PANTALLAS, PORNOVIOLENCIA Y SALUD ¿DÓNDE ESTAMOS Y A DONDE VAMOS?


Mis últimos libros publicados sobre pornografía y educación sexual, escritos para ayudar a familias y profesionales, en la compleja tarea de afrontar los retos que tienen nuestros menores y jóvenes, en una sociedad digital convertida en referente y modelo educativo. Si quieres saber más visita el apartado libros en mi web.

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El final del año suele ser un buen momento para hacer balance de lo ocurrido a lo largo de este tiempo. En mi caso, con el claro propósito de prevenir la violencia sexual a través de sugerir diferentes modos y maneras de competir con los efectos del consumo de pornoviolencia, particularmente en menores, a través de una educación sexual científica y profesional. Mi impresión general es de cierto pesimismo, porque se trata de una lucha desigual y frustrante, en una sociedad hipersexualizada, que tiene otras prioridades, como trataré de explicar.

Es cierto que hay algunos avances esperanzadores, pero los cambios significativos que anhelamos quienes llevamos décadas en este terreno están muy lejanos, por ese desequilibrio de poder entre los protagonistas de la contienda: La industria del porno de una parte y, de otra, quienes preconizamos una educación sexual científica y profesional, que haga de contrapeso a las adversas consecuencias de que el porno, con diferentes dosis de violencia, sea un referente educativo de primer orden. Si quieres saber algunas de las iniciativas formativas más destacadas que estamos llevando a cabo clica aquí y aquí.

No hay duda de que, para un desarrollo saludable y armónico, todos los niños y niñas necesitan una serie de conocimientos básicos acerca de los hechos sexuales y respuestas correctas a sus legítimas y necesarias preguntas. Sin embargo, generación tras generación se ha utilizado el silencio y la callada por respuesta, en los hogares y en las escuelas, al aprendizaje científico de esos contenidos.

La generalización de Internet ha hecho que las webs porno, la mayoría con violencia sexual, se conviertan en referentes educativos de los menores y jóvenes sustituyendo eficientemente a sus progenitores y docentes. En este momento, hay una lucha de poder entre la industria pornográfica y quienes defendemos una educación sexual profesional y rigurosa, para ver quien ocupa ese espacio. ¿Y que defendemos?, el derecho de todo niño/a a recibir una sólida educación sexual y afectiva desde la educación primaria hasta la universidad, a través de una ASIGNATURA OBLIGATORIA, impartida por docentes cualificados y motivados.

Ya sé que esto es, hoy por hoy, un anhelo imposible, pero es la conclusión que saco después de más de cuatro décadas de experiencia. Y mientras esperamos a que eso suceda, la pornografía gana por goleada y seguirá creciendo sin control en los próximos años, exprimiendo al máximo los avances tecnológicos que supone la IA. Y esto no sale gratis.

La industria de la pornografía, en especial aquella que incluye y promueve la violencia sexual, sigue su camino, expandiéndose por todo el planeta, en una sociedad pornoviolenta que la he descrito aquí. Es un negocio extraordinario como señalo en este artículo, al que no le interesa la salud de menores y jóvenes, ni tampoco su educación. No espera. Se adelanta a cualquier edad. Da igual que sean 5 o 6 años. Está presente en cualquier lugar donde recalan niños y niñas como los videojuegos, las aplicaciones de mensajería o las RRSS. Impacta de primeras, excita y da placer. Gratis. Por eso engancha tan fácilmente. Con ese currículo, es francamente difícil frenar ese crecimiento exponencial.

En un entorno de creciente hipersexualización, con plataformas como OnlyFans que progresan sin parar, que cuentan con un soporte publicitario gratuito de multitud de Youtubers, Streamers, entrevistadores con podcasts e Influencers variopintos, que le hacen un trabajo impagable -porque la gran mayoría no reciben nada a cambio que no sea una fama efímera- albergando el sueño de vivir de esa actividad a la que dedican muchas horas durante su vida. Ilusos, porque la inmensa mayoría de ellos son, en realidad, esclavos que trabajan gratuitamente para la industria tecnológica y pornográfica.

No olvidemos que OnlyFans y otras RRSS como Instagram, son el nuevo caladero de la prostitución y la trata, tal y como advierto aquí.

En este contexto de generalización y normalización del consumo de pornoviolencia, resulta muy difícil conseguir avances significativos en la educación sexual de la chavalería, pero también de sus progenitores y docentes. Vengo diciendo desde hace décadas, que tenemos que competir con ella, adelantándonos. Utilizando todos aquellos recursos disponibles cuanto antes. Ofreciendo una capacitación específica para que, cuando los niños y niñas la vean, que la verán, sí o sí, puedan decidir no exponerse y rechazarla. Que afirmen convencidos: yo no quiero ver eso, no me interesa, me hace daño, maltrata a las personas, las deshumaniza… yo no quiero colaborar con esa industria sin ética.

Tenemos que reconocer que TODOS los niños y la MAYORÍA de las niñas, van a ver porno y que, de no intervenir con eficiencia, van a creer que lo que ven en su móvil es lo normal y lo aceptable. Defiendo que la pornografía está modificando las pautas de conducta sexual de esta generación, como señalo en estos dos artículos y en mi libro ¿Hablamos de porno? La adicción a la pornografía es hoy por hoy una de las pandemias que esta nueva realidad está creando silenciosamente, como he señalado en mi ponencia inaugural en las III Jornadas sobre Pornografía y Violencia sexual que la Universidad Rey Juan Carlos organizó en Noviembre en Madrid.

Es verdad que el poder de estas corporaciones planetarias es inmenso y que es una pelea ardua caracterizada por el desequilibrio de las fuerzas de los contendientes. Pero es lo que hay. Va a seguir existiendo, como la industria del alcohol, de las drogas… o de cualquier otra empresa con sus lobbies, que son muchísimas, que gane dinero con las vulnerabilidades humanas. Y van a seguir utilizando los avances tecnológicos para engrosar los bolsillos sin fondo de sus accionistas. Los cambios que va a producir la IA van a ser brutales. Y habría que estar preparados para cuando eso ocurra, que ya está ocurriendo.

Si quieres saber que pienso sobre qué hacer con la pornografía, aquí tienes un artículo y aquí otros dos.

Por otra parte, aunque de la mano de lo que comento, asistimos impasibles a la generalizada adicción a las pantallas, que han creado las grandes corporaciones tecnológicas, como comento en este artículo.

No nos engañemos: estaba previsto que así fuera, ya que habían invertido miles de millones en el diseño de esos dispositivos, con el objetivo prioritario de conseguir ese enganche espectacular de pequeños y grandes. El resultado es que, los dueños de estas entidades, año tras año, figuran entre los primeros en el ranking de personas que más dinero ganan en todo el mundo. Dividendos obscenos a costa de la salud de muchos millones de personas a escala planetaria.

Se han comprado smartphones a tutiplén -y se cambian cada poco por el último modelo de singulares y novedosas prestaciones- pensando que era una buena decisión, porque las ventajas, nos decían, eran extraordinarias ya que iba a mejorar la vida de todos/as, con nuevos puestos de trabajo más creativos, que íbamos a disponer de mayor tiempo libre para disfrutar…Menuda milonga.

Lo cierto es que hemos consentido, embaucados e ilusos, participar en un experimento planetario, que en realidad no ha sido más que un negocio impresionante, cuidadosamente diseñado por laboratorios de conducta con inversiones sin límite y sin ningún control ético. Porque, basándose en los conocimientos de la Psicología y la Neurociencia, se plantearon inicialmente la hipótesis: ¿Cómo podemos conseguir que las personas estén pegadas a la pantalla el mayor tiempo posible?

Y lo han conseguido. No hay ninguna duda. Les ha salido redondo. Además, la sofisticada publicidad se mete por cualquier rendija con el único propósito de que seamos consumidores compulsivos, adictos a las pantallas y sin pensamiento crítico, es decir que lo hagamos sin rechistar.

De hecho, para algunas familias, el asunto de las pantallas, se ha convertido en el tema de discusión estrella en los hogares. Desde mi experiencia de décadas con papás y mamás, observo algunos cambios en las preocupaciones de estos progenitores, entre los que destacaría:

a) Si le hablo de sexo y pornografía pronto, ¿no estaré incitándoles a consumirla?

b)¿Hasta qué punto los padres tienen derecho a no respetar la intimidad en los móviles de sus hijos menores?

c) ¿Cómo podemos prevenir los crecientes trastornos en la salud mental de los jóvenes?

d) ¿Cómo podemos afrontar con éxito las broncas diarias en casa sobre el uso del móvil?

e) ¿Cómo podemos gestionar la exigencia constante de los hijos/as, respecto a quitar el control parental de los dispositivos?


Frente a todo este poderío, la tarea de los padres y madres, sensibles a esta problemática y responsables en la mejoría de la situación en la que viven, es enorme, porque se encuentran con una gran desidia por parte de la mayoría social y, salvo excepciones, la inacción de los responsables de las políticas educativas y sanitarias.

Las grandes corporaciones y empresas de Internet que ganan, obscenamente, cuantiosas sumas aprovechándose de las vulnerabilidades humanas, diseñando intencionadamente productos tecnológicos como el smartphone, que generan adicción, pasan la pelota a “la responsabilidad de cada cual”, y eluden la suya. Ha habido algunas denuncias contra Meta, incluso una condena reciente, pero creo que es puramente testimonial, condenas que serán recurridas por bufetes de abogados prestigiosos que siempre ganan las contiendas o, en todo caso, las multas suponen un porcentaje irrisorio de sus beneficios anuales.

Por tanto, a mi modo de ver, es la familia la que debe liderar la iniciativa. Sin embargo, la inmensa mayoría no quiere creerse lo que les contamos quienes llevamos muchos años estudiando este fenómeno. Creérselo supondría intervenir YA…y eso conlleva un sacrificio que una buena parte no está dispuesta a hacer, porque hay que reconocer que estamos hablando poco menos de un esfuerzo titánico. Supone hablar permanentemente, acompañando al pequeño/a, en un tema sobre el que no hay un dialogo normalizado desde hace siglos. Significa conversar sobre aquellas cuestiones que son las que en realidad les interesan a chavales y chavales: placer sexual, conductas sexuales, valores, mutuo acuerdo… que son los que más vergüenza, taquicardias y sofocos producen en los progenitores.

“A mi hijo eso no le interesa”, “Es muy majo”, Solo le importan los videojuegos”, “Es muy infantil” … Eso me dicen con demasiada frecuencia cuando estoy con papás y mamás, como los que aparecen en la serie Pubertat, mientras que sus hijos ven e intercambian vídeos sexuales de personas amputadas. O los jóvenes que aparecen en la docuserie Generación Porno que cuentan el contenido de brutalidad extrema que ven, que les excitan y con los que se masturban. O los padres del protagonista de la serie Adolescencia, que asesinó a una compañera del cole, que se preguntaban: ¿Qué hacía nuestro hijo, todo el tiempo, solo en su cuarto, con el ordenador?

¿Qué hacía? Pues goglear, conversar, preguntar, hablar, aprender… con la pantalla, a través de influencers, webs o plataformas varias, incluso utilizar la IA como confidente…  todas ellas posibilidades y ofertas que le ofrece generosamente su smartphone. La mirada cara a cara de una relación real, se ha sustituido por la pantalla omnipresente a la que se se le ha dado todo el poder y en la que se confía ciegamente. Hay plataformas que ofrecen novias virtuales que ponen los pelos de punta. O consultas psicológicas, o médicas que son respondidas por “robots” creados por la IA. Terrible porque incluso le pueden dar instrucciones precisas de cómo suicidarse.

Ya no se trata tanto de regular cuantas horas pasan nuestros hijos en las pantallas, sino qué tipo de vínculos afectivos y emocionales establecen con ellas.

Digámoslo claramente: la mayoría social considera que hablar de estos temas íntimos, además de verlos en la lejanía, no solo no es prioritario, sino que es contraproducente hacerlo, ya que tal cosa “incentivaría” conductas sexuales inapropiadas en sus vástagos.  

Es descorazonador que, como botón de muestra, en un centro escolar de 500 familias, la Asociación de Padres y Madres del cole organice una actividad formativa para familias sobre el impacto de las pantallas o el consumo de pornografía, y acudan 9 mamás, ningún papá (porque los asuntos educativos son responsabilidad en buena parte de la mamá) y algunas se vayan antes de tiempo, porque tienen que atender asuntos domésticos. Efectivamente hay otras prioridades en la TV, en Internet o en las RRSS, frente a la formación y a los conocimientos sobre la educación familiar.

Es desolador comprobar que programas como “La isla de las tentaciones” o similares del cotilleo y despelleje, tengan índices de audiencia estratosféricos.

En este momento, a pesar “de la que está cayendo”, la formación de las familias no es una cuestión preferente en nuestra sociedad. Ni la prevención de las consecuencias que conlleva el uso generalizado, sin control ni capacitación, de las pantallas. Ni la exposición a la pornografía violenta como forma de buscar respuestas a todas las preguntas sobre sexualidad que comportan los aprendizajes de los hechos sexuales.

Y, como no podía ser de otra manera, el toro nos acaba pillando. Ocurrió con el SIDA, con la COVID-19, con el aborto… pero también con los incendios o los desastres naturales como las inundaciones, por citar algo cercano. “Ya, si eso…lo dejamos para más adelante” porque los temas afectivos y sexuales se dejan para otro momento más oportuno…que nunca llega.

Mientras, cuando trabajas con chicos y chicas, te das cuenta de la brecha tan enorme que hay en estos temas entre padres/madres y sus hijos/as. Son dos líneas paralelas. Dos mundos distintos. Es cierto que, esto que comento, no es nuevo ya que todas las generaciones anteriores han tenido una realidad similar y, a pesar, de las graves consecuencias que han vivido una buena parte de ellos/as en sus propias carnes, se sigue repitiendo, generación tras generación. Pero no hay que olvidar un hecho incuestionable y determinante: hace 30 años no había Internet y esta circunstancia lo ha trastocado todo.

Creo que, en la mayoría de las familias y centros educativos, se sigue mirando para otro lado. Son muy pocos papas y mamas los que reconocen esta realidad (en torno al 15% según algunos estudios) y quizá menos los que se comprometen decididamente a ofrecer resistencia a la presión de tener un móvil y ofrecer soluciones al aprendizaje de los hechos sexuales que no sea la pornoviolencia.

En los centros educativos la realidad es aún peor porque hay otros intereses y presiones variopintas. Opino que son muy pocos docentes los que realmente están comprometidos en dar respuestas eficientes a estos graves problemas de la sociedad actual que hace poco tiempo no existían.

En determinados centros, el tema es solventado invitando a alguien externo al colegio de algún movimiento social o profesionales variopintos, en ocasiones sin la preparación debida, a una charla de dos horas y asunto resuelto. Pero: ¿Qué influencia tiene una charla de dos horas sobre sexualidad en un grupo de adolescentes que consumen cientos de horas de vídeos pornográficos de una brutalidad extrema?

Y yo, iluso de mí, vengo proponiendo, desde hace décadas, una asignatura obligatoria en todos los centros educativos, desde primaria a la universidad, que garantice el derecho de todos los niños y niñas a una educación sexual científica., como señalo aquí. Soy consciente de que es un anhelo imposible a medio plazo, en el supuesto siempre de que hubiera una sintonía de los poderes públicos con esta idea.

Porque seamos claros: Prácticamente la totalidad de los jóvenes verá porno antes de los 20 años. Según algunos estudios, una parte importante consumirán entre 1000 y 5000 horas de estas películas sexuales, vídeos de los que, la inmensa mayoría, tiene contenido de violencia sexual de diferentes modalidades y dosis.

Estas películas pornoviolentas, en el contexto señalado, constituyen, en mi opinión, un modelo de conducta sexual que chicos y chicas seguirán en sus relaciones sexuales, particularmente en las primeras, porque carecen de otro modelo alternativo, radicalmente diferente al que propugna esta cosmovisión que tiene como protagonista a la violencia sexual, en la medida en que no han tenido una educación sexual científica y profesional, que podría compensar o equilibrar ese aprendizaje audiovisual.

Además, con un cerebro en construcción, chicos y chicas están configurando todo aquello que tiene que ver con las relaciones afectivas y sexuales, validando como normal lo que ven en la pantalla, que les excita y da placer, porque es el único camino que tienen en la búsqueda legitima y necesaria de respuestas a sus intereses sexuales. La construcción del concepto, del sentido y significado de la sexualidad y de los afectos, es crucial en este momento evolutivo y la sociedad les ha dejado a los pies de los caballos del porno.

Sostengo que esta generación Z está atravesada por la violencia sexual y por las nuevas adicciones (y por las viejas a sustancias que no han desaparecido, sino al contrario, han aumentado) conductuales.

Teniendo en cuenta los efectos en la salud y en las relaciones de este consumo generalizado, avalados por muy diferentes investigaciones y estudios científicos, cabe predecir que vamos a tener una generación con diversos y novedosos problemas de salud sexual, afectiva y relacional, de los que los siguientes, constituyen algunos ejemplos:

I.          Las apuestas (presenciales y online): juegos de azar, bolsa, criptomonedas, deportivas…

II.         Adicción a los videojuegos.

III.        Compras compulsivas. 

IV.        Pautas y retos virales nada saludables que imponen las RRSS que afectan a autoestima corporal, modas, trastornos alimentación, conductas autolíticas, suicidio…)

V.         Sexting, Grooming, ciberacoso…

VI.        Efectos de influencers, en consumo constante, incluso de sustancias como el tabaco o el alcohol y promesa de grandes ingresos.

VII.       Deterioro mental por sobreexposición digital.  Soledad, frustración.

VIII.      Violencia sexual en las RRSS y en la realidad.

IX.        Bebidas energéticas. Vapeadores.

X.         Consumo de pornografía violenta.

Nuevos tiempos de Internet, que vienen acompañados de nuevos problemas y riesgos de salud que hay que afrontar de manera decidida y valiente, basándose en la evidencia científica, tanto en la prevención como en la atención clínica, pero así mismo con mentalidades abiertas y positivas. Y tesón, mucho tesón.

La única alternativa en este momento, en lo que a la familia concierne, es la capacitación específica, cuanto antes mejor y, desde luego, antes de entregarle un smartphone, acompañando a los/as pequeños/as a lo largo de su infancia y de adolescencia. Pero antes de ello papas y mamás tienen que formarse.

 Creo que nos encontramos ante un desafío extraordinario al que debemos prestar mucha atención, so pena de ser engullidos por el tsunami que se avecina.

2 comentarios en “PANTALLAS, PORNOVIOLENCIA Y SALUD ¿DÓNDE ESTAMOS Y A DONDE VAMOS?”

  1. Hilario Francisco Domínguez Marrero

    Buenas tardes José Luis. He leído detenidamente tu artículo. Absolutamente deacuerdo contigo e ntodas tus certificaciones de la actual realidad Afectivo-sexual.
    Yo también observo una decepcionante retracción y retiro de docentes de los centros educativos. El nivel de analfabetismo de padres y madres que saben leer y escribir ✍️ me resulta obsceno; analfabetismo contemporáneo que se describe como una incapacidad para su crecimiento intelectual en autoreflexión, valores saludables, expresión emoción y acompañamiento y, por extensión, abandono de su prole en el cuidado crítico de sus habilidades humanas intrínsecas.

    1. José Luis García

      Hola Hilario, creo que asistimos a un retroceso significativo en todo lo que sea conocimiento científico, curiosidad intelectual y pensamiento de critico… a nivel planetario. Son los tiempos que vienen. Un abrazo.

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