LIGUE: MODELO DE CAZA Y CAPTURA.

En un artículo anterior (clica aquí si quieres leerlo), que ha tenido una excelente acogida por cierto, hablábamos de los niños pornográficos, reseña en la que reflexionábamos acerca de una cadena de WhatsApp, que se hizo viral en las RRSS, en la que tres chicos de 14 años planeaban raptar y violar a dos chicas, con un lenguaje y unos comportamientos característicos de los vídeos porno violentos heterosexuales. Hablábamos del soporte cultural que refuerza y mantiene este tipo de conductas.

Pues bien, del conjunto de factores implicados en las agresiones sexuales a mujeres y a menores, lacra inaceptable en una sociedad civilizada, hoy quisiéramos hablar de uno, solo uno, que a nosotros nos resulta subyugante y que tiene que ver con lo que denomino el modelo cultural de caza y captura que ha caracterizado, en alguna medida, las relaciones entre hombres y mujeres a lo largo de la historia y que el porno violento no ha hecho más que incorporar, amplificar e irradiar por doquier.

En realidad, en muchos géneros y subgéneros pornográficos los guiones literarios -por llamarlos de alguna manera- tratan de eso: el hombre busca la manera de conseguir a la mujer, de someterla, hacerla suya, es decir, follarla como sea, “obligándola” a realizarle una felación y luego penetrarla por todas las mucosas, alternativamente y sin solución de continuidad, sin ningún pudor ni tampoco condón, bien con dinero u otros subterfugios, engañifas o milongas varias, hasta conseguir el trofeo final: eyacular en su cara, para que se vea su semen, tanto la cantidad, como el color y la velocidad del chorro seminal, mientras ella le mira con satisfacción, pendiente de la aprobación varonil por el trabajo bien hecho.

Una vez conseguido el objetivo, hay que buscar a otra y repetir el proceso.

El modelo de hombre, el de mujer y el de la relación sexual entre ambos que propone el porno violento, ha sido analizado con amplitud y desde una perspectiva psicológica, en mi  libro TUS HIJOS VEN PORNO 2.

Por tanto, poseerla y someterla: esa es la pretensión principal de una buena parte de estas cintas. Pero hay más: la finalidad no es solo sentir el placer que provoca el orgasmo, sino también la gratificación que le produce vivenciar la relación sexual como una relación de poder. No hay duda de que a algunos hombres esa consideración es un plus de excitación y, además, permite satisfacer el ego machista que algunos de ellos lo explicitan con términos similares al clásico de poner “una muesca más en la culata” toda vez que les incentiva, diría les obliga, a alardear de ello y contarlo a los colegas. Algo así como los viajes, lo que más interesa es contarlo luego. Si además se graba subrepticiamente para mostrar la evidencia o se sube a Internet, genera un subidón añadido de adrenalina.

En este sentido, por ejemplo, algunos hombres famosos no han tenido reparo en afirmar públicamente que han estado con varios miles de mujeres en su vida, convirtiéndose en faro y guía de otros que anhelan resultados tan sugestivos como incitantes, como prueba inequívoca de éxito y de prestigio.

Otro de los aspectos que transmiten este tipo de “contenidos para adultos” es que, conseguir tal cosa es muy fácil, demasiado fácil. Este punto me parece de singular importancia y podría permitirnos comprender las motivaciones de algunos hombres para agredir sexualmente, justificar su conducta e interpretar, a su modo y manera, ciertas expresiones y gestos femeninos como un semáforo en verde, cuando en realidad no ha sido explicitado así, pero la obnubilación del objetivo final impide contemplar otras opciones.

Trasladar estas aspiraciones a la vida real y pensar que se liga tan fácil, a menudo genera conflictos y malestares importantes en las relaciones de acercamiento y de ligue.Estas cuestiones han sido analizadas en otras entregas de este blog y en otras publicaciones nuestras, porque nos parecen muy importantes de cara a la educación sexual de menores ya que debería incluir un apartado específico sobre estos aspectos. Hay no pocos malentendidos en esos primeros encuentros.

En consecuencia, este tipo de conductas que muchos jóvenes las ven a diario, mientras están altamente excitados, adquieren una significación especial: el placer sexual, que es el refuerzo natural más antiguo y más eficiente de la especie humana, se asocia a las imágenes con violencia. Y tal cosa es, a no dudar, sumamente arriesgada.

Un prestigioso sociólogo español y profesor universitario, Lluis Ballester, estimaría que una cuarta parte de jóvenes españoles habría visto en torno a 10.000 horas de porno. ¿Y qué películas sexuales predominan en Internet?: aquellas que presentan diferentes dosis de violencia contra la mujer, chicas aniñadas y menores. En consecuencia tanto la cantidad de los vídeos visionados, el tiempo invertido, así como el contenido de los mismos, deberíamos considerarlo como elementos clave para valorar ésos riesgos para la salud.

A fuerza de ir a la fuente, de ver siempre lo mismo, aunque se cambien de actores y de escenarios, acaban pensando que eso es lo normal, lo deseable, lo que quieren ellas. Y algunos lo llevarán a efecto cuando tengan ocasión. Es más creerán que eso es lo que se espera de ellos. Por eso no ha de extrañar que haya hombres que agreden sexualmente a una mujer porque, entre otras razones, creen que pueden hacerlo, se consideran con el privilegio de hacerlo, de que “no es para tanto”, de que ellas “lo están deseando en el fondo“…entre otros pensamientos interesados y distorsionados.

Y piensan de esa guisa, en razón de una consideración cultural muy antigua, de que son superiores a las mujeres, que tienen un impulso sexual mayor que ellas y, tan poderoso, que es imposible de controlar. Así mismo consideraría que la relación sexual entre un hombre y una mujer es una especie de cacería, en la que se valora las piezas conseguidas y se alardea de ello con los amigos, o se sube a Internet, como suelen hacer los niñatos egoístas sin ningún tipo de empatía de las manadas, exhibiendo el trofeo: la mujer violada y vejada. La presa ha sido abatida. Esa es la imagen que ofrecen no pocas películas sexuales pornoviolentas (PSP) como he señalado en repetidas ocasiones.

 El movimiento mundial Incel -hombres que pretenden satisfacer sus deseos sexuales con mujeres, arrogándose el derecho de hacerlo y culpándolas de no follar con ellos- sería el extremo más rocambolesco de esta situación.

Insistimos en esta tradición cultural en la que se han educado todos los hombres y mujeres durante siglos y que, en ese contexto, el agresor no solo no es considerado un tipo trastornado o enfermizo, sino más bien y al contrario un hombre normal, socialmente adaptado, porque tal conducta era generalizada y aceptada. En muchos chistes y comentarios o conversaciones entre determinados hombres, florecen multitud de micromachismos que evidencian que este modelo no está extinguido en modo alguno.

Hay plataformas como Forocoches, o incluso en RR SS, donde es habitual encontrar diálogos de esta naturaleza y que los 3 chavales del grupo de WhatsApp, que utilizábamos como ejemplo en la introducción del primer artículo, no hace más que evidenciarlo. Es un ejemplo perfecto y por ello lo utilizamos. Diferentes informaciones sugieren que, en diversos grupos de jóvenes de esta red social, es muy frecuente intercambiarse este tipo de contenidos porno con gran alborozo, por lo que a la postre acaban llegando a todos los lugares.

No ha de extrañar, consiguientemente, que algunos informes recientes – por ejemplo, el del Centro Reina Sofía y la FAD- indiquen que una cuarta parte de los adolescentes son negacionistas de la VG. No se creen que exista tal cosa porque muchos de ellos no han tenido la oportunidad de reflexionar sobre ello, ni en su casa ni en la escuela.

Factores sociales proviolencia

Pero no solo en los jóvenes. Cuando oímos a algunos dirigentes, hombres y mujeres, de partidos ultraconservadores, con una amplia e insólita representación parlamentaria, tenemos la convicción de que lo que nos proponen es volver a la caverna y que la mujer debe estar en casa con la pata quebrada, como subrayaban los textos de la sección femenina franquista o cosiendo botones y ocupándose de las tareas domésticas, decía una dirigente del partido ultraderechista VOX en la última campaña electoral, en la que cosecharon unos resultados que asustan. O poniendo en tela de juicio los datos oficiales o, simplemente, inventándose los datos. Cuando no asociándolos de manera inaceptable e irresponsable con los flujos migratorios.

Por tanto, no solo hay que considerar los factores culturales: así mismo existen valores ideológicos vigentes en la sociedad actual, que promueven discursos de odio y de violencia contra determinados sectores, toda vez que reivindican aquellos más tradicionales y sexistas. Si a esto le añadimos los consumos habituales de videojuegos violentos, canciones violentas, porno violento o ver/experimentar violencia en entornos afectivos cercanos…entre otras muchas variables, el escenario no parece muy halagüeño.  Algunas aplicaciones para ligar tienen su fundamento y su éxito en esas reglas.

Pero reitero ese contexto que promueve dicho modelo y en el que, el comportamiento que se espera de los hombres, es que las cacen, porque ellas están para ser cazadas, excepto la madre, la hija y la esposa, aunque a algunos hombres ni siquiera les vale esa línea roja de las relaciones incestuosas, modalidad habitual en las webs porno y, según parece, de gran audiencia.

 Todas las demás son susceptibles de serlo, ya que se piensa que, en el fondo, a todas les gusta y lo están deseando, como muestra el porno en su propuesta más perversa: “a las mujeres les gusta ser forzadas”.

Los procedimientos y estrategias que se ponen en marcha para tal fin, son extraordinariamente variopintos; sin embargo, todos ellos tienen como finalidad someterlas y poseerlas. Desde la seducción con glamour hasta el uso repugnante de la burundanga, pasando por la manipulación, el engaño o simplemente el terror, todas estas tácticas deben ser entendidas como un mecanismo de control de los hombres sobre las mujeres y que, al hacerlo y no ser pillado o denunciado, se está reforzando esa conducta agresiva.

Cualquier mujer se da cuenta de muchas de esas estrategias y debería conocer las respuestas asertivas ante ellas, cortando de cuajo la interacción a las primeras señales de esa índole. ¡Cuántas situaciones podrían evitarse si chicos y chicas trabajaran educativamente estos primeros escarceos amorosos! El documental Para ( protagonizado por Kira Miró y Alejo Sauras) dirigido por Samuel Miró o el film Soy Ordinaria, de Chloé Fontaine, pueden ser muy útiles para ello, entre otros muchos recursos pedagógicos que hemos propuesto.

Esta forma de proceder puede tener un carácter políticamente correcto o puede ser más grosero, incluso deleznable, pero el agresor cree que una vez “cazada” puede hacer con ella lo que le venga en gana, todas las veces que quiera. Y parece estar convencido – o quiere creérselo para justificar su felonía- de que ella lo sabe y que, más tarde o temprano cederá, bien sea con unos azotes, unas palabras groseras o cualquier otra forma de presión. A veces 20 € son suficientes para conseguir tal propósito con una chica joven, atractiva, extranjera, que ha venido a España engañada y que está hasta las cejas de deudas contraídas para venir aquí en busca de una mejor vida, deudas que nunca parecen tener fin.

Es cierto que aun cuando la mayoría de los hombres hayan sido educados con unos valores similares, solo unos pocos cometen agresiones, a pesar de que haya determinados movimientos sociales que consideran que todos podrían hacerlo y que solo depende de la oportunidad. Además del sexo biológico, hay otros muchos factores que condicionan y determinan las agresiones sexuales. También hay algunas mujeres agresoras, aunque la proporción es incomparable.

A mi modesto entender defender ese tipo de argumentario es contraproducente porque, aun teniendo oportunidad, probablemente sólo un reducido grupo de hombres lo hace y muchos de los que pudieran hacerlo, podrían evitarse con programas científicos y profesionales de educación sexual y con unas actuaciones familiares adecuadas y persistentes en el tiempo, dirigidas a los chicos desde corta edad, tarea en la que llevamos muchos años comprometidos ofreciendo recursos concretos de carácter educativo y que debería ser una prioridad social.

Además, desde la Psicología Emocional, si se pretenden cambios de comportamiento a través de estrategias de odio, insultos y descalificaciones, los resultados pueden ser justamente los contrarios. Imagínense por un momento estos criterios llevados a cabo en la educación familiar. Un despropósito.

En cualquier caso, y ya acabo, sabemos que los castigos penales son insuficientes y que los programas de rehabilitación son limitados y con pocos recursos.  Si queremos cambiar actitudes, valores y conductas hay que apostar, además, por la educación y la capacitación en la familia y en los centros de enseñanza, enfatizando el papel de los chicos.

Como decíamos en el artículo anterior el hombre agresor, además de hacer un daño irreparable por un egoísmo puro e injustificable, se pierde una de las experiencias más maravillosas de la vida: hacer el amor con alguien que te desea, de mutuo acuerdo, con empatía y de manera libre y corresponsable en el placer de ambos.

Es prioritario que la educación sexual, esa que hemos propuesto reiteradas veces, profesional y científica, asociada al bienestar integral y promotora de una mejor salud sexual, sea una realidad en todas las escuelas y en las familias, de tal manera que se vaya desmontando gradualmente ese modelo trasnochado e inaceptable de caza y captura, en una sociedad que anhela llegar al respeto escrupuloso y a la equidad en las relaciones entre hombres y mujeres.

Nota: La foto de portada del artículo es de Albrecht Fietz (Pixabay)

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