MIS NIÑOS (Y NIÑAS) PORNOGRÁFICOS (II): El poder de Internet y del porno.

Un artículo de José Luis García.

En el anterior artículo (clica si quieres leerlo) hablábamos del éxito de las películas sexuales y tratábamos de aproximarnos al porqué de este fenómeno sin paragón, mencionando el poder del sexo. Hoy quisiéramos añadir a la explicación de ese hecho, el poder de Internet que, junto a los cambios en las políticas de total accesibilidad de los contenidos sexuales -o dicho de otro modo barra libre gratis– promovida por la industria pornográfica, han contribuido decisivamente a ello, rodeado claro está de jugosos dividendos, porque de eso es de lo que se trata: ganar pasta a espuertas estimulando los impulsos más primarios de los seres humanos, sin importar gran cosa los procedimientos.

El poder de internet

Es indudable que Internet ha transformado nuestras vidas, nuestras relaciones y nuestro tiempo libre. Ha sido uno de los más importantes y maravillosos avances de la humanidad. Sin embargo, ese mismo paquete, a modo de un todo incluido, viene acompañado de otros hechos menos bienhechores, que se traducen en riesgos importantes para la salud, que es preciso conocer con el fin de prevenir sus dramáticos efectos, tanto en menores como en adultos, si bien nuestro foco se centra en los primeros.

En consecuencia, tendríamos que aceptar que Internet ha venido para quedarse definitivamente y seguir ocupando un gran espacio en nuestra vida. Dado su extraordinario atractivo es preciso ejercer un control sobre su exposición, porque de lo contrario podemos acabar siendo unos ciborgs abducidos por su innegable poder adictivo, objetivo y empeño de los dueños de las diferentes plataformas y webs.

Hemos de reconocer que, a modo de ejemplo, todas las RRSS han sido uno de los inventos más sorprendentes del neoliberalismo: además de ser un excelente negocio para sus fundadores y accionistas (Twitter vale más de 10.000 millones de $) han conseguido tener entretenidos a una buena parte de la población, encerrados en una especie de corralito, donde hay quienes tienen como tarea cotidiana la de bloquear e insultar a sus contrincantes que hacen lo propio. Desde esta perspectiva pongo en duda la capacidad real de transformación social de las redes, más bien al contrario, la limita cuando no la anula, por la ilusión de “poder” que genera. Son, en buena parte, un pasatiempo sin más.

Pero el foco querría ponerlo ahora en los riegos que pivotan en torno a lo que vamos a llamar conductas adictivas al móvil (o a las TICs si se prefiere) ya que es el vehículo donde se inician y mantienen estos comportamientos, de los que los siguientes constituyen solo algunos ejemplos: juego de apuestas on-line, videojuegos, consumo patológico, cibersexo, prostitución o a la exposición al porno y que van a dar trabajo a un batallón de psicólogos en los próximos años. De eso no tengo ninguna duda. Como suele acontecer, las familias más desfavorecidas serán las que mayor sufrimiento tengan que soportar, toda vez que los servicios públicos de salud mental puede que estén colapsados y no tendrán recursos económicos para ser atendidos en clínicas privadas. El covid-19 ha puesto de relieve la precariedad de estos servicios de salud.

La inmensa mayoría de las aplicaciones, RRSS, plataformas diversas y web que están en la red pretenden generar consumidores y, si son adictos, mucho mejor. En realidad, este es un empeño generalizado de cualquiera actividad que tenga que ver con el consumo (pensemos en el alcohol, tabaco, drogas…) o con los medios de comunicación que dependen en buena medida de la audiencia que generan. O de los partidos políticos… o de tantas organizaciones y movimientos sociales que buscan aumentar su base de inscritos. Es más, pensamos que se trata de una necesidad básica de cualquier ser humano: que los demás te valoren, te reconozcan… que te quieran, en definitiva. Los likes y emojis de rojos corazoncitos, han venido a sustituir a esa necesidad básica, o al menos vehicularla de otra forma más acorde a las nuevas tecnologías.

Por tanto, estos riesgos de conductas adictivas son inherentes a Internet y serán, con seguridad, uno de los trastornos de comportamiento más generalizado en los próximos años. Una auténtica pandemia que se está gestando en silencio y que a mi juicio eclosionará pronto, en razón de ese hecho: están diseñadas para crear adictos. Si advertimos que la estructura de los servicios de salud mental del sistema de salud público es muy precaria, podrá comprenderse la gravedad de la situación a la que estamos abocados.

No podemos entender el impacto de esta adición, incluyendo la de los contenidos sexuales, sino la comparamos con otras conductas adictivas ya conocidas. Los procedimientos de las industrias respectivas son calcados de unas a otras.  De ahí la urgencia de incorporar a la educación el aprendizaje de habilidades para un consumo controlado de Internet, aun así, muchas familias sufrirán enormemente. En las actividades educativas que realizamos con padres y madres, nos consta esta ingrata tarea diaria de equilibrar el control parental respecto al uso del smartphone, con la necesaria capacitación en la autonomía y responsabilidad de los chicos y chicas. Si tienes interés en conocer estas actividades formativas que realizamos clica aquí. En este mismo blog tienes la reseña de algunas de las iniciativas realizadas recientemente.

Reiteramos la urgente necesidad de capacitar y formar a nuestros menores y jóvenes para controlar no solo el tiempo que dedica a navegar, sino también los contenidos a los que se accede. Hay redes sociales como Tiktok sobre las que las familias deberían ejercer un riguroso control. No puede aceptarse que haya menores de 13 años que tengan una cuenta personal en esta red china originariamente para adultos y de una opacidad absoluta, ya que los contenidos que se suben, según los especialistas en este ámbito, quedan en propiedad exclusiva del gobierno chino y, muy probablemente, servirán de por vida para estímulo de pederastas y de especialistas en grooming.

El poder de las películas sexuales

Para comprender mejor esos riesgos citados, en particular la exposición a las películas sexuales pornoviolentas, de carácter heterosexual preciso es advertirlo, convendría considerar algunos factores de interés:

1.      Cualquier niño/a con un móvil en su mano, puede acceder sin ninguna dificultad ni control, a todo tipo de películas porno, las 24 horas del día, los 365 días al año de manera gratuita, en el accesorio inteligente que tienen pegado a su mano. Barra libre a unos contenidos de los que la gran mayoría, no hay ninguna duda, exhiben dosis de violencia, si bien había que precisar qué se entiende por violencia. Algunas claramente muestran violaciones y torturas a chicas jóvenes aniñadas. Todo ello en un entorno de sociedad hipersexualizada que instrumentaliza los cuerpos de mujeres y niñas, fundamentalmente, con fines de consumo.

Esta es una parte de la realidad de nuestros menores y jóvenes que es perentorio que familias y autoridades docentes y sanitarias tomen conciencia.

2.      La gravedad de este tema se percibe mejor cuando consideramos que algunos expertos, como Lluís Ballester, estiman en 10.000 las horas que un 20-25% de los menores españoles estarían viendo este tipo de porno antes de llegar a la mayoría de edad. Y ya hablamos de las características violentas de ese tipo de porno mainstreaming. Sabemos que el porno es una de las principales fuentes de información sexual de nuestros chicos y jóvenes, transmisor no solo de cierto tipo de conocimientos sesgados, embustes y decenas de mitos; sino también de un modelo de comportamiento sexual que cabría esperar de un chico y una chica en esas circunstancias. Muchos chavales antes de haber dado un beso ya han visto escenas de esa naturaleza y, algunos otros, alardean de ser expertos en conductas sexuales pornográficas.

Difícil combatir esa oferta ilimitada en géneros, subgéneros y modalidades que ofrece el porno. De ahí la gravedad de la adicción a la pornografía, similar a la que producen las drogas, el tabaco o el alcohol.

3.      La inexistencia de una educación sexual científica y de criterios éticos sobre la sexualidad, supone dejar en manos de la pornografía violenta, el grandísimo poder de educar a nuestros niños y niñas- La consecuencia es que, inevitablemente, el deseo sexual se asienta y se nutre de la violencia y ello comporta unos riesgos extraordinarios.

No nos cansaremos de repetir la necesidad de que la familia y los centros educativos asuman su ineludible responsabilidad en este ámbito, para hacer frente, de competir en realidad, a este extraordinario poder de la industria pornográfica. Porque de lo que no tengo ninguna duda es que estamos haciendo una generación de #niñosyniñaspornograficos en ausencia de una #educacionexualprofesional.

4.      Esta desidia de las autoridades educativas, de los centros escolares y la de muchas familias, hace que los jóvenes españoles, algunos desde los 6-8 años, se inicien en el porno, a menudo violento, como fuente de información sexual y modelo de aprendizaje para sus prácticas sexuales. El porno es el tutorial de las primeras relaciones sexuales de muchos jóvenes. Ellos/as se lo creen y les gustaría emular a la menor oportunidad.

5.      Aunque las niñas ven menos películas sexuales que los niños, sabemos que quienes se llevan la peor parte son ellas, que se comen el marrón: no disfrutan en las relaciones porque a menudo les duelen algunas prácticas sexuales como la penetración anal, patrón imprescindible del porno, empero se sienten obligadas a hacerlo para darle gusto y satisfacción a su pareja.

6.      Las agresiones sexuales a mujeres, constituyen una cruda realidad INACEPTABLE desde cualquier punto de vista, que podría entenderse como consecuencia, en parte, del imaginario cultural machista omnipresente en nuestra cultura durante siglos. También, sin duda, por las relaciones sociales de poder entre hombres y mujeres, es decir las desigualdades existentes, algunas características de personalidad y el extraordinario influjo de los modelos del porno violento.

Estos modelos que, en general,  propone el porno a los menores y adultos, es que es muy fácil follar con una mujer. Basta proponérselo. Además, es inmediato, porque a la mujer, nos vienen a decir las películas sexuales pornoviolentas, le gusta que la fuercen, la engañen o la compren por unos cuantos euros, para tener sexo. Porque una vez que empieza se convierte en una loba sexual que está a disposición del varón para darle todo tipo de placeres. El problema es que, a fuerza de ver y repetir estos mensajes, algunos chicos se lo han creído, porque el porno refuerza y amplifica esos valores culturales, con una inusitada excitación sexual y placer orgásmico cada vez que lo visiona. Un amplio análisis sobre los modelos psicológicos de las películas sexuales ha sido realizado en el primer volumen de nuestro programa educativo.

7.      Y este proceso ocurre miles de veces desde muy pronto como se ha señalado.  Si añadimos que prácticamente la totalidad de los jóvenes españoles antes de los 18 años se ha expuesto y se expone a diario a ese tipo de pornografía, resulta fácil deducir las consecuencias que se pueden derivar de esta situación. 

Por esta razón es imperativo plantearnos una adecuada educación sexual, cuanto antes mejor en la familia e integrada en todo el sistema educativo, desde muy pronto, al comienzo de la educación primaria hasta la universidad.

De momento en esas conversaciones con nuestros hijos, sobrinos o nietos, tendríamos que decirles que nunca, repito nunca, utilicen material audiovisual violento para masturbarse. Es demasiado arriesgado para su futuro sexual y afectivo y el de sus parejas tal y como sugieren multitud de estudios científicos. De ahí que proponga un consumo controlado de películas sexuales eróticas. Si tienes interés en conocer mi programa TUS HIJOS VEN PORNO donde analizamos ampliamente esta propuesta clica aquí.

En el próximo artículo, en este mismo blog, hablaremos de nuestra Generación de niños (y niñas) pornográficos. Hasta entonces.