¿PEDÓFILO o PEDERASTA? (I): Las conductas sexuales parafílicas.

¿Sabías que una universidad pública, como la Rey Juan Carlos de Madrid, ofrece en primicia mundial un curso de formación con título propio: “Experto/a en Prevención de los Efectos de la Pornografía en la Salud Afectivo-Sexual”, para postgraduados, con una duración de 60 horas lectivas y con un plantel de profesorado de primer nivel?

Ya hemos comenzado la segunda convocatoria y haremos más, dada la excelente acogida. Si quieres saber más, clica aquí.

Introducción 

En las actividades formativas y de divulgación que llevo a cabo, con diferentes grupos de adultos y jóvenes relativas a las agresiones sexuales a menores y el consumo de pornografía violenta, suelen preguntarme a menudo, por los términos que titulan este artículo, razón por la que me propongo en las líneas que siguen, aproximarme a estas dos realidades de la conducta sexual humana.

En RRSS es muy habitual que surjan estas preguntas vinculadas a las agresiones en este sector poblacional.

Atendiendo a este interés, he escrito diferentes artículos sobre tal cuestión, que puedes leer aquí.

También en mi programa Tus hijos ven porno y en otros libros he abordado este tema como, por ejemplo, en un manual sobre sexualidad y discapacidad intelectual publicado en el año 2000, un extenso texto en el que profundizo en la cuestión de los abusos sexuales.

Más en concreto y por sus vínculos con el consumo de pornografía, propongo una actuación específica en el núcleo familiar en mi libro ¿Hablamos de porno?

¿Por qué escribir sobre ello? Primero porque es una cuestión sobre la que pesa todavía un gran tabú, segundo tiene relación estrecha con la salud de las víctimas, tercero, porque observo algunas confusiones sobre estos dos trastornos del comportamiento sexual, que pueden englobarse dentro de los también denominados comportamientos parafílicos, cuarto, porque es necesario visibilizar este problema para prevenir las dramáticas consecuencias que comportan para las víctimas menores agredidas y quinto, evitar delitos y sufrimientos en diferentes ámbitos.

Por tales razones creo oportuno detenerme en este asunto, incorporándolo a mi blog, de una manera más específica, pensando que, tal vez, pudiera ser de utilidad a algunos de mis seguidores/as, dedicando CUATRO breves artículos con ese carácter divulgador con el que llevo escribiendo desde hace más de 4 décadas. Insisto en este carácter de divulgación destinado al gran público.

En cualquier caso, amable lector/a, se trata de un tema cuya lectura o debate puede provocar reacciones emocionales importantes, por lo que me permito hacértelo notar previamente.

Lo cierto es que, con demasiada frecuencia, los medios de comunicación informan de detenciones de diferentes pedófilos y pederastas de todas las edades, circunstancia que también se hace extensible a las víctimas, a veces bebés. Un botón de muestra: el 23 de enero de 2024 la policía detiene en Tenerife a un depredador sexual con fotos de más de 70 menores, de los que se habrían identificado a nueve víctimas. El agresor, que trabajaba en el ámbito educativo, captaba a sus víctimas a través del ‘grooming‘ en la comunidad gamer, con un modus operandi muy conocido. El consumo y la compartición incluso venta de estos materiales de explotación sexual infantil (MESI) es en estas personas muy significativo.

Cabe hacer notar que, en mi opinión, consumir y compartir MESI es una manera de contribuir al incremento de la explotación sexual infantil, legitimándola o, si se prefiere, es una forma moderna de esclavitud sexual infantil. Hay que hablar con claridad sobre este asunto y llamar pan al pan y al vino, vino.

En otras detenciones, de las que las fuerzas de seguridad han informado más en detalle, se han encontrado cantidades ingentes de imágenes sexuales de menores y vídeos de pornografía infantil, que suelen tener elevadas dosis de brutalidad sexual. Curiosamente estos detenidos, muy a menudo, utilizan la argumentación de ser adictos a la pornografía como eximente en los procedimientos judiciales que se les incoan. Y luego hay quienes niegan los efectos del consumo.

En cualquier caso, no hay que olvidar que habría un grupo de hombres, cuyo número desconozco porque es imposible cuantificar que, con el fin de satisfacer esa atracción, ese vigoroso deseo sexual por niños y niñas, es decir violarlos, pueden raptarlos, engañarlos, comprarlos e incluso en algunos casos llegar a matarlos. Es sabido también que los grandes asesinos y depredadores sexuales eran consumidores habituales de pornografía.

Hace algún tiempo publiqué algunos posts en RRSS sobre este asunto y, como era de esperar, provocaron controversia porque es otra cuestión que, claramente, polariza las actitudes y opiniones de las personas y de diferentes grupos sociales. Otra de tantas, cuando se pone el foco en contenidos sexuales, como ocurre con el consumo de pornografía, el aborto, la prostitución, la orientación sexual o cualquier otra temática que tiene como rasgos esenciales, aglutinar los puntos de vista ideológicos en opciones extremistas.

Como bien sabes amable lector/a, las cuestiones que tienen que ver con el estudio e investigación de la violencia sexual, el consumo de pornoviolencia y su relación con la prevención a través de la educación sexual, me interesan desde hace muchos años, -de ahí que las películas sexuales pornoviolentas (PSP) término que prefiero al de pornografía, sea el fenómeno más significativo de mi atención- y, por tal circunstancia, he escrito diferentes aportaciones en estas mismas páginas. El impacto de las RRSS en las conductas de pedófilos y pederastas también las señalé aquí.

A pesar de que abordar este hecho pueda repugnar a no pocas personas, lo cierto es que existen adultos, probablemente un grupo muy numeroso que, a mi juicio es creciente, que sienten una peculiar y poderosa atracción sexual por niños y niñas y que una parte importante parecen llevarla a cabo.  Algunas estimaciones indican una prevalencia del 3 al 5 por ciento de población general. Se da en todos los estratos sociales, preferiblemente en contextos afectivos cercanos a las víctimas, que las hace más vulnerables aún.

Muchos de los estudios consultados indican una brecha de sexo muy significativa. Es el caso de una investigación con niños y niñas finlandeses víctimas de violencia sexual, de 11 a 17 años se encontró que, alrededor del 85% de las víctimas, fueron niñas. En casi dos tercios de los casos, el delincuente era un pariente, amigo o alguna otra persona conocida, mientras que, en más de un tercio de los casos, el delincuente era desconocido para la víctima.

Se constata pues, como en otros estudios, que la mayoría de las víctimas son niñas y la mayoría de los agresores son hombres. También hubo una diferencia de género en la divulgación de las experiencias. El 21% de las niñas y el 45% de los niños informaron que no le habían contado a nadie sobre sus experiencias. En otros estudios parece que los niños tienen muchas más reservas para contar esas experiencias dramáticas, con lo que las consecuencias adversas se incrementan para ellos, ya que la idea de que los agresores son los hombres está muy extendida y ellos van a tener más dificultades a la hora de reconocer esos hechos y comunicarlos. Este hecho no suele ser tenido en cuenta y perjudica mucho más a los niños. Además, una agresión sexual a un niño no conlleva un riesgo de embarazo.

Las víctimas informaron vergüenza y miedo, desconfianza hacia los adultos e incredulidad de que la divulgación sería útil, como razones para no revelar sus experiencias.

Llevo advirtiéndolo desde hace años: el consumo precoz y abusivo de pornografía violenta está transformando las conductas sexuales de nuestros jóvenes, afectando a toda una generación. Ahora, una investigación de la Universidad de Barcelona ofrece datos reales de esos cambios. Enhorabuena a los/as investigadores/as

Por ejemplo, se señala que el 2,6% de los jóvenes en nuestro país reconocen haber intercambiado sexo por ‘dádivas’, tanto en chicos como en chicas, hecho que, a juicio de los investigadores, es una forma de «explotación sexual», ya que a cambio se reciben «recompensas, atenciones o dinero». Este fenómeno afecta más a los jóvenes españoles que a los europeos. También se constata que el 17,8% de los jóvenes españoles dicen haber sufrido violencia sexual en el último año: ellas sufren más casos pero ellos, los más graves.

Es sabido que una buena parte de estas agresiones ni se comunican ni, en menor medida, se denuncian. Diferentes entidades sugieren un aumento progresivo de denuncias, si bien parece que siguen siendo un porcentaje pequeño de las agresiones reales. Un informe de Save The Children indica que solo se denuncian, en torno al 15% del total de los casos. La Fundación ANAR constata este aumento de casos de pederastia, tendencia que así mismo se aprecia en los diferentes informes de la fiscalía general del Estado.

En cualquier caso, no conozco un estudio epidemiológico sobre la prevalencia de la pedofilia y de la pederastia, por cuanto este interés sexual hacia menores presenta numerosas dificultades, no solo en conocer los datos empíricos reales de estos trastornos sino, también, en su evaluación clínica, principalmente, la motivación para ocultarlo en contextos forenses. (clica si quieres más información)  Es usual que los agresores de menores, así como los consumidores de pornografía infantil nieguen tener interés sexual hacia los niños.

Por tanto, evaluar este tipo de conductas no es nada fácil, a pesar de que hay varias técnicas, como los autoinformes, la historia clínica, la pletismografía peneana, medidas cognitivas basadas en la latencia de respuesta o las baterías multimétodo.

Con todo, la generalización de este tipo de agresiones parece ser una lamentable realidad. Como botón de muestra, son conocidas las investigaciones en Francia y en España por parte de varios miles de sacerdotes y obispos pederastas de la Iglesia católica implicados en casos de agresiones sexuales a cientos de miles de menores. Es solo un ejemplo, condicionado sin duda, por la trascendencia de la institución implicada y del poder omnipresente que ha tenido a lo largo de la historia. Es muy probable que los casos reales sean muchísimo más numerosos.

He dicho que estos sujetos constituyen un grupo cuyo tamaño seguirá creciendo ¿Por qué? Estimo que, por ejemplo, la facilidad de entablar contactos en las RRSS y en plataformas infantiles, incluidos videojuegos es un factor que, a mi entender, aumenta los riesgos, a tenor de que sus implicaciones en captar y extorsionar a niños y niñas son claras siendo considerados como una línea abierta a la trata y a la explotación sexual, como se sugiere aquí.

Una ONG española, Diaconía, ha descrito los riesgos que comportan en este sentido.   Sobre este punto la Fundación Anar, también ha publicado un informe acerca de los códigos secretos que los menores y los pedófilos utilizan en las RRSS

Una información de la BBC, daba cuenta de “escándalo de pedofilia que afecta a YouTube […] y por el que grandes marcas están retirando su publicidad de la plataforma”. Las recomendaciones del algoritmo de YouTube están facilitando a los pedófilos la capacidad de conectarse entre sí, intercambiar información y poner enlaces en los comentarios. Esta plataforma, a juicio de diferentes expertos, “es utilizada por pedófilos para intercambiar contenido de menores y contactos”.

Un informe de la UE informa advierte que “uno de cada cinco niños sufre alguna forma de violencia sexual, tanto en línea como fuera de línea. Internet ha agravado considerablemente la difusión de abusos sexuales de menores, como consecuencia de lo cual los autores pueden reunirse en línea y compartir instantáneamente vídeos e imágenes de violencia sexual grave contra los niños, a menudo niños muy pequeños”.

Otra investigación de la UE (Plataformas tecnológicas utilizadas por los delincuentes sexuales infantiles en línea) en base a una encuesta a más de 30.000 delincuentes activos de abuso sexual infantil en línea, destacando la absoluta “accesibilidad del material de abuso sexual infantil en línea, predominantemente en plataformas de redes sociales y sitios web de pornografía”, ya que el 77% de los delincuentes lo había encontrado. Un 44% trataron de contactar con un niño después de visionar este material, utilizando generalmente plataformas de cifrado de extremo a extremo para evitar ser descubiertos, según este estudio, Internet está inundado de imágenes de abuso sexual infantil y “solo detectando y ELIMINANDO todas las imágenes de abuso sexual infantil podemos devolverles a las víctimas su capacidad de acción”.

Igualmente sospecho que el consumo precoz y abusivo de pornografía de géneros incestuosos y/o infantiles (MESI)tiene mucho que ver, como indico aquí. En otros artículos de este blog he analizado la estrategia que siguen estos sujetos para conseguir su propósito.

De hecho, el contexto familiar es el lugar donde se encuentran, con más frecuencia, casos de agresiones de esta naturaleza.

Finalmente, la ausencia de una educación sexual profesional y científica desde la educación primaria a la universidad es un factor a mi juicio determinante, que capacite a niños y niñas para reconocer situaciones de abuso y poder denunciarlas.

Dado que la pedofilia y la pederastia son considerados trastornos del comportamiento sexual o  parafilias, dediquemos un par de párrafos a aclarar este concepto.

Una buena parte de los profesionales de la Psicología clínica y Sexología a nivel mundial, siguen los criterios que figuran en los documentos clasificatorios profesionales sobre salud mental, revisados y actualizados periódicamente, conocidos por DSM y CIE, sobre las parafilias, que se caracterizan por variopintas manifestaciones y modalidades. Existen numerosas parafílias.

Voy a obviar la distinción entre las preferencias parafílicas, el comportamiento parafílico y el trastorno parafílico.

Resumiendo, algunos de los aspectos relevantes que esas dos agencias clasificatorias destacan es que, para que se considere parafilia, debe existir un enfoque atípico de excitación sexual y un patrón de excitación recurrente, intenso y persistente durante al menos seis meses. Además, se tiene en cuenta que esta conducta tiene efectos contraproducentes en las víctimas toda vez que involucra inherentemente a individuos sin consentimiento.

La persona puede vivirlo como una “imposición” de esos deseos en su pensamiento que no puede o le resulta sumamente difícil controlar, produciéndose de una manera exclusiva. Además, se tiene en cuenta:

a) La persona tiene que tener un mínimo de 16 años de edad.

b) La relación tendría una duración de 6 meses y

c) Ser al menos 5 años mayor que su víctima.

Para algunos autores, una parafilia es una condición necesaria pero no suficiente para tener un trastorno parafílico, y una parafilia por sí misma no justifica o requiere automáticamente una intervención clínica; de hecho, una parafilia no es un «diagnóstico».

Otros consideran necesaria una intervención en el caso de que existan pensamientos y fantasías de esta naturaleza, dada la dificultad de gestionar esos procesos, al objeto de prevenir conductas que puedan llevarse a la práctica real posteriormente, arruinando así la vida de las víctimas. El caso de la pedofilia es paradigmático porque puede limitarse al visionado de materiales sexuales y fantasear con ellos.

Sin embargo, cuando traspasa los límites de la vivencia individual, la situación cambia radicalmente. En concreto en el DSM-V, lo considera un trastorno en la medida en que está causando angustia o deterioro al individuo y cuya satisfacción implica daño personal, o riesgo de daño, para otros generalmente vulnerables.

En el próximo artículo continuaremos acercándonos a esta problemática.

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