La alteración de la empatía y la compasión de las películas pornoviolentas (I): La deshumanización.

El problema

“Mire usted, si no la trato con fuerza, la llamo puta y le aprieto el cuello, no me excito. Necesito hacerlo para correrme. A ella no le gusta, pero no puedo evitarlo.” R. 17 años

La fase previa de cualquier guerra suele incorporar la deshumanización del enemigo, para justificar la crueldad que vendrá después. Los genocidios son un ejemplo claro, los de antes y los de ahora. No hay piedad para el rival. Pero también los conflictos raciales, la esclavitud, las agresiones sexuales o la prostitución, tienen un patrón similar, justificándose porque el otro/a es inferior, de otra casta, carece de moralidad, inclusive “es como un animal”.

Otra cosa bien distinta son las motivaciones económicas que subyacen a todos ellos, escondidas bajo la bandera, el patriotismo o la naturaleza. 

En cualquier caso, lo que quiero subrayar es que, con ese discurso, se pretende cortocircuitar la capacidad de empatía y compasión de los seres humanos, que es la argamasa de la cohesión social, la cooperación y la solidaridad. Se normaliza la crueldad. No pasa nada, son como bestias. Ni sienten, ni padecen, se dice.

Este mecanismo psicológico se encuentra igualmente en las Películas Sexuales Pornoviolentas (PSP) ya que cosificar a la mujer o al menor, considerarlo como un objeto, al que se instrumentaliza para el placer único del hombre -en un contexto de violencia explícita, gratuita desde todo punto de vista, pero excitante y gratificador- también facilita ese mismo proceso, al que se añade otra milonga super eficiente: aquella que dice que el porno es ficción, es decir es mentira. Y funciona, vaya que si funciona: hay profesionales expertos en pornografía que lo defienden sin ni siquiera distinguir los tipos de representaciones sexuales.

Si se humilla, veja, agrede de “palabra y obra” a las mujeres en estas representaciones audiovisuales, considerándolas poco menos que objetos de usar y tirar, modelo visionado durante miles de veces para masturbarse y experimentar un placer exclusivo y sin igual, reforzador positivo como ningún otro, , podría considerarse razonable que pueda ser un excelente pretexto para la agresión sexual ulterior.

Sostengo que el consumo precoz y abusivo de pornoviolencia, en conjunción con otros factores, puede alterar estos dos rasgos que nos acaban deshumanizando, alejándonos de una sociedad civilizada. Erotizar la violencia puede tener consecuencias inimaginables. La violencia y la sexualidad son dos dimensiones humanas cuyo maridaje no tiene justificación alguna. Ninguna, desde una perspectiva de la salud. Porque, sin empatía y compasión, somos criaturas ruines, psicópatas, acercándonos al modelo de “Sálvese el que pueda”…aunque es cierto que siempre se salvan los mismos, los que detentan el poder. 


La niña de Badalona

A las niñas, les gusta lo que pasó. Les gusta que las violen, son las niñas las que van buscando polla,”, T. 13 años.

Si recuerdas, amable lector/a, el caso de la niña de 11 años, violada en manada a punta de cuchillo en los lavabos de un centro comercial de Badalona, que se ha repetido muchas veces en otras ciudades, no dijo nada a nadie después de ser salvajemente agredida. A nadie. Se lo calló durante meses. Fue su hermano el que, al ver los vídeos grabados de la agresión, compartidos indiscriminadamente en Internet que le pasaron sus colegas, dio la voz de alarma y ella lo acabo reconociendo y denunciando. Hermano al que los agresores matones, amenazaron de muerte por haberlos denunciado.

Me parece que es un ejemplo paradigmático y por esa razón lo describo.

Pues bien, nadie de los que vieron el vídeo, puso en manos de la justicia esa violación en manada a una niña de 11 años. Lo siguieron pasando a través de RRSS y WhatsApp. Es terrible constatar la ausencia más absoluta de empatía y de compasión, no solo de los protagonistas salvajes que violaron, sino también de los que aplauden y se excitan con esas imágenes, compartiéndolas, además, alimentado un círculo sin fin.

¿Y qué decir, así mismo, de la gran mayoría de la sociedad que observa esos hechos uno tras otros, noticia tras noticia, y no se compromete a prevenirlos con todos los medios disponibles? ¿O solo se conmueve el tiempo que dura la lectura de la noticia? Porque el “Balance de Criminalidad del Ministerio del Interior recoge que en 2022 se denunciaron en España 2.870 violaciones, ocho al día o una cada tres horas, lo que supone un incremento del 33,9 % en comparación con 2021 y del 53,2 % en relación a 2019″.

 En cualquier caso, la menor se lo calló, como se lo callan y han callado millones de mujeres y de niñas (también niños) violentadas a lo largo de la historia. Y jamás lo comunicarán, ni menos denunciarán. Lo regurgitaran cada noche, en su cabeza durante años, a lo largo de toda su vida, en silencio, culpabilizándose por lo sucedido. Mientras, los agresores siguen su vida con normalidad, orgullosos por lo ocurrido. Hasta la siguiente víctima. La balanza de la justicia es una pura obscenidad.

Clara Casanova, una superviviente a una agresión grupal, que ha arrastrado desde entonces  depresiones profundas estrés postraumático, señalaba en una entrevista que “Si os ha pasado algo así habladlo, porque el silencio te mata”.

La mayoría de los expertos admite que muy pocas víctimas lo comunican y, menos aún, son aquellas que denuncian esos execrables hechos, circunstancias que da una idea del drama que viven muchísimas niñas y niños, futuros adultos traumatizados y con diferentes grados de trastornos mentales.

En la consulta clínica psicológica es frecuente encontrar casos, ya de adultos, que recuerdan esas experiencias, conmovidos y aún con la voz temblorosa. Es una cicatriz que nunca se cierra y que puede condicionar toda su existencia posterior.

Bueno, en realidad la niña de Badalona, tuvo el arrojo de hacerlo. Se lo comunicó al guarda de seguridad del centro comercial, pero este no le hizo ni caso. Razón de más para no volver a decirlo a nadie, excepto cuando su propio hermano y su familia le mostraron la prueba inequívoca de la tragedia, el vídeo infame, por lo que no le quedó más remedio que reconocerlo. Y ese guarda, seguramente, se fue para su casa ese día, con la conciencia bien tranquila.

No voy a detenerme en el drama humano de esa niña y del calvario que habrá recorrido ella y su familia desde entonces y del estigma social que tendrán desde ese preciso momento. Según parece, la familia tuvo que abandonar la ciudad por la presión y las amenazas. Terrible: violada y apaleada.

En cualquier caso y lamentablemente la alarma social dura lo que dura la noticia… hasta la siguiente. Este es el verdadero drama: la insensibilidad social y la ausencia de empatía y compasión que acaba anulando el sentido de humanidad y que podría considerarse un trastorno mental colectivo, de la propia sociedad.

La empatía es imprescindible para desencadenar conductas de ayuda, mediante la compasión que nos conmueve, poniéndonos en los zapatos de quien sufre, y nos impele a echarle una mano. Son las neuronas espejo las que están implicadas en el proceso. Lo contrario es egoísmo e individualismo del “sálvese el que pueda”, anhelo que parece ser protagonista en una sociedad anestesiada, como la que nos toca vivir. ¿Qué decir de las matanzas indiscriminadas de civiles en las guerras injustificables de Rusia o la de Israel, verdaderos genocidios en el S.XXI? Sin empatía somos seres ruines.

Las guerras o los conflictos étnicos, suelen ser justificados en base a que el enemigo es una bestia, inferior, peligroso. Antes de matarlo se le deshumaniza, para justificar tamaña brutalidad. No pasa nada ¡es un animal! Luego sabemos que hay intereses espurios, económicos y de poder, detrás de toda esa barbarie.

La agresión sexual a una mujer o a un menor , evidencia a un hombre que: 1 º Le importa una mierda la vida de esa persona, porque se la jode para siempre. 2º Solo le interesa su  satisfacción egoísta  de correrse, descargarse fisiológicamente y demostrarse  así mismo que puede hacerlo, que tiene poder, aunque sea un cobarde. 3º Traspasa un límite peligroso: pierde su capacidad  de empatía y compasión propia de la especie humana. Si ha sido capaz de hacer eso, puede repetirlo y ¿por qué no hacer otras brutalidades donde se pisotee la dignidad de otra persona, porque ha perdido la ética?  El asunto es muy serio, porque le puede pasar a cualquier mujer, niño o niña.

Suicidio después de un acoso

A menudo, vemos en los medios de comunicación la situación dramática de niños y niñas que se han suicidado, porque no han podido aguantar más el sufrimiento y el dolor de ser despreciados. De ser diferentes. No es fácil soportar la mofa y el escarnio permanente de tus propios compañeros de clase, que te consideran un trozo de carne con ojos.

El caso de una niña francesa de 13 años conmovió durante unas horas a muchas personas. La niña se suicidó “tras sufrir un acoso diario de palizas, desprecio y humillación por parte de sus compañeros del colegio”, según informó la prensa. Esta niña, antes de tomar la decisión letal, escribió una desoladora carta de despedida para sus padres advirtiendo del peligro que corría otra amiga suya en similares circunstancias.

Pero, si ya es dramático el caso en sí mismo, el estupor no tiene fronteras cuando esos acosadores, se mofaron de la muerte de la joven con frases como: «Lindsay por fin está muerta» y «Voy a mear en su tumba».  Es decir celebraron su muerte, la que ellos habían provocado. ¿Qué grado de empatía y compasión tienen estos sujetos?

El destrozo de la empatía y de la compasión

En los vídeos porno, veo como trata el actor a la chica, lo que le dice y lo que le hace para que ella se ponga las pilas y haga de todo lo que a él le gusta. Yo hago lo mismo con mi novia. Y funciona. Al principio parece que no quiere, la asfixio un poco, unos azotes fuertes, le digo mi putita y esas cosas y le gusta”. R. 17 años

No hay duda de que la pornografía violenta está cambiando las prácticas sexuales de jóvenes y adultos, como he advertido en estos dos artículos. La violencia sexual se considera una forma de sexualidad aceptable, hecho que, de generalizarse, podría ser considerado como un claro retroceso de la humanidad en el desarrollo de su empatía y compasión. Dado que este aspecto me parece fundamental, me detendré unas líneas.

Hay evidencia científica suficiente como para considerar un vínculo entre el visionado de Películas Sexuales Pornoviolentas y las actitudes y conductas sexuales con violencia. Algunas agresiones sexuales en manada a niñas, grabadas y subidas a Internet, son el ejemplo claro de la pornificación de esa agresión, emulando lo que han visto cientos de veces en sus pantallas, excitados y masturbándose con ellas, compartiendo el anhelo de experimentarlo en el grupo, lo que hipervalora aun más su consecución, considerando que a todas las chicas les gusta así. En mi libro Tus hijos ven porno 1, analizo el modelo de hombre, mujer y de relaciones que impone el porno.

El visionado precoz y abusivo, sin una educación sexual profesional y científica que haga de contrapeso a este tipo de representaciones, parece tener diferentes efectos cerebrales, entre otros el de desensibilizar ante esas imágenes agresivas.

El sujeto se acostumbra a ellas, alterando su capacidad empática y de compasión ante la persona que la sufre. Se distorsiona la capacidad de poner límites, de traspasar la línea roja que se supone hemos aprendido a lo largo de nuestra educación – también en el desarrollo evolutivo como especie- y que nuestras neuronas espejo nos lo evidencian. Una especie de cortocircuito que bloquea el normal funcionamiento, obstaculizando el mecanismo psicológico de ponerse en el lugar del/a otro/a cuando sufre. Incluso con riesgo para la propia persona.

Para poder soportar esa culpa, justificar lo injustificables, recurre al argumento manido de que “es una ficción”. Una milonga como pocas.

Por tanto, estamos hablando de la alteración de dos capacidades humanas como son la compasión y empatía, esenciales en eso que llamamos humanidad, tanto de los agresores como de aquellos/as que compartieron el vídeo (o de los que acosadores que celebraron la muerte de la niña) y de la sociedad que mira para otro lado. Estas dos capacidades son inherentes a nuestra especie, porque son necesidades asociadas a su propia supervivencia. La convivencia social en armonía o la solidaridad, requieren de dosis enormes de ambas.

La alteración de la capacidad de humanidad

Sostengo, por tanto, que el consumo precoz y abusivo de Peliculas Sexuales Pornoviolentas(PSP) puede tener diferentes consecuencias en las actitudes y conductas de los menores que se exponen a ello, sin una #educaciónsexualprofesional y científica previa.  Ver durante miles de horas, (algunos hasta 5000 antes de los 20 años) excitados y masturbándose, películas de brutalidad sexual, podría acabar afectando al sentido de humanidad y a los valores asociados a esta capacidad, de quienes se exponen a esas representaciones. Las guerras y los conflictos racistas son un buen ejemplo, ya que, con el fin de justificar lo injustificable, se despoja de humanidad al enemigo, de ese modo hay una excusa para humillarlos y vejarlos, una coartada moral que lleva incluso a quitarles la vida sin piedad. En consecuencia, deshumanizar a las personas está asociado a una mayor predisposición a ejercer la violencia contra ellas.

Los mecanismos y procesos de aprendizaje implicados en este fenómeno, han sido estudiados desde la Psicología y, algunos de ellos, fueron descritos en mi ponencia de apertura de las I Jornadas de Pornografía y violencia sexual, de la URJC en noviembre de 2023.

Por ejemplo, el lenguaje es un elemento significativo. En la pornoviolencia, términos como putas, viciosas, zorras, guarras… (sin parangón en el caso del hombre) y un sinnúmero similar, no son solo son frecuentemente utilizados en los vídeos pornoviolentos por los actores o en los títulos de los vídeos, sino que hay páginas webs con esa misma denominación.

Si se humilla, veja, agrede de “palabra y obra” a las mujeres en estas representaciones audiovisuales, considerándolas poco menos que cosas, objetos de usar y tirar, modelo visionado durante miles de veces, excitados y sintiendo placer, podría considerarse razonable que pueda ser un excelente pretexto para la agresión sexual ulterior.

Lo que muestra la Antropología

Una fractura ósea entablillada y curada de un esqueleto primitivo, indica que alguien había dedicado su tiempo a ayudar a la persona que había tenido algún percance y le habría socorrido generosamente o, por lo menos, en razón del trueque más primario: hoy por ti y mañana por mí. Es pues algo ancestral y fue señalado por la antropóloga Margaret Mead, como un hecho primigenio de la civilización, mucho más significativo que otros descubrimientos de diferentes útiles de trabajo, de cocina o de la vida cotidiana, del grupo de individuos que vivió en aquellos lares.

Un trabajo de Ignacio Martínez, Catedrático de Antropología, señala como hechos significativos en la evolución de la especie humana la capacidad de trabajar en equipo, el espíritu de colaboración, la tolerancia y el respeto en las relaciones. Este experto paleontólogo nos habla de Benjamina un fósil de hace al menos medio millón de años que podría corresponder a una niña de 10-12 años, con una lesión cerebral, discapacitada por tanto, que sobrevivió por los cuidados, por el apego afectuoso, la empatía y la compasión de quienes estaban a su lado, constituyendo uno de los primeros ejemplos de integración que se conoce, un amor fosilizado, como lo denominan sus descubridores. A diferencia de otros animales que dejan a las crías vulnerables a su suerte, la especie humana los cuida y protege. Para criar a un humano, hace falta una tribu, dice Yuval Noah en su libro Sapiens.

Por tanto, la consciencia de proteger a las crías, respetarlas, de dejarles el mejor legado para que ellas sigan la cadena, genéticamente programada, es la esencia de la evolución.  ¿Cuál es el sentido de la vida?, se pregunta Ignacio Martínez,” el sentido de la vida es muy fácil. Es llevar el testigo hacia los siguientes”.

Incluso hay especialistas como Frans de Waal, que van más allá, afirmando que la empatía es propia de los mamíferos: “Nacemos con empatía. Todos los mamíferos tienen empatía, en el sentido de que son sensibles a las emociones de los demás y les afectan las emociones de los demás” a pesar de que estas ideas fueron rechazadas en algún momento. En las recientes I ª Jornadas de Pornografía y Violencia Sexual de la URJC de Madrid, la profesora Nuria Máximo presentó un trabajo muy interesante de la empatía con animales.

En cualquier caso, opino que todas las sociedades tienen establecidos una serie de tabúes para salvaguardar su supervivencia. Son límites que no se deben traspasar, so pena de despeñarse por el acantilado. Uno de ellos es el incesto. Otro es la violencia sexual con menores.

No se me diga que hay culturas que los han promovido. También la explotación infantil o la esclavitud. ¿Y? En cualquier caso, ello nunca lo justifica en sociedades civilizadas y mucho menos, como algunos grupos poderosos de alcance planetario pretenden, considerar la pedofilia y la pederastia como una orientación sexual.

Lamentablemente las agresiones sexuales a menores, hechos que vemos a diario y que constituyen una pandemia, requieren por parte de los adultos una posición clara: son inaceptables y además un hecho delictivo. Un/a menor jamás consiente. Es una agresión sexual en toda regla. Y punto.

En consecuencia, sugiero que un consumo abusivo y precoz de pornografía violenta puede dinamitar esas dos líneas rojas, proponiendo en millones de vídeos, un culto a las relaciones incestuosas, todas ellas brutales y sin ningún consentimiento, así como a la violencia explícita asociada a la conducta sexual.

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