PROSTITUCIÓN Y PORNOGRAFÍA (II): el hambre y las ganas de comer.

Un artículo de José Luis García

En el anterior artículo (clica aquí si quieres leerlo) hablábamos de algunas características en común que tienen la pornografía (las películas sexuales eróticas y las películas pornoviolentas que decimos nosotros) y la prostitución. En las líneas que siguen continuamos nuestra aproximación.

Un excelente negocio

A pesar de que una buena parte de la prostitución – porque aquí las clases son un elemento esencial – se exhibe en calles, plazas y polígonos industriales, incluso con la complicidad ya residual de algunos medios, Internet es el escaparate más impresionante para ofrecer los servicios de prostitución y de pornografía. En las redes sociales no hay ningún reparo para anunciarse directa o indirectamente. Impresiona la facilidad con la que te encuentras con propuestas de esa naturaleza.

Aunque no se conocen los entresijos del negocio, algunos artículos sugieren la sospecha de que las mafias que controlan el tráfico de mujeres para la prostitución, es probable que sean las mismas que las que tienen intereses económicos en el comercio de drogas o armas. ¿Hasta qué punto puede ser cierto? No lo sabemos. Tal vez también en el cine porno, incluso en otras transacciones que tienen el sexo como protagonista, como los juguetes sexuales. El sexo da mucho de sí para ganar pasta.

¿Por qué? Bueno porque, entre otras razones, el business de algunas de esas actividades se hace todo en dinero opaco. Beneficios ingentes sin retención fiscal alguna. Esto sí que son sobres y bolsas de basura llenas de billetes como en los casos de corrupción que han recorrido la piel de toro española. A espuertas. Y ello, lo del extraordinario negocio sin impuestos es, a nuestro juicio, una de las claves para entender estos asuntos. Además, puede hacerse en cualquier nación del mundo, porque esto de la globalización es lo que tiene de bueno que, si en algún país hay más control, se cambia a otro, que hay muchos y, si están en guerra, mucho mejor.

Pero me gustaría destacar ahora, a propósito de la trata que , cuantos más conflictos, de toda índole, tengan las jóvenes en sus casas, en sus países, más fácil va a resultar el proceso: van a estar deseando salir del infierno a cualquier precio. El haber sido abusada sexualmente y maltratada físicamente, parece incrementar el riesgo. Por tanto, la desigualdad también afecta, y cómo, a las diferentes naciones y a su nivel de desarrollo.

Leer, por ejemplo, algunos informes del “peaje sexual” que tienen que pasar mujeres africanas en el trayecto de su país a Europa es estremecedor. Después de un conflicto bélico el reclutamiento de mujeres para la prostitución es pan comido. No hay que producir nada, consiguientemente no hay apenas gastos de inversión en la empresa mafiosa. Solo reclutar y reclutar para hacer caja. El componente afectivo y de enamoramiento por parte de algún gancho de la organización, se ha señalado en algunos informes de mujeres jóvenes prostituidas provenientes de países del Este.

Como dije en el artículo anterior, siempre habrá proxenetas al acecho, expertos en tejer la red: ¿tienes problemas económicos, por qué no te metes a puta? O a hacer pelis porno. Mientras haya una mujer en situación de riesgo habrá algún iluminado que va a sugerirle un concepto muy particular de libertad y empoderamiento. Una vez dentro, la culpa, el estigma, la baja autoestima, el chantaje y, a veces, el alcohol o las drogas hacen el resto.

En consecuencia, es fácil alistar a mujeres para la prostitución y el porno, cuando las condiciones socioeconómicas son desfavorables. No me cabe ninguna duda de que la brutal crisis derivada de la covid-19, será un caldo de cultivo ideal para incrementar el número de mujeres abocadas a prostituirse. Así, el argumento de la libertad de la mujer defendido por proxenetas, puteros y pornógrafos, se convierte en una posibilidad que únicamente tienen aquellos que detentan el poder, los hombres casi siempre: El varón acude a comprar un cuerpo porque puede, porque tiene dinero y porque se cree con ese derecho.

¿Hay diferencias? claro, pero no tantas. Para Theresa Reed, editora de una revista pornográfica o Norma Jean Almódovar una exprostituta, la existencia de una cámara podría ser, en síntesis, la única diferencia entre la pornografía y la prostitución. Al igual que sus conexiones con el tráfico de personas: la prostitución y la trata son como el hambre y las ganas de comer, inseparables. En nuestro programa TUS HIJOS VEN PORNO, hablamos ampliamente de todo ello y de la relación que tiene este asunto con las agresiones sexuales a mujeres.

Por tanto, la elección libre, sin presión de ninguna naturaleza que podría considerarse respetable, y que probablemente será difícil de extinguir, aunque sea para sacarse un dinerillo extra, es una situación minoritaria porque la inmensa mayoría de ellas, si tuvieran otra oportunidad no estarían en esos mundos sórdidos, en donde abundan los riesgos y los peligros.

En una ocasión una prostitutas refería que recibió un cliente, que acababa de salir de la cárcel y que le pagó por adelantado. Cuando ella le preguntó qué quería que le hiciera, él se bajó los pantalones y mostrándole su pene con heridas, costras y pus, le dijo: hazme una mamada. Relata que no tuvo más remedio que hacerlo porque previamente le había pagado y, también, por temor a ser agredida por un ex recluso.

¿Qué mujer desearía “comerse media docena de pollas hediondas” a diario, si no se viera obligada a hacerlo? ¿Por qué ninguna mujer, salvo excepciones, querría ese “trabajo sexual”? Muy sencillo: porque las relaciones sexuales son realmente maravillosas cuando se hacen con alguien que tú quieres, deseas y de mutuo acuerdo. Con consentimiento. Y una transacción comercial, asimétrica e injusta, como la que se produce en la prostitución, está en las antípodas de eso.

Quienes defienden la libertad como opción para el trabajo sexual, como una forma de libertad y empoderamiento femenino, no suelen considerar el precio que supone esa libertad para elegir: infecciones genitales y anales, depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático, trastornos de la conducta, estigma social y familias, déficit de autoestima… y un destrozo emocional que será difícil reponer

Consiguientemente los costes, de toda índole, de esas actividades para las mujeres implicadas son extraordinarios. Algunos informes de salud mental, indican la enorme dificultad que tienen estas mujeres de superar las marcas físicas y psicológicas, del estrés postraumático continuado, consecuencia de haber sido una víctima de trata y de prostitución, durante toda una vida. Terrible el destino de estas mujeres que, probablemente, habrán maldecido el día de su nacimiento. Se sienten como auténticos objetos, agujeros para ser más precisos. Se sienten sucias. Envilecidas. Algunos testimonios de exactrices porno tienen similares características, si bien la crueldad del mundo de la prostitución no tiene parangón alguno.

Es por esto por lo que he dicho en muchas ocasiones que ninguna abuela quiere que su nieta sea prostituta. Ninguna madre lo quiere para su hija. Ni siquiera la propia mujer, víctima del sistema prostituyente, desearía algo así para sus retoños. Tampoco actriz porno. ¿Alguien cree, por tanto, que es un ejemplo de libertad y empoderamiento? Sí, claro, quienes se benefician de ello.

Pero ¿Por qué no quieren ese “trabajo” para sus seres más queridos?  Muy sencillo: porque las relaciones sexuales son realmente maravillosas y saludables, cuando se hacen con alguien que tú quieres, deseas y hay mutuo acuerdo. Con consentimiento pleno. Sin presión alguna. No hay nada más hermoso que esa vivencia de abandono confiado en la otra persona, que te desea y te quiere y anhela compartir esa dulce gratificación contigo. Por contra, una transacción comercial, asimétrica e injusta, como la que se produce en la prostitución, está en las antípodas de tal experiencia.

De ahí que, como hemos señalado hasta la saciedad, la educación es uno de los pocos, si no el único recurso, para prevenir esta lacra. Habla con tus hijos, nietos y sobrinos para que nunca, repito nunca, instrumentalicen el cuerpo de una mujer pobre, que pisoteen su dignidad ni, con ello, legitimen un sistema de esclavitud sexual. Por correrse unos segundos. Por unos cuantos euros. Que si quieren sexo, que se lo curren, que no es tan difícil en la sociedad hipersexual en la que vivimos.

¿Qué hacer entonces?

La solución a estos problemas complejos siempre acaba siendo extraordinariamente difícil.  Es preciso una normativa legal que ponga coto a esta barra libre sin límites, teniendo en cuenta la realidad de aquellos países que han tenido resultados desiguales con la aplicación de modelos también desiguales. Mientras tanto, la educación y la capacitación es el único camino que vengo repitiendo, a modo de mantra, desde hace muchos años. Desde 1982 vengo proponiendo incorporar la pornografía y la prostitución como contenidos educativos en la educacion sexual tanto en la familia como en la escuela, con la finalidad de prevenir los efectos de su consumo y capacitar a nuestros menores en que no consuman prostitución ni películas sexuales pornoviolentas. En nuestro programa TUS HIJOS VEN PORNO desarrollo ampliamente esta propuesta.

En España ningún gobierno, sea de derechas o más progresista, ha intentado ofrecer una respuesta civilizada y humanista a estos dos fenómenos, prefiriendo dejar las cosas como están. No hay agallas para hincarle el diente a esta cuestión y muchos/as políticos/as, más preocupados por las prebendas del cargo, no quieren ensuciarse las manos con la prostitución o las películas sexuales, cuestión de la que huyen como si se tratara de una enfermedad híper contagiosa. A lo sumo una cierta reglamentación, sin que se note mucho, como ocurre en algunas Comunidades Autónomas, que incluye una asistencia sanitaria pública, voluntaria y gratuita de las mujeres prostituidas para, entre otras cosas, no contagiar a las esposas de los puteros.

Hace unos meses, con un “soporte” de 20K seguidores en RRSS «me vine arriba» propuse una campaña a través de Change.org, en la que solicitaba al presidente del gobierno la penalización del porno violento y la obligatoriedad de la educación sexual.  Solo pedía una firma testimonial a quienes me siguen, en virtud de que suponía consideraban que lo que escribo parecía tener interés. Bueno, pues, un fracaso total. Es solo un ejemplo, para mi significativo, de que estamos a años luz de que estas dos realidades tengan una solución justa y saludable. Si la “progresía” tiene reparos en comprometerse en una ingenua campaña, una simple firma, no se puede esperar gran cosa del resto de la sociedad. En nuestro programa educativo analizamos las diferentes alternativas en su solución tanto a la prostitución como a las películas sexuales.

En este momento las diferentes posiciones políticas, de claro enfrentamiento y polarización en el propio gobierno progresista, sobre la prostitución o la llamada ley trans, son tan relevantes que podrían, a mi modesto entender, acabar con el propio gobierno de coalición. Es solo una opinión. La guerra abierta entre las facciones del movimiento feminista sobre la pornografía, allá por finales de los años 70 en EE UU, sigue vigente con mayor virulencia si cabe, en la medida en que, ahora, representantes de las diferentes posiciones ideológicas tienen presencia pública y política en las instituciones, cada una en su feudo, derivada de la organización autonómica del Estado.

La pornografía tiene ideología, claro, ninguna representación audiovisual es neutra. Razón suficiente para justificar el enfrentamiento a «cara perro» que hay entre quienes están a favor de todo tipo de pornografía o quienes están absolutamente en contra de la misma. Cada uno de estos grupos, y los subgrupos que los conforman, son muy poderosos. Yo, que me sitúo en una posición más científica y desde una perspectiva de salud, suelo ser blanco de feroces críticas, descalificaciones, bloqueos en RRSS… consciente además de que ninguno de esos colectivos me invitaran a dar una conferencia o comprarán algunos de mis libros. Más bien al contrario, harán todo lo posible para que eso no ocurra. El tener poder, aunque sea ínfimo, conlleva ese peaje miserable. Hace algún tiempo hablaba de todo esto en un artículo.

La educación como alternativa.

Con todo, al margen de ese estéril debate político, porque politizar este tema supone retrasar la normalización de la educación sexual, lo que quiero transmitir es que tenemos que hablar con nuestros hijos, nietos y sobrinos de todo ello. Sería deseable que también se hiciera en las escuelas y centros de enseñanza, pero da la impresión de que el miedo al PIN parental, más propio de los tiempos de cromañón, paraliza muchas de las iniciativas.

Por tanto, digámoselo a la menor oportunidad. Y también, cuantas veces sea preciso, que no traten de emular lo que ven en las películas porno violentas, aunque les excita sobremanera y las utilicen para masturbarse, obteniendo un placer sin igual visionando esas imágenes violentas. Que no se crean nada de las películas porno y que a pesar de que son personas de carne y hueso que se excitan como él, sus prácticas no deben llevarse a cabo, jamás, en las relaciones sexuales reales.

Que, cuando se refieren a violencia, son deleznables e inaceptables. Que nunca consuman esos productos violentos. Que no se puede tolerar que el modelo de hombre que nos proponen, más bien un homínido permanentemente salido, pegue, maltrate o veje a una mujer para excitarse. Que la violencia asociada al sexo no se puede tolerar. No es fácil porque excita y da placer y es difícil discutir con un orgasmo.

Habla con tus hijos, nietos y sobrinos para que nunca, repito nunca, instrumentalicen el cuerpo de una mujer pobre, que pisoteen su dignidad ni, con ello, legitimen un sistema de esclavitud sexual. Por correrse unos segundos. Por unos cuantos euros. Que si quieren sexo, que se lo curren, que no es tan difícil en la sociedad hipersexual en la que vivimos. Conversar con ellos también para señalarles que no se aprovechen de mujeres vulnerables para usarlas como agujeros para eyacular. No se puede permitir por más tiempo esa imagen de la mujer que nos proponen el porno violento y la prostitución.

Diles a tus hijas/nietas y sobrinas, también, que ellas son muy valiosas y que su cuerpo solo puede ser acariciado cuando ella quiera y con quien ella quiera. Si hay afecto mucho mejor. Pero únicamente porque lo desea y de mutuo acuerdo. Sin dinero de por medio. Que su dignidad no tiene precio. Por mucho que le ofrezcan.   Decirles, tanto a la hija como al hijo, que no se metan en esos dos negocios, por unos cuantos euros, porque se arrepentirán el resto de sus vidas. Eso dicen la mayoría de los testimonios de quienes han recorrido ese tortuoso camino.

Pero, sobre todo, hay que trasmitirles que el afecto, el deseo, la ternura, el respeto y el mutuo acuerdo, no solo no tienen nada que ver con la violencia, sino que deben formar parte de las relaciones sexuales entre las personas y que, en el porno y la prostitución, tales valores brillan por su ausencia. Ni se les ha visto, ni se les espera.