Jóvenes (y mayores) abducidos por Internet.

José Luis García*

Tengo el gusto de informarte de mi nuevo libro, (¿Hablamos de porno?) publicado por Plataforma Editorial, en el que resumo mis 46 años de experiencia educativa con familias y profesionales, orientado a ayudarles en esta difícil y compleja tarea de la educación sexual y afectiva de sus hijos/as. Si quieres más información, clica aquí.

Estas últimas semanas he realizado talleres (Talleres para madres y padres vergonzosos) con familias sobre el consumo de porno violento y otros riegos sexuales de Internet que tienen que ver con las adicciones. Se trata de intervenciones dirigidas a aquellos progenitores que les da corte (vergüenza o simplemente no saben cómo hacerlo) hablar de estos temas con sus hijos/as. Por esa razón los talleres pretenden animarlos a que lo hagan, capacitándoles para tan difícil tarea para ellos/as. Y aprendo mucho de lo que me cuentan.

Si quieres conocer las características de estos talleres, clica aquí.

Hoy quiero compartir algunas reflexiones de esa experiencia.

Muchas de las madres que acuden (padres es excepcional), están paralizadas, al menos tanto como angustiadas. No saben qué hacer. La bronca diaria por poner límites al uso del móvil o adolescentes que no quieren saber nada de conversar razonablemente sobre estos asuntos y que nunca encuentran el momento para dejar de devorar vídeos de TikTok o Instagram, dos Redes Sociales de alto riesgo para la salud mental de los más jóvenes.   

Madres asustadas por los suicidios, autolesiones, apuestas on line, consumo compulsivo, porno violento, vídeojuegos, trastornos de la alimentación, retos peligrosos, violencia juvenil, agresiones sexuales en manada, consumo de drogas y fármacos… riesgos de salud asociados a las pantallas, de los que suelen dar buena cuenta los medios de comunicación a diario.

Desconociendo las demandas que continuamente reciben sus hijas en Instagram de fotopollas, peticiones de imágenes íntimas, citas con desconocidos o sugerencias de ganar mucha pasta en Onlyfans. O chicos que ven, hasta las tantas, cientos de vídeos de Tiktok o de web porno donde la violencia es la característica principal.

Sienten vergüenza por hablar de placer, de relaciones sexuales, de masturbación o de pornografía… y, entonces, no lo hacen. Algunas se sienten culpables por no ser capaces de llevarlo a cabo. Nadie les ha enseñado a hacerlo. Tienen esa impronta de sentir vergüenza por hablar de estos temas, vergüenza que les atenaza y bloquea.

Mientras, el porno violento es el referente educativo más importante en estos temas.

Esta es la preocupante realidad que me encuentro tanto en medios rurales como en urbanos. Internet y las pantallas están cambiado todo. Poniendo patas arriba el modelo de relación familiar de hace unas décadas, sin recursos para poder afrontar estos cambios espectaculares.

Las pantallas están diseñadas para crear jóvenes adictos, sin pensamiento crítico e insatisfechos… y lo están consiguiendo.

No va a haber psicólogos/as suficientes para atender tantos problemas.

Quiero poner el foco sobre todo, en aquellos padres y madres que han tirado la toalla porque sus hijos o hijas parecen estar abducidos por el mágico smartphone, resultándoles difícil entablar una conversación con ellos, no sólo de cuestiones sexuales y afectivas, que es un hándicap cultural y generacional, sino de otras muchas. Las conversaciones (más bien gritos) sobre el uso del móvil y el establecimiento de normas y límites sobre esa exposición, se convierte en no pocas familias, en un momento crítico de conflicto y broncas. Algunos nos dicen que no suelen hablar, ni preguntar y que las conversaciones se hacen a través del WhatsApp dentro de la misma casa.

Este hecho, que ocurre sobre todo a partir de los 11-13 años, les crea mucha preocupación y ansiedad, a tenor de que no saben qué hacer y la situación le ha desbordado.

Antes de nada quiero advertir que los avances tecnológicos son, en principio, positivos. Sin embargo, lo que está ocurriendo en la actualidad tiene muchos responsables, no solo las familias o los menores, a los que se culpa de todos los males. No pocas empresas tecnológicas utilizan esos avances para crear adicción. La Psicología ha mostrado diferentes mecanismos de aprendizaje, algunos de los cuales son utilizados “a saco”, por parte de aplicaciones y plataformas varias. Por ejemplo, el aprendizaje operante: Se entrena a las personas, por desear ansiosamente premios de diversa índole, revestidos de elecciones libres. O el aprendizaje intermitente, en el que las recompensas son arbitrarias, pudiendo generar un estado de ansiedad y malestar patológico, más aún en personas vulnerables. O técnicas específicas como el scroll infinito, cuyo creador, Aza Raskin, llegó a definirlo en una entrevista con la BBC como la “cocaína conductual“.

Pues bien, analizamos el problema en base a una serie de elementos a modo de cóctel. En primer lugar echo a la coctelera, la decisión del periodista y académico uruguayo Leonardo Haberkor, que renunció a seguir dando clases en la carrera de Comunicación en la Universidad ORT de Montevideo con una emotiva carta en la que, entre otras cosas decía:

«Después de muchos, muchos años, hoy di clase en la universidad por última vez. Me cansé de pelear contra los celulares, contra WhatsApp y Facebook. Me ganaron. Me rindo. Tiro la toalla. Me cansé de estar hablando de asuntos que a mí me apasionan ante muchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa de recibir selfies”.

Esta cuestión fue analizada en dos artículos anteriores (clica aquí) porque me parece de gran interés en el momento actual.

Incorporo otro ingrediente: hace un tiempo, supimos por los periódicos que un menor estuvo ingresado dos meses en un Hospital para tratar una adicción a un conocido videojuego. Los especialistas en adicciones saben bien de qué estamos hablando.

Algunos medios nos hacen llegar informaciones inquietantes, que si bien parecen excepcionales,no deben ser ignoradas.

Añado otro elemento: Hace un par de meses leía un documento publicado por la Oxford University Press en el que se describía un nuevo trastorno mental grave inducido por las RR SS con el acrónimo MSMI (Mass Social Media-Induced Illness).  Este trastorno, según el artículo, se considera “una expresión de una reacción de estrés ligada a la cultura de nuestra sociedad posmoderna que enfatiza la singularidad de los individuos y valora su supuesta excepcionalidad, promoviendo así comportamientos de búsqueda de atención y agravando la permanente crisis de identidad del hombre moderno”.

El documento advierte de “un gran número de jóvenes en diferentes países se ven afectados, con un impacto considerable en los sistemas de atención médica y la sociedad en su conjunto”. Si la salud mental pública en nuestro país es la gran abandonada de la atención sanitaria, no sé que ocurriría si esos nuevos trastornos se convierten en realidad.

Actualizamos este artículo con la interesante noticia, por si a alguien le quedaba alguna duda, de que la OMS hace oficial la adicción a los videojuegos como trastorno mental. La nueva Clasificación Internacional de Enfermedades recoge el llamado “gaming disorder”, considerado como una ludopatía y por tanto, con diferentes consecuencias a nivel del cerebro y de la conducta.

Un uso adecuado y racional de las pantallas, tanto en tiempo como en contenidos, es una necesidad urgente que todos los padres y madres deben plantearse, con rigor, en la educación de sus hijos/as

Así mismo tenemos que incluir otro elemento de interés: la importancia de los/as influencers en la vida de nuestros menores y jóvenes, que siguen con fe y devoción, previa suscripción económica en varios casos, pagadas generalmente con la tarjeta de crédito de los progenitores. Baste un ejemplo.

Según la lista Forbes, los 4 TikTokers más famosos y que más dinero ganan en el mundo son chicas jóvenes y guapas que publicitan productos de todo tipo y que las empresas se las rifan. Son chicas anuncio.

Esta es la primera, gana 17,5 millones de dólares y tiene 133 millones de followers. Se están convirtiendo en modelos a seguir por miles de niñas en todo el mundo.

Busca en Google términos sexuales

Y finalmente agrego la guinda al cóctel: niños y niñas tienen como referencia educativa importante las películas pornoviolentas y el acceso a esta información es muy sencillo. Pon en Google o en cualquier otro buscador (quita previamente el modo incógnito) la palabra anal, por ejemplo, y a ver que te sale.

Lo que me ha salido a mi, mientras escribía estas líneas, han sido decenas de miles de resultados, la gran mayoría contenidos de los llamados irónicamente “para adultos”. Esa es parte de la realidad de los primeros accesos a los conocimientos sexuales en Internet de nuestros menores.

Con esta mezcla, pongo encima de la mesa una cierta convicción: Es muy probable que muchos jóvenes (y adultos) tendrán inevitablemente algún grado de adicción a Internet, razón por la que debemos reconocer este hecho, ser conscientes de los riesgos que comporta y disponer de las habilidades necesarias para controlarla.

Una reciente entrevista a Inger Enkvist, pedagoga y asesora en el Ministerio de Educación sueco, advertía de los efectos del uso de las pantallas en los procesos de aprendizaje, degradando la capacidad de aprender. En su opinión aprender es lo opuesto al esfuerzo desigual y superficial de un videojuego. El smartphone es más emocionante que una conversación o lectura, pero elimina los descansos para captar lo aprendido y genera adicción compulsiva.

Las conductas adictivas asociadas al consumo de porno violento, las compras compulsivas, las redes sociales, las apuestas on line, los retos virales de TikTok e Instagram o los vídeojuegos, son solo algunos de los riesgos más conocidos, trances que parecen haberse incrementado durante la pandemia de la covid-19. ¿Y qué decir de plataformas como Onlyfans o las cam-girls cuyo crecimiento exponencial asombra a propios y extraños?

En consecuencia, esta idea de “dependencia digital” o “uso abusivo” de Internet es suscrita por diferentes pensadores/as. La observamos también en tertulias de amigos/as, así como en mis actividades educativas con familias y profesorado (tengo cinco docentes en mi familia con los que converso frecuentemente a este respecto) lo que me lleva a valorar tal conjetura con interés a la vez que con preocupación.

Adicción y desconexión digital

Los conceptos de adicción y de desconexión digital, están cada vez más presentes en determinados entornos sociales en los que suele plantearse un vivo debate, en los que hay quienes consideran, como bien lo hace César Hazaki, que “si vamos a ser cyborgs, lo seamos con pensamiento crítico, no cyborgs ramplones”. Entiendo que estamos escasos en lo que a la ética de la tecnología digital se refiere.

Las grandes compañías tecnológicas, auténticas máquinas de ganar dinero de manera obscena, en negocios que estriban en comprar nuestra atención, están invirtiendo en plataformas de entretenimiento, de información diseñada por complejos algoritmos, con tecnologías diseñadas para captar la atención, como por ejemplo el scroll, que pueden configurar un futuro en el que, una de las posibilidades, sea la conducta de un rebaño de borregos hacia no se sabe muy bien dónde. O tal vez sí: ¿hacia la anestesia en el pensamiento crítico? Y este hecho viene acompañado de una dependencia patológica tanto de las nuevas tecnologías, como de sus contenidos, en el que se verán implicados amplios grupos de población, en particular los más vulnerables .

No hay duda de que su propósito principal es que naveguemos por la red, el mayor tiempo posible, es decir hacernos adictos a sus plataformas y aplicaciones. Que consumamos sus contenidos a cambio de nuestro tiempo. Que prestemos nuestra atención, dando además a modo de trueque nuestros datos personales, cuyo destino final y su instrumentalización es imposible de conocer, aunque el escándalo de Facebook y Cambridge Analytica, hace algún tiempo ya nos dio una pista del oscuro negocio de los big data. Conseguir y acumular dinero, no tiene límites.

Decía Luis García Montero que, en la sociedad digital “Estamos más fichados que nunca. Todas las precauciones son pocas”. Vendemos mucha información de nosotros cuando navegamos por internet, nos bajamos aplicaciones, tenemos activado la ubicación en nuestro móvil o pagamos con nuestra tarjeta de crédito. Y esa información la usan, no hay ninguna duda.

Meta, empresa propietaria de Facebook e IG , en palabras de su propietario, Mark Zuckerberg, pidió perdón públicamente en el senado de los EEUU, por su contribución al descalabro de la autoestima de muchos jóvenes a través de Instagram, reconociendo que lo que realmente le importaba era ganar pasta. Saben perfectamente de los efectos de sus aplicaciones y no tienen ningún reparo en continuar con el negocio. Luego, en un ejercicio de cinismo e hipocresía galopante, se convierten en adalides de la moral pública, censuran post que incluyen palabras como porno o pornografía, a quienes tratamos de informar y de sensibilizar acerca de los riesgos de su consumo.

Estos hechos, a mi entender, son lo suficientemente importantes como para plantearnos un amplio y profundo debate sobre las consecuencias de abandonarse en manos de la tecnología, ya que el riesgo de acabar abducidos por ella sería un verdadero drama para los seres humanos. La tecnología es fría, no tiene valores, no da afecto ni cuida a las personas. Una máquina nunca podrá ser humana. No puede sentir el escalofrío de la persona enamorada.

Efectos en la estética corporal y en la conducta

El efecto de las redes es indiscutible. Como botón de muestra, cito un artículo que señalaba que cada vez hay más personas que quieren “operarse para parecerse a los filtros que utilizan en Instagram a la hora de hacerse un selfie. Pero, ¿operarse para atraer a la buena suerte? La última tendencia en cambios estéticos en algunos países es el relleno de los lóbulos de las orejas con ácido hialurónico para que sean como los de Maitreya, considerado el Buda de la risa y de la fortuna, y así atraer a la buena suerte”.

Hay centenares de retos virales que atentan claramente contra la salud de los menores y que deberían regularse escrupulosamente.

Me pareció interesante lo que dijo Jack Ma – el cofundador de la empresa Alibaba- en una entrevista que le hicieron en el World Economic Forum de 2017. Él era partidario de cambiar el sistema educativo actual, y proponía un modelo no basado únicamente en conocimientos técnicos para competir con los ordenadores que siempre nos ganan, que son superiores en muchas cosas y que son más inteligentes. Sugería que a los/as niños/as hay que enseñarles valores como crear, pensamiento independiente, trabajo en equipo, cuidar de los demás… y también enseñarles deporte, música, pintura y arte.

Dicen que en los colegios donde van los hijos de los investigadores, CEOs y creadores de los dispositivos y aplicaciones más actuales y conocidos a escala planetaria, tienen prohibido usar el móvil. Si fuera cierto, seguro que tiene explicación y parece fácil anticipar la respuesta: Ellos saben mejor que nadie las consecuencias negativas en los más pequeños de este monstruo que han creado y que les da pingües beneficios. Otro ejercicio de cinismo de libro.

Hace poco el rotativo EL PAIS informaba de que China prohibía que los menores dedicaran más de tres horas semanales a los juegos por internet, debido a la creciente preocupación de las autoridades por la adicción a esta actividad, que habían llegado a calificar de “opio espiritual” y en razón de que los “efectos nocivos que están causando entre aquellos que serán la fuerza motriz de la sociedad en un futuro”.

Con todo, estos artefactos tecnológicos, en particular el smartphone nos ha seducido. Nos han atrapado a todos, grandes y pequeños, han transformado nuestro tiempo libre y nuestras relaciones. Nos han cautivado, casi enamorado, ya que pasamos más tiempo con ellos que con cualquier otra actividad o persona. Tal es así que los investimos de un poder extraordinario: son como fetiches que nos van a procurar satisfacciones frente a nuestra, tal vez, insulsa y aburrida vida. El móvil puede ofrecer aquello que anhelamos y de lo que carecemos. Y como tal cosa no ocurre, no pocos tienden a caer en un estado de frustración y abatimiento.

El futuro que nos espera

Como ejemplo de lo que se nos viene encima, cito una palabra a la que nos acostumbraremos en el futuro: METAVERSO. ¿Qué es ? En palabras de su creador, Marck Zuckerberg, es un “espacio de interacción de máquinas, avatares idealizados y un nuevo mundo virtual donde arte, arquitectura, belleza y ficción se encuentran para socializar, comprar o hacer negocios”.

Ya lo tenemos aquí. Baste un botón de muestra que sugiere la necesidad e que los papás y mamás estén “al loro”. . Ya hay juegos como Roblox en los que niños y niñas podrán “vestir” a sus personajes favoritos y comprarles (pagando claro con la tarjeta de crédito de los papis) la ropa de marca que quieran que lleven sus muñecos/as preferidos.  Tela.

Empresas como Ralph Lauren o Zara, está vendiendo productos digitales en Roblox y otras plataformas, porque anticipan esta moda digital como una “fuente de ingresos futura”. Diversas corporaciones están utilizando nuevas tecnologías para ganarse a los clientes más jóvenes. Da la impresión de que nos espera un futuro de ciborgs, idiotizados, consumidores sin pensamiento crítico.

En fin, por todo ello, animo a los padres y madres -que en estos talleres nos dicen que, aunque cansados, resisten como buenamente pueden a las imposiciones omnipresentes de nuestro mundo digital- que se formen, que no renuncien a comer y dormir sin móvil, dosificando y acompañando su uso en los menores advirtiéndoles permanentemente, con la palabra y los hechos, que hay vida fuera de Internet. Es preciso retrasar al máximo la compra del móvil y, antes de entregarlo, hay que capacitarles y acompañarles a lo largo de la pubertad adolescencia. Eso significa ofrecer tiempo de calidad. ¿Estamos dispuestos?

En nuestro libro TUS HIJOS VEN PORNO 2, analizamos los diferentes riesgos de Internet y sugerimos diferentes criterios para abordarlos en la familia. Clica abajo si quieres saber más.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio