MÓVILES, PORNO Y ADICCIÓN: RIESGOS DE SALUD DE LOS MENORES.

Mis últimos libros publicados sobre pornografía y educación sexual, escritos para ayudar a familias y profesionales, en la compleja tarea de afrontar los retos que tienen nuestros menores y jóvenes, en una sociedad digital convertida en referente y modelo educativo. Si quieres saber más visita el apartado libros en mi web.

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La Asociación Libre de Móviles de Navarra,(1) me ha invitado a participar como ponente, en una Jornada titulada “Smartphones y menores: verdades incómodas para familias valientes”, en la que expongo algunas de mis reflexiones sobre la problemática que rodea a las pantallas, así como los efectos en la población más vulnerable, como es el caso de los menores.

Como sabes amable lector/a, esta cuestión la he analizado en otros artículos de este blog, por ejemplo, estos dos , otros dos más , y en este.

Ahora quiero complementar esas aportaciones escritas subrayando algunas consideraciones sobre el particular, que presenté en esa conferencia, aunque mi intervención se detuvo más en los riesgos asociados al consumo de Películas Sexuales Pornoviolentas (PSP) término que, si me sigues, prefiero al de pornografía.

Dejo claro en estas primeras líneas que, aunque soy muy crítico con lo que está sucediendo con el uso de los móviles, y las pantallas en general, en menores, no dejo de reconocer que los dispositivos tecnológicos e Internet son, en términos generales, un avance muy importante en la evolución tecnológica de nuestra sociedad, un prodigio que viene cargado de diferentes riesgos que hay que conocer para tratar de aminorar sus efectos.

La sociedad en la que, las llamadas nuevas tecnologías, tienen una importancia y trascendencia, en todos los órdenes, indiscutible, plantea retos éticos de extraordinario calado, a tenor de los riesgos que inevitablemente lleva consigo. Si ese nuevo orden, por el que se está apostando sin ningún genero de dudas, a través de cuantiosas inversiones, no contempla los avances en los derechos sociales conseguidos unido a la ética y la dignidad humana, mal asunto.

Desde esa perspectiva, podrían plantearse las consecuencias que va a conllevar la omnipresencia de la IA, por ejemplo en el mercado laboral, donde se esperan cambios significativos. Desaparecerán muchos empleos y surgirán también otros, si bien no sabemos la proporción final. Baste un botón de muestra: en una reducción drástica del número de trabajadores de una empresa tecnológica, el representante de los mismas afirmaba: “Sabíamos que estábamos creando una herramienta de IA que podía reemplazarnos”. Y así fue. Esto ocurrirá en numerosas corporaciones en todo el planeta.

Los cambios son extraordinarios y el futuro plantea desafíos que cuesta, a mi al menos, entender. Ahora mismo nos agobian con las criptomonedas, tokens, tecnologías blockchain y wearables, realidades virtuales y aumentadas o el metaverso, aunque la rutilante estrella será la IA.

Pero hay otra cuestión no menos importante: la manipulación y dependencia que puede suponer, por ejemplo esa misma IA, si se plantea como una aliada de las mejoras para la mayoría social o como una amenaza para la propia sociedad. De momento estamos observando un impacto extraordinario en la generación de imágenes de una enorme calidad, razón por la que es difícil distinguirlas de la realidad, y su escalada en la industria pornográfica. Sustituir a médicos, psicólogos, incluso a amigos por un “robot” que te dé respuesta a tus preocupaciones y a tu necesidad de socializar, parece una auténtica temeridad de consecuencias impredecibles.

Por tanto, a la vez que considero valioso estos avances, no dejo de reconocer que nos han engañado. Nos dijeron que era una revolución pedagógica y que tendríamos más tiempo libre, mejorando no solo la enseñanza sino también nuestra calidad de vida, pero solo nos querían obedientes a su tecnología. Zuckerberg el todopoderoso dueño de Meta, reconoció en el Senado de EEUU los efectos adversos de sus RRSS, pidiendo perdón a las víctimas, pero las grandes tecnológicas no han pedido perdón por los datos falsos que acompañaban a sus costosos productos.

Veamos algunos datos.

Por ejemplo: Según el informe Redes que atrapan de Save the Children, el 97 % de los jóvenes de entre 18 y 21 años ha sufrido algún tipo de violencia sexual online durante su adolescencia como, por ejemplo: Contacto con adultos, difusión no consentida de imágenes íntimas, sextorsión o deepfakes, realidades no queridas pero que forman parte de un entorno digital que no siempre protege.

En el caso de las chicas, las consecuencias son más duras: casi un 30 % se aísla socialmente y cerca del 20 % abandona el uso de la tecnología o llega a sufrir autolesiones o pensamientos suicidas.

Según un estudio de la UNIR, aumentan más de un 1.200% las hospitalizaciones por depresión de adolescentes españoles en dos décadas. El 74,3% de los pacientes son chicas adolescentes, tres de cada cuatro pacientes aproximadamente. La edad media de ingreso fue de 16 años, aunque en 2021 se observó un descenso hacia edades más tempranas. Según Eduardo González Fraile, investigador de la Facultad de Ciencias de la Salud de UNIR y principal responsable del estudio, “la depresión en niños y adolescentes es un problema grave que afecta tanto a la salud física como al bienestar emocional”. y que “esta circunstancia puede conllevar a un deterioro gradual en su funcionamiento social, emocional y en el rendimiento académico, físico e incluso personal”.

Desde hace algún tiempo, en los cursos que imparto a familias, vengo observado una mayor preocupación de ciertos padres y madres respecto de la salud mental de sus hijos adolescentes, y el grado de implicación del uso abusivo de los móviles, en ese novedoso fenómeno. No pocas familias, docentes y profesionales están muy preocupados por los crecientes problemas de salud mental que presentan muchos jóvenes vinculados, a no dudar, al uso abusivo de los móviles, sin una capacitación previa y un acompañamiento adulto permanente. La evidencia científica y las consultas clínicas no hacen sino reforzar esa tozuda realidad, que se expresa en un incremento significativo de las conductas autolíticas y suicidas, por ejemplo.

Esta preocupación es constatada por un estudio reciente de Unicef con 100.000 jóvenes de 12 a 20 años en el que se señalaba, entre otros muchos aspectos, que un 7,4% presenta un riesgo suicida, un 6,5% ha intentado suicidarse o que el 13,7 % de los jóvenes sufre ansiedad.

¿Va siendo hora de que nos planteemos hincarle el diente a este grave problema de salud y diseñar programas específicos de prevención y atención para jóvenes? Y como va siendo hora, por esa razón, llevo algún tiempo impartiendo talleres y conferencias para adolescentes, sobre esta cuestión.

Una reciente investigación, revela que recibir un “teléfono inteligente antes de los 13 años se asocia con peores resultados en la salud mental en la adultez temprana, particularmente entre las mujeres, incluyendo pensamientos suicidas, desapego de la realidad, peor regulación emocional y disminución de la autoestima”.

En el documento se afirma que “estas correlaciones están mediadas por varios factores, como el acceso a redes sociales, el ciberacoso, la interrupción del sueño y las malas relaciones familiares. Esta tendencia se observa de manera consistente en todas las regiones del mundo, con mayor magnitud en los países de habla inglesa”.

Los autores proponen la implementación de un enfoque político socialmente adecuado y adaptado al desarrollo, similar a los que regulan el acceso al alcohol y al tabaco, que restrinja el acceso a teléfonos inteligentes y redes sociales para menores de 13 años, exija la alfabetización digital y exija la rendición de cuentas corporativa.

Creo que el éxito de las RRSS se debe en parte a que “tratan” de ofrecer respuestas a necesidades humanas básicas como la sociabilidad versus soledad. Sin embargo, el resultado es que han conseguido mayor soledad y menos sociabilidad, a cambio de suculentas cifras de ingresos multimillonarios. Don dinero, como siempre, estaba detrás de todo este marketing, sin importarle lo más mínimo la salud mental de nuestros menores..

Por tanto, las nuevas tecnologías se vendieron como un avance para la salud y el bienestar, para tener más tiempo libre y disfrutar de la vida. Sin embargo, lo cierto es que , como veremos, diseñaron productos altamente adictivos vendiéndolo como novedosos procesos pedagógicos, que analizaré más adelante.

Pregonaron vino y luego han vendido vinagre.

Hacen falta políticas firmes contra estas industrias tecnológicas cuyos productos generan adicción en los menores, a los que enganchan en sus plataformas, a sabiendas de lo que sucede, con un fuerte impacto en su salud mental, porque estaba perfectamente diseñado para que tal cosa ocurriera. ¿Y quién se preocupa de los mayores, abducidos de igual manera por los dispositivos tecnológicos?

No hay duda de que la capacitación específica de mayores y pequeños es una de las herramientas necesarias en este momento, pero también un control riguroso de las empresas tecnológicas que eluden su responsabilidad y solo les preocupa los ingentes beneficios económicos que consiguen.

Y, desde luego, vamos a tener que ir pensado en imponer medidas específicas como desconexión digital en los fines de semana.

Vamos allá.

Como en cualquier fenómeno social, en el que confluyen poderosos intereses económicos y de control ideológico, como es el caso de Internet y de toda la industria de los dispositivos de acceso que le rodea, emergen posiciones enfrentadas con una elevada polarización, en cada uno de las personas y grupos que participan en los debates.

En resumen, podríamos establecer dos grupos, uno que defiende a ultranza los avances tecnológicos, y que anticipan cambios estructurales en todos los órdenes, en un mundo globalizado, cambios que los opositores a sus ideas se arrepentirán de no conseguir. Es el progreso, amigo, dicen convencidos o, emulando aquel famoso dicho de un corrupto: es el mercado, amigo. No se pueden poner puertas al campo, afirman una y otra vez, con rotundidad, ya que el sistema se autoregula y no precisa más controles.

Por el contrario, enfrente, estarían aquellos que proponen un debate basado en los derechos, en las libertades, en las investigaciones independientes, así como en la capacitación específica, previa a su uso, de quienes van a utilizar esa tecnología. Porque no se fían de las bondades de las corporaciones que han invertido cantidades astronómicas y que, en buena lógica del mercado, van a cuidar sus inversiones y sus ingentes beneficios, a sabiendas de que sus productos son altamente adictivos, hecho que se trata de minimizar sistemáticamente.

Desde esta perspectiva empresarial, resulta cuando menos paradójico que se hagan llamados al uso responsable de los dispositivos y ya está. Pero, ¿de verdad nos creemos que un niño tiene recursos eficientes para hacer frente a esa extraordinaria omnipresencia diseñada para engancharle? ¿Qué por el mero hecho de haber nacido en un mundo tecnológico ya le capacita para gestionarlo eficientemente?

En consecuencia, artículos y documentos a favor y en contra de las pantallas los hay por cientos, (tantos como los cuantiosos intereses económicos y políticos que las rodean) aunque de carácter científicos en menor número. Haciendo un esfuerzo por sintetizar, podría decirse que en amplios grupos sociales, hay un cierto consenso en que el contexto y la supervisión de las pantallas por parte de los adultos, son claves, pero se observan diferencias en el grado de impacto y en los beneficios/perjuicios potenciales.

Veamos algún ejemplo.

  1. A pesar de los años transcurridos, un estudio  de 2019 con 47 niños sanos de 3 a 5 años, trató de averiguar si el uso de pantallas se asociaba con diferencias en el desarrollo cerebral.  Este artículo ha sido contestado en algunos ámbitos.

Se utilizó un cuestionario (ScreenQ para familias), se evaluaron habilidades cognitivas con otras pruebas de lenguaje así como resonancias magnéticas. Una de sus conclusiones era que cuanto más se usaban las pantallas, peor era la calidad de ciertas conexiones del cerebro. En este artículo se observan algunas espectaculares imágenes de los TAC realizados.

Otro hallazgo era que la exposición (excesiva o poco supervisada) de pantallas podría estar vinculada a un desarrollo cerebral menor en áreas como el lenguaje y la alfabetización.

Creo que este artículo de hace 6 años, viene a decirnos, con cautela, que los riesgos dependen del contexto, particularmente del entorno y del acompañamiento que se haga, así como del contenido, del tiempo de exposición y de la edad del menor.

2 . Un artículo reciente  publicado en Revista Española de Salud Pública,  concluye que, aunque un uso excesivo puede tener efectos negativos como obesidad o ansiedad, también se observaron beneficios en el desarrollo del lenguaje y la memoria cuando se utilizan medios interactivos y con supervisión parental. El estudio destaca la importancia del covisionado parental y la personalización del tiempo frente a pantallas según el estilo de vida del menor.

3. En contra de la exposición excesiva a pantallas, hay un  un metaanálisis publicado por Infobae Salud en 2025, respaldado por la Asociación Americana de Psicología, basado en casi 300.000 casos. En este trabajo se subraya que el uso excesivo de pantallas en menores de 10 años se asocia con ansiedad, depresión, agresividad e hiperactividad. El estudio, encontró una relación bidireccional: los problemas emocionales pueden llevar a un mayor uso de pantallas, y viceversa. 

4. El documento publicado por la Fundación Gasol (España, 2025)  estudia a  820 menores. El primer dato relevante es que los niños dedican 69 días completos al año al uso de pantallas, esta cantidad supone un aumento de 25 días respecto a 2022. También se observó un incremento del malestar psicológico (de 18,3% a 35,6%) y un deterioro en hábitos como el sueño, la alimentación y la actividad física

Una perspectiva de interés a favor de las pantallas puedes verla aquí.

Dice David Le Breton que “en los años 20 del siglo pasado un niño correteaba 10 km al día alrededor de su casa, pero los niños de hoy no pasan de 300 metros”.

Otra cita: Un estudio de las urgencias hospitalarias de jóvenes en España señalaba que había habido aumento del 300% en aquellas que tenían que ver con la salud mental (alimentación, depresión, ansiedad, conductas autolíticas, suicidios…). Mientras, se constataba que había una disminución significativa de roturas de huesos en población juvenil.

Sirvan estos dos datos, que pueden parecer baladí, pero que son muy significativos para mí, en la medida en que me sirven para poner el foco en los impresionantes cambios que, en general, está produciendo Internet y las pantallas en nuestras vidas, nuestras relaciones y en nuestro tiempo libre. Para menores y mayores, si bien nos referiremos en esta entrega fundamentalmente a la chavalería.

Me atrevo a pronosticar que, dentro de 25 o 30 años, el mundo que conocemos se parecerá muy poco al de ahora, debido a la implementación de todas las novedades tecnológicas que están por venir, de las que la IA es solo un pequeño ejemplo y que tendrán como protagonista omnipresente a las pantallas. El temor a un uso interesado y maquiavélico de estas tecnologías, con la finalidad de manipular a las personas, instrumentalizarlas por intereses económicos, creo que es un preocupación muy razonable.

Para entender todo lo que está ocurriendo, sería interesante considerar algunos avances que la Psicología nos ha aportado. Todas las personas necesitamos, entre otras, la satisfacción de las siguientes necesidades:

„Sentirse querido y reconocido

„Tener amigos

„Tener intimidad

En mi opinión, gran parte del éxito de las RRSS se debe a una “satisfacción virtual” de estas necesidades. Siguiendo a Zygmunt Bauman, este filósofo dice que el indiscutible éxito triunfo del gigante tecnológico no radica tanto en la innovación técnica como en haber explotado una emoción profundamente humana: el miedo a la soledad. “Las personas tienen pesadillas con quedarse solas, con ser expulsadas, con perder el contacto con la vida que las rodea”.

Los ingenieros de las RRSS han identificado y monetizado estas necesidades. Una de las mayores necesidades  de las personas ( y del mundo moderno tecnológico) es la necesidad constante de conexión o relación si se prefiere, aunque en este caso estamos hablando de relación virtual, que no tiene nada que ver con la real..

Bauman habla de “modernidad líquida”: los vínculos son frágiles y la identidad se construye en un escenario de incertidumbre constante. las RRSS ofrecen una especie de red salvavidas emocional, aunque artificial, que mantiene a raya ese miedo al abandono” y que no se trata solo de compartir fotos o estados, sino de la ilusión de pertenecer, de no quedar al margen, de sentirse visto.

Afirma que “El hombre es el único ser que conoce la muerte; todos los demás envejecen, pero con una conciencia restringida al momento presente, y ese conocimiento instila el temor esencialmente humano ante la muerte”

Quiero plantearlo desde el principio y ha de quedar claro: Todo lo relacionado con las pantallas está diseñado para crear adicción, particularmente las RRSS o el porno, para que estemos todo el tiempo posible navegando por sus webs y plataformas, hacernos consumidores compulsivos y para que hagamos todo sin rechistar, es decir sin pensamiento crítico. Si no comprendemos esto, difícilmente vamos a hacerles frente con un mínimo de éxito.

La publicidad es la estrella de todo este conglomerado empresarial. La publicidad es el alma de todo el sistema: hay que vender todo aquello que se produce, como sea.

Es cierto que estos objetivos son comunes a otras entidades y organizaciones poderosas y han sido una constante a lo largo de la historia, pero ahora se promueven y exhiben sin pudor alguno y su eficiencia en amplios grupos sociales, está fuera de duda. El poder quiere súbditos y esto, de una u otra manera, cabe aplicarlo a cualquier entidad social.

Veamos dos hitos interesantes:

  1. En 1997, la universidad de Stanford crea el Laboratorio del Diseño de la Conducta, en el que trabajaran relevantes neurocientíficos y psicólogos, lugar emblemático por el que han pasado la mayoría de los CEOs y creadores de las diversas aplicaciones y plataformas de Internet, con el fin de recibir formación. Por tanto, no es ninguna casualidad sino que, muy al contrario, está todo perfectamente planificado

Obsérvese la denominación de ese laboratorio porque no es baladí. Una parte importante de la Psicología clínica se basa en el estudio de los mecanismos de aprendizaje y de los cambios conductuales en las personas, cuestión ésta que planteé en las primeras Jornadas sobre violencia sexual y pornografía, en septiembre de 2023 en la URJC. No hay duda de que estas nuevos tecnologías, incorporan estos conocimientos psicológicos para conseguir sus objetivos.

Todos los avances del llamado aprendizaje por Condicionamiento Operante, propuesto por Skinner, (uno de los psicólogos más conocidos, pero que se descubrió había recibido grandes sumas de dinero por parte de los lobbies de las tabacaleras para lavar la cara de los efectos del tabaco en la salud) y otros neurocientíficos, basados en los refuerzos positivos y negativos, se han utilizado sin pudor en el diseño de las RRSS.

Pues bien, una de las primeras investigaciones que se llevaron a cabo en ese laboratorio, cuyo origen data de 1993, la realizó un ingeniero llamado B.J. Fogg, y su propósito fue averiguar “la forma de mantener más tiempo a una persona delante de una pantalla de ordenador, captando su atención”. Fogg consideraba que se necesitan tres elementos determinantes para conseguirlo: motivación, habilidad y un “activador/detonante” que bien podrían ser las pantallas, como se informa aquí.

El mecanismo es simple: Se trata de un circuito de retroalimentación de premios y castigos en forma de validación social. El objetivo, en consecuencia, es que el usuario esté el mayor tiempo posible pegado a la pantalla, tarea en la que recibirá diferentes recompensas, es decir  premios con chutes de dopamina, que se consiguen a través de los likes y los seguidores, pero así mismo, comentarios a favor, retweets , fotos con etiquetas, encajan a la perfección, o también mensajes privados, invitaciones de todo tipo y emojis interminables, o los “match” de Tinder, entre otros “ganchos”. Son “chucherías” sociales que general la misma dopamina que drogas como la cocaína y procesos neurológicos similares.

Como ha dicho Peter Sauter, neurocientífico de la Universidad de Boston: “Desde una perspectiva neurocientífica, no es descabellado trazar paralelismos entre la tecnología adictiva y la cocaína”.

2. Otro hito interesante fue la empresa Dopamine Labs  una startup de Los Ángeles, fundada en 2015, por los neurocientíficos Ramsay Brown y T. Dalton Combs que se propusieron aplicar la neurociencia al diseño de aplicaciones. Su objetivo: usar el sistema de recompensa del cerebro para aumentar el compromiso de los usuarios, es decir utilizar el desarrollo de tecnología basándose en la neurociencia, que utiliza los algoritmos para activar la dopamina con la finalidad de crear hábitos e influir en el comportamiento humano. Obsérvese la denominación tan precisa y transparente: Laboratorio de Dopamina. La empresa cambió su nombre a Boundless Mind y luego fue adquirida en 2019 por Not Boring Capital, una firma de inversión.

En un artículo a propósito del papel de la dopamina en los procesos cerebrales, el papel de esta empresa se expresa con absoluta claridad:

” Dopamine Labs ha reconocido el poder de este neurotransmisor y ha desarrollado un conjunto de herramientas que aprovechan el sistema de recompensa natural de nuestro cerebro para mejorar la participación del usuario y la modificación del comportamiento en las plataformas digitales“. En dicho documento se hace referencia al concepto de recompensas variables del psicólogo Skinner y el error de predicción de recompensa dopaminérgica para optimizar el establecimiento de una relación significativa y duradera con el usuario digital, analizando su conducta y determinando aquellos momentos de mayor impacto emocional, para ofrecer premios.

No ha de soslayarse las cuantiosas inversiones multimillonarias de dólares en ello y la rentabilidad conseguida con tecnologías como el scroll infinito, pero también hay un sinnúmero de técnicas persuasivas y de manipulación, premios y recompensas variadas e intermitentes, que veremos luego. Además, los algoritmos son muy selectivos y comienzan a actuar muy pronto con los más pequeños, razón por la que los menores son su grupo de atención preferente y a los que se dirigen con mimo.

Dice Sherry Turkle psicóloga clínica, profesora del MIT que “No somos adictos a nuestros teléfonos por tener una debilidad personal. Exhibimos una respuesta previsible a un diseño perfectamente ejecutado.” Creo que es una opinión interesante porque pone el foco en los poderosos que invierten sin límite y que cuestiona la responsabilidad de la persona, especialmente si es menor, porque, sinceramente ¿Qué puede hacer un menor para defenderse de esa abrumadora presión en influirle? Muy poco o casi nada.

En consecuencia, no podemos plantear este asunto como solo una cuestión de voluntad individual o responsabilizar únicamente a la familia. Los cambios tecnológicos (móviles, RRSS…) están diseñados para enganchar  y reforzarlo permanentemente.

La pregunta es ¿Por qué niños y adultos sucumben al gesto de deslizar?  

Muy sencillo, las RRSS están diseñadas para maximizar el tiempo de uso, basándose en hallazgos científicos de la Psicología Conductual y la Neurociencia utilizando unas estrategias superpotentes. Se trata de persuadir a los usuarios para que estén navegando y suministrarle todo tipo regalos y, claro está,  anuncios publicitarios para que compre. Basten algunos ejemplos:  

1. Scroll infinito

Como su propio nombre indica, no hay final visible. Si no hay fin, el usuario entra en un bucle continuo, que se retroalimenta por la alteración de la conciencia del paso del tiempo, fomentando la compulsión de seguir.  

Por ejemplo en las series de las plataformas habituales, se pasa de un capítulo a otro por defecto, en segundos, si no aprietas el botón de salida. O en las aplicaciones de noticias, donde hay vídeos incrustados y bucles permanentes con todo tipo de mensajes sorprendentes para continuar recibiendo noticias, algunas absurdas, pero todas ellas con la correspondiente publicidad.

2. Premios diversos y variables

Inspiradas en diferentes aportaciones de la Piscología Conductual, como desarrollé en mi ponencia en las I Jornadas de pornografía y violencia sexual de la URJC en noviembre de 2023, las RRSS y aplicaciones ofrecen recompensas impredecibles que van desde el simple like, el número de seguidores, validaciones constantes, mensajes específicos, check azul, luces, música… En Psicología se llama aprendizaje operante y aprendizaje intermitente y funciona a la perfección por ejemplo en los juegos de azar, en las webs de ligue o en la pornografía: La incertidumbre activa el sistema de dopamina de nuestro organismo. La expectativa de encontrar una novedad más estimulante, es la clave para entender este proceso.

2.1. Dentro de este apartado hay que citar las variadas estrategias que utilizan diferentes plataformas, en particular aquellas de juegos y videojuegos, en entornos que no tienen que ver con el propio juego, pero que tratan de retener a los usuarios el mayor tiempo posible para que interactúe, toda vez que aprovechan para ofrecerle muchos productos, a modo de inversiones, puntos, microtransacciones… a través de una publicidad perfectamente diseñada, procesos que se conocen con el nombre de gamificación.

3. Las alertas

Las notificaciones permanentes promueven una sensación de urgencia y miedo a perderse algo (fenómeno denominado FOMO), razón por la surge la necesidad de comprobar de qué se trata.  

 4. Algoritmos a la carta

Gran parte del poder de estos procesos se basan en el diseño de los algoritmos, que saben enseguida las preferencias de cada cual, y le muestran contenidos hechos a medida, con lo que tendemos a seguir ya que refuerzan (nos dan gusto) nuestras creencias y anhelos. El riesgo de todo esto es que se establezca una dependencia con las pantallas y alteren la capacidad de entender la realidad. Las apps y plataformas de niños/as tienen claramente esa finalidad. Algunas aplicaciones retrasa intencionadamente las notificaciones y estas aparecen más “abultadas”, provocando una respuesta dopamínica mucho mayor, un ejemplo claro del mecanismo de aprendizaje intermitente, en el que se basan aplicaciones de citas, apuestas on line… o la pornografía, donde la expectativa de novedad es el cebo perfecto.

Estos procesos tienen también su importancia en las interacciones que se producen en los vídeos de plataformas como Youtube o Twitch, en los que sin existir una interacción real, generan la sensación de una relación social deseable, a través de los comentarios en tiempo real, por ejemplo. El cerebro así lo cree y estimula la producción de dopamina.

De la trascendencia de todo este proceso, nos da una idea el interés de países y Comunidades como la Unión Europea que parece se están planteando regular estrictamente estos diseños. ¿Será verdad o simplemente un postureo?

Lo cierto es que una parte de nuestro tiempo y de nuestra atención, se lo regalamos cada día a los magnates de Silicon Valley, obsequios que reciben de todo el planeta, que les permiten multiplicar, año tras año, sus ingresos de manera exponencial y obscena.

Sean Parker, primer presidente de Facebook, ahí es nada, señalaba en una entrevista que “Solo Dios sabe lo que le están haciendo las RRSS al cerebro de nuestros hijos”. Y que “Las redes sociales estaban diseñadas desde su origen para resultar adictivas y mantener enganchado al usuario a base de chutes de dopamina. Todo está orientado a ello”.

¿Resultado? Veamos un solo ejemplo: Un Informe de Thierry Sother, Diputado al Parlamento Europeo, advertía que, en Francia, el 87% los niños de 11 a 12 años están presentes en las RRSS y que 1/3 de los niños de 5 a 7 años navegan sin supervisión. Otros trabajos refuerzan esos datos.

Del informe se deduce que niños y niñas están atrapados en un túnel diseñado para ser adictivo, expuestos a contenidos seleccionados por algoritmos…que incluyen graves riesgos para su salud: pensamientos suicidas, autolesiones, pederastia…

Más en concreto, subraya a modo de ejemplo que, al crear un nuevo perfil de una niña de 13 años en TikTok, se tardan 4 minutos y 45 segundos en ver vídeos que promovían el suicidio. Y el 75% de las conexiones entre niños y pedófilos son el resultado de una recomendación del algoritmo.
Incluso afirma que los propios documentos internos de TikTok lo dicen: existe una correlación entre el uso compulsivo de TikTok y los efectos negativos en la salud mental.


¿Por qué este interés en los menores? Pues muy sencillo, los menores les aportan mucho dinero: hasta el 41% de sus ingresos y hay que fidelizarlos porque son el futuro del negocio. Un estudio de la Escuela de Salud Pública de Harvard, sobre las seis principales plataformas sociales (Instagram, TikTok, YouTube, Facebook, Snapchat y X) generaron más de 11.000 millones de dólares en 2022 solo en EE. UU. fundamentalmente debido a la publicidad dirigida a menores de edad.

Un trabajo de investigación realizado en España, en 2019 con jóvenes de 18 a 35 años, ya revelaba la capacidad de distintos contenidos multimedia para atraer y consumir recursos atencionales, así como la relación entre la capacidad de interferencia atencional y su potencial adictivo. En particular destacaba los estímulos de carácter pornográfico, subrayando que “la pornografía efectivamente genera una interferencia cognitiva clara”, en la línea de otras investigaciones que muestran “una clara influencia de los estímulos sexuales en el peor procesamiento y menores niveles de atención dedicados a otros estímulos también importantes pero presumiblemente no tan salientes como el sexo. Estos datos se podrían explicar aludiendo a la gran activación o arousal que generan las claves sexuales asociadas a su saliencia y potencia subjetivas”.

Como he señalado en diferentes artículos de este blog, y en los libros publicados (Tus hijos ven porno 1 y 2), hay numerosos estudios que sugieren que la pornografía tiene un alto potencial para captar la atención y generar interferencias cognitivas, vinculadas con las características del consumo y su potencial adictivo. Todos estos hallazgos, son muy interesantes a la hora de evaluar y tratar las diversas adicciones al sexo, incluyendo el cibersexo y la pornografía.

Por tanto, si algo tengo claro es que las pantallas están diseñadas para crear adicción. Siendo realista creo que en el debate de fondo, ya no se trata de móvil sí o móvil no. Ya forma parte de nuestra vida, como un dedo más pegado a nuestra mano. Más bien se trata de ver que podemos hacer para aminorar los efectos de un uso abusivo.

Porque una solución sería que los padres/madres no compren el móvil a su hijo/a. Se acabó el problema. Pero eso no ocurre y los que lo intentan tienen que soportar unas presiones extraordinarias, hasta que la gran mayoría, acaban cediendo.

Es cierto que hay un debate intenso sobre las pantallas, pero también con otros fenómenos vinculados a ellas: videojuegos, stickers, canciones violentas, RRSS, apuestas on line… que afectan de lleno a esta generación Z y que puedes leer en mi artículo.

Como conclusión diría que hay evidencia científica como para considerar que un uso precoz , sin acompañamiento parental y sin capacitación de las RRSS, puede tener consecuencias en la salud mental de los menores, que van desde la afectación de la autoestima, alterciones cognitivas, dificultades de sociabilidad real, desarrollo emocional y en las relaciones interpersonales, ansiedad… hasta alteraciones graves como las conductas autolíticas, de suicidio o los trastornos de alimentación, pasando por trastornos oculares, problemas de sueño. O el ciberacoso permanente y el grooming. Lo cierto es que, más allá de los efectos, el tiempo que se dedica a estar conectado, se retrotrae de otras actividades, siendo este un rasgo común de las conductas adictivas a sustancias y a no sustancias.

Otro debate frecuente es como aquel del huevo y la gallina… ¿ Las tecnologías digitales, promueven trastornos de salud mental o las personas con esa problemática se enganchan más fácilmente?¿ Las personas con trastornos  de ansiedad, depresión, adicciones o trauma serían más vulnerables?

Hay estudios interesantes que sugieren que estos enganches a las pantallas, podrían entenderse como una manera de evitación emocional, incluso de supervivencia. Sin embargo otros trabajos, como se ha visto, apuntan que las RRSS podrían contribuir a la pérdida de autoestima y a distorsionar la autoimagen, además de favorecer la soledad y el aislamiento que, por retroalimentación, pueden estar subyaciendo/alimentando esa  hiperconexión digital que, paradójicamente, se vive en soledad. Como se ve el asunto es muy complejo.

En cualquier caso, dado el uso absolutamente generalizado de pantallas, resulta difícil establecer rasgos de personalidad que favorecen el consumo. Otra cosa es una exposición abusiva.

En Julio de 2025 las Sociedades profesionales españolas de Pediatría, Psicología, Psiquiatría y Neurología, se reunieron, por fin, para solicitar al gobierno medidas contundentes en razón de que «un uso de más de dos horas totales diarias tiene relación con el deterioro cognitivo, incluso en personas adultas”. Frente a este criterio la realidad es que “El 60% de los jóvenes se conecta más de cuatro horas diarias”.

Proponen que “Entre los cero y los 6 años no se usen pantallas, entre los 7 y los 12 años no se empleen más de una hora al día -incluyendo el tiempo escolar y los deberes- y a partir de los 13 años no se utilicen más de dos horas diarias“.

Uno de los neurólogos participantes en esa reunión, David Ezpeleta, señalaba que ” Los móviles generan unos microestímulos de corta duración y alta intensidad similares a los de las tragaperras, una adicción que modifica el cerebro y disminuye la concentración, la memoria y el aprendizaje“.

Cuando trabajo con papás y mamás en mis Talleres para madres y padres vergonzosos, le suelo poner un ejemplo ilustrativo: un móvil es para un niño/a como el parque de atracciones más grande. maravilloso y espectacular del mundo. En consecuencia, los infantes estarían todo el tiempo allí, subidos a todas las atracciones posibles, disfrutando sin límite, con su cerebro henchido de dopamina, lo que los va a llevar a seguir y seguir hasta acabar exhaustos. ¿Por qué?: la respuesta es porque no saben parar.

Por eso, no son capaces de apagar su móvil o la Tablet. Y ese hecho, el de apagar y dejarlo a un lado, es el motivo por el que se discute a diario en muchas familias, broncas ante las que no pocos padres y madres desesperados, no saben cómo actuar.

Esto no es nuevo. En conductas adictivas como es el caso del alcohol, hay un fenómeno característico en algunas personas como es el de no parar de beber, hasta caerse.

Otro botón de muestra: en el ámbito del consumo de pornografía, hay jóvenes (también adultos) que ven estos vídeos a través de dos o tres pantallas simultáneas. En Psicología este patrón es muy conocido y se denomina tolerancia: el cerebro se acostumbra a un cierto nivel de estimulación y, progresivamente, va necesitando más tiempo y contenidos más fuertes para conseguir ese nivel. Necesitan una mayor estimulación para mantener y aumentar su placer. Este asunto lo he analizado en varios de mis artículos en esta web.

Por tanto, sin adultos conscientes, no enganchados, acompañando y guiando permanentemente, no es posible que un niño por sí solo gestione ese monstruo (en alusión a la película de J.A. Bayona) que está diseñado por los mejores neurocientíficos e ingenieros del mundo para cumplir ese propósito: enganchar.

Como ya he dicho, es preciso entender esto porque, de lo contrario, va a ser muy difícil que nuestro trabajo de capacitar y contrarrestar esas influencias, sea mínimamente eficiente. Tenemos que capacitar a nuestros menores para que entiendan que intereses hay detrás de la industria de las pantallas.

Es sabido que, como botón de muestra, si en las familias no se trabaja el aprendizaje de la regulación emocional, van a ser más vulnerables al influjo de los smartphones. Van a buscar estímulos que le calmen, que le saquen de su aburrimiento o de su malestar. Más aún si hay algún trauma.  Estímulos que cada vez serán más sofisticados. Sin límite. Porque son chutes de dopamina placenteros, con lo que se facilita el enganche. En algunos casos de adicciones se observan estas características y que pueden ser entendidos como mecanismos de supervivencia.

Lo cierto es que a la todopoderosa industria de las pantallas, no les interesa la salud mental de los menores. A los algoritmos menos.

De todas maneras, No se puede inferir que la salud no depende solo de las pantallas. No. Hay otros muchos factores. Por ejemplo, si los alquileres de los pisos, costaran la mitad y hubiera salarios decentes, habría menos consultas psicológicas. Pero también es cierto que, desde las pantallas se influye en los comportamientos.

Me preocupan los menores de esta generación. Creo que, en su mayoría, están abducidos por las pantallas, ante las que pasan muchas horas, demasiadas; lo que los lleva a una vida sedentaria y, en consecuencia, menos horas de sueño, cambios en la alimentación, en el humor… efectos bien conocidos, que se suman a otros que tienen que ver con la alteración de la atención, concentración o diferentes problemas en el aprendizaje, lenguaje y la comunicación con sus pares, rasgos que los avezados docentes me comunican a menudo. Los elementos citados, son solo algunas modificaciones que la exitosa serie Adolescencia plantea, documentales que recomiendo encarecidamente.

A mi entender, una de las ideas más destacadas de esta serie la expresan con nitidez los progenitores de Owen Cooper, el increíble protagonista de la misma, al final del último capítulo cuando se preguntan, rotos emocionalmente, sintiéndose culpables y atormentados por lo ocurrido, porque es muy difícil de encajar el que un hijo se convierta en un asesino de una compañera de clase, lo siguiente:

¿Qué hacia nuestro hijo, solo, con el ordenador en su cuarto? ¿con quién hablaba?

Cada vez más, los menores hablan, preguntan y se comunican con las pantallas, en detrimento de las conversaciones familiares. Están atrapados en unos dispositivos que están diseñados para crearles adicción y hacerles creer que están acompañados y que tienen muchos amigos…Vana ilusión que acaba tornándose frustración y soledad.

En efecto, las pantallas se han convertido en la principal si no la única ventana al mundo, que da respuesta a todas las inquietudes, preocupaciones, intereses y necesidades de los niños y niñas desde muy pronto, con un cerebro inmaduro y en construcción. No pocos padres y madres abandonan a sus hijos en las pantallas, desesperados pero de manera irresponsable, en ese proceso de descubrimiento. Y esto no sale gratis.

Las pantallas, que han venido para quedarse definitivamente, han provocado algunos daños colaterales importantes, o si se prefiere bajas. Una de las más relevantes, a mi juicio, es que se ha descuidado el espacio de “conversación familiar”. Se ha sustituido por completo, ya que hay algunos padres que se comunican con sus hijos/as a través del WhatsApp, aun viviendo en la misma casa. Por tanto, no solo no se habla de sexo o de drogas, temas de conversación obligatorios, sino que la propia comunicación se ha visto afectada.
Los hijos/as permanecen en sus habitaciones abducidos por su móvil, googleando para conocerse y conocer el mundo, para entender la realidad circundante, buscando respuestas a sus inevitables y necesarias preguntas, lo que entraña enormes riesgos ya que pueden recalar en lugares nada saludables.

Considero que los padres y madres son los primeros referentes, necesarios modelos para tener una visión del mundo peculiar y única, pero también cercana y afectuosa, entorno muy adecuado para conocer y tener respuestas a muchas de sus dudas, interrogantes y preocupaciones.
Pues bien, esta es una de las claves para entender lo que está pasando, los efectos en la salud de amplios grupos de adolescentes, que va a requerir batallones de psicólogos para atender los diferentes problemas que ya están apareciendo, y cuyas consecuencias de toda índole, las veremos en los próximos años.

Pero es que, además, nos encontramos con muchos jóvenes con una ideología conservadora, derivada en parte de los influencers de diverso pelaje a los que siguen, incluso abonándoles generosas suscripciones, o jugando a videojuegos preñados de violencia.

Las apuestas on line, la adicción a los videojuegos, los retos virales riesgosos, las pautas nada saludables que imponen las RRSS o el consumo de pornografía violenta son otros problemas de salud, muy serios y de gran envergadura, a los que están expuestos niños y niñas.

Las Redes Sociales merecen una especial atención si queremos entender que está pasando, ya que tienen un poderoso influjo en los más pequeños. Baste citar algunos aspectos de interés como el enorme culto a la imagen corporal exterior y a la vida perfecta. La necesidad de ser popular y aprobación constante, algo que requieren y necesitan todas las personas, adquieren una dimensión particular en Redes Sociales como Instagram o TikTok, en la medida en que, son tan poderosas, que enganchan, especialmente a quienes tienen problemas de autoestima, o simplemente incautos que son carne de cañón para depredadores de diversa naturaleza.

El éxito en buena parte de las RRSS es que satisfacen de manera virtual y engañosa algunas de las necesidades básicas de los seres humanos: sentirse querido y reconocido, tener amigos/as y tener intimidad.

Además creo que las RRSS sacan lo peor del ser humano. No sé si lo mejor, pero si sus conductas más malévolas. El hecho de que permitan perfiles con un nick anónimo, favorecen que cada cual pueda decir la barbaridad más brutal, la descalificación o el insulto más hiriente, especialmente los/as cobardes. He leído, por ejemplo en Twitter ( X), las acusaciones más repugnantes, amenazas de muerte, bulos y rumores mal intencionados, con el solo propósito de hacer daño. Incluso colectivos que están en contra de la violencia, muestran una violencia verbal inusitada contra quienes no siguen sus ideas al dictado ¿Qué ocurriría si tuvieran poder? En fin que no son un modelo a seguir para los más pequeños.

Soy consciente de que son un espejo de la realidad, un reflejo de lo que ocurre en nuestra sociedad y ello es otra razón más para su éxito, ya que la maldad del ser humano está ahí presente. Nada más mirar los genocidios (exterminio más bien) que se están produciendo, aquí y ahora, en Gaza o de Ucrania para darnos cuenta de la frágil línea que nos aleja de la barbarie. “El hombre es un lobo para el hombre” ( homo homini lupus) que decía Thomas Hobbes  allá por el siglo XVIII que choca con la visión de un filósofo llamado Jean-Jacques Rousseau  que decía que “El hombre es bueno por naturaleza” en su novela Emilio o de la educación, que vio la luz en el año 1762.

Chicos y chicas, además, inmersos en un consumismo exacerbado, que se refuerza por la constante publicidad que ofrece todo tipo de facilidades, para satisfacer ese rasgo de inmediatez de la conducta típico en la juventud, ya que cualquier cosa que compren la tienen al día siguiente en su casa. Ese rasgo característico de la adolescencia como es el “querer las cosas ya” y de  la inmediatez, adquiere niveles preocupantes gracias a Internet.

Por otra parte, a diario están expuestos a juegos y retos especialmente diseñados para manipularles y engancharles. El último del que me han hablado, que ya se ha convertido en viral, se denomina, “Podredumbre mental”, con una canción cuyo estribillo es pegadizo (Tralalero Tralalá…) con dibujos absurdos, imágenes caóticas, sin sentido…hechas con IA. (por ejemplo, un tiburón con zapatillas Nike)

Tal es su impacto que la Universidad de Oxford decidió considerar al término “Brain rot” la palabra del Año 2024 y no les faltaba razón: El deterioro mental por sobreexposición digital.

Este juego, aparentemente gracioso e inocente, está diseñado para que niños y niñas estén viendo dibujos sin parar, sin pensar, recibiendo potentes estímulos visuales y auditivos constantes. Un hábito usual en este tipo de aplicaciones. Sin embargo, hay mensajes racistas, insultos directos, lenguaje vulgar y violencia disfrazada de chiste. En realidad, es un contenido bizarro y tan extraño que no puedes dejar de mirarlo, justo lo que necesita el algoritmo ya que es su especialidad.

Por citar otras “curiosidades”, una de las aplicaciones más sorprendentes que he leído es la de “Novia virtual” que tienen dos finalidades:


a) Compañera virtual impulsada por inteligencia artificial, que ofrece compañía y conversación simuladas.

b) Chica real que ofrece conversación y otras “actividades”, que no es más que otra forma de prostitución.  Una más.

Hay multitud de riesgos en todos los ordenes. Por ejemplo: ¿Cuántos anuncios de estafas, timos, engaños hay en Internet y que engrosan exponencialmente los ingresos de los accionistas y dueños de las principales plataformas o de los buscadores, por ejemplo? Porque si Google quisiera esa publicidad desaparecería, al igual que las webs porno y tantas otras cosas dañinas para la salud de las personas. O noticias claramente bulos y mentiras… que pueden provocar caídas de gobiernos o crisis económicas sin parangón. Sin embargo, lo cierto es que en nuestro sistema de desarrollo socioeconómico lo único importante son los ingresos dinerarios.

Por tanto, el uso de las pantallas va a tener sí o sí diversas implicaciones en todos los órdenes de sus vidas, que están comenzando a verse, particularmente en su salud mental y que algunos profesionales ya anticipábamos hace años.

Todos estos cambios impactarán en su cerebro permeable, de una u otra forma y ese impacto va a depender de la capacitación específica que vayamos suministrándoles. No tengo ninguna duda a este respecto.

Y los que diseñaron Internet -que ganan, obscenamente, millones de dólares a diario- lo saben y no permiten, de ninguna de las maneras, que sus vástagos toquen una pantalla, porque conocen perfectamente las consecuencias que producen.

Como es sabido, el negocio está, en buena medida, en la publicidad (y en la obtención de nuestros datos) por lo que trataran por todos los medios de captar nuestra atención y “fidelizarnos” todo lo posible. Pero hay más: tratan de transmitir una serie de valores y actitudes, a menudo conservadores y en la línea del modelo de desarrollo socioeconómico dominante

Decía Steve Jobs, uno de los más poderosos activos de Internet, que “Nosotros no permitimos el iPad en la casa. Pensamos que, en efecto, es demasiado peligroso para mis hijos”.

Por tanto, son conocedores de lo que ocurre, del poder adictivo y de sus efectos adversos, de la “criatura” que ellos mismos han creado. Al igual que los narcotraficantes de drogas no quieren que sus familias consuman aquello que venden y les da de comer generosamente. Se ha dicho siempre que la primera regla de un narcotraficante es no consumir la droga con la que trafica, aunque no siempre les sale bien.

Parece claro que las grandes corporaciones tecnológicas, promueven la adicción y explotan a los usuarios vulnerables, con productos gratis diseñados cuidadosamente, y luego ocultan la verdad. Mintiendo descaradamente.

De lo dicho, cabría hacerse la siguiente cuestión: para evitar que no llamen raros a tus vástagos y que no sufran aislamiento con sus iguales, ¿vas a comprarle y permitirles usar un móvil como hacen la mayoría? ¿Supervisándolos o no?

En consecuencia hay que decir alto y claro que todos estos procesos son más peligrosos en niños/as y adolescentes porque carecen de los recursos cognitivos e instrumentos críticos para no caer en sus redes y acaban emulando lo que ven. Como se ha visto los riesgos de alteración de la autoestima (comparación con otros permanentemente), pérdida de control, escasa asertividad o problemas emocionales diversos son una realidad.

¿Qué hacer entonces? Seguir hablando de los efectos y no bajar la guardia. Estudiar y formarse. No hay que parar a pesar de tener en contra muchas cosas. Hay que seguir agitando y ofreciendo soluciones, aunque tengan un alcance limitado.

Esta es una cuestión en la que la responsabilidad de lo que sucede es de muchas agencias educativas y de otras entidades e instituciones sociales. No solo las familias y los centros educativos, también hay que poner el foco en el poder inmenso de las empresas de Internet que han creado ese “monstruo” que viene a verlos a su cuarto. Un niño/a por sí solo no tiene recursos para hacer frente a dispositivos sofisticados diseñados para enganchar, razón por la que la corresponsabilidad de todas las agencias educativas es un requisito imprescindible

Pero como cada familia es distinta, no sirven las orientaciones que se puedan dar para todas. No obstante, como criterio general suelo recomendar lo siguiente.

1. Que retrasen todo lo que puedan su compra.

2.  Teniendo en cuenta determinados efectos conocidos del uso del smartphone (distrae, engancha, incrementa soledad y sedentarismo, alteración de la sociabilidad y de la dinámica familiar…), en la decisión de comprárselo convendría valorar algunas de las siguientes consideraciones para cada caso en particular, si:

a) Es una persona responsable en su vida, con sus cosas.

b) Tiene relaciones satisfactorias con sus iguales.

c)  Cuida su alimentación y salud (actividades deportivas, por ejemplo, sueño…)

d) Va bien en sus estudios.

e) Autoregula sus emociones.

f) Colabora en la vida familiar.

3. Si finalmente han decidido comprárselo, es IMPRESCINDIBLE capacitarle ampliamente acerca de su uso, los riesgos que comporta y COMPROMETERSE a acompañarle en ese proceso, con tiempo de calidad.

Llegados a este punto habría que replantearse ¿ Es posible utilizar los conocimientos neurocientíficos y de las ciencias del comportamiento, para mejorar la relación entre los seres humanos y los avances tecnológicos, sin caer en la instrumentalización y la manipulación?

No lo sé si es posible, pero como última consideración, he de señalar que la formación y el conocimiento de estos cambios, de lo que está pasando en realidad, es la ÚNICA alternativa que tenemos padres, madres, docentes y sanitarios, para hacer frente exitosamente a la deriva que nos está llevando el inmenso y omnipresente poder de las pantallas. Es absolutamente prioritario promover programas de alfabetización y educación digitales desde edades tempranas, tanto para niños/as como para sus padres y al profesorado que les atienden.

La todopoderosa industria de las pantallas también tiene que dar pasos, además de regular estrictamente el acceso a los menores, como por ejemplo, diseñar estrategias basadas en la ética y utilizar algoritmos que favorezcan la salud mental, nunca al contrario.

El objetivo es conocer y reflexionar acerca de todo este fenómeno, que aquí solo he pergeñado, y de qué manera están afectado a la salud mental y a las relaciones de la chavalería, trabajando con ellos en diversos recursos para afrontar con un mínimo de éxito este desafío, y generar un potente pensamiento crítico. Porque estanos hablando de una lucha de David contra un batallón de Goliats.

A pesar de las dificultades, y que muchos/as lo consideren una utopía, apuesto por la educación que fomente el pensamiento crítico y la defensa de aquellos valores que respetan la dignidad, la justicia y la cohesión social a través de promover la empatía y la compasión, cuestión esta a la que he dedicado cuatro artículos.

En los talleres formativos para familias que vengo realizando desde hace décadas, y en mi último libro ¿Hablamos de porno?, planteo con claridad este problema, proponiendo soluciones concretas a este enorme desafío.

(1) ¿Qué es la asociación Adolescencia Libre de Móviles (ALM)? Es una agrupación de familias preocupadas por las consecuencias del uso de móviles a edades tempranas. En virtud de ello, promueven el Pacto de Familias. Se trata de una iniciativa para retrasar la entrega del primer móvil hasta los 16 años, tratando de ayudarles a gestionar y reducir la presión social de padres, madres y chavales/as. La asociación pretende visibilizar a una mayoría de familias que desean proteger a sus hijos de la exposición prematura a las pantallas y las redes sociales.

Este pacto de familias, supone que las familias libremente se comprometen entre otras cosas, a:

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