¿PEDÓFILO o PEDERASTA? (II): Qué son y que comportan.

¿Sabías que una universidad pública, como la Rey Juan Carlos de Madrid, ofrece en primicia mundial un curso de formación con título propio: “Experto/a en Prevención de los Efectos de la Pornografía en la Salud Afectivo-Sexual”, para postgraduados, con una duración de 60 horas lectivas y con un plantel de profesorado de primer nivel?

Ya hemos comenzado la segunda convocatoria y haremos más, dada la excelente acogida. Si quieres saber más, clica aquí.

En el anterior artículo, hablamos de algunos aspectos generales de la paidofilia y la pederastia, dentro de las llamadas parafilias o trastornos de la conducta sexual, describiendo los rasgos más relevantes de cada una de ellas. Los psicólogos forenses suelen utilizar diferentes escalas de evaluación (Molest,  identificación, tiempo de latencia…) para este fin.

Hoy prosigo mi aproximación incorporando una definición sobre esos dos trastornos de la conducta sexual, así como una breve referencia al contexto histórico, finalizando con el debate respecto a la orientación sexual.

Como nota aclaratoria diré que, uno de los términos más utilizados para englobar estos comportamientos, ha sido el de abusos sexuales a menores, que ha sido sustituido, en razón de la Ley del solo sí es sí, por el de agresiones sexuales.

Pedofilia

La pedofilia también es denomina paidofilia. Algunos especialistas distinguen entre la pedofilia y la pedofilia adquirida o sobrevenida a determinadas circunstancias traumáticas.  Sugieren así mismo que pueda ser exclusiva o no hacia niños y/o niñas. O compatible con otros tipos de relaciones sexuales. Otros expertos distinguen tres comportamientos diferentes según la edad: la Hebefilia (atracción por púberes de 10 a 14 años), Pedofilia (hasta los 9 años) y Efebofilia (15-19 años).

Desde determinados enfoques psicológicos, la pedofilia se considera un trastorno conductual, con un patrón más o menos estable en el tiempo, cuando personas mayores de 16 años tienen conductas, fantasías, pensamientos recurrentes o deseos intensos en la esfera sexual, con niños en etapas prepuberales por un periodo de tiempo superior a seis meses y que puede ser vivido por el sujeto con diferente grado de ansiedad y preocupación. Para el pedófilo, el niño o la niña, sería un motivo de atracción sexual bien a través de fotos, vídeos u otros materiales evocadores de fantasías que estimulan la excitación sexual y/o la masturbación.

Tiende a considerarse que un pedófilo con la ayuda psicológica adecuada podría no traspasar el límite de convertirse en un delincuente y violar a un menor. Por tanto, requieren ayuda profesional para poder afrontar sus deseos sexuales y no traspasar ese límite de dañar, a veces irremediablemente, a un menor vulnerable. Desde esta perspectiva se aceptaría, ya que no todos ellos cometen abusos contra menores, que la pedofilia es un trastorno, no un delito. Luego veremos que hay quienes no lo consideran trastorno.

Sin embargo, para algunas organizaciones “un pedófilo es un agresor que se acerca a tus niños de forma amable y seductora; sin tratamiento, se ha de convertir en un pederasta”.

Pederastia

Tradicionalmente, la pederastia se ha asociado con la homosexualidad y se la ha conocido también con el término estupro, concepto más legal si bien esta consideración jurídica varía en cada país, tanto en lo concerniente a la edad, como al concepto de consentimiento. ¿Un menor puede consentir? ¿Se consideran las diferentes y extraordinarias “presiones” a las que, muy a menudo, pueden ser sometidos para que acaben consintiendo? En mi opinión, un menor nunca puede consentir.

Si bien los niños/as son su elemento común, la diferencia con la pedofilia es que para el pederasta el objetivo es obtener satisfacción sexual instrumentalizándoles de diferentes maneras. Los medios de comunicación informan a veces de casos dramáticos de bebés agredidos con crueldad y de la incautación de materiales pornográficos de barbarie sexual en ambos comportamientos.

Es un caso claro de violencia sexual, perpetrado por un adulto, aunque también puede ser puede ser por otro joven de mayor de edad, o en algunos casos inferior, (por ejemplo en el colectivo de discapacidad o en el de trastornos mentales) que va contra la voluntad del menor, que puede comportar agresión física o de otro tipo (visionado de pornografía, exhibicionismo o sexting, por ejemplo), utilizando fuerza física, uso de sustancias, amenazas, chantajes u otras formas de coacción.

Las prácticas sexuales que utilizan o promueven estos sujetos pueden ser, entre otras, uso de material pornográfico para excitar/enseñar al menor, realizar material pornográfico con el/la menor, caricias sexuales explícitas, conductas de exhibicionismo o prácticas de penetración oral, anal y vaginal.

Un estudio reveló que el 15% de hombres entrevistados, podría “pasar a la acción” es decir convertirse en pederasta, violar a un niño/a, si tuviera la seguridad de que no iba a ser descubierto. La investigación realizada por el instituto Childlight de la Universidad de Edimburgo en la que participaron 4.500 hombres de Reino Unido, Australia y Estados Unidos, pone de manifiesto tendencias alarmantes en el abuso de menores, ya que “millones de hombres tendrían contacto sexual con una criatura si estuvieran seguros de que nadie lo iba a descubrir”.

Concluyendo, en mi opinión, si bien ambos son trastornos de la conducta sexual y entran dentro del amplio grupo de conductas denominadas parafilias, el paso a la acción es determinante, por lo que un aspecto muy relevante estribaría en la “oportunidad” de traspasar la línea entre la fantasía y la realidad. La inmensa mayoría son varones. Las víctimas pueden ser niños y niñas, aunque parece que ellas tienen un mayor riesgo de ser agredidas.

Las agresiones/violaciones a menores existen desde muy antiguo, incluso en algunas culturas han gozado del beneplácito social, fomentándose en las clases más pudientes y consideradas. Las desigualdades sociales y las que existen entre hombres y mujeres, junto a la utilización del poder en todas sus formas, para satisfacer los impulsos sexuales con los más débiles, así como la falta de reconocimiento de los menores como sujetos de derechos son, en mi opinión, tres elementos estructurales que los han favorecido. Hay más variables y factores, claro, de las que he hablado en otros artículos de este blog. Lo que es indudable es que amplios sectores de menores han sido maltratados sistemáticamente a lo largo de la historia de muy diversas formas y maneras.

Decía David Finkelhor, un referente de la Psicología en estos temas, que Los niños son, posiblemente, las personas más victimizadas de los delitos de nuestra sociedad“.

Incluso hay culturas en las que los niños y niñas se venden ora para matrimonios forzados entre hombres adultos y niñas, ora para obtener beneficios económicos, siendo raptados y/o engañados por mafias de trata de personas. Las guerras, las catástrofes humanitarias y de otra naturaleza, son entornos donde suele producirse esta lacra inaceptable en una sociedad civilizada donde se defiende el respeto de los derechos humanos más elementales. Con todo, la agresión sexual a un menor, por sus efectos adversos a corto, medio y largo plazo, constituye a mi entender, una de las formas de maltrato más crueles a las que se someten a los infantes.

En la actualidad, el delito de agresión sexual está tipificado en los artículos 170 al 180 del código penal.

Por otra parte, el concepto de delito sexual o el de conducta sexual normal ha experimentado cambios muy significativos a la largo de la historia, como se indica aquí. Como botón de muestra cabe decir que, hasta hace muy poco, la conducta homosexual era considerada una desviación, una patología, delito y una conducta inmoral.

En mi infancia, el temible “hombre del saco” que ofrecía caramelos para secuestrar y violar a niños y niñas, se ha trastocado en otros muchos y novedosos modos y maneras de hacer lo mismo. Pero no solo en la calle, ya que la agresión podría producirse en la catequesis, en las clases de gimnasia, en el vestuario del equipo deportivo, o en cualquier otro lugar. Sin embargo, los escenarios se han ampliado sensiblemente, porque la supervisión paternal ha disminuido y no se ha acompañado la compra generalizada de dispositivos electrónicos a niños y niñas, con una adecuada capacitación.

  Internet, como botón de muestra significativo, por ejemplo, ha abierto un amplio abanico de riesgos a este respecto. Desde la pantalla de su Tablet o móvil, cualquier niño/a tiene la posibilidad de conocer, interactuar y quedar con desconocidos, expertos en manipular y chantajearles con las técnicas más sofisticadas. Las 24 horas del día. El aumento de los riesgos, por una mayor exposición durante y después de la pandemia ha sido un hecho aceptado que, sin embargo, se ha descontrolado y parece no tener límite.

Se sabe que, en las RRSS, en particular IG y TikTok, existen diferentes códigos con letras y palabras, o con hashtags específicos, que son utilizados por pederastas y pedófilos para solicitudes sexuales a los menores y que, de ese modo, circunvalan los eventuales controles de los padres y madres, muchos de los cuales no se enteran de lo que está pasando. Luego lo veremos.

Creo que una parte importante de los menores, por razones neurológicas y por falta de capacitación específica, ente otros muchos factores, desconocen los riesgos a los que se exponen y ante los que carecen de las habilidades para gestionar adecuadamente estos desafíos. Ellos/as y sus padres/madres, que ni se los imaginan… o no quieren hacerlo, porque ello supondría tomar decisiones y asumir responsabilidades.

En cualquier caso, los peligros acechan en cualquier ámbito, incluyendo la propia familia y/o entorno afectivo cercano para los pequeños/as que, según numerosos estudios, son los entornos donde se cometen este tipo de agresiones sexuales con mayor frecuencia. Esta es una razón, creo yo, para que se oculte para no hablar , investigar y diseñar programas de prevención realistas y eficientes. Es un tema que molesta al igual que lo que acontece sobre los abusos en centros de menores: quienes deben protegerles no lo hacen.

El estudio de Save the Children publicado en 2023, subraya que el 80% de las agresiones sexuales contra los/as menores, el agresor es una persona conocida de ellos/as, es decir del entorno familiar cercano.

Es sabido las constantes denuncias contra algunas RRSS, en particular IG y TikTok, donde no debería haber ningún menor con cuenta personal, por promover directa o indirectamente materiales pedófilos. Una de las más impactantes descubierta por empleados de META, (empresa matriz de Facebook e Instagram) se refiere a que las cuentas de menores gestionadas por sus padres propiciaban contenido de pago a una audiencia masculina.

Hay varios casos de empleados que se han dado de baja en este tipo de empresas por los problemas que se derivan de este tipo de contenidos y no poder soportar el impacto emocional de supervisarlo. Por ejemplo, el caso de Lotte Rubæk, psicóloga especialista en suicidio y conductas autolíticas, dimitió de su cargo, por el desinterés de META en estas cuestiones  y de no tener en cuenta los criterios profesionales  sobre los efectos adversos de Instagram para menores y jóvenes ya que priman por encima de cualquier otra cosa los ingresos económicos. La noticia puedes verla aquí.

De hecho, el CEO de esta poderosa empresa, Mark Zuckerberg (matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp) pedía perdón públicamente, nada menos que en el Senado de los Estados Unidos, a las víctimas de abuso sexual y a sus familias, allí presentes. Lagrimas de cocodrilo, porque son los negocios y los suculentos dividendos los que dirigen estas plataformas.

Sin embargo y por fortuna, parece que la sociedad rechaza cada vez con más contundencia, a tenor de la alarma social que suele generar este tipo de delitos y el tipo de victimización que se produce, particularmente en los casos de violación y pederastia en menores. Echo de menos un interés similar en promover medidas educativas encaminadas a capacitar a los menores.

La perspectiva legal es así mismo muy relevante en este tema. Tanto el tratamiento legal que se ofrece a los condenados en lo referente a las penas, ya que parece que, en ocasiones, violar a un menor sale gratis, como en los programas de rehabilitación de agresores y, lo que es muy importante, medidas de prevención para los que pueden serlo potencialmente.

Esta es una cuestión central porque hay diferentes posiciones y criterios. La Asociación Americana de Psiquiatría, no considera la pedofilia una orientación sexual. En un comunicado señala que” apoya firmemente los esfuerzos para enjuiciar penalmente a aquellos que abusan y explotan sexualmente a los niños y adolescentes. También apoyamos los esfuerzos continuos de desarrollar tratamientos para las personas con trastorno pedófilo con el objetivo de prevenir futuros actos de abuso”.

Sin embargo, uno de los estudiosos más conocidos en este tema es James M. Cantor, un psicólogo clínico y sexólogo canadiense, especializado en hipersexualidad, adicción al sexo (estableciendo una variedad de conductas adictivas sobre ese extremo) e intereses sexuales atípicos, sostiene que la pedofilia es inmutable y que tiene una base genética: estas personas nacen así. En sus estudios, distingue varios tipos de pedofilia y destaca diferencias biológicas de los cerebros de pedófilos y no pedófilos.

Una de sus afirmaciones más conocidas es: ser pedófilo no se puede elegir, en cambio si se puede elegir ser pederasta.  A su entender los pedófilos que cometen delitos sexuales contra niños “lo hacen cuando se sienten más desesperados, cuando no tienen nada que perder”.  En consecuencia, estas personas que desean a niños y niñas, que (todavía) no les han agredido sexualmente, deben recibir apoyo profesional de carácter preventivo.

En su opinión, una persona no elige ser pedófilo “y a pesar de todo tipo de tratamiento que se ha intentado durante un siglo, no se ha demostrado que nada pueda cambiar a estas personas de pedófilos a no pedófilos”.

A mi modo de ver, resulta difícil aceptar que es una orientación sexual más, poniéndola al mismo nivel que la homosexualidad o la heterosexualidad, estableciendo una etiología genética determinante, sin considerar el impacto del entorno y del aprendizaje.

También es preciso advertir que existen numerosos y variados delitos sexuales y no todos son realizados a cabo por personas con parafilias. Igualmente hay que tener mucho cuidado en asociar todos los trastornos de la conducta sexual con delitos. En este sentido un interesante resumen comparativo del concepto de trastornos sexuales entre el DSM V y el CIE-10 puede verse aquí. Otro trabajo interesante de la evaluación del interés sexual hacia menores es este.

El MAP

En mi libro Tus hijos ve porno 1, ¿Qué vas a hacer, publicado en 2020, citamos un movimiento social a nivel mundial denominado MAP(Minor Attracted Person (“Persona atraída por menores”), cuya finalidad es que se apruebe la pedofilia, que sea una orientación sexual legal y, consiguientemente, se remueva de la lista de trastornos mentales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del DSM-V. Para este movimiento no habría límite de edad en el consentimiento sexual y, por tanto, no habría agresiones sexuales a menores, ni tampoco la pornografía infantil sería un grave delito. Confiamos en que nunca se produzca tal pretensión.

Sin embargo, hay otras iniciativas legales preocupantes. En California un proyecto de ley eximiría del registro obligatorio bajo la ley a “una persona condenada por ciertos delitos que involucran a menores si la persona no es más de 10 años mayor que el menor y si ese delito es el único que requiere que la persona se registre”. Es decir, que se puede tener relaciones sexuales con un menor y no hay por qué registrarse como delincuente sexual.

Estas iniciativas parecen tener vínculos con determinados colectivos vinculados a LGTBQIA+ y el movimiento queer.

Este movimiento es muy poderoso y tiene diferentes y potentes estrategias de acercamiento a los menores, algunas de ellas publicadas en una serie de manuales donde se detallan estas prácticas y la filosofía en la que se sustentan. La película Sound of Freedom (2023) en la que un exdetective se adentra en el mundo sórdido de la trata de menores, ya sugería diferentes claves para captar menores. En castellano se habla de pollito para referirse a tráfico de menores o de Caldo de pollo para intercambiar materiales.

 Ángel J. Cabezos, considera que  estos manuales, entre otros aspectos de interés, favorecen el sentimiento de comunidad, la confianza y la seguridad entre sus miembros,  conformando redes pedófilas con potencial criminógeno en torno al intercambio de material de explotación sexual infantil (𝗠𝗘𝗦𝗜)” A su juicio, “ en los tutoriales dirigidos a " boylovers" (pedófilos homosexuales), se abren debates que distinguen entre el "auténtico pedófilo" (quien no fuerza ni maltrata a los niños) y el "childmolester" (abusador de niños), del cual reniegan”, además “Estos manuales proporcionan información sobre 𝗽𝗿𝗼𝗳𝗲𝘀𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 que facilitan el acceso a menores, como fotógrafos de niños, niñeras, profesores a domicilio, monitores infantiles en piscinas, Payasos sin Fronteras y Scoutts.” Incluso “también pueden derivar hacia el "Turismo Sexual Infantil", actuando como guías de viaje para 𝗽𝗲𝗱𝗲𝗿𝗮𝘀𝘁𝗮𝘀 𝘆 𝗮𝗯𝘂𝘀𝗮𝗱𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗼𝗰𝗮𝘀𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹𝗲𝘀. Indican destinos adecuados, procesos para inducir a la explotación y cómo adquirir servicios a través de terceros, quienes controlan a los niños”.

Otros expertos como P. Douchement, analizan términos, claves y números que utilizan entre ellos para contactar con menores en RRSS. Por ejemplo, el hashtag #DecodingRRSS ofrece interesante información a este respecto.

 La Comunidad Europea está al tanto de estas guías que “describen cómo acercarse a los niños, engatusarlos y manipularlos para después ocultar las pruebas”. Sólo dos de los 27 Estados miembros tipifican actualmente como delito la producción y distribución de estos manuales.

Parece observarse una cierta sensibilidad social acerca de este tema. Por ejemplo, en enero de 2024 se inició una campaña nacional en change.org en la que se solicitaba “Exigir la tipificación como delito de la apología a la pedofilia“.

Parece que la Unión Europea tiene interés en frenar este problema.  Más en concreto hay una iniciativa de la Comisión Europea que tiene como objetivo luchar contra los abusos sexuales a menores.

En el siguiente artículo seguiré profundizando en esta cuestión. Hasta entonces, un saludo.

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