¿Qué hacer con el porno? (I) CIENCIA, IDEOLOGÍA Y PELÍCULAS SEXUALES

Un nuevo artículo para leer tranquilamente el finde

Tengo el gusto de informarte de mi nuevo libro, (¿Hablamos de porno?) publicado por Plataforma Editorial, en el que resumo mis 46 años de experiencia educativa con familias y profesionales, orientado a ayudarles en esta difícil y compleja tarea de la educación sexual y afectiva de sus hijos/as. Si quieres más información, clica aquí.

Con mucha frecuencia, como si de una manida repetición se tratara, nos encontramos en nuestros hilos o post en las RRSS, con la controversia relativa a las diferentes posiciones ideológicas sobre las películas sexuales, sean eróticas o pornoviolentas. He de reconocer que este antiguo debate es cansino y me agota, me chupa energía positiva, razón por la cual me digo a mí mismo: no entres al trapo, que es repetir siempre lo mismo. Que así no se avanza.

Además, los Nick anónimos, son un perfecto parapeto para alimentar la cobardía de aquellos individuos malvados, que se permiten cualquier comentario ofensivo, descalificador y maleducado. Bueno pues, a partir de ahora, remitiré a este artículo a quienes insistan en ello.

Con todo, comprendo que proponer que el término pornografía desaparezca, como yo vengo haciendo, y sustituirlo por el de Películas Sexuales Eróticas (PSE) y Películas Sexuales Pornoviolentas (PSP) puede ser un tanto provocador. Sin embargo estoy convencido de que es una buena alternativa y en nuestro programa TUS HIJOS VEN PORNO (clica aquí si quieres conocerlo) hablo ampliamente de las razones que me han llevado a esa propuesta.

Como es sabido, los asuntos que conciernen al sexo, generan no pocas polémicas y porfías desde tiempos inmemoriales. No hay manera de desprenderse de esta mochila secular. El poder religioso y político han sabido utilizarla hábilmente, adaptándose convenientemente a los tiempos, a tenor de la importancia que tiene en la vida de la inmensa mayoría de las personas. El sexo, le interesa a casi todo el mundo. A unos más que a otros, claro. Por eso las películas sexuales o los anuncios sexualizados cosechan tanto éxito, ya que tienen como fin primordial excitar el deseo sexual. Y lo consiguen fácilmente porque está previsto que así sea en nuestros genes. De esto ya hemos hablado en otro momento (clica aquí si quieres consultarlo)

Por ejemplo, el divorcio, el aborto, el matrimonio gay o los métodos anticonceptivos para jóvenes, han sido objeto de los más furibundos ataques y también, cómo no, de los más fervientes defensores, en nuestra reciente historia. Más tarde o temprano la razón democrática, la libertad, los derechos individuales, la salud y el sentido común acaban imponiéndose y tales cuestiones terminan integrándose en la vida con cierta normalidad, si bien hay quienes todavía manifiestan su desacuerdo permanente como si de una matraca se tratara. Luego esos/as mismos/as detractores, usan esos avances en su vida diaria. En este sentido, el divorcio o la homosexualidad son palmarios. Este proceso de cambio se ha dado, y se sigue dando, en otros muchos países con menor desarrollo socioeconómico, con un timing similar.

Si ya de por sí la sociedad está permanentemente crispada, es cada vez más intolerante, estas materias provocan una polarización de las opiniones de una manera asombrosa, razón por la que, a nosotros, nos resulta subyugante desde un plano académico, pero he de reconocer que ya se tornan agotadoras.

Una mirada a los últimos resultados electorales europeos, autonómicos y municipales (por los pelos las generales) evidencia una clara derechización de la sociedad y eso supone, sin ningún género de dudas, retrocesos en los avances y derechos sociales, en particular los que conciernen al ámbito sexual y a las libertades. Resulta cuando menos chocante que los grupos conservadores con una larga historia contraria a la libertad la abanderen ahora, como si no hubiera un mañana. Pero, claro, solo se refieren a la suya.

Pues bien, en la actualidad, la pornografía, la prostitución y la gestación subrogada, por poner tres ejemplos relevantes, constituyen elementos centrales de la confrontación ideológica. Solo mencionaré hoy a la pornografía.

Como bien sabes, amable lector/a, mi interés por el estudio de la pornografía y de sus efectos no es nuevo. En octubre de 1980 publicaba un artículo en el que advertía de los riesgos de aprender sexo a través del porno en ausencia de una educación sexual científica y profesional. No solo seguimos prácticamente igual, sino que hemos empeorado, porque la pornografía de hace 40 años no tiene nada que ver con la actual cuyo consumo se ha normalizado con efectos, a mi juico, devastadores en amplios sectores de menores y jóvenes.

 Esto vale para la llamada “guerra ideológica” sobre la pornografía que se inició en EE UU a finales de los años 70 y cuyos argumentos aún se repiten machaconamente por ambos bandos, sin considerar que han pasado muchos años y el fenómeno de la pornografía ha cambiado enormemente de la mano de una sociedad en permanente transformación. En el volumen I de nuestro programa TUS HIJOS VEN PORNO, analizamos ampliamente este hecho.

Paralelamente a este aumento del conservadurismo neoliberal -que apuesta por la instrumentalización del sexo como un gran negocio- se ha visto correspondido por un cambio significativo en los contenidos y en la accesibilidad de las películas sexuales.  Este canje, a no dudar, hay que calificarlo de espectacular.  Hemos de que reconocer que, a la industria pornográfica, la jugada de dar gratis el porno les ha salido redonda. El negocio está en la publicidad que acompaña a la navegación on line. Cuanto más tiempo estamos, más aumentan los beneficios, pagamos con nuestra atención y nuestros datos. Los avances tecnológicos como la IKA van a suponer un incremento del consumo extraordinario. A medio plazo es imparable, razón por la que vengo insistiendo en hacerle la competencia con una educación sexual profesional y científica, tal y como explico en mis publicaciones.

En cualquier caso, lo que no ha cambiado, es que las películas pornográficas son una de las fuentes más importantes de información y educación sexual de nuestros menores y jóvenes y estamos hablando de un tipo de representación que incluye diferentes dosis de violencia contra la mujer y los menores, siempre refiriéndonos al género heterosexual. Esto ha ocurrido de una manera más notoria con el descubrimiento de la fotografía y más tarde el cinematógrafo. Internet lo que ha hecho ha sido diseminarlo por todos los rincones del planeta, porque donde quiera que haya un móvil, allí estará el porno violento.

Veamos algunos datos. La consultora alemana GFK DAM, que ofrece la medida oficial del consumo digital en España, informa de los datos de consumo mensual de pornografía en España. Entre otros, destacaría:

Pues bien, según estimaciones hechas por algunos expertos en España, como es el caso del profesor Lluís Ballester, algunos chicos ya comienzan a ver porno a los 8 años, hay quienes lo hacen a los 6, y a decir de estos especialistas, en torno al 25% habría visto entre mil y 5000 horas de porno antes de los 20 años. Si, como acertadamente advierte, para adquirir muchas destrezas necesitamos no menos de 400 horas, nos podemos imaginar el efecto reforzador de la repetición de una actividad particularmente placentera con un orgasmo como premio final. Imposible mejorarlo.

Ya he dicho que el placer sexual es el mejor y más importante refuerzo originario. La naturaleza lo ha previsto así, de tal modo que, para asegurar la supervivencia de la especie, lo diseñó con esas características que le son particulares.  Además, cualquier chavalillo (como los adultos) con su móvil tiene barra libre de exponerse a diario a estos superestímulos en su pantalla, objeto preciado donde los haya. Incluso haya algunos que ven el porno en pantallas simultáneas y con diferentes pestañas: una superestimulación que no sucede en ningún otro producto adictivo.

Este es un rasgo diferencial y exclusivo de la generación actual que nunca las anteriores se hubieran imaginado. Reitero, porque hay que hacerlo, que un elevado porcentaje de los contenidos a los que se tiene tan fácil acceso, son de imágenes con diferentes dosis de brutalidad y vejación contra la mujer: desde un simple azote hasta tortura, pura y dura, pasando por la asfixia o la introducción de varios puños en ano, boca y vagina a la vez o por momentos.

En mi opinión, el consumo de pornografía es imparable y esta industria (al igual que la del alcohol o las drogas) seguirá creciendo exponencialmente con las nuevas tecnologías. En otro artículo he analizado las posibles medidas que convendría tener en cuenta sobre la pornografía, en orden a su regulación/prohibición.

En cualquier caso, sostengo que no hay otra alternativa que hacerle la competencia con una educación sexual científica y profesional, tanto en la familia como en los centros educativos. De no hacerlo La pornografía violenta será el modelo de aprendizaje sexual 3.0 de toda una generación. Necesitaremos batallones de psicólogos para hacer frente a los diferentes problemas que se avecinan.

Cuando leemos noticias de violaciones brutales en grupo o de asesinatos en colegios por un jovenzuelo, dicen que inadaptado, nos llevamos las manos a la cabeza, unos segundos porque la abundancia de información no permite dedicar la reflexión necesaria. Sin embargo, si queremos regular las conductas violentas nunca lo conseguiremos, por ejemplo, facilitando el acceso a la compra de armas o a hacértelas tú en casa como ocurre en EEUU o subiendo a la red, a diario, millones de vídeos sexuales con agresividad sin ningún control. Ninguno. Y en las películas sexuales son omnipresentes. ¡Habrá pocas “perrerías” hechas a mujeres que no se hayan filmado con intencionalidad de excitar sexualmente! Todas ellas inaceptables desde cualquier punto de vista que se mire.

Y sabemos perfectamente los riesgos que comporta el consumo excesivo de porno (sea violento o no) para su salud, su desarrollo y sus relaciones. Hay centenares de estudios científicos que constatan las consecuencias negativas de esta conducta adictiva en el cerebro, en las agresiones sexuales, en los riesgos reproductivos, el consumo de prostitución o en las relaciones de pareja, por mencionar solo algunos. El destrozo que puede ocasionar su consumo habitual en el desarrollo afectivo y sexual en un menor parece fuera de toda duda.

Pues esa polarización a la que hacía referencia es paradigmática en la pornografía. Si desde el plano sociológico, hiciéramos un continúo describiendo las posiciones ideológicas existentes en la actualidad, nos encontraríamos con dos extremos bien definidos: Hay personas y grupos radicalmente en contra y personas y grupos radicalmente a favor, sin admitir ningún tipo de concesión o grado intermedio. A favor o en contra. Y punto. O conmigo o contra mí. Hay artículos y publicaciones bien interesantes sobre este enfrentamiento a cara perro.

En el próximo artículo seguiremos hablando de todo esto.

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