Medio siglo de educación pornográfica violenta. ¿Hasta cuándo?

Foto: Pinturas en mi vida (Rosa G. Fernández)

PornEducation para el finde, ¿te atreves? (*)  #PornEducationParaElFinde

Un nuevo artículo de José Luis García para leer y reflexionar el fin de semana.

Hace casi 50 años…

Los que vivimos intensamente la transición democrática y la “desaparición” de la dictadura franquista, recordamos aquellos años impetuosos de la mitad de la década de los 70, en los que el cambio y la apertura a los vientos novedosos, pletóricos de frescura, provenientes de la admirada Europa democrática eran uno de los anhelos más deseados.

Por aquel entonces, en un país que era un hervidero de esperanzas e ilusiones después de la muerte del dictador, ya había pornografía en los quioscos, revistas ocultas en bolsas de plástico opacas, Interviú o PlayBoy, cines X o en el Canal + de pago, añorando las libertades de las que, en ese asunto, gozaban los países europeos más avanzados.

Por aquí andábamos todavía liados con el sexto mandamiento y con la culpa sexual a cuestas, impuesta por la omnipresente iglesia católica que, desde el 39 veló escrupulosamente por la moral de la ciudadanía, infligiendo a sangre y fuego sus preceptos atávicos, con todo el poder inimaginable. Resultado: una generación de neuróticos y disfuncionales en asuntos afectivos y sexuales obsesionados por el pecado y por el “reblandecimiento de la médula” y la “ceguera psíquica”a cuenta de la masturbación.

Los de humildes recursos, compartíamos revistas de cuarta o quinta mano, bien amortizadas por el frecuente uso de unos y otros. Ver pornografía en aquella época era de modernos, un símbolo de libertad, de transgresión y de contestación política. Inclusive se organizaban excursiones en autobús para ver El último tango en Paris, en cines del sur de Francia.

En el verano de 1973, en Suecia, donde iba a trabajar para pagarme mis estudios, conocí a un psicólogo puertorriqueño que estudiaba Sexología en Yugoeslavia y sus explicaciones y conocimientos, me insuflaron de una gran motivación para orientar mis estudios de Psicología, en esa dirección.

La feliz coincidencia de tener en la universidad a un profesor, Félix López, entusiasta también de la temática, no hicieron sino reforzar mi decisión: la tesina de licenciatura y la tesis doctoral versaron sobre las conductas sexuales y la educación sexual en España, respectivamente. En aquella época impartíamos charlas de sexualidad por los pueblos y barrios a través de las activas y potentes asociaciones de vecinos.

En 1978, ya licenciado en Psicología y con la determinación de especializarme en Sexología en el INCISEX, realicé un seminario sobre pornografía y fantasías sexuales, en un hermoso Chateau de Paris, con el famoso psiquíatra francés Michel Meignant, (llamado el apóstol de la masturbación) que me reafirmó en la importancia de ese fenómeno en las conductas sexuales.

Recuerdo que, uno de los ejercicios de grupo, consistía en ver una proyección simultánea, en 4 pantallas diferentes, durante una hora, de películas porno, mientras todos/as estábamos tumbados en colchonetas. Luego comentábamos la experiencia y el profesor nos hablaba de la pornografía y de las fantasías sexuales, uno de sus temas preferidos.

Pues bien, consciente de la importancia de las películas sexuales en el aprendizaje de los hechos sexuales de la generación de entonces,  el 4 de octubre de 1980, hace más de 40 años -mientras escribía el METODO PRÁCTICO DE EDUCACIÓN SEXUAL EN EL HOGAR, LA ESCUELA Y EN LA ENSEÑANZA, una de las primeras propuestas educativas en esta materia que se hacía en España- publicaba en mi página quincenal de sexualidad, en un periódico regional, un artículo sobre la educación sexual y la pornografía donde, entre otras consideraciones, afirmaba lo siguiente:

El hecho de que la pornografía, con su peculiar información sexual y con su objetivo, eminentemente lucrativo, se haya introducido en nuestro Estado antes que una auténtica educación sexual, va a generar consecuencias graves en la salud sexual de las personas”.

Conmemorando aquella efeméride, y como contrapunto a la misma, el 4 de octubre de 2020, es decir cuatro décadas después, escribía otra crónica, ahora en diferentes medios, en la que venía a decir tres cuartos de lo mismo, añadiendo que aquellas consecuencias graves a las que aludía, ya estaban generalizadas en nuestra sociedad y las concretaba con detalle.

“A la luz de los conocimientos disponibles deberíamos considerar el consumo de pornografía violenta como un grave problema de salud de nuestra sociedad. Sus efectos en este ámbito y en el de las relaciones interpersonales y de pareja pueden ser graves: adicción, hipersexualidad, trastornos y disfunciones sexuales, conflictos de pareja, aumento del consumo de prostitución, incremento de ETS… consecuencias muy documentadas científicamente”.

A pesar de haber transcurrido mucho tiempo, la sociedad española no ha dado respuesta a esta necesidad y, por tanto, no pocas familias se han lamentado, se lamentan y lamentaran por ello en los próximos años. El deseo sexual vinculado a la violencia, no genera más que aflicción y padecimiento.

Empero, familias y profesionales en su inmensa mayoría, creen que a ellos ni a sus hijos/as nunca les va a pasar. Hasta que les pasa. Como ocurrió con el SIDA, la heroína, el aborto o las agresiones y abusos sexuales. Me atrevo a pronosticar que la adición a las pantallas y sus correlatos, derivados del uso descontrolado de aplicaciones y plataformas, será uno de los problemas de salud mental más relevantes en los próximos años.

En España no hay cultura de prevención y la formación en este y en otros áreas de la salud, no tiene la importancia y el reconocimiento que en otros lares. Invertir recursos aquí es excepcional. Y esa estrategia cosecha resultados, no es de balde.

En cualquier caso, lo cierto es que el impulso sexual, que le interesa a todo el mundo, puede ser una fuente de salud y bienestar o, al contrario, de dolor y sufrimiento. La violencia y la sexualidad son incompatibles y, tratar de que vayan de la mano, es una irresponsabilidad por los cuantiosos riesgos de salud que comporta.

Porque ¿Qué necesidad hay de mostrar reiteradamente escenas de violencia sexual contra mujeres y menores en millones y millones de vídeos? Sí, repito ¿Qué sentido tiene a sabiendas del daño que puede producir?

Éxito de las películas sexuales

Parece obvio que, en este periodo de casi medio sigo, el porno con diferentes dosis de violencia, ha triunfado. Ha ganado por goleada. Su consumo se ha generalizado y normalizado a escala planetaria. Está presente en todos los ámbitos. Es transversal e imparable.

Cuando una de las mayores corporaciones de la pornografía a nivel mundial, la canadiense MindGeek, matriz de diferentes webs porno, como por ejemplo Pornhub, tomó la decisión de ofrecer gratis el porno, provocó un cambio sin precedentes en ese ámbito, con significativas implicaciones a escala planetaria. El resto de webs y otros muchos medios, le han seguido después.

Sin duda, eso de dar contenidos porno de manera gratuita a cualquiera, constituyó una auténtica revolución en el modelo del neoliberalismo económico, barra libre sin ningún tipo de vigilancia, hecho que lo ha llevado a cualquier parte del mundo donde haya señal Wifi. Estoy seguro de que el resultado ha sido uno de los pelotazos económicos más importantes en ese negocio. Pero ojo, no hay que olvidar que cuando los portales de películas sexuales ofrecen contenidos gratis, algo suculento están recibiendo a cambio. Tambien el resto de plataformas y aplicaciones de Internet, con finalidades poco transparentes.

No obstante, el objetivo es claro: tratar de que los usuarios estén el mayor tiempo posible navegando por sus páginas, visionando infinidad de contenidos y páginas interconectadas porque, de ese modo, monetizan el mismo en forma de ingresos publicitarios. Ir de un sitio a otro sin parar. Y hay pocos contenidos que provoquen tanto interés como los de carácter sexual. Muy pocos. O ninguno como esos. Hay algunas páginas que, incluso, tienen espacios de relax… para descansar un rato y volver a “las andadas“. No es nuevo: el distribuidor de droga que le facilita al yonqui una sala para que se relaje un rato. Y vuelva con más brío. Hay que fidelizar al cliente.

En realidad, ese es el objetivo de gran parte de los diseñadores de las aplicaciones, plataformas y webs que vemos en las pantallas: crear adictos, consumidores compulsivos, sin pensamiento crítico. Dicho de otra manera: una buena parte de las empresas que diseñan y fabrican la mayoría de las aplicaciones, webs porno o vídeo juegos, no tienen motivaciones altruistas al ofrecer productos que mejoren la educación, la salud o las relaciones de nuestros hijos e hijas.

No, en realidad, son “ingenieros maquiavélicos del comportamiento” que basándose en los avances y conocimientos científicos que ofrece la Psicología, por ejemplo, el llamado “diseño persuasivo” o los mecanismos de aprendizaje social, crean productos que enganchen y que sea casi imposible de dejar.

Y, si no, que se lo pregunten a esos padres que cada vez que tienen que decirle a su hijo/a que deje el móvil, se organiza la de San quintín.  Pero a ellos tal cosa les da igual porque solo les interesa llenarse los bolsillos. Es el mercado, amigo.

Facebook reconoció públicamente, que Instagram influía negativamente en la autoestima y en la autopercepción corporal de las niñas y adolescentes. Pero ahí siguen, con resultados multimillonarios año tras año.

Ya hemos hablado de algunos de los efectos de las pantallas (clica aquí)  y de las serias advertencias de reconocidos especialistas sanitarios: riesgos para la salud de los niños y adolescentes, ya que el tiempo de pantalla excesivo se ha asociado con problemas físicos (sueño, peso) y de salud mental (depresión, ansiedad, uso compulsivo y falta de atención), como señala este artículo. La OMS ha establecido el trastorno adictivo relacionado con los vídeo juegos.

También muchos profesores/as y familias, con los que yo hablo en mis talleres, están preocupados por la falta de concentración, nerviosismo e irritabilidad o por los problemas de lenguaje, entre otros síntomas, que presentan los pequeños/as.

Normalización del porno

Pero sigamos con lo nuestro. Como botón de muestra de esa popularización social del porno, hace unos días fui a ver la premiada película “El buen patrón”, en la que Javier Bardem, hace de jefe de una jovencísima becaria que se lo “tira” (o viceversa, eso ahora da igual) y que era hija de unos íntimos amigos.

Pues bien, la chica en cuestión era una experta amante e incorporaba prácticas sexuales aprendidas (así lo dice explícitamente ella, a preguntas del jefe, cuando ambos retozaban en su nicho de amor) en el porno. Es solo una simple muestra, una evidencia más de la creciente normalización y generalización de su consumo. Películas y series lo incorporan como algo complemente normal. Es lo que hay. Es el futuro.

Lamentablemente en 2022 lo seguimos repitiendo y lo seguiremos haciendo en la próxima década. El porno violento con un crecimiento exponencial es, y será, un referente educativo de nuestros menores y eso puede tener riesgos de salud importantes. Por ello y como suelo reiterar, no nos queda otra que capacitar a nuestros niños y niñas y hacerle la competencia.

Por cierto, el día 24 de noviembre de 1990, el diario Canarias 7 publicaba en toda su contraportada una entrevista conmigo, destacando algo que veníamos diciendo años atrás: Alguien tiene que hablar de pornografía con nuestros hijos. Por aquel entonces, en una campaña mediática vergonzante, algunos/as me tildaron de pornógrafo entre otras lindeces. Pero, incluso en 2020, Amazon prohibió la venta de uno de mis libros educativos sobre pornografía que ¡había sido editado por ellos! Los censores no paran.

Datos de la fiscalía española

Para no andar por las ramas voy a comenzar citando dos informes de la Fiscalía española, correspondientes a 2018 y 2019, donde se concluye que «existe una inequívoca tendencia al incremento de la violencia entre menores, adolescentes y jóvenes”, en particular los 16 y 17 años. Este incremento, cercano al 40% está, a juicio de la institución, “asociado al consumo de pornografía en las redes sociales, donde se cosifica a la mujer”.

Esta directriz es evidente desde 2012, en el área de las relaciones sentimentales “iniciadas a una edad cada vez más temprana, y que se asientan sobre pautas de control y dominación del chico sobre la chica”.

Además, en el informe de 2020 se alertaba de un «alarmante incremento» de las ideas sexistas y de la violencia sexual entre menores y adolescentes, considerando “muy preocupante los abusos sexuales cometidos por menores”, cuyo incremento fue significativo y que la Fiscalía de Barcelona, estimaba en un 25%. Una auténtica epidemia.

Finalmente se constataba que las chicas menores agredidas, toleran en alguna medida esta situación, ofreciendo menos resistencia, quitándole importancia y hasta disculpando al agresor, de tal modo que es su familia la que denuncia la agresión.

La memoria de la Fiscalía correspondiente a 2021 señalaba un aumento del 175 % desde 2018 en lo que se refiere a delitos por grooming o de acoso sexual y un 55 % desde el 2019, hecho que el informe califica como “preocupante”. Los delitos online contra la libertad sexual de menores de edad suponen un 8,5 % del total, pero este porcentaje ha aumentado también respecto al año pasado. Por cierto, un caso de grooming fue considerado agresión sexual por el Supremo.

Diferentes informes del defensor del menor de las CCAA suelen subrayar consideraciones similares.

Según el barómetro sobre juventud y género de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, publicado en 2021, uno de cada cinco jóvenes varones en España considera que no existe la violencia machista, el doble que hace cuatro años. Además, cerca de la mitad de los varones jóvenes cree que la violencia de género no es un problema grave en la sociedad, cuando ya hay cerca de 1200 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas desde 2004. La incidencia de abusos sexuales a menores, o el número de agresiones sexuales, tanto en grupo como individuales, por ejemplo, dibujan una preocupante situación.

Pero no solo en España. La realidad es que esto ocurre en otros muchos países. La organización NSPCC (Sociedad Nacional para la Prevención de la Crueldad hacia los Niños) señala que alrededor de un tercio de los abusos sexuales en Reino Unido los cometen menores y que estas agresiones aumentaron en un 57% en el último año.

¿Por qué? ¿Por qué un menor agrede sexualmente a otra menor? La explicación de este hecho parece que novedoso en el mundo occidental es compleja. Pero, desde mi modesta perspectiva, deberíamos considerar que vivimos en una sociedad violenta, y que hay numerosos elementos que refuerzan los valores, actitudes y conductas agresivas: canciones, videojuegos, pornografía… pero tambien las desigualdades y las relaciones de poder son factores estructurales determinantes. Todo suma.

Es cierto que hay otras muchas variables. Por ejemplo, la incalificable guerra como la que ha impuesto Rusia a Ucrania, nos estremece a diario y que, a buen seguro, condicionará a las generaciones de las próximas décadas, es una muestra de que la violencia brutal y despiadada responde, fundamentalmente y a mi modo de ver a motivaciones económicas y de poder. Los dictadores y sus familias y amigos se han llenado siempre los bolsillos. Cosas de la geopolítica dicen los que saben.

¿Cuántas mujeres y niñas serán violadas en esta guerra, como arma de poder y como precio que tienen que pagar los perdedores, toda vez que se considera y se vive como derecho y botín de guerra por parte de los vencedores?

Más en concreto, numerosas violaciones en manada, por citar un ejemplo de los cientos de ellas que ocurren en todo el mundo, parecen el guion de muchas de las películas porno que ven los menores españoles desde los 8 años, según el informe de la Universidad de Baleares, o inclusive a los 6 años que señala el estudio de Save the Children.

 Los modelos de conducta que transmiten esas imágenes excitantes a los menores, parecen trasladarse a sus prácticas sexuales, a tenor de que el porno violento se ha convertido en el principal educador sexual de esta generación, su tutorial 3.0 o, si se prefiere, el manual de instrucciones de sus primeras relaciones sexuales, como ya hemos advertido en otros artículos.

El asunto que quiero subrayar, por tanto, es que el consumo de Películas Sexuales Pornoviolentas (PSP) se ha normalizado en nuestro país. Y estoy convencido de que tal hecho, provocará no pocos sufrimientos y desolación a las generaciones futuras, razón por la que la he denominado generación de #niñosyniñaspornográficos.

Clica aquí si tienes hijos, nietos o sobrinos para conocer a los riesgos a los que se enfrentan.

Cambios en las conductas y prácticas sexuales

A modo de ejemplos de lo que está ocurriendo en menores, extraídos de nuestros libros TUS HIJOS VEN PORNO, diferentes informes de ONG y profesionales de la salud, informan de casos concretos de:

Participación de chicas menores en webcam sexuales, o en webs específicas a cambio de dinero.

  • Violaciones de menores (solos o en grupo) sobre otras menores.
  • Incremento de lesiones anales en chicas muy jóvenes y de otras disfunciones sexuales.
  • Juegos sexuales infantiles que incluyen la felación y penetración anal.
  • Acceso frecuente a páginas porno violentas de manera intencionada.
  • Intercambio de pornografía, incluso ilegal como la infantil.
  • Incremento del sexting y el acoso sexual.
  • Exhibirse corporalmente, rozando los límites de las RRSS, en particular Instagram, TikTok o Twitch al objeto de conseguir likes y seguidores.
  • Subir fotos y video eróticos a cambio de dinero en nuevas plataformas como Onlyfans.

Algunos informes señalan que, en el campo de las actitudes sexuales, ha habido un cambio significativo y que se resume en que, algunos niños, perciben que las niñas con poca ropa merecen ser violadas o que la violencia contra las mujeres es aceptable, porque “a ellas les acaba gustando”.

Hace varios meses un informe de Save The Children mostraba los resultados de un estudio realizado con jóvenes españoles. Entre otras cosas concluía que: Más de la mitad de los adolescentes, cree que la pornografía da ideas para sus propias experiencias sexuales y que el 53% de los niños tiene el primer contacto, con algún contenido explícito sexual, entre los seis y los 12 años.

Los jóvenes españoles afirman que el porno influye en su vida, produciendo, en algunos casos, que dejen de realizar otras actividades. Así mismo reconocen que les influye, no tanto en el disfrute de sus propias relaciones sexuales, pero sí en la construcción de su deseo sexual y en la determinación de qué cosas les atraen. Lo cierto es que su deseo sexual parece estar construyéndose sobre unos cimientos irreales, violentos y desiguales.

En un artículo de este blog sobre los cambios sexuales que está provocando la exposición a las Películas Sexuales Pornoviolentas (PSP) que, por cierto, ha sido leído por miles de lectores/as, hablo de estas modificaciones.

Pues bien, prácticamente la mayoría de los jóvenes españoles antes de los 16 años ha consumido porno y sabemos que la mayor parte de este tipo de los vídeos que consumen tiene contenidos violentos. Las chicas menos, aunque por los datos de otros países, por ejemplo Suecia, parece que tienden a acercarse a partir de los 16 años. En cualquier caso, aunque ellas vean menos, van a sufrir las consecuencias directamente, en su propia carne de que ellos vean más.

En este mismo blog, hemos dedicado en una serie de 6 artículos a analizar algunos de los aspectos relevantes que están asociados a los mecanismos de aprendizaje basados en la identificación y en la imitación de los modelos audiovisuales, cuestión esta así mismo desarrollada en nuestros libros.

Según parece el consumo de este tipo de films se ha incrementado en un 18,5% durante la pandemia de la Covid-19 y los controles parentales de acceso a Internet se han relajado, con lo cual el tiempo dedicado a navegar ha sido y es ilimitado.

Hay que decir claramente que un menor, con un móvil que tengan acceso a Internet, es muy probable que vea porno más temprano que tarde, incluso aquello que nos pueda parecer imposible, como una película donde se tortura a una chica aniñada.

Yo lo he visto, por tanto, lo puede ver cualquiera, porque en las webs porno no hay ningún control y, si hubiere alguna restricción, como la absurda de la edad, los chavales se la saltan al igual que algunas de las inspecciones parentales que se les ponen en el ordenador de casa. Y si no, tienen el móvil de su amigo.

En consecuencia es fundamental reconocer que cualquier niño/a con un móvil se va a topar con el porno violento. Tus hijos, nietos, o sobrinos, amable lector/a, también lo harán, si no lo han hecho todavía. La propia industria del porno tiene recursos sobrados para que cualquier persona se tropiece con él, copando las aplicaciones y videojuegos donde recala la juventud y donde, hábilmente, está infiltrada. Ese es su objetivo, como los grupos de presión del tabaco, del alcohol o los cárteles de la droga, a través de procedimientos cada vez más insólitos y sofisticados. Un chico, por ejemplo, puede jugar una partida a un videojuego con una actriz porno conocida. Y eso mola.

Hay juegos para mayores de 18 años, como el GTA, uno de los más populares y de mayor éxito mundial, en el que además de porno, hay violaciones y asesinatos a prostitutas (para recuperar lo que le pagaron). Hay niños de 8, 10 y 12 años, que lo juegan, seguramente con el aplauso de sus progenitores.

 Digo yo:

a) Si un anuncio de 20 segundos de publicidad influye en las actitudes y conductas de los telespectadores, ¿Qué efectos puede tener en el cerebro inmaduro de un niño/a, un juego novedoso, atractivo, excitante, violento y que provoca emociones intensas lo que genera elevadas dosis de dopamina y de cortisol, que ha sido diseñado cuidadosamente para ese fin? 

b) ¿Qué pinta un niño/a jugando a eso?

c) ¿Cómo sus padres les compran esos juegos?

d) ¿Saben los progenitores a qué juegos, juegan sus hijos/as? ¿Conocen el código PEGI?

e) ¿Saben como niños/as y niñas aprenden a ser violentos? Hace unos días hablaba del experimento del muñeco bobo.

f) Sin acritud: la violencia solo engendra violencia.

g) ¿No sería mejor capacitarles para que afronten con éxito esos cambios espectaculares que ha generado Internet?

Grave problema de salud

Con todo, a la luz de los conocimientos disponibles, deberíamos considerar el consumo de pornografía violenta como un grave problema de salud de nuestra sociedad. Sus efectos en este ámbito y en el de las relaciones de pareja e interpersonales son muy relevantes como he señalado, líneas atrás.

La falta de educación sexual endémica en nuestro país, obliga a muchos niños y jóvenes a buscar respuestas a sus inquietudes e intereses sexuales legítimos, en Internet, y otras las resuelven con películas porno violentas, las que más abundan en la red en los millones de portales existentes cada uno de ellos con millones de títulos, muchos ya de por sí agresivos, de manera gratuita, a cualquier hora del día o de la noche.

 El porno violento enseña a menores y a jóvenes, el modo y la manera de cómo la chica debe plegarse a los deseos del varón puesto que él, es el que manda. Ella debe someterse ya que, además de que debe hacerlo por ser mujer y porque, en el fondo, disfruta con ello. La máxima perversión del porno es que normaliza la idea que a las mujeres y a las chicas aniñadas les gusta que las fuercen y que las violen. Es absolutamente inaceptable desde una perspectiva sexológica y ética.

Viendo una película porno violenta un menor, además de ver agresión contra una mujer, se excita sobremanera, se masturba y obtiene placer. El placer sexual es la recompensa y el refuerzo natural más importante en la especie humana, y lo experimenta viendo esas imágenes, no otras, durante horas y horas.

La producción de dopamina, un neurotransmisor del que hemos hablado en otras ocasiones, es extraordinaria en los consumidores y en los adictos al porno. Además, convendría recordar que la erotización de la violencia aumenta el riesgo de repetirlo.

Si tienes interés en saber más sobre los efectos de estas películas sexuales en el cerebro infantil, puedes leer 6 de los artículos publicados en este blog.

Estamos haciendo una generación de niños y niñas pornográficos, en una sociedad hipersexualizada y pornoviolenta. Lamentablemente mi pronóstico de hace 42 años se ha cumplido sobradamente.

Hasta el próximo artículo.

Muchos padres y madres no son conscientes de la necesidad de hablar con sus hijos e hijas de sexualidad y de pornografía, así como de otros temas básicos. Sin embargo, sería deseable hacerlo cuanto antes. A menudo le agobian preguntas de este tipo: ¿Qué decirles? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿De qué hablarles? ¿Cuántas veces? ¿Hasta donde hay que informar? ¿Tengo que una película con ellos? ¿Y, si no preguntan?  lo que conlleva, en no pocas veces, a abandonar el diálogo, como les ocurrió a ellos/as. En mis publicaciones y actividades formativas, explico todas estas cuestiones en profundidad y subrayo las consecuencias de repetir el bucle del silencio de generación tras generación.

(*) PornEducation para el finde, ¿te atreves?es una nueva propuesta, una más, a modo de campaña de sensibilización, que quiere ofrecer contenidos formativos por medio de artículos de divulgación, que se publicaran en este blog cada viernes, para leerlos y comentarlos el fin de semana con tranquilidad, con el hashtag: #PornEducationParaElFinde