Os presento a unos niños pornográficos

Hace unos días hablábamos de Las niñas pornográficas, a partir de la entrevista realizada a una menor sobre su vida sexual y sobre las bondades de que, un par de tíos, la reventaran el culo y la vagina mientras la azotaban llamándola perra, entre otros epítetos. El vídeo se publicó en TikTok, y se hizo viral. Hicimos un artículo sobre tal asunto que tuvo una excelente acogida, más de 3000 visitas en unos días (clica aquí si tienes interés en leerlo). Sin embargo, un post sobre esa cuestión fue prohibido en la red profesional LinkedIn, emblemática del modelo de desarrollo socioeconómico neoliberal. A ver qué pasa con este. Parece que no es políticamente correcto levantar las alfombras para no encontrarnos con nuestras mierdas. Así andamos todavía. Pero vayamos al grano.

Como contrapunto a aquel artículo, hoy hablamos de Los niños pornográficos a propósito de la publicación de una cadena de WhatsApp en la que interactúan tres chavales, de 14 años, cuya pretensión es violar a una chica, raptar a una segunda, “para follarla también” y “que le meta los dedos a la otra”, “la atamos y le hacemos ver cómo nos la follamos a la hija de puta”, además que “se besen” y, mientras “las pegamos, las azotamos y las dejamos todas rojas” y “llevamos una máquina para torturarlas”. El plan incluye “turnarse para romperle el culo a la muy puta esa” y elegir el “lugar” de su cuerpo para penetrarla. UNO de ellos elige la vagina “y otro “destruirle el ano”, proponiendo meterle “las tres pijas, dos en el ano y una en la vagina”.

No contentos con lo anterior, siguen diciendo que “La atamos” y “la hacemos gritar como la puta que es” … entonces, para callarle, el SEGUNDO chico “le mete la pija en la boca” mientras “les pegamos” y acaban la conversación con “busquen… (EL TERCER chaval) conoce a gente de noche” … “JA JA JA JA JAS”.

Pues bien, en mi opinión, este es solo un ejemplo de los valores, actitudes y conductas que, en el ámbito de la conducta sexual, presentan algunos grupos de jóvenes (también adultos) respecto de las relaciones sexuales entre hombres y mujeres. Se trata de un modelo cultural atávico y todavía muy presente en la sociedad actual y que con diferentes grados rula por las RR SS y que florece en el porno violento.

Por cierto, el colegio en donde se destaparon estos hechos “no les dio importancia”, lo que provocó una serie de protestas y denuncias. No sabemos qué piensan al respecto los padres y madres de esos chicos, ni tampoco las familias que tienen niñas en ese colegio y en esa clase en la que parece haber potenciales agresores. Con todo, es indudable que estamos ante un fracaso de los programas educativos en este área y que, hechos lamentables como este, no son sino una bofetada en plena cara a los responsables directos e indirectos de ese desaguisado.

Además, no hay que olvidar que la normalización del consumo generalizado de estos contenidos a nivel mundial es un hecho indiscutible, diría imparable, presentando un crecimiento exponencial en número de vídeos y en sus contenidos, cada vez más diversos, para atender las crecientes demandas de los fieles consumidores.

Recordar así mismo que el impulso sexual es una poderosa motivación de la conducta y por ello interesa e implica a la inmensa mayoría de las personas a lo largo de su vida. Por eso es instrumentalizado hasta la extenuación en nuestra sociedad hipersexual. Por eso las películas sexuales tienen tanto éxito y los productores de porno y la industria que los soporta, lo saben.

Mi hipótesis es que el porno con diferentes dosis de violencia, recoge dichos valores sociales (incluyendo ese lenguaje característico en los títulos de los vídeos, por ejemplo) y los amplifica a través de vídeos que excitan y que producen placer por medio de la masturbación subsiguiente al visionado, circunstancia que mantiene y refuerza ese tipo de conductas. La conclusión resulta obvia: ver como un actor maltrata a una mujer o a una chica aniñada, es excitante y da placer tanto a los implicados en el vídeo como a quienes lo ven . Mensaje perverso donde los haya.

El lenguaje que utilizan esos chavalitos en su conversación es el que leen en los títulos de los vídeos porno y ven reiteradamente en las conductas que presencian, altamente excitados, en las imagenes.

En consecuencia, mi opinión es que el consumo habitual de porno con diferentes dosis de violencia, al que se exponen nuestros menores y jóvenes -a cualquier hora del día o de la noche, gratuitamente- fenómeno que ocurre a nivel planetario no es baladí y tiene consecuencias. Por esa razón hemos propuesto, en diferentes ámbitos, el término generación de #niñosyniñaspornograficos que trata de describir a modo de hipótesis ésos efectos tanto en la juventud como en la etapa adulta.  Si quieres conocerlos más en detalle clica aquí.

Considero que este factor, junto a otros muy diversos y complejos, podría ayudarnos a comprender muchas de las noticias de violaciones y abusos sexuales con las que, a diario, nos hace atragantar el desayuno. Todo ello en ausencia de una adecuada y científica educación sexual profesional que, a mi entender, es un elemento clave y que sigue siendo la asignatura pendiente, hecho incomprensible en una sociedad desarrollada.

El consumo de pornografía brutal, en determinadas circunstancias, podría ser considerado un factor de alto riesgo, razón por la que es urgente y necesario hacer investigaciones rigurosas, que sirvan de soporte para diseñar programas de prevención eficientes.

Como ya hemos señalado en otros artículos, el consumo de este tipo de películas sexuales con violencia se inicia muy pronto. Según diferentes estudios, algunos niños lo hacen a los 6 años, otros a los 8 y, a los 12, ya son un grupo muy numeroso, convirtiéndose en mayoría a los 16. En Suecia, por ejemplo, ese porcentaje en una investigación con adolescentes, llega al 96% en chicos y al 54% en chicas a la edad citada, tendencia que tendremos que considerar muy seriamente en un mundo globalizado. Por tanto, es muy probable que haya muy pocos chicos que antes de la mayoría de edad afirmen no haber visto nunca ese tipo de contenidos.

Es sabido que las agresiones sexuales a mujeres y menores, son una lacra que, aunque ya es más visible, no obstante sigue estando oculta, porque la mayoría de ellas no se denuncian, a tenor de que se producen en entornos cercanos a las víctimas, lo que puede facilitar que los agresores vivan con sensación de impunidad, siendo más probable su reincidencia. Esta realidad se acrecienta tanto en cuanto las leyes y las condenas parecen gozar de una cierta laxitud. La penalización de los abusos (violaciones) sexuales realizados por sacerdotes es una vergüenza intolerable.

En cualquier caso, nuestra posición ha sido siempre clara: son inaceptables en una sociedad moderna que pretenda ser igualitaria.

Empero, los datos disponibles indican que la situación no parece mejorar ya que, además del incremento de casos, tanto de agresiones generales como sexuales en la población juvenil, es preocupante algunas actitudes que se observan en este colectivo: En un reciente informe de la fiscalía española, se constataba que las chicas menores agredidas, toleran en alguna medida esta situación, ofreciendo menos resistencia, quitándole importancia y hasta disculpando al agresor, de tal modo que es su familia la que denuncia la agresión.

Algunos medios comienzan a hacerse eco de esta problemática, denunciada por la fiscalía española en los informes de los últimos 3 años, como indica la siguiente noticia de esta misma semana en EL PAÍS.

Hay que atajar como sea esta deriva con programas sistemáticos y valientes de prevención a través de una educación sexual profesional entre la familia y los centros educativos, entre otras iniciativas además de las estrictamente jurídicas. Nosotros hemos propuesto una intervención ” de urgencia” en el programa TUS HIJOS VEN PORNO 2 ¿ Qué puede hacer la familia? No obstante, es necesario conocer el verdadero alcance del problema y sus causas a través de investigaciones rigurosas. En diferentes artículos he tratado de acercarme a algunas de ellas.

Y a propósito de lo descrito en la cadena de WhatsApp, al comienzo de esta reseña, señalaremos una de esas causas. En el próximo artículo hablaremos del Modelo cultural de caza y captura que, a mi entender, está en la base de este tipo de comportamientos que ha caracterizado una buena parte de las relaciones entre hombres y mujeres a lo largo de la historia, y que el porno violento no ha hecho más que incorporar, amplificar e irradiar por doquier.

Hasta entonces.

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