Foto extraída de un catálogo de una plataforma internacional de distribución el día 16/03/20121

¿Qué hacer con las muñecas sexuales hiperrealistas?

Un artículo de José Luis García


En las navidades de 2019, se puso de moda un artilugio destinado a la masturbación femenina denominado satysfacer y, según cuentan las partes interesadas seguramente como estrategia de marketing, se agotaban según iban saliendo al mercado. Algo así como lo que ocurrió hace algunos años con las películas y libros de la saga de 50 sombras de Grey.

Sea cierto o no, hay que reconocer que se observa un mayor interés tanto en el debate como en el uso de juguetes sexuales, superior al que acontece respecto de los/as muñecas/os sexuales, de una manera significativa, bien de compra o inclusive de alquiler.

A mi juicio esto no es sino un factor más del nuevo paradigma social respecto de la sexualidad, que hemos analizado ampliamente en nuestro programa educativo TUS HIJOS VEN PORNO: La normalización del consumo de la pornografía con dosis de violencia, la generalización de nuevas formas de prostitución asociada a la pornografía (Cam girls, Onlyfans, Tiktok , RRSS, determinados videojuegos) la G.S. o los fármacos sexuales, son solo algunos elementos que sumados al de los juguetes sexuales configuran ese nuevo paradigma predominante en los albores de este nuevo siglo y que, a mi juicio, sigue una senda de crecimiento imparable.  Si tienes más interés por conocer nuestro análisis sobre la sociedad hipersexualizada y la pornografía, clica aquí.

En consecuencia, los objetos sexuales que hombres y mujeres utilizan para darse placer, son ya un tema de debate social, en la medida en surgen como hongos las tiendas físicas y virtuales donde se venden, en claro sorpasso a los taper-sex de “MILF deseosas de novedades eróticas”, en muchos casos promovidos por coach sexuales y educadores de los asuntos de la entrepierna, que no sabemos muy bien dónde y cómo han adquirido tal título.  Las RR SS están repletas de tales negocios. Pero, vamos a ver, en este tema ¿todo vale? ¿hay juguetes adecuados y permisibles y otros no?¿quién establece los limites? ¿es una cuestión de tamaño o de partes en lugar del todo, o de si se asemeja a una zona corporal determinada o no?

Lo cierto es que es un tema que genera posicionamientos ideológicos bien definidos, provocando unas controversias extraordinarias, polarizando inmediatamente las opiniones. No tanto como el asunto de las películas sexuales, pero doy fe de esto por cuanto lo he sondeado en alguna ocasión en las RRSS, observando opiniones esencialmente distintas entre lo que piensan los hombres y las mujeres y, también, criterios distintos cuando se trata de juguetes destinados a las mujeres y aquellos que están orientados al placer de los hombres. Debate también si se trata de una parte o de la totalidad del cuerpo.

Dado que el sexo interesa a casi todo el mundo, no podía ser de otra manera que la industria hiciera un generoso nicho para hacer negocio. En una sociedad hipersexual como la nuestra, el sexo genera cuantiosos dividendos y esta es, a no dudar, una de las razones de la normalización de las películas sexuales, de la prostitución o de los juguetes eróticos, mercantilizándolo sin pudor con la única finalidad de obtener beneficios sin demasiados escrúpulos. “Es el mercado, amigo” mantra grabado a sangre y fuego en los cimientos del neoliberalismo galopante, espoleado por una rutilante estrella del modelo español (R.R.) quien ha visitado la prisión en alguna ocasión.

Juguetes y muñecas/os sexuales

Pues bien, ya entrando en materia, sus orígenes se remontan a momentos históricos atávicos, imposibles de concretar, evolucionando según la tecnología de cada etapa. En la actualidad, existen diferentes formatos y modalidades desde los juguetes sexuales con apariencia humana -las famosas muñecas y muñecos eróticos, que han evolucionado hacia robots sexuales comportando características propias de la inteligencia artificial- hasta los sencillos y clásicos penes de plástico hechos con los colores de la bandera de un país africano, por ejemplo. Respecto de las muñecas/os no es un tema nuevo, ya que podemos recordar la famosa película española de L. García-Berlanga, Tamaño natural, estrenada en la España pre democrática de 1974.

Es probable que, en un futuro no muy lejano, haya muñecos/as robots sexuales super sofisticados, hechos a medida del consumidor hasta en los más mínimos detalles, no solo con un lenguaje sexual estimulante, movimientos o caricias programables, sino también con lubricación genital y anal adecuada en temperatura y densidad, es decir incluyendo funciones cibernéticas. Incluso que, ya de puestos, puedan hacer otros menesteres domésticos: una versión del todo incluido.

De hecho, ya hay en el mercado avanzadillas exitosas en forma de muñecas con apariencia impecable de mujeres o niñas y que irán perfeccionándose gradualmente porque, según parece, hay clientes dispuestos a comprarlas. Y si no, se crea su necesidad, porque el individualismo y la soledad, con la puerta abierta a Internet, serán elementos característicos del futuro. La tormenta perfecta.

A juzgar por los catálogos de las grandes empresas de distribución, como Amazon o Alibaba, de sobra conocidas, hay una producción extraordinaria de muñecos/as, algunos/as con una apariencia extremadamente realista, más en concreto de niñas, aunque también hay niños, de cuerpo entero, de medio cuerpo o partes del mismo (boca, vulva, ano y pene, sobre todo), con textos sobrecogedores relativos a la virginidad de las susodichas vaginas, que se venden en todo el mundo y que lo llevan a casa de manera discreta en unas horas, incluido en el precio.

Hay algunos modelos tan espectaculares en su realismo, como deleznables en su significación y se venden por esas plataformas sin ningún tipo de cortapisas. Este realismo de las susodichas muñecas ha sido denunciado por diferentes personas e instancias. Una de las últimas fue promovida de manera institucional por parte del Ministerio dirigido por A. Garzón del Gobierno de España, no sabemos si con mucho éxito, porque tan pronto como quitan algunas, salen otras o al poco tiempo vuelven a aparecer. Nosotros lo hemos denunciado también en alguna ocasión, con resultados mixtos.

Pros y contras

Como se ve, por tanto, el debate va más allá de considerarlos unos meros “juguetes sexuales”, planteándose su prohibición por considerar que promueven la paidofilia y la pederastia, frente a quienes arguyen que podrían ser recursos terapéuticos para esos hombres (en su inmensa mayoría) con ese trastorno de conducta sexual.

En algunos países como Noruega están prohibidas. En Estados Unidos son legales, si bien hay campañas muy poderosas para prohibir su venta. En este país, como dato curioso para ver la perfección física que han conseguido los fabricantes de estas muñecas, una madre denunciaba a la empresa productora al encontrar una muñeca sexual muy parecida a su hija, de ocho años, y pide que se ilegalicen estos productos, argumentando que “usaron una foto de mi hija”. En España no hay ninguna normativa legal específica.

Da la impresión de que la controversia existe en razón de la “perfección” del producto: Algunas imágenes y sus dimensiones son del tamaño de una niña y se parecen muchísimo a una niña, inclusive se pueden pedir “a la carta”, a gusto del consumidor.

Los argumentos a favor y en contra de los juguetes sexuales son similares a los que se litigan sobre la pornografía: morales, ideológicos, económicos y científicos fundamentalmente. Las empresas fabricantes suelen argüir que son muy positivos y que el uso de muñecas sexuales en forma de niñas, evitaría que los pedófilos lleguen a cometer asaltos sexuales a menores, sin que lo corroboren acompañando los correspondientes informes científicos.

En consecuencia son aplaudidos por algunos, generalmente fabricantes, que no dudan –convirtiéndose sospechosamente en adalides de la salud de los adictos pedófilos- en defender la idea de que son “útiles” porque evitan el consumo de prostitución, la trata y las agresiones sexuales- Otras industrias más especializadas de muñecas con clara apariencia infantil,  afirman fabricarlas “para aquellos pedófilos que quieren controlar sus impulsos sexuales”, dejando la puerta abierta a que estas muñecas podrían ser utilizadas en su tratamiento.

Con todo, las muñecas infantiles de tamaño y de características físicas muy logradas, generan un rechazo importante, porque se trata de tener relaciones sexuales con una muñeca que representa de forma muy realista una niña. Hay quienes afirman que es una manera de fomentar las agresiones sexuales a niñas/os y mujeres. La influencia del consumo de pornografía, la hipersexualización y las agresiones sexuales a mujeres, ha sido analizada ampliamente en mi programa educativo, ya citado, y sus efectos en las conductas sexuales fue motivo de atención en un artículo anterior.

En el caso de los robots sexuales, con un desarrollo tecnológico imparable en las últimas décadas, plantean algunas cuestiones éticas de singular importancia. Nosotros pensamos que además de constituir una parafilia, deberían ser penalizados no sólo en razón del argumento poco consistente científicamente, de su supuesta profilaxis de los paidófilos y abusadores sexuales en general – a los que hay que ofrecerles, sin ninguna duda, toda la ayuda profesional más adecuada para superar este trastorno de conducta sexual- sino que pueden promover relaciones en las que es imposible encontrar empatía, afecto, intimidad y vínculo humano. Además, refuerza la idea de que las personas son objetos, cosas que se pueden comprar para instrumentalizarlas como oquedades sexuales.

Lo que es indudable es que se trata de una evidente “sexualización de menores”, que resulta difícil encajar en el argumentario de que “podría ser un sustituto adecuado para prevenir abusos reales contra menores”.

Para mí, el riesgo está en que podría promover conductas de abuso/violaciones sexuales a menores en la medida en que se trata de una clara sexualización de niños/as, de acceso fácil, que se compran por dinero, que pueden someterse, toda vez que, muy probablemente y en última instancia, promueve y estimula conductas pedófilas y de pederastia, asociadas a la excitación y al placer sexual, un premio natural de gran poder reforzador; porque, el paso de una a otra, quizá no sea más que una cuestión de tener o no oportunidad de llevarla a cabo. 

Estoy convencido de que una adecuada educación sexual, profesional y científica, es el único recurso que tenemos para prevenir este tipo de trastornos del comportamiento sexual que, de no remediarlo, irán a más.

Nota. La foto que encabeza este artículo ha sido extraída de un catalogo de una plataforma de distribución mundial, el día 16/3/21