
Mis últimos libros publicados sobre pornografía y educación sexual, escritos para ayudar a familias y profesionales, en la compleja tarea de afrontar los retos que tienen nuestros menores y jóvenes, en una sociedad digital convertida en referente sexual y modelo educativo, así como servir de material de formación para familias y profesionales en contacto con menores y jóvenes. Si quieres saber más visita el apartado libros en esta web.
Decía mi abuelo Martín, que tuvo el privilegio de tener uno de los primeros aparatos de radio en su pueblo, que “los tiempos adelantan que es una barbaridad”. Si viviera en la época digital, no sé qué diría, pero su sorpresa sería mayúscula, no mayor a la que muchos tenemos, porque Internet ha cambiado absolutamente todo, en muy poco tiempo y, con seguridad, esto es solo el comienzo, porque la IA provocará transformaciones aún más espectaculares, a tenor de las inversiones multimillonarias que se están haciendo en todo el mundo.
Tomemos, por ejemplo, el ámbito educativo. No hace mucho tiempo, la educación era responsabilidad de la tribu, tal y como señalaba el escritor Yuval Noah Harari en su libro Sapiens. Es decir, la familia extensa, con todos sus miembros, la escuela, los amigos, la experiencia directa de la calle… eran los modelos de aprendizaje destacados, en los que la observación e interacción con las personas reales era determinante.
Ese entorno diverso, con sus vínculos, modelos y referentes, era también necesario para la construcción de la identidad o para adquirir el sentido y el significado del sexo, de las relaciones y de los afectos. Cierto es que las generaciones anteriores han construido, como buenamente han podido, su cosmovisión sexual, dado el contexto de silencio, ignorancia, oscurantismo y culpabilidad, cuyos costes en salud han sido muy grandes.
Sin embargo, en pocos años, ese entorno ha experimentado cambios extraordinarios. Niños y niñas crecen y se desarrollan en un ecosistema radicalmente novedoso, en el que las pantallas no solo son protagonistas, sino que los algoritmos organizan la atención y están programados para arrastrarlos a contenidos sexuales cada vez más degradantes, las redes sociales configuran la autoestima y la identidad, diversas plataformas digitales impactan en las emociones y los hechos sexuales se aprenden con el porno, los videojuegos o las canciones infladas de machismo, la creciente e imparable generalización de plataformas de explotación sexual como Onlyfans, (clica aquí y aquí si quieres saber más) o cada vez más menores utilizan los deepfake para humillar a sus compañeras o hacer negocio con los vídeos … todo un ecosistema que la mayoría de las veces lleva asociada, de manera generalizada, la violencia sexual, siendo éste un componente destacado.
Dejamos para otro artículo los cambios que ha traído aparejado Internet en lo que respecta al incremento de consultas en Salud Mental en jóvenes, por poner solo un ejemplo, que no existían hace 20 años y que están desbordando los servicios de salud.
No tengo ninguna duda de que este tipo de hechos van a aumentar y la Inteligencia Artificial (IA) no va a hacer más que impulsarlos y perfeccionarlos. Baste un dato: cada vez hay más niños y niñas que afirman haber visto deepfakes de sí mismos como advierte el prestigioso periódico The Guardian. Este asunto tiene una gran envergadura porque cualquier niño o niña, repito haber interactuado con él, o haberse hecho pasar por niño en cualquier red social, para ganarse su confianza. Ahora con el Deepfake, a partir de una foto se le puede extorsionar. Imaginemos por un momento que una niña, de pronto, recibe una foto de sí misma desnuda y que alguien le amenaza con enviársela a sus amigos y familiares si no hace la salvajada que nos podamos imaginar. Un chantaje demoledor a determinadas edades que puede provocar un sufrimiento inimaginable, máxime cuando no se comunica y se vive en soledad con honda culpabilidad.
Además de la búsqueda de poder, ese ecosistema pretende conseguir los máximos beneficios económicos a través, fundamentalmente, de la publicidad. Y aquí la IA tiene mucho sentido porque no solo quiere conocer las necesidades de las personas, sino anticiparse a sus gustos e intereses y hacerse imprescindible y creíble, hecho este muy preocupante. Todo se articula, se ajusta y optimiza para impactar y modificar en las conductas. En el caso de la pornografía es más que evidente. La IA ofrecerá cambios insospechados en el mundo de la pornografía.
Por tanto, no estamos hablando de un simple entretenimiento, porque las horas que se pasan frente a las pantallas, diariamente, parecen tener un impacto en la vida de cada cual y en sus relaciones, conformando sus deseos, su identidad, sus intereses, su autoestima o sus vínculos afectivos. En realidad, me estoy refiriendo a un extraordinario y novedoso cambio cultural, de una portentosa transformación antropológica, así como de modificaciones estructurales en los procesos de socialización.
Todo ello debidamente diseñado, cuidadosamente planificado con cuantiosas inversiones que anhelan, de vuelta, dividendos espectaculares. Aquí, nada se debe al azar. Dicen que los grandes dueños de estas corporaciones multinacionales está preocupados por el devenir de la IA… Ja ja…no se lo creen ni ellos. A pesar de los riesgos preocupantes que nos acechan, estos multimillonarios seguirán adelante porque los beneficios, además de ser obscenos, pueden ser incalculables y no van a perder ni un solo dólar.
La industria pornográfica
Y, cómo no, esas transformaciones han sido incorporadas rápidamente, desde sus orígenes, por parte de la industria de la pornografía que, ávida de ganar dinero a espuertas, no tiene ningún reparo en adaptar las novedades tecnológicas a sus diferentes productos y a los suculentos negocios vinculados, en particular la prostitución en sus variadas formas y modalidades, como he señalado en otros artículos (clica aquí).
Al igual que la industria del alcohol o las drogas, que se enriquecen explotando y manipulando las vulnerabilidades humanas, sin ningún interés en la salud de la ciudadanía, es más, persiguen que sucumban a sus productos y se conviertan en adictos de por vida, a través de una estrategia tenaz y persistente de marketing en el que, muy a menudo, venden su lado bueno a través de un exitoso lema: consumir con moderación es saludable. Y les ha salido redondo. Incluso si no consumes eres tildado, cuando menos, de ser un poco rarito.
Sin embargo, ¿todos/as las personas son capaces de consumir con moderación? ¿Quién enseña esa habilidad y dónde se aprende? ¿A qué edad la criatura está capacitada para gestionar sus picos de dopamina? ?Cómo regula sus emociones la criatura?¿Y qué pasa cuando desfalleces y te conviertes en adicto?
Pues que te jodes, amigo. No haber entrado. Es el mercado.
Que esto va a ir a más, no tengo ninguna duda. Hay estimaciones muy rigurosas que indican que la industria del porno crecerá significativamente en la próxima década, duplicando sus ingresos.
Con todo, a lo largo de la historia, el sexo siempre se ha instrumentalizado ora para llamar la atención del personal, ora para controlar sus conductas a través de la culpa o de medidas legales específicas. Es obvio, ya que es una temática que le interesa a todo el mundo, siendo una motivación muy importante del comportamiento humano, como el dinero o el poder que, muy a menudo, viajan los tres de la mano como miembros destacados del tándem ganador.
Ninguna sociedad ha dejado los asuntos concernientes a la entrepierna al libre albedrío, sino que, muy al contrario, todas han regulado estrictamente las prácticas sexuales de la ciudadanía.
Sigue ocurriendo ahora, en el modelo de desarrollo neocapitalista, en el que, sin pudor alguno, van a saco. Si antes era la religión, ahora las Redes Sociales o la publicidad, utilizan el sexo como elemento de seducción, atracción y venta. La industria pornográfica lo hace sin miramientos para obtener suculentos beneficios.
La hipersexualización de mujeres y niñas
La hipersexualización de las mujeres y de las niñas es un elemento a considerar muy seriamente. En IG o Tiktok, por ejemplo, es difícil encontrar una mujer que ofrezca o venda algo, cualquier cosa, que no lo haga exhibiendo generosos escotes para llamar más la atención, o buscando la noticia más viral porque la competencia es dura, el caso de Bonnie Blue o el de la actriz Sydney Sweeney exhibiéndose semidesnuda, ambas patrocinadas por empresas de apuestas on line, piyr cierto otro inmenso negocio que está provocando un sinnúmero de adicciones en jóvenes y el correspondiente sufrimiento en familias.
Una vez más, la explotación sexual del cuerpo de la mujer ha de entenderse en un contexto cuyo modelo socioeconómico neoliberal dominante, promueve una escalada de hipersexualización en cualquier rincón del planeta a través de Internet, más incisiva en las mujeres y niñas, que genera un creciente y generalizado consumo de pornografía, en buena parte con diferentes dosis de violencia sexual, prostitución y plataformas como Onlyfans, pero también otras como sexting, sextorsión, deepfake, sexo con robots, novias virtuales, videojuegos violentos o canciones preñadas así mismo de violencia sexual. La IA es la guinda del pastel que nos ofrecerá sorpresas extraordinarias.
No entro ahora en la cantidad inagotable de perfiles que bromean, hacen chistes o exhiben una frivolización de la sexualidad constantemente, o multitud de entrevistas a mujeres que venden contenido sexual en webs porno, en OnlyFans o ejercen la prostitución, defendiéndola a capa y espada, como si fuera un ejercicio de libertad personal y empoderamiento femenino, un derecho que nadie debe ni siquiera osar poner en cuestión, argumentando con firmeza: ¿Y tú quién eres para decirme a mí que puedo hacer con mi cuerpo?
Desde luego ese argumento no le vale a la jovencita que ha venido engañada de un país pobre y es explotada como un animal, a razón de 20 polvos diarios, con cualquier hombre, obligadas, porque si no lo haces te pueden romper los dientes.
Dos ejemplos recientes. Los conciertos de Bad Bunny, un multimillonario artista, estrella rutilante admirada por menores y jóvenes, que desata pasiones por sus canciones machistas, con violencia sexual explícita, de sexo casposo, y por invitar a determinadas mujeres hipersexualizadas a la famosa casita, féminas que se pelean por aparecer a su vera verita, perreando como descosidas al ritmo de sus canciones.
O el concierto de Addison Rae, con fajos de billetes metidos en su minúsculo bikini, normalizando la explotación sexual de las mujeres, como acontece en algunas modalidades de pole dance de chicas que se contornean agarradas a una barra en clubs de striptease y donde los hombres le meten un billete en la braga.
Hay muchísimos más ejemplos de artistas de ambos sexos como Shakira, Aitana…o tantas otras que instrumentalizan la sexualidad hasta límites inauditos. ¿Por qué? porque vende. Claro.
¿Por qué hablo de esto? Más que por los adultos, me interesan los menores, porque tengo claro que estos artistas son ejemplos (en el sentido de ser modelos a seguir) para una legión de niñas y jovencitas que están aprendiendo, diariamente, que enseñando tetas y culo serán más populares, reconocidas y queridas. En no pocas veces espoleadas de manera irresponsable por sus progenitores. Instagram es el botón de muestra más significativo de esto que trato de decir. La línea entre Instagram y OnlyFans, es muy estrecha, y aquel se ha convertido en el caladero de “carne fresca” para la explotación sexual de esta plataforma.
El daño que está haciendo este tipo de plataformas como Only Fans, a los avances en los derechos sexuales de hombres y mujeres, así como en la igualdad, es extraordinario, ya que está normalizando la explotación sexual pura y dura, dulcificándola, vendiendo una libertad y empoderamiento femenino envenenado, con ganancias multimillonarias, que ya afecta a millones de chicas en todo el mundo, negocio que no tienen ninguna pinta de parar. Ya no hay mujeres prostituidas, sino creadoras de contenidos. Tampoco puteros, porque ahora se llaman suscriptores digitales. Y los proxenetas son agencias que gestionan las actividades de las chicas que hacen los contenidos para adultos.
En próximos artículos profundizaré en el fenómeno OnlyFans y su impacto social. Según datos auditados, habría 4.63 millones de cuentas de creadoras, chicas de ONLYFANS y 377.5 millones de cuentas de suscriptores, hombres, que son la parte más importante del negocio porque son los que aportan el dinero con 7.22 mil millones de dólares.
No tengo ninguna duda de que este novedoso fenómeno irá más, impactando de manera significativa en las relaciones de hombres y mujeres en amplios grupos sociales ya que normaliza estas formas de pornografía y prostitución. Hay que prestarle atención a programas específicos de educación sexual y capacitar a chicos y chicas sobre los riesgos de las redes sociales que son el caladero de nuevas formas de explotación sexual de las mujeres y los riesgos de plataformas como OnlyFans.
Estos ejemplos son los mejores aliados de los vídeos y películas sexuales. Va a ser cuasi imposible frenar este avance del porno que va extendiéndose como las malas hierbas, fagocitando todo lo que habita. Desde los videojuegos, hasta las webs porno o las nuevas plataformas de prostitución como OnlyFans y otras similares.
Ya he mencionado la imagen cutre y simplona del hombre que ofrecen los vídeos porno: un homínido completamente salido, con una polla de 25 cm, obsesionado en meter y sacar su miembro en todas las oquedades de la actriz. Pues bien, en las RRSS se juega con ese mismo modelo de hombre que parece estar obsesionado con los pechos femeninos y que, muchas creadoras digitales de todas las características, o muchas de las que venden cualquier producto, lo alimentan sin pudor exhibiendo generosos sus escotes. No ha de extrañar, hecho corroborado por mi, que haya chavales que ven a diario cientos de vídeos de tetas y los comparten para ver quién es el más guay. Cuando no compiten por ver aquel que es el más violento y brutal.
Colonización del porno
El porno está colonizando todo, de la mano de las nuevas formas de prostitución, con un poder que asusta. Es impresionante su implantación. Particularmente las Redes Sociales y, especialmente Twitter, ahora denominada X, cambio de logo y marca, estrategia que, muy probablemente, estaba perfectamente diseñada antes de su compra por el señor Elon Musk y que deja bien claro la deriva de esa red y de las ansias totalitarias de su dueño, apoyando sin miramientos a la ultraderecha en todo el planeta, a costa de lo que sea, con su argumento preferido de hacerlo para defender la libertad. ¿Qué libertad tiene David, escayolado frente a una legión de Goliats?
Además, hay una pugna a ver quién tiene más porno entre Telegram y X o Reddit, por ejemplo, con diferentes perfiles que porfían entre los 10, 15, 20 top del porno en ambas redes sociales, ofreciendo los enlaces directos. Esa es una puerta de entrada, pero no la única. Hay perfiles que ofrecen imágenes de animalitos o deportes y de vez en cuando ponen chicas exuberantes o asiáticas amamantando y, al lado, la sugerencia: “si quieres ver más, clica aquí…”
Hace algún tiempo yo hablaba de Twitter como el supermercado gratis del porno. No era para menos y ahora es un hecho indiscutible. Una red que, si pagas, porque antes hacía gratis, su IA es decir Grok, puede hacerte en segundos fotos eróticas de tu vecina/o. O diversas plataformas que te proporcionan en minutos un vídeo íntimo con cualquier otra persona, la que tú elijas. Es el porno del futuro, a la carta que la IA no ha hecho más que iniciar. No hay que olvidar que estamos hablando de una todopoderosa red cuyo valor estimado son 50.000 millones de dólares y que se estima tiene 560 millones de usuarios activos.
Si bien este nuevo ecosistema nos va a ofrecer situaciones increíbles (sexo con robots, novias virtuales, porno a la carta…)Ahora querría poner el foco, más que en la facilidad de acceso a los vídeos pornográficos que se ven o en la gratuidad de los mismos, que ya tiene su enjundia, en los contenidos violentos y su asociación con otros vídeos de violencia y brutalidad que impresionan. No hay límites. En bucle. Uno tras otro.
Cierto que el algoritmo va a darte contenido sin ninguna censura y te va a sugerir otro cada vez más hardcore o duro, en función de donde detengas tu atención o simplemente te lo ofrece, porque alguien ha pagado publicidad para que sea así. Ese patrón es conocido en Psicología, como el mecanismo de la tolerancia, siendo una de las variables que explican el éxito del consumo de porno y su enorme capacidad de enganchar, objetivo final de la industria, como señalo en esta serie de artículos. En cualquier caso, lo reseñable es que están ahí, en cantidades ilimitadas, a disposición de cualquiera sin ninguna cortapisa.
Pero no hay que olvidar que ese contenido está ahí, ilimitado, sin que lo busques, si bien acabará saliendo en cualquier momento.
Y bueno, si los adultos que son mayorcitos consumen, es su decisión. A mí me preocupa sobre todo los menores sin una capacitación específica previa y la posibilidad real de que aprendan los hechos sexuales de esos modos y maneras, que eso que ven es lo normal y lo deseable, a fuerza de exponerse sistemáticamente a esa estimulación, que le excita sobremanera y que le produce un gran placer, refuerzo psicológico como pocos. De ahí a replicar en las relaciones reales lo que les pone, es solo un paso.
Es desgarrador que puedan verse vídeos de violaciones entre menores y entre adultos y menores, sin ningún tipo de filtro. Sin ningún control. Seguidos, o entre unos y otros, de vídeos de peleas, entre jóvenes, adultos, chicos o chicas… da igual, porque son agresiones físicas, incluso de brutalidad física inimaginable.
La promoción de la violencia en las Redes Sociales es algo que me parece realmente grave, particularmente cuando va unido a otros entornos como los videojuegos, las canciones… porque en estos temas, todo suma.
He leído, por ejemplo, en Twitter ( X), las acusaciones más repugnantes, amenazas de muerte, agresiones verbales, bulos y rumores mal intencionados, con el solo propósito de hacer daño. Incluso exhibidas por colectivos que están en contra de la violencia, siendo representantes destacados/as de determinados movimientos sociales, mostrando una violencia verbal inusitada contra quienes no siguen sus ideas al dictado ¿Qué ocurriría si tuvieran poder? En fin que no son un modelo a seguir para los más pequeños.
Hace poco, en un grupo con adolescentes, uno de ellos me espetó: “Hablas de la violencia sexual, pero ¿y qué me dices del genocidio de Gaza, Líbano o Ucrania?”. Me lo tengo que tragar con patatas, porque tienen toda la razón, aunque ese elemento debemos sumarlo así mismo, a ese hábitat de violencia en el que vive esta generación Z.
Resulta muy difícil separar esa permanente asociación entre sexualidad y violencia que, hace muchos años era obligatoria su notificación, apareciendo en las películas comerciales o en la TV, como advertencia inicial con las famosas XXX. También ahora con textos alusivos a su contenido en cualquier serie de TV. En el momento presente, ese vínculo es permanente y constante de manera explícita.
A quienes nos dedicamos a prevenir problemas de salud sexual y reproductiva, a la vez que tratamos de promover una mayor y mejor salud sexual y afectiva a quienes así lo quieran, resulta sobrecogedor constatar esta asociación permanente entre la violencia y la sexualidad, cuando no solo NO HAY NINGUNA NECESIDAD, sino que es una línea roja, cuya transgresión no provoca más que sufrimiento. Solo sufrimiento.
Sostengo que esa asociación irresponsable, es un retroceso de la civilización por cuanto afecta a la empatía y la compasión como señalo aquí.
La potencia del deseo sexual para disfrutar de manera saludable y bienhechora, es suficiente como para no requerir, en ningún caso, de la brutalidad ni siquiera la “razonablemente aceptable”. Este mensaje debemos dárselo sistemáticamente a niños, niñas y jóvenes, con la finalidad de competir con otros mensajes que constantemente reciben de la pantalla de su smartphone, a sabiendas que es la lucha de un diminuto David contra legiones de Goliat.
Vídeos pornoviolentos en Twitter
Porque en X, puedes ver vídeos de mujeres penetradas por todo tipo de animales, representaciones de incesto a mansalva, sexo entre menores, sexo entre menores y adultos, pedófilos y pederastas en su salsa, o películas de sadismo y masoquismo hasta decir basta… Todos los trastornos de la conducta sexual están descritos con generosidad, ofreciéndolos como conductas normales, que hay que experimentar, que no pasa nada, que es guay…
No. No son comportamientos saludables, muchos de ellos podrían ser considerados trastornos de la conducta sexual.
Observo que, en muchas ocasiones, estos vídeos están vinculados, es decir son el cebo, a plataformas de prostitución como Only Fans, como digo en esta entrega (clica aquí y aquí) que los utilizan descaradamente antes de sugerir el enlace a la famosa página azul, con muchos millones de jovencitas, creadoras de contenido para adultos dicen, vendiendo su cuerpo, a muchos más millones de suscriptores de todo el mundo, realidad que les incita a ser cada vez más atrevidas en aras a la competencia. El caso de Lily Phillips o el de Bonnie Blue, son una buena muestra.
Redes sociales como Instagram o TikToK, son el caladero de la nueva prostitución. Publicitar estas nuevas formas de explotación sexual se ha convertido en habitual en X. No hay duda que ambos negocios van de la mano y que “una mano no se lava sin la otra”.
Así pues, esto es solo el comienzo, porque la industria no solo no va a parar, sino que crecerá exponencialmente de la mano de las nuevas tecnologías, en particular la IA, cuya facilidad para generar vídeos e imágenes hipersexuales y pornográficas —incluyendo los dibujos animados— asusta tanto por su realismo como por su impacto psicológico y emocional.
Hace falta mucha educación sexual, desde muy pronto, a lo largo de toda la infancia y adolescencia si queremos, al menos, hacer de contrapeso a ese influjo que produce la pornoviolencia al constituirse como un referente educativo de primer orden. El futuro de la salud mental de toda una generación está en juego. No es ninguna tontería. Y, sinceramente, creo que ya vamos demasiado tarde.





