmicos” …).
Como psicólogo clínico con experiencia en disfunciones sexuales, creo que es razonable pensar que no pocos chicos y chicas van a sentirse frustrados por esas mismas capacidades que desarrollan sus admirados/as actores/actrices, en la medida en que es imposible obtener esos resultados, y de la importancia de la ansiedad de ejecución que es un elemento significativo en este proceso, como señalo en mi libro ¿Hablemos de porno?, donde hago un repaso de los cambios en los comportamientos sexuales juveniles que está provocando esta exposición a las Películas Sexuales Porno violentas (PSP).
Sospecho que si, por alguna razón, ese sujeto dedujera que la falta de excitación o de rendimiento sería debido a la falta de fuerza, determinación…o violencia, podría constituir una desgraciada asociación para su futuro sexual próximo.
De hecho, en los talleres que llevo a cabo con jóvenes, es usual encontrar esta preocupación por este tipo de aspectos más comportamentales y de habilidades concretas dentro de las prácticas sexuales, como por ejemplo la asfixia/estrangulación, introducir puños u objetos en el ano/vagina, azotes en determinadas zonas, insultos, escupir o las felaciones fuertes con arcadas. Conductas todas ellas que, con el código penal en la mano, serían consideradas delictivas.
Algunos chicos me preguntan, por ejemplo, “¿A las chicas les gusta que le metan puños por el culo?”, “¿A las tías les excita que le aprieten el cuello con fuerza?, “¿A las mujeres les pone tratarlas duramente?”, “¿De verdad les gusta que jueguen a estrangularlas?” . Les hago reflexionar acerca de cómo se sentirían ellos, si les sometieran a esas prácticas y de la pertinencia de no utilizar estas prácticas sexuales, porque la violencia NUNCA enriquece la vivencia sexual.
Por tanto, la contrapartida de este hecho es que la persona va a querer emular aquello que le causa tanta excitación en la pantalla, repetido en muchas ocasiones, por lo que la probabilidad de que el resultado sea frustrante es elevada.
Una pregunta pertinente para investigar podría ser: ¿Esa frustración podría eventualmente alimentar la violencia?
Es sabido que las zonas cerebrales que se estimulan cuando alguien ve porno, son idénticas a las que se activan en las relaciones sexuales. En el caso del consumidor de estas representaciones, también comparte aquello que visiona en la pantalla, asociando sensaciones y emociones con comportamientos.
Si los vídeos son exclusivamente pornoviolentos, puede entender que esa conducta forma parte del repertorio de la excitación (que siente REALMENTE en todo su cuerpo al contemplarla) normalizándola. Como he dicho, si este proceso tiene lugar de los 8 a los 12 años, con un cerebro inmaduro los riesgos son elevados.
En su mente inmadura, el menor puede deducir que, si se está desencadenando una escena violenta, esa conducta es parte de la excitación, así que la normaliza, siempre que, en mi opinión, no haya otro modelo alternativo.
Es común que, viendo determinados filmes “nos metamos en la peli”, identificándonos con sus protagonistas y experimentemos las emociones que ellos/as parecen sentir y expresan, apelando al estado emocional de los asistentes. Muchos directores/as de cine tienen ese propósito con sus creaciones cinematográficas, conmover a quienes las visiona, como he explicado en otras publicaciones.
El impacto de la imagen y de los contenidos de las películas comerciales (junto a la interpretación, la música, los efectos especiales…) enganchan emocionalmente a los espectadores.
Lo mismo ocurre en la vida cotidiana, llorando o riendo, por ejemplo, cuando determinadas personas que para nosotros son significativas, lo hacen. No obstante, preciso es añadir que la interacción real con personas es mucho más “emocionante” y permite empatizar más fácil y con una mayor profundidad, que con los filmes.
La fase previa de cualquier guerra suele incorporar en su estrategia la deshumanización del enemigo, para justificar la crueldad que vendrá después. Los genocidios son un ejemplo claro, los de antes y los de ahora. No hay piedad para el rival. Los vencedores violan a las mujeres de los vencidos, como trofeo, humillación, muestra de poder y para dejar claro quien ha ganado la contienda. Pero también los conflictos raciales, la esclavitud, las agresiones sexuales o la prostitución, tienen un patrón similar, justificándose porque el otro/a es inferior, de otra casta, carece de moralidad, inclusive “es como un animal”.
Otra cosa bien distinta son las motivaciones económicas que subyacen a todos ellos, escondidas bajo la bandera, el patriotismo o la naturaleza. Por ejemplo: el racismo justificaba (y ocultaba) el inmenso negocio de la compra venta de esclavos.
En cualquier caso, lo que quiero subrayar es que, con ese discurso, se pretende cortocircuitar la capacidad de empatía y compasión de los seres humanos, que es la argamasa de la cohesión social, la cooperación y la solidaridad. Se normaliza la crueldad. No pasa nada, son como bestias. Ni sienten, ni padecen, se dice.
Este mecanismo psicológico se encuentra igualmente en las Películas Sexuales Pornoviolentas (PSP), ya que cosificar a la mujer o al menor, considerarlo como un objeto, al que se instrumentaliza para el placer único del hombre -en un contexto de violencia explícita, gratuita desde todo punto de vista, pero excitante y gratificadora- también facilita ese mismo proceso, al que se añade otra milonga super eficiente: aquella que dice que el porno es ficción, es decir es mentira. Y funciona, vaya que si funciona: hay profesionales expertos en pornografía que lo defienden, sin ni siquiera distinguir los tipos de representaciones sexuales.
No podemos decir que el fentanilo y la marihuana son lo mismo. O que el tequila es igual a la cerveza sin alcohol. No todas las representaciones sexuales son iguales. Afirmar tal cosa supone, cuando menos, blanquear la brutalidad sexual de muchos vídeos. Es cierto que necesitamos una ingente cantidad de Películas Sexuales Eróticas, porque de no existir, los menores consumirán las que hay: las pornoviolentas en su mayoría.
Si se humilla, veja, agrede de “palabra y obra” a las mujeres y menores en estas representaciones audiovisuales heterosexuales, considerándolas poco menos que objetos de usar y tirar, modelo visionado durante miles de veces para masturbarse y experimentar un placer exclusivo y sin igual, reforzador positivo como ningún otro, podría considerarse razonable que pueda ser un excelente pretexto para replicarlo de alguna manera en la relación sexual ulterior.
Es sabido que los vídeos más exitosos son aquellos en los que la violencia sexual pura y dura, es la esencia de la relación sexual que se exhibe. Así mismo se conoce que la violación, sea grupal o individual, a chicas borrachas, drogadas o dormidas, o aquellos géneros incestuosos, son los que mayor éxito tienen de público consumidor, con títulos de una violencia explícita sin contemplaciones. Algunos chicos me han informado de que uno de los que más circula entre ellos, es la violación en manada a una chica amputada de pies y manos y con lesiones de arma blanca en el cuello. Diferentes stickers que comparten niños y niñas pequeñas en sus redes de mensajería, son esencialmente violentos.
Es importante destacar este extremo: excitados, masturbándose y sintiendo un gran placer con esas imágenes, a las que el cerebro cataloga de prioritarias y le presta la máxima atención, por razones supervivenciales, desde nuestro origen. No hay refuerzo natural más importante que un orgasmo, por eso la naturaleza lo ha puesto como premio, como recompensa a la actividad sexual.
El visionado precoz y abusivo de pornoviolencia, sin una educación sexual profesional y científica que haga de contrapeso a este tipo de representaciones, parece tener diferentes efectos cerebrales, entre otros el de desensibilizar ante esas imágenes agresivas.
El sujeto se acostumbra a ellas, alterando su capacidad empática y de compasión ante la persona que la sufre, que en muchos vídeos, parece disfrutar. Se distorsiona la capacidad de poner límites, de traspasar la línea roja que se supone hemos aprendido a lo largo de nuestra educación – también en el desarrollo evolutivo como especie- y que nuestras neuronas espejo nos lo evidencian. Una especie de cortocircuito que bloquea el normal funcionamiento, obstaculizando el mecanismo psicológico de ponerse en el lugar del/a otro/a cuando sufre. Incluso con riesgo para la propia persona.
Sin que quiera establecer una relación causa-efecto directa, sostengo que el consumo precoz y abusivo de pornoviolencia, en conjunción con otros factores, puede alterar estos tres rasgos que nos acaban deshumanizando, alejándonos de una sociedad civilizada. Erotizar la violencia puede tener consecuencias inimaginables. La violencia y la sexualidad son dos dimensiones humanas cuyo maridaje no tiene justificación alguna. Ninguna, desde una perspectiva de la salud y de la ética humanista.
Hay que decirlo alto y claro: El disfrute saludable y placentero del sexo no requiere en modo alguno la violencia, ya que su potencial es ilimitado, sin necesidad del maltrato. Se puede disfrutar a tope sin necesidad de utilizar la violencia, este es otro de los mantra que repito con adolescentes.
Desde muy pronto, niños y niñas van conformando en su cerebro inmaduro su idea de lo que es el deseo sexual, del papel de un hombre, del de una mujer y de la relación sexual y afectiva entre ambos. Van construyendo su imaginario respecto del sexo, el afecto o las relaciones. Este proceso se está adelantando cada vez más y, desde mi punto de vista, es determinante la exposición e influencia de la pornografía violenta.
Muchos menores están normalizando la violencia sexual extrema creyendo que eso es una relación sexual normal. Es justamente la propuesta que hacen las Películas sexuales Pornoviolentas (PSP). El porno lo ha conseguido. Ha triunfado. La violencia sexual desplaza y sustituye a la relación sexual “normal” que no llega, ni por asomo, al dintel excitatorio de los superestímulos pornográficos violentos, debido al tiempo de consumo y a su potencia, superestímulos que nuestro cerebro no parece estar preparado para gestionar, porque son novedosos en la evolución de la especie.
Como advertí en artículos anteriores, hay chavales que antes de los 20 años, podrían haber visto hasta 5000 horas de este tipo de pornografía. Frente a esta realidad ¿Qué influencia puede tener una charla de 2 horas, en 2º de la ESO impartida por una persona ajena al centro escolar? El porno gana por goleada y es, sin duda, un referente fundamental en la educación sexual y afectiva de nuestros niños y niñas.
Y todo ello tiene consecuencias, que afectan a estas tres cualidades humanas a las que hoy me he acercado a tenor de su importancia. Porque, sin empatía, altruismo y compasión, somos criaturas ruines, psicópatas, narcisistas, acercándonos al modelo de “Sálvese el que pueda”…aunque es cierto que siempre se salvan los mismos, los que detentan el poder. Pero quiero subrayar que la empatía es un factor que puede frenar la violencia sexual. y por esa razón insisto en trabajar esta cualidad en la familia y en los centros escolares. No hagas nada que no quieres que te hagan a ti, repito sistemáticamente en los talleres para jóvenes.
Desde hace más de 4 décadas vengo insistiendo en la necesidad de una educación sexual y afectiva, científica, impartida por docentes cualificados, obligatoria desde primaria a la universidad, que tenga como eje central el cultivo del mutuo acuerdo en un contexto ético de empatía, compasión, respeto y libertad. No hay otra alternativa. Y todavía andamos discutiendo si es o no necesaria.
Y para cambiar esta deriva hace falta la fuerza de un grupo, de una tribu, porque la individualidad no tiene apenas influencia transformadora. Por eso necesitamos una asociación de profesionales potente. Ahí lo dejo.
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Otros documentos:
De la mucha documentación existentes, sugiero algunos artículos, por ejemplo este , este y este.





