Lo que el porno enseña y niños y niñas aprenden.

Mis últimos libros publicados sobre pornografía y educación sexual, escritos para ayudar a familias y profesionales, en la compleja tarea de afrontar los retos que tienen nuestros menores y jóvenes, en una sociedad digital convertida en referente y modelo educativo de su vida sexual y afectiva. Son, así mismo, recursos de formación para quienes quieran tener una idea actualizada y rigurosa, sobre el fenómeno de la pornografía. Si quieres saber más, visita el apartado de libros en esta web.


He reiterado en múltiples ocasiones la necesidad de considerar el impacto del consumo precoz y problemáticos de pornografía violenta en los conocimientos, las actitudes y conductas sexuales de los menores y jóvenes consumidores, también de los adultos, pero mi interés en estas líneas se va a centrar en aquellos, porque estos son ya mayorcitos para tomar decisiones que afectan a su propia salud.

El impacto acabará siendo mayor por cuanto no disponen de modelos alternativos, con un poder similar al de los vídeos pornográficos y que puedan competir con ellos en buena liza resultando, por tanto, un desequilibrio enorme y un ganador sin discusión: la industria pornográfica que gana por goleada y lo seguirá haciendo, como he señalado aquí y aquí. Más en concreto estoy hablando de la falta de programas específicos de educación sexual, (clica aquí si te interesa)y que es una reivindicación que me acompaña desde hace 5 décadas.

Ahora quiero detenerme en un aspecto en el que claramente puede influir como el referido al consentimiento sexual, aunque yo prefiero hablar de mutuo acuerdo. En los vídeos porno no existe la noción de consentimiento ni mucho menos hacer referencia al mutuo acuerdo, ya que supondría hablar y expresar los deseos y límites de cada cual, así como comprometerse a respetarlos, previamente a la relación sexual.

Si en esos vídeos no aparece explícitamente ese valor, que sin discusión es fundamental en unas relaciones sexuales saludables y empáticas, a fuerza de verlos, es probable que el espectador abducido por la dopamina y el mecanismo cerebral de la neuroplasticidad así como por diferentes mecanismos psicológicos de aprendizaje, llegue a considerar que carece de valor y que, facilmente  pueda generalizarlo a las relaciones sexuales reales, máxime en un contexto de excitación y placer sexual genuino y exclusivo de esa actividad. Hay evidencia científica suficiente como para considerar la pertinencia de esta idea.

Sabemos que una parte importante de niños y niñas obtienen sus primeros conocimientos respecto de los hechos sexuales, en particular los que tienen que ver con las prácticas y los comportamientos íntimos, a partir de Internet y de la pornografía, antes que de otras agencias educativas que pudieran con anterioridad ofrecer propuestas pedagógicas más saludables o al menos con el mismo peso. Por tanto, el porno, especialmente aquel que presenta diferentes dosis de violencia sexual, se ha convertido en la principal agencia educativa en la que los menores aprenden sobre las relaciones sexuales, así como del papel y la responsabilidad del hombre y de la mujer en tales actividades, no lo olvidemos, excitantes y placenteras.

Teniendo en cuenta el poder adictivo del deseo sexual y de la pornografía, que lo instrumentaliza sin pudor alguno, hay suficiente evidencia científica acerca de los efectos, en diferentes órdenes de la vida y de las relaciones de los consumidores y de los daños colaterales en sus parejas y sus familias, en particular la adicción, un grave y prevalente problema de salud al que he dedicado mi último libro.

Estos vídeos, en su inmensa mayoría, ofrecen un modelo de relaciones basado, fundamentalmente, en diferentes consideraciones por de las que las siguientes constituyen algunos ejemplos.

  1. Las relaciones afectivas/sexuales se reducen a una clase de gimnasia sexual, con posturas a veces imposibles, envueltas en un celofán atractivo y aparentemente inocuo, pero que esconde relaciones de poder y control, lejos de la igualdad y reciprocidad imprescindibles en unas relaciones saludables.
  2. Se concibe la sexualidad como una reacción puramente fisiológica, de descarga, desvinculada de los afectos y emociones más elementales.
  3. Las relaciones sexuales se centran básicamente en el modelo de respuesta sexual psicofisiológica masculino, es decir, preponderancia de la erección, del coito en sus diferentes modalidades y, como broche final por excelencia, la eyaculación.
  4. En los vídeos pornográficos la sexualidad y la pasión están desprovista de vínculo y comunicación, así como de la ausencia de caricias tiernas, amorosas incluso de besos. Los procesos de seducción son invisibles. El patron clásico es: felación, penetración vaginal y anal alternativamente sin solución de continuidad y sin ningún tipo de higiene.
  5. Los elementos fundamentales en la prevención de riesgos sexuales y reproductivos, como el preservativo, también son invisibles. No existen.
  6. La visión de la mujer se caracteriza por el sometimiento a los deseos sexuales del varón que, a menugo, la domina  y humilla. Me parece lamentable, la visión queofrece del varon: considerándolo una especie de homínido, salido como un mono, orgulloso del tamaño de su miembro, obsesionado por el rendimiento, por tener una enorme y duradera erección y penetrar a la actriz todo el tiempo en todas sus oquedades hasta que eyacule, mostrándolo fehacientemente, lo que supone el fin del vídeo. The end.
  7. El consentimiento no existe ni se verbaliza. Se sobreentiende o en todo caso es irrelevante, porque en el fondo se acepta que ambos lo desean, aunque ella aparentemente no lo parezca.
  8. El rasgo más destacado y, a mi juicio más preocupante, es la consideración de que la violencia es erótica y que determinadas prácticas agresivas forman parte de la “performance sexual” o los llamados guiones sexuales (sexual scripts).
  9. La pornografía muestra la desigualdad de poder entre hombres y mujeres, legitimando y reforzando estos valores atávicos en la realidad social, toda vez que incentiva un modelo desigual entre chicos y chicas lo que puede provocar, entre  otros efectos, expectativas irreales y frustración.
  10. La industria de la pornografía es sabedora de su poder adictivo e instrumentaliza el deseo sexual sin pudor alguno, echando sus redes en los caladeros de las RRSS donde habitan los menores.

Derivado de estos postulados, estas representaciones sexuales, ofrecen diferentes mensajes a los espectadores, entre los que destaco los que siguen:

  1. El guion del vídeo se basa, esencialmente, en que el hombre SIEMPRE CONSIGUE SU OBJETIVO: penetrar y poseer a la mujer  hasta eyacular y que esta haga lo que él quiere.
  2. La violencia sexual es una forma de sexualidad, aceptable y deseable en sus diferentes tipos y modalidades. Es erótica.
  3.  A la mujer le gusta someterse y que la fuercen. Está dispuesta a todo con tal de dar placer al hombre. Aunque diga que no, o no diga nada, en el fondo lo está deseando.

      Hago un inciso en este mensaje, aportando un dato interesante de una investigación realizada con universitarios de Granada, en 2025: El 80% de los estudiantes consultados, cree que “cuando la mujer dice no, en el fondo quiere decir que si”.

4. La erotización de la violencia afecta tanto al varón, que obtiene placer al ejercerla, como a la mujer que disfruta siendo sometida y considerada como un objeto, es decir cosificada.

5. Cualquier forma de conducta sexual es aceptable, incluyendo la patología sexual y los trastornos del comportamiento sexual que se consideran normales. Todo vale.

6. Los atributos corporales excepcionales son excitantes y necesarios para el disfrute, lo que produce una gran frustración en quienes los observan y admiran en los actores y actrices porno.

7. Tener relaciones sexuales a pelo, sin condón, es lo mejor, ergo no hay ninguna necesidad de utilizarlos.

8. El consumo de pornografía no tiene efectos adversos, ya que no es real, es decir es ficción, como las pelis de Superman.

En este contexto, la necesidad de la educación sexual y afectiva, se hace si cabe cada vez más urgente. Una intervención basada en la evidencia, debe abordar esta situación expresamente, haciendo hincapié  más que en el consentimiento, en el mutuo acuerdo que supone conversar, comunicar y negociar, así como en la identificación de dinámicas de violencia sexual.

No se puede dejar un minuto más la educación sexual de toda una generación en manos de la pornografía, contrarrestando su impacto nocivo y promoviendo relaciones sexuales y afectivas saludables, igualitarias, empáticas y seguras.

En los próximos artículos hablaré en profundidad de la educación sexual.

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