Propuesta gubernamental de regulación del acceso a la pornografía.

Tengo el gusto de informarte de mi nuevo libro, (¿Hablamos de porno?) publicado por Plataforma Editorial, en el que resumo mis 46 años de experiencia educativa con familias y profesionales, orientado a ayudarles en esta difícil y compleja tarea de la educación sexual y afectiva de sus hijos/as. Si quieres más información, clica aquí.

En la última semana, diferentes medios de comunicación me han solicitado opinión acerca de la propuesta del gobierno de regular el acceso de los menores a contenidos pornográficos y a otras aplicaciones y plataformas. Algunas de estas entrevistas han sido publicadas en estas mismas páginas,(clica aquí si quieres conocerlas) dedicando ahora algunas reflexiones sobre este importante acontecimiento histórico.

Advierto que no conozco el documento oficial. En mi caso, la información ha sido obtenida a través de los medios de comunicación que siguieron la presentación pública, en la que se advierte que la propuesta gubernamental compartida tampoco es la definitiva, porque está planteada como una primera aproximación y que, a buen seguro, será objeto de modificaciones dado que las reacciones al texto presentado por el ministro José Luis Escrivá y de Carmen Caballero han provocado, como era de esperar, reacciones de toda índole. Probablemente ya estaba descontado y tal vez se hizo para valorar la respuesta social, pero quizá la habilidad comunicativa del gobierno, en un tema trascendental como este, no ha estado muy afortunada en esta ocasión.

No obstante, ante la mera información de que el gobierno está trabajando en estas medidas, han salido en tromba multitud de consumidores de pornografía, espoleados por la industria que le facilita generosamente su dosis, para manifestar su firme oposición a que nadie le regule su consumo. Hace algunos años, un expresidente del gobierno se quejaba de la normativa para regular el consumo de alcohol, argumentando su derecho a consumir lo que le diera la gana.

Cuando se trata de un problema de salud, emitir ese tipo de opiniones revela una ignorancia y una irresponsabilidad supina. Si, además, quien dice tal cosa tiene algún cargo público, la irresponsabilidad ya es de categoría superior. Pero también esto hay que aplicarlo a algunos/as profesionales.

Veamos: Sorprende que algunos profesionales, psicólogos/as y sexólogos/as sobre todo, se decanten claramente por apoyar este consumo porque, vienen a decir, que “no hay pruebas del daño que causa la exposición a la pornografía ni a menores ni a mayores”, para gozo y regocijo de la industria que, a buen seguro, compensará esos apoyos generosamente. Hace unos meses supimos que, después de la muerte de uno de los psicólogos más prestigiosos del mundo, este había recibido grandes sumas de dinero del lobby del tabaco por minimizar los efectos de ese producto tóxico. Seguramente esos profesionales no dudaran en dejar a sus hijos, nietos y sobrinos consumir sin restricción alguna, este tipo de representaciones audiovisuales, porque” no hay pruebas de su daño” ?O si?

Nada se debe al azar y la exigencia estricta de la metodología científica, aplicada solamente a la pornografía, es cuando menos sospechosa.

La pregunta es, ademas de mantener su estatus de “enfant terrible” en las RRSS, ?Saben que sus posiciones refuerzan el poder de la industria?

Pero es que algunos de ellos, se caracterizan por ser muy maleducados, chulos y prepotentes, descalificando a quienes osan no seguir sus preceptos a pies juntillas. Porque los científicos honestos suelen ser humildes. Admiten dudas y no destacan por ser taxativos y radicales en sus estudios, mucho menos aquellos, como es el caso de los susodichos, que no han llevado a cabo ninguna investigación y citan lo que han hecho otros.

Estas personas dogmáticas, no han visto ninguna persona adicta a la pornografía en su consulta clinica, en el caso de que la tengan, de lo contrario no dirían lo que dicen. El poder adictivo de la pornografía está fuera de dudas y, como correlato neurológico, diferentes alteraciones cerebrales.

Además, estos profesionales cuando hablan de pornografía meten todo en el mismo saco, porque vamos a ver ¿es igual ver una película erótica que una película de tortura sexual a una menor? ¿Tienen el mismo efecto? ¿De verdad, alguien se cree que es lo mismo? ¿No han oído hablar de la neuroplasticidad, de las neuronas espejo, del aprendizaje operante o del modelado? En mi libro ¿Hablamos de porno? analizo ampliamente esta cuestión.

Cuando no siguen contando el mismo tópico de que estas películas son ficción, como las de Superman. Sobre este extremo he escrito otros dos artículos. En mi opinión el argumento de que “el porno ficción” no es más que un mecanismo psicológico que acaba alterando la capacidad de empatía y compasión para justificar la violencia sexual que consumen, que cada vez tiene que ser más agresiva, en razón de otro mecanismo conocido como es la tolerancia. Este tema ha sido abordado en dos artículos de este blog.

Y cuando se refieren a la educación sexual, tema en el que también se las dan de especialistas, patinan considerablemente.

¿Alguien conoce el número de consumidores de cocaína en España? ¿El de consumidores de prostitución? Nadie, pero aunque no sepamos el número exacto es fácil comprender que estamos ante un grave problema de salud pública. Pues en el caso de la pornografía ocurre lo mismo, no tenemos suficiente investigación, (porque apenas se invierte en este tipo de temas) pero, con la que tenemos, ya hay suficiente evidencia como para sostener que estamos ante un grave problema sanitario y, por ende, la necesidad de intervenir cuanto antes.

Hay, además de las investigaciones y estudios específicos, toda vez que mucha documentación clínica, así mismo existen infinidad de testimonios de personas contado su experiencia adictiva. El caso de Billie Eilish es especialmente interesante. Igualmente hemos de considerar los mecanismos de aprendizaje psicológicos o aquellos que nos ofrecen información relevante acerca de la importancia de la imagen que nos permiten comprender el éxito de la pornografía y su impacto en sus consumidores en particular los más vulnerables. O sea que documentación hay suficiente.

Por cierto, no conozco ni un solo estudio científico que demuestre que el consumo de pornografía violenta tiene efectos positivos en menores. Ninguno. Y otra cosa, quienes pongan en cuestión los efectos del consumo de pornografía, que piensen (si están en disposición de hacerlo) en el efecto de la publicidad, por ejemplo. Si un anuncio de 20´ en TV influye en las actitudes y en las conductas de los espectadores, ¿Cómo no va a influir ver cientos de horas películas pornoviolentas, en menores con un cerebro en construcción?

Para que quede claro: desde hace más de 4 décadas vengo denunciando la grave situación en la que se encuentran nuestros menores relativa al aprendizaje de los hechos sexuales a través de fuentes altamente inadecuadas, como es el caso de la pornografía violenta, que constituye un referente educativo de primer orden. Este hecho constituye un desafío sin precedentes al que la sociedad debe dar respuesta de manera inmediata, ya que en mi opinión puede estar en juego la salud sexual y afectiva de toda una generación, como he señalado aquí y aquí.

En términos generales, todas aquellas medidas que traten de proteger a niños y niñas en este ámbito, deberían ser apoyadas, porque no podemos obviar nuestra responsabilidad en poner el foco en los mas vulnerables.

La responsabilidad de lo que está pasando no solo es de la familia. La escuela, el gobierno, los medios de comunicación o las propias webs y plataformas de Internet, tienen su cuota de implicacion que deben asumir.

Pues bien, en octubre de 1980 advertía de los riesgos que podrían suponer dejar la educación sexual de menores en manos de la pornografía.

Este hecho me permite no solo tener una visión de conjunto acerca de la evolución histórica en este ámbito sino también, en primer lugar, valorar de forma positiva cualquier medida gubernamental que trata de regular el acceso a estos contenidos, muchos de ellos brutales, por parte de los menores, porque:

  1.  No puede ser que niños y niñas sin ningún tipo de control, accedan a vídeos agresivos y violentos, cuando no tienen no solo criterios educativos previos, sino capacidad cognitiva para comprender el sentido y el significado de lo que ven y que, probablemente, les pueda despertar algún tipo de excitación sexual.  Repito, no puede ser que esto siga pasando, aunque reconozco que seguirá pasando durante largo tiempo, ya que estamos muy lejos de una situación razonablemente satisfactoria.
  2. Poner dificultades y trabas sabemos que, aunque no resuelve el problema, puede disminuir la exposición de algunos menores, hecho que también hay que considerar como positivo.
  3. Que, a propósito de la presentación pública del gobierno, se hable de ello también puede tener efectos interesantes, si bien sabemos que, a menudo, es flor de un día, en un entorno de “exceso de información inmediata”.

Por tanto, que los poderes públicos hagan frente por primera vez a la todopoderosa industria pornográfica, que ha gozado de absoluta impunidad para producir y distribuir productos de extrema violencia incluso ilegales, ya tiene en sí mismo un valor histórico que hay que destacar. Hay límites que no se deben sobrepasar y aquí se han saltado todas las líneas rojas.

La industria debería asumir que no todo vale y que promover la violencia sexual tiene consecuencias graves para el conjunto de la sociedad. Soy consciente de la utopía de este anhelo. En la docuserie Generación Porno ( clica aquí si quieres saber más)tuvo un gran impacto una cuestión que yo planteaba allí: ¿Qué ocurriría si en un centro educativo hubiera una maquina expendedora gratuita de tabaco, alcohol y drogas? Bueno, pues, en su mano, todos los menores y jóvenes tienen una máquina expendedora de una droga poderosa y profundamente adictiva: la pornografía. Y no pasa nada, la mayoría social lo permite y promueve.

No obstante, cabe esperar una dura reacción por parte de estas corporaciones empresariales que tienen grandes intereses económicos en juego y que no van a permitir ceder un ápice de su poder, apoyadas por los consumidores habituales que no están dispuestos tampoco a perder su dosis diaria de pornografía y que en razón de la característica psicológica de la tolerancia, como ya he dicho, cada vez va a necesitar contenidos más especiales incluso ilegales.

He reiterado en muchas ocasiones que todo este fenómeno de la pornografía, debería ser tratado fundamentalmente como lo que es: un problema de salud pública, más que una cuestión religiosa e ideológica, implicaciones que también hay que considerar, pero lo relevante es esa prioridad sanitaria.

También afirmo que estas medidas de control de acceso a las representaciones sexuales si no van acompañadas de una política, firme, decidida y realista, de abordar las causas estructurales de este problema, en particular una capacitación específica en materia de educación sexual y afectiva, es probable que tengan poco efecto en la mejora de la salud de menores y jóvenes. Si no damos respuestas a las demandas, interese y preguntas sexuales de ellos, van a buscarlas fuera. No puede ser que la sociedad les abandone en brazos de esa industria que solo pretende obtener pingues beneficios económicos generando adicción y, por tanto, dolor y sufrimiento.

Como conocedor de la historia de la educación sexual en nuestro país, de la mano de las iniciativas políticas habidas en los últimos tiempos, me hacen albergar serias dudas respecto de la importancia real que las entidades oficiales conceden a estas cuestiones, en consecuencia a corto y medio plazo no veo más que un empeoramiento de la situación.

Desde mi perspectiva, hace falta una ley que garantice el derecho de todos los niñas y niños españoles, a recibir unos mínimos contenidos, valores y habilidades en el conjunto de los centros educativos, pero también que contemplen la formación específica del profesorado y de las familias como prioridad absoluta.

Desde este enfoque, la información ofrecida en esa presentación pública es a todas luces insuficiente cuando no farragosa, lo que ha dado lugar a no pocas valoraciones críticas, sobre todo en las RRSS. La carnaza está servida.

En ese documento oficial, como mecanismos concretos de control, se habla de hasta tres tipos de listas blancas con el DNI electrónico, de cartera digital, y de una especie de carnet digital de conducir para acceder y navegar por Internet, asociado a un bono de 30 accesos por 30 días, limitado a 3 sesiones para cada sitio porno…provocando numerables comentarios y memes de todas las características, en particular los que hacían referencia a carnet antiporno,  pajaporte y a las diferentes modalidades de masturbación. Para otros ha sido considerado como una ocurrencia y un intento de control social por parte del gobierno.

Como era previsible, los llamados defensores de la libertad (de su libertad) han salido a responder de inmediato a esa intención gubernamental, siendo muy críticos con las medidas anunciadas, argumentaciones conocidas porque vienen de atrás y por tanto previsibles. Sin embargo, hay que establecer algunas consideraciones. La primera cita de mi libro ¿Hablamos de porno? es justamente esa: Libertad no incluye el derecho a dañar, que ha sido señalada por Jorge Riechmann y que resume mi punto de vista a este respecto.

Gran parte de la pornografía, la que denomino pornoviolenta, es inaceptable desde una perspectiva de ética sexual, porque deshumaniza a las personas y altera su capacidad de empatía y compasión, entre otros muchos efectos devastadores que así mismo los adultos consumidores deben conocer y luego tomar las decisiones que estimen más pertinentes. En nombre de la libertad no vale todo. Con el Código Penal en la mano pocas películas pornoviolentas se salvarían de ser consideradas delictivas.

Es verdad que los adultos son libres de elegir, como ocurre con otras drogas y tóxicos legales e ilegales, que están a su disposición, por ello mi objetivo es trabajar con los menores para evitar los perjuicios y el daño que comporta un consumo precoz y abusivo. Eso no quita para hacer campañas de sensibilización a toda la población, programas de prevención, así como dispositivos de atención en el sistema público de salud, como ocurre con otras sustancias tóxicas, acerca de los efectos del consumo de pornografía violenta.

Otra cosa es la preocupación razonable respecto de la utilización de los datos que puedan hacerse por parte de la APP gubernamental que se pretende impulsar o de la seguridad que pueda tener el control de esa información, aunque las webs porno la tienen sin problema alguno. Pero esas preocupaciones deberían ser extensibles a otras muchas webs y plataformas a las que les cedemos tranquilamente esos datos para navegar en ellas.

Me ha sorprendido que solo se controlarán las webs radicadas en territorio nacional, que son insignificantes en número comparadas con la oferta planetaria ilimitada existente, circunstancia que ya en sí misma revela la complejidad y la dificultad de controlar el acceso a Internet. 

De momento  los sitios más visitados quedan fuera del control. Sabemos que hay millones de webs que están en diferentes “paraísos porno”, a las que va a resultar cuasi imposible controlar. Por tanto, si no se controla esa accesibilidad, las medidas propuestas van a ser de muy poca utilidad y eficiencia.

Se echa de menos una mayor valentía contra la industria pornográfica, como ocurre con otras industrias que viven de las adicciones y vulnerabilidades humanas, como el tabaco, el alcohol o las drogas y que, si bien están reguladas por unas normativas laxas y poco eficientes, contemplan sanciones a quienes no las sigan, pero ¿las webs porno extranjeras también? ¿Quién va a regular el funcionamiento de estas plataformas radicadas fuera de nuestro país?

En cualquier caso, destacaría un par de aspectos que valoro positivamente, en ese anteproyecto de Ley Orgánica citado por el ministro:

  1. Todos los dispositivos digitales deberán tener un control parental de fábrica.
  2. Todas las plataformas deberán tener sistemas eficientes de verificación de edad.

El saco de la pornografía.

Defiendo y defenderé, a pesar de las críticas de las que he sido objeto, que hay que mantener una posición firme y decidida contra las que denomino Películas Sexuales Pornoviolentas (PSP) cuyos efectos devastadores en las relaciones sexuales y afectivas son de sobra conocidos.

Quiero dejarlo claro porque hay pocos hombres que hayan mantenido esta posición durante tanto tiempo en nuestro país, a pesar de las zancadillas que ello me ha supuesto. No tengo dudas respecto de que no hay ninguna necesidad, ni justificación tampoco, para que la violencia y la sexualidad vayan de la mano. En este punto hay que insistir hasta la saciedad. En mi caso, he realizado diferentes artículos y libros defendiendo esta idea.

Sin embargo, como sabes, amable lector/, mi propuesta es que teniendo en cuenta que el deseo sexual necesita estímulos sexuales, habría estímulos sexuales saludables y otros que no lo son, cada uno de ellos tienen consecuencias que deben ser ampliamente conocidas para que se puedan tomar decisiones respecto a su consumo o no. Por eso hablo también de Películas Sexuales Eróticas. (PSE)

Mezclar todas las representaciones sexuales en un mismo saco, revela no solo ignorancia, sino que no coadyuva gran cosa a la mejora de la situación, beneficiando a la industria y perjudicando a los menores ya que blanquea todos los millones de vídeos violentos. Que esta posición sea defendida por quienes se consideran especialistas en este tema es cuando menos sorprendente. No todas las bebidas alcohólicas son iguales y tienen el mismo efecto ni tampoco todas las drogas tienen las mismas características y sus efectos son idénticos. Un error meter todo en el mismo saco.

Además, la mayoría social está lejos valorar la gravedad de este problema. Tiene otras muchas prioridades, toda vez que los vientos ultraconservadores de las políticas de los países desarrollados, distan mucho de ser los más favorables a un cambio de signo.

Cuando estoy con adolescentes, en lenguaje desenfadado les digo, ¿Qué consideráis una relación sexual maravillosa y que consideráis una agresión sexual? Trabajamos en grupo y al final lo ponemos en común. Y comprenden perfectamente las diferencias. Bueno pues esa es la distinción resumida de lo que es el erotismo y lo que es la violencia sexual. Nada que ver una cosa con la otra. Esto es lo que yo propongo y que desarrollo ampliamente en mis libros Tus hijos ven porno 1 y 2.

La clave por tanto está en capacitar para que los menores tomen decisiones saludables para ellos/as y los demás, y que decidan no consumir esos vídeos pornoviolentos, que son claramente inaceptables, aunque hay que reconocer que eso supone dedicarles tiempo educativo de calidad en ese empeño.  Este tipo de pornoviolencia, no nos engañemos, solo desaparecerá cuando deje de consumirse, nunca antes. No entender esto es reforzar lo que está pasando, que siga ocurriendo e incluso que aumenten los consumos y sus efectos. 

La experiencia con el tabaco, el alcohol, las drogas, a tenor de la eficiencia de las políticas prohibicionistas, debe hacernos reflexionar sobre el efecto de demonizar todas las representaciones sexuales. En un modelo de desarrollo socioeconómico como el que tenemos, la senda de la prohibición cosecha muchos más resultados contrarios, de lo que se pretende prohibir.

Relacionado con este punto, hacen falta medidas políticas concretas que tienen que ver con la prevención de los riesgos reproductivos, sexuales y de salud mental, del consumo de pornografía y de dispositivos de atención profesional a quienes presentan conductas adictivas.

Hay que señalar igualmente que el porno no solo está en las webs específicas. Está presente en todas las redes sociales, algunas como Twitter que se han convertido en un gran supermercado gratis del porno, en los videojuegos o en otras redes de mensajería como WhatsApp. Incluir inexorablemente medidas de control en redes como Instagram, Telegram o TikTok por señalar las más conocidas, que es sabido pueden tener un efecto negativo en la salud mental de los menores y jóvenes. Si no se regula esta exposición, difícilmente las medidas tendrán éxito.

Hace tiempo advertía que, algún día, en el futuro lejano, los gobiernos más importantes del mundo se sentarán con la industria del porno y tendrán que negociar y regular todo ese entramado, introduciendo criterios éticos y de salud en ese mundo sórdido y oscuro.

Yo no lo conoceré, pero ocurrirá. Mientras tanto, no queda otra que pico y pala en pro de una educación sexual y afectiva científica y profesional.

1 comentario en “Propuesta gubernamental de regulación del acceso a la pornografía.”

  1. Hilario Francisco Domínguez Marrero

    Enhorabuena por tu aportación diaria José Luis. No hacemos otra cosa que aprender de tu Trabajo científico y aplicarlo cada día en Nuestro Pueblo. No queda otra. EDUCAR Y CAPACITAR para mejorar la elección.
    Saludos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio