Regalo exclusivo a mis seguidores/as: La introducción a mi último libro: TUS HIJOS VEN PORNO 2. ¿Qué hacer en la familia?

INTRODUCCIÓN  

TUS HIJOS VEN PORNO 2 ¿Qué hacer en la familia?

¿Por qué y para qué hemos escrito este libro?

               Querida madre, querido padre:

               Me dirijo a ti en primera persona. De tú a tú. No te conozco, pero estoy seguro de que te preocupa la educación de tus hijos e hijas y por eso has comprado el libro. Quiero decirte en primer lugar que no pretendo convencerte de nada ni que cambies tu forma de educarles. Ningún libro consigue una cosa así, porque las conductas humanas son muy complejas y cuesta mucho modificarlas. En este sentido, hago mías las palabras que dijo el genial José Saramago: “He aprendido a no intentar convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización del otro”.

Me propongo compartir contigo algunas reflexiones más o menos fundamentadas en mis conocimientos y en mi experiencia profesional. Tampoco quisiera, en modo alguno, generar mayor preocupación al describir con realismo lo que, siempre a mi modesto entender, está ocurriendo respecto a las cuestiones que nos van a ocupar en este ensayo, aunque no dudaría en calificar de alarmante la situación, como trataré de mostrar.

Este libro está dirigido a madres y padres como tú porque me consta vuestra preocupación por una de las cuestiones que más interés genera en los medios de comunicación: el sexo en Internet y el consumo de pornografía por parte de niños, niñas y jóvenes. Ya en 2014, en el libro de James R. Stoner[1] Los costes sociales de la pornografía, se señalaba que los contenidos pornográficos a través de Internet son más visitados que Twitter, Amazon y Netflix juntos. De ser cierta esta afirmación y teniendo en cuenta la relevancia de esas tres compañías en el escenario mundial, es para preocupar. No sabemos cómo habrá evolucionado exactamente dicha proporción a lo largo de estos 6 años, pero sí sabemos que las visitas a páginas web de películas sexuales se incrementan día a día y que las webs de porno aumentan exponencialmente.

Adelanto un resumen de lo que vamos a desarrollar en estas páginas: una parte de los chicos españoles -menos las chicas, aunque estas sufren también las consecuencias- se inician precozmente en el consumo de pornografía en torno a los 8 años, una edad cercana, en algunas familias, a la compra del primer móvil. Algunos estudios adelantan la edad a los 6.  A los 16 años ya son mayoría, incluyendo muchas chicas que copian de los chicos estas pautas de acceso.

En el informe anual del Defensor del menor en Andalucía referido a 2019[2] se señala que la pornografía “se está convirtiendo para muchos niños, niñas y adolescentes en su principal fuente de información y educación en materia de educación afectivo-sexual, con las consecuencias altamente negativas que esta realidad conlleva para el propio menor, su desarrollo, su comportamiento y en las relaciones con los demás”. Señala también que el único control que existe en las webs porno, referido a la mayoría de edad, no sirve de nada.

Es sabido que algunos de los vídeos más visitados en Internet son aquellos que escenifican agresiones sexuales diversas y violaciones en grupo. Y aun cuando no viera esas imágenes vejatorias e hirientes, es muy poco probable que un niño de 8 años sea capaz de entender los papeles y las prácticas que exhiben los protagonistas de las cintas pornográficas, los cuerpos que muestran, el sentido y significado de las imágenes y los comportamientos misóginos y sexistas que presentan con demasiada frecuencia. Su córtex cerebral inmaduro no tiene capacidad para ello, pero su cerebro más antiguo sí: responde excitándose.

La mayoría de especialistas en el estudio de la pornografía coinciden en que esta se ha convertido en la principal fuente de información sexual de la juventud y un modelo de comportamiento sexual a escala planetaria[3].

Te voy a decir algo que muchos padres y madres no quieren aceptar y que a la mayoría le incomoda sobremanera: tus hijos e hijas ven pornografía o la verán en breve. Sí. No me refiero a los de tus vecinos, no, son los tuyos. Y permíteme que te diga, además, que valores muy seriamente conversar con tus hijos, largo y tendido, al respecto y cuanto antes mejor. La experiencia nos dice que, ante esta recomendación, los padres suelen preguntarnos un tanto molestos: ¿Tenemos que hablar también de porno con nuestros hijos?

No hay duda de que muchos menores están expuestos a modelos de prácticas sexuales para las que no tienen la capacitación necesaria. Parece de sentido común considerar que una parte importante de los jóvenes que acceden por primera vez al porno carecen de la madurez y la experiencia necesarias para, desde un punto de vista cognitivo, poder procesar esa información y discriminar adecuadamente esas prácticas sexuales que observan en su móvil, por lo que corren el riesgo de validar como “normales” ese tipo de conductas que, por otra parte, son las únicas que ha visto con personas reales y con el agravante de que les excitan sobremanera. Tratar de emularlas y llevarlas a la práctica será una cuestión de oportunidad porque contemplarlas en su pantalla incentiva que tal cosa ocurra.

Por tanto, los menores no tienen restricciones eficaces para acceder a la enorme diversidad de géneros de pornografía en la red, y las que se arbitran, por ejemplo, pedirles la edad, son ridículas. Tampoco disponen de los filtros mentales para comprender el sentido de lo que ven y discriminar como una persona adulta.

Como botón de muestra, una simple búsqueda en dos páginas web porno, de los millones existentes, evidencia que las categorías violencia y adolescentes, en sus múltiples variantes, las conforman miles y miles de vídeos cuyos títulos no pueden ser más explícitos. En el libro anterior vimos diferentes estudios que han analizado los contenidos de los vídeos y las conclusiones no pueden ser más contundentes: la mayoría muestra conductas con algún tipo de violencia. Más que sexo, esos vídeos están mostrando violencia asociada a la sexualidad y esto es precisamente lo que quiero destacar en este libro.

 Algunos y algunas incluso verán esas imágenes antes de haber dado su primer beso, antes de su primera cita y de iniciar cualquier tipo de seducción. Probablemente, también tenga que ver el hecho de que a un importante número de jóvenes les resulta más fácil quedar para acostarse que para conocerse, un rasgo más de los nuevos paradigmas de este siglo. Con todo, el porno es consumido más por los chicos[4], pero, en cualquier caso, las chicas[5] se relacionan con chavales consumidores de películas sexuales. Y este consumo puede afectar a sus relaciones afectivas y sexuales en el futuro provocando dolor, sufrimiento e infelicidad. De todo ello hablaremos ampliamente en estas páginas.

               En julio de 2012, la ONG británica Family Lives[6], impulsora de un estudio y dedicada a la prevención de abusos sexuales a menores y sexting, publicaba un informe[7] advirtiendo que “existe un preocupante auge de violaciones entre niños”. Se indicaba que los niños varones perciben que las niñas con poca ropa merecen ser violadas y que la violencia contra las mujeres es aceptable. Este informe advierte de que niñas de 11 años participan en sesiones sexuales vinculadas con el uso de las redes sociales[8] a través de webcam.

Los autores señalan como factores explicativos el consumo de películas sexuales y el sexting, haciendo hincapié en la responsabilidad de los padres y su inacción para evitar el acceso a este tipo de contenidos. Por otra parte, la organización Culture Reframed[9], una entidad norteamericana de ayuda a familias en temas de pornografía, informa de que el 35 % de todas las descargas de Internet son porno y el 20 % de los sexts son fotos, en su mayoría de niñas de 15 años o menos.

Nos interesa destacar, a modo de ejemplo y por su carácter significativo, tres casos de los que informa esta asociación británica.  El primero es el de un chico de 12 años que fue juzgado por violar a una niña de 9 tras estar viendo películas sexuales duras en la red porque, según dijo a la policía, “quería sentirse mayor”.

El segundo caso que aporta esta ONG fue el descubrimiento de un padre: su hija de 11 años intercambiaba imágenes suyas, desnuda, en sesiones de webcam con un chico de 14. El padre señaló que nunca había percibido interés por el sexo y por los chicos en ella. Revisando su historial en Internet, descubrió que había estado hablando con el chico y visitando sitios web de películas sexuales. Finalmente, un tercer caso del que informa dicha entidad es el de chicos de 14 y 15 años convocados a través de una red de mensajería para participar en la violación grupal de una niña pequeña.

Me permito contar un par de casos más de nuestra “cosecha particular”. Una madre nos refirió en consulta que una tarde en que su hija de 8 años jugaba en su habitación con su vecino de 9, como tantas veces lo hacían en una u otra casa, al llevarles la merienda se encontró con que la niña le estaba haciendo una felación al niño.

El otro es que, al finalizar una conferencia, un hombre de mediana edad se acercó y nos dijo que su hijo de 10 años no tenía móvil y que utilizaba el suyo para acceder al porno por las noches, cuando el padre se acostaba. Se dio cuenta porque le saltaban varios pop-ups (ventanas emergentes) vinculados con la pornografía y al comprobar el historial observó el número de páginas web de películas sexuales visitadas, los días y las horas dedicadas. Una barbaridad, afirmaba.

Al principio pensó en su mujer, pero resultó ser su hijo de 10 años. Al darse cuenta entró en schock y estuvo varios días sin saber qué hacer. Él nos manifestaba que su hijo no estaba preparado de ningún modo para comprender ni el funcionamiento sexual de los actores y actrices ni el tipo de prácticas que aparecían en los filmes o los papeles de los protagonistas.

Un interesante hilo en Twitter[10] de Betrayed Infancy, una organización comprometida en la denuncia de los abusos sexuales a menores y la pornografía infantil, señalaba algunos casos dramáticos recogidos de los medios de comunicación[11]:

  • Un niño de 7 años fue abusado sexualmente por seis menores de 7 a 15 años en una cancha de futbol en Medellín. Ansioso por jugar con ellos, fue obligado a practicarles sexo oral a los seis y los de 11 y 12 años decidieron violarlo.
  • Una niña de 4 años es abusada por un menor de 13 años.
  • Seis adolescentes de 14 a 17 años abusan sexualmente de una menor.
  • Siete menores violan a una chica tras tenderle una trampa.
  • Varios chicos de 19 y 13 años violan a una menor de 4 años.
  • Un chico de 13 años fue condenado por violar a un niño de nueve años y abusar sexualmente de otros dos cuando tenía 11 años[12].
  • Dos menores violan a una niña de 13 años en un botellón y la golpean para vencer su resistencia.
  • Un menor de 14 años viola a una niña de 5 años familiar suya.
  • Cinco menores violan a una niña y afirman que fue sexo consentido.

Veremos otros casos de lesiones anales en chicas menores por prácticas sexuales copiadas del porno, pero nos gustaría advertir de estos hechos tal y como hace la Dra. Meagan Tyler, una de las especialistas más reconocidas sobre pornografía: “La investigación muestra que las mujeres sufren de incontinencia fecal como resultado del sexo anal y que están incómodas con la suposición de que se ha convertido en la norma[13].

En otro artículo se indica que “el número de mujeres jóvenes que reciben tratamiento por lesiones genitales está aumentando debido a la presión para imitar lo que ven en la pornografía[14].

Un estudio[15] con chicos y chicas australianos consideraba que la mayoría de ellos creía que el uso de estos materiales estaba generalizado en su edad, lo que da una idea del grado de normalización en la población juvenil. Además, los chicos sobreestimaban el consumo de porno en las niñas, creen que ellas consumen de manera similar a ellos. Esto podría explicar, en parte, esa “imposición” de ciertas prácticas sexuales.

Con todo, mi reflexión a este respecto es que muchas niñas y jóvenes son víctimas de esa situación desde una doble perspectiva: No obtienen placer y probablemente consecuencias para obtenerlo en el futuro, toda vez que parecen estar al servicio de los chicos. Algo que nos debería hacer reflexionar.

En ese estudio, que es un poco antiguo, se analizaron 31 sitios web especialistas en violación. No hay manera de saber si lo que se ve es real o ficción: víctimas atadas, gritando y expresando dolor, armas y objetos amenazantes… La mitad de esas webs describen a la víctima como joven, adolescente, colegiala y lolita. Las palabras presentes en los títulos acentúan la naturaleza de las imágenes: violación, tortura, abuso, brutal, dolor.

Además de las de violaciones, hay también películas de zoofilia, upskirts (fotos tomadas por debajo de la falda) o aquellas que se consiguen subrepticiamente en baños, servicios o vestuarios. Hechos que la sociedad considera delictivos.

Aunque volveremos sobre ello, la prueba inequívoca de lo que decimos es que la plataforma más importante del mundo de pornografía Pornhub eliminó, en diciembre de 2020, más de la mitad de todos sus contenidos -nada menos que unos 10 millones de vídeos-, en tan solo 24 horas. De un listado de más de 13 millones pasó a tener apenas 3 millones, todo ello después de un artículo de The New York Times que motivó a Mastercard y Visa a bloquear los pagos con sus tarjetas para esa empresa. Cuando se toca el bolsillo, enseguida se entra en razones.

¿Por qué? porque esos contenidos eran inaceptables. El periodista señalaba que “La página está infestada de videos de violaciones. Monetiza violaciones de niños, pornovenganza, videos grabados sin consentimiento en duchas de mujeres, contenido racista y misógino y escenas de mujeres siendo asfixiadas con bolsas de plástico”.

Hasta ese momento ese portal permitía subir vídeos robados a otras personas, así como imágenes de abusos a menores. En otro artículo[16] se señala que hay un gran número de vídeos “en los que las violaciones, vejaciones y abusos a menores son muy reales y han sido publicados por personas que la plataforma no ha perseguido ni denunciado ante las autoridades”[17]

Por último, nos gustaría hacer referencia a un hecho de gran interés para el tema que nos ocupa. A finales de diciembre de 2020, la sociedad española se conmocionaba por la siguiente noticia[18]: La Policía Nacional había detenido en nuestro país a cuarenta personas por distribuir pornografía infantil. Hasta aquí podría ser una noticia normal y lamentablemente habitual, sin embargo, de esos detenidos sólo seis eran mayores de edad. Los demás, niños y adolescentes que llevaban una vida completamente normal, es decir, buenos estudiantes y socialmente adaptados.

Según los policías encargados de la investigación, a los que les sorprendió la crudeza de los vídeos a pesar de que estaban acostumbrados, eran materiales pornográficos de realismo extremo, incluyendo la violación de un bebé de cinco meses o agresiones sexuales a una niña de dos años.  Por tanto, no se trataba de vídeos porno convencionales, de sexting o de relaciones sexuales adolescentes, no, era un salto cualitativo, si bien se apresuraron a decir que las grabaciones eran de países extranjeros, suponemos para quitar hierro al asunto.

Los materiales se compartían a través de Instagram, una red social que se caracteriza por la censura de un pezón de una chica, pero que de todos es sabido que se trata de una red en la que se comparte pornografía y enlaces a páginas de prostitución.

Un responsable policial señalaba que “No se trata de una red de pornografía infantil, sino de usuarios independientes que suelen ser chicos, es muy raro que encontremos a alguna mujer”, En total se ha identificado a 51 personas, de las cuales 45 eran menores de edad y, de estas, siete carecían de responsabilidad penal al ser menores de 14 años.

Este responsable policial, señalaba en la entrevista de EL PAIS que “Actualmente hay un acceso demasiado rápido y fácil a la pornografía en la que la mujer es utilizada como objeto y, además, el mayor placer se obtiene cuando hay violencia. Esto está influyendo en el desarrollo evolutivo y sexual de los jóvenes que ven como normales este tipo de comportamientos”, apunta el funcionario de los Cuerpos de Seguridad españoles y proseguía: “El consumo de pornografía favorece las conductas machistas y sexistas que, en el futuro, pueden dar lugar a violencia contra la mujer. Cuando se producen agresiones sexuales entre varios menores que las graban con sus móviles y ellos mismos las cuelgan en la Red, no son conscientes de que lo que están haciendo no es un hecho normalizado”.

A los pocos días, otra noticia[19] señalaba que, en la comarca valenciana de La Ribera, habían sido detenidos tres menores por violar a una compañera suya del Instituto, de 15 años de edad.

Estas noticias cada vez son más frecuentes y, probablemente, características de este momento histórico en el que nos toca vivir. No tenemos constancia de la frecuencia de este tipo de hechos en generaciones anteriores. En cualquier caso, es algo que veníamos advirtiendo desde hace muchos años y que forma parte de nuestro concepto de “generación de niños y niñas pornográficos” que vimos en detalle en el primer libro.

¿Datos excepcionales que indican una tendencia?

Es probable que estos casos no sean muy numerosos, si bien algunos no se denunciarán, por lo que no sabemos en realidad la prevalencia de este tipo de agresiones pero, a mi modo de ver, son indicativos de la tendencia a la que asistimos sin hacer gran cosa por modificar su curso.  Mi lectura es que son significativos de una realidad que va a más y que no son sino la punta del iceberg de los múltiples tipos y modalidades de agresiones sexuales. Y nada mejor que recurrir a los últimos informes institucionales en España.

Sendos informes de 2019 y 2020 de la Fiscalía[20] española concluyen que “existe una inequívoca tendencia al incremento de la violencia entre menores, adolescentes y jóvenes”, siendo la franja de edad entre los 16 y 17 años en la que se da este fenómeno con mayor incidencia. Este incremento cercano al 40 % está, a juicio de la institución, asociado al consumo de pornografía en las redes sociales, donde se cosifica a la mujer.

La tendencia es evidente desde 2012 en lo que respecta a las relaciones sentimentales “iniciadas a una edad cada vez más temprana, y que se asientan sobre pautas de control y dominación del chico sobre la chica”.

Más en concreto, en el informe de 2020[21] se alertaba de un “alarmante incremento” de las ideas sexistas y de la violencia sexual entre menores y adolescentes, considerando “muy preocupantes” los abusos sexuales cometidos por menores, cuyo aumento fue del 15 % en relación con el año anterior. En el caso de la Fiscalía de Barcelona[22], el porcentaje se incrementaba al 25 %.

Lo dramático del caso es que sabemos que esto es solo una parte visible, dado que la mayoría de los abusos sexuales no se denuncian, en particular aquellos en los que el abusador es adulto y cercano a la víctima. Sobre este extremo todos los especialistas parecen coincidir. El Centro Nacional de la Explotación Sexual (NCOSE)[23] advierte que cada 11 minutos los servicios de protección infantil de Estados Unidos corroboran una afirmación de abuso sexual infantil.

La organización NSPCC[24] (Sociedad Nacional para la Prevención de la Crueldad hacia los Niños) señala que alrededor de un tercio de los abusos sexuales en el Reino Unido los cometen menores y que estas agresiones aumentaron en un 57 % en el último año.

Un dato oficial más, según el INE, en 2019 aumentó en un 28.8 % el número de menores condenados por delitos sexuales y se incrementaron los delitos de “naturaleza sexual” un 34.4 % respecto a 2018. En los adultos, los incrementos fueron del 11.4 % y el 15.2 % respectivamente. En ese mismo artículo[25] se cita una encuesta del Ayuntamiento de Barcelona en la que se constata que un 7 % de los hombres no consideraba agresión obligar a una mujer a tener una relación sexual.

Estos casos plantean preguntas de gran interés para las que no tenemos todavía una respuesta satisfactoria. ¿En razón de qué un menor de edad decide agredir sexualmente violando a otra/o menor? ¿Refleja una biografía de abuso del agresor? ¿Se trata de una cuestión de poder? ¿Tienen este tipo de conductas algo que ver con el consumo de pornografía?

En este trabajo trataremos de ofrecer algo de luz a este respecto, advirtiendo que hablaremos fundamentalmente de la pornografía de contenidos heterosexuales.

Cualquier niño con móvil y acceso a Internet se topará más temprano que tarde con el porno. Puede encontrarse con sitios web en donde existen millones de vídeos de toda índole, algunos esencialmente repugnantes. Por ello es preciso intervenir desde el punto de vista educativo. Mi mensaje es que, por ahora y en la sociedad neoliberal y consumista que nos toca vivir, la exposición de nuestros hijos e hijas a la pornografía y al porno violento es inevitable y esto comporta diferentes riesgos, entre ellos, el de la adicción y sus consecuencias.

Un reciente estudio[26] ‘Estado de la Ciberseguridad y la Convivencia escolar 2020’ constata la “preocupante exposición a contenido para adultos a la que están sometidos niños y niñas en internet desde edades cada vez más tempranas”. El 40% del alumnado de 5º de primaria afirma que navegando por internet se ha encontrado alguna vez contenido sexual para adultos, pero solo el 12% reconoce que le han hablado alguna vez sobre sexo en casa o en el colegio.

Referido a la educación secundaria, en este documento se señala que casi la totalidad del alumnado ha consumido pornografía alguna vez, pero sólo el 46% ha recibido algún tipo de educación sexual por parte de su familia o el colegio. El 20% reconoce que lo consume habitualmente.

Finalmente, este trabajo revela un dato muy importante y del que hablaremos más adelante: “La mayoría de los menores realizan su primer acceso a pornografía el mismo año en que reciben su primer móvil”. El regalo del móvil, en consecuencia, es un elemento central: Debe ir acompañado necesariamente de la formación explicita de sus riesgos, incluido el consumo de pornografía.

Los tiempos cambian que es una barbaridad y se adaptan a las necesidades. ¿De quién? En mi época escolar, a los remisos a hacer gimnasia se les ofrecían como alternativas partidas de ajedrez y de damas. El póker pasó a ser considerado deporte.

Ahora el porno tiene festivales, merchandising, espacios en TV… Los jóvenes lo ven como algo cool. Forma parte de la normalidad.

Nos guste o no, van a ver porno mucho antes que las generaciones anteriores y un tipo de vídeos que no tiene absolutamente que ver con los de hace 30 o 40 años. Se mueven por Internet con una facilidad que ya la quisiéramos para nosotros. Lo verán, aunque le quitemos el móvil, aunque les metamos miedo o los llevemos al pueblo con los abuelos, aunque “les cortemos los deditos”, como diría la psicóloga Adriana Andrade[27].

¿No es más razonable y realista considerar que, cuando lo vean, que lo verán, es mejor que estén preparados para ello, que su mirada informada encaje mejor esas imágenes? Y, aún más, que puedan contarnos lo que han visto porque desde muy pronto hemos creado un entorno de confianza.

La capacitación específica

La gran mayoría de los investigadores e investigadoras que hemos consultado para confeccionar este manual recomiendan encarecidamente que las autoridades educativas y las familias se planteen muy seriamente lo que está pasando y que no miren para otro lado como pasa en la actualidad, instándoles a que hagan importantes esfuerzos en educar a sus hijos e hijas al respecto. El consenso aquí es muy significativo.

Este libro está hecho fundamentalmente para que padres, madres y docentes tomen conciencia de la realidad. Un menor con un móvil con acceso a Internet es muy probable que vea porno. Puede ver cualquier cosa, incluso aquello que nos pueda parecer imposible e inimaginable. Incluso hay páginas webs[28] que seleccionan los vídeos porno más desagradables.

Y todo esto ocurre en una sociedad hipersexualizada que erotiza permanentemente el cuerpo de las mujeres y las niñas con finalidad consumista. Solo hace falta ver unos cuantos anuncios de coches, joyas o colonias. Este tema lo analizamos ampliamente en el primer libro.

La falta de educación sexual endémica en nuestro país obliga a nuestros niños, niñas y jóvenes a buscar respuestas a sus legítimas inquietudes e intereses sexuales en Internet, topándose (o buscando) inevitablemente con películas porno violentas, son las que más abundan en la red, de manera gratuita, a cualquier hora del día o de la noche. Las consecuencias pueden ser insospechadas. Algunas las conocemos sobradamente

La tesis que pretendo compartir es bien sencilla: La pornografía violenta ha venido para quedarse y poco se puede hacer para regularla o prohibirla. Tan solo tenemos un recurso: una educación sexual profesional, científica, impartida desde primaria hasta la universidad por docentes cualificados, así como una decidida intervención y una mayor implicación de las familias.

¿Por qué? porque las películas porno, muchas de ellas violentas, son el tutorial de las relaciones sexuales de muchos de nuestros jóvenes. Su manual de instrucciones. La mayoría de las violaciones a menores, individuales o en grupo, parecen el guion de una película porno violenta. Mientras no reconozcamos esto y pongamos una pronta solución, seguiremos permitiendo una generación que yo denomino #niñospornograficos, a cuya prevención nos hemos dedicado en los últimos años.

Esta es una de las pocas certezas que tengo en este ámbito, ya que es la única manera de evitar esa quinta y de hacer frente a la imponente y poderosa industria pornográfica que, al igual que a los cárteles de la droga, las tabacaleras o al lobby del alcohol, tan solo se preocupa de obtener beneficios económicos generando consumidores y adictos. O educación sexual o porno, ese y no otro es el dilema.

En el caso de los abusos sexuales y del sexting, por poner solo dos ejemplos que veremos en detalle, es claro: si están bien informados, conocen determinadas habilidades para afrontar esas situaciones y tienen las ideas claras, tienen mucha menor probabilidad de intercambiar fotos con desconocidos ni quedar con ellos.

Según el Ministerio Público Tutelar[29] de Argentina, el 80 % de los niños y niñas que denuncian abuso sexual se dieron cuenta por primera vez de que eran víctimas de este delito en la escuela, en las clases de Educación Sexual Integral (ESI).

Acerca de los likes y los seguidores

Me permito plantearte una preocupación sobre este entorno digital en el que estamos inmersos y sin posibilidad de vuelta a atrás. Muchos padres suben fotos de sus hijos a Internet sin control, acostumbrándoles a exhibirse y recibir algún tipo de recompensa en forma de likes, independientemente del riesgo que ello supone de posibles chantajes por parte de terceros.

Esta costumbre repetida ilimitadamente en Instagram o TikTok podría fomentar más adelante el sexting, el intercambio de imágenes eróticas y la consideración, por qué no dar el siguiente paso, de que es normal cobrar dinero por ello. Tal vez estemos muy cerca de traspasar esa línea roja fomentando indirectamente el uso de plataformas porno como OnlyFans o similares. Es la nueva pornografía.

Los creadores de las redes sociales y la mayoría de las aplicaciones y plataformas son buenos conocedores de los mecanismos de “fidelización” basados en los conocimientos de la psicología clásica y que utilizan sin pudor, para asegurarse de que las personas pasen el mayor tiempo posible en las mismas. Sobre todo, de aquello que los psicólogos llamamos condicionamiento operante, que se basa en dar premios o castigos a aquellos comportamientos que queremos que aprendan o desaprendan.

Dos de los premios por excelencia en las redes son los likes y los seguidores. Para conseguir likes y seguidores tenemos que ofrecer una serie de publicaciones en forma de textos, fotos, GIFs, emoticonos, etc.,   con la pretensión de contar con el favor de los usuarios de la red y “engancharlos”. Aquellas publicaciones más atrevidas generaran más likes y seguidores que, inevitablemente, van a pedir más. Los likes más numerosos se los llevan las fotos que muestran más milímetros de piel íntima.

Pues bien, los jóvenes y los menores aprenden que quienes fuerzan el límite, incluso si traspasan la línea o al menos la rozan, serán más aplaudidos y admirados. Claro que un menor tiende a pensar que esa es la realidad sin contar con quienes están al otro lado “aplaudiendo”, desconociendo sus aviesas intenciones. En el caso de los pedófilos y los menores es paradigmático.

Por tanto, los likes son el premio que nuestro cerebro necesita para sentirse bien y estimular la producción de dopamina. Es preciso tener en cuenta que los likes son adictivos, como si fueran una nueva droga. Una recompensa de carácter variable que las redes sociales utilizan abiertamente para captar nuestra atención y ocupar nuestro tiempo. La dopamina tiene su importancia y lo vimos con detalle al hablar de las alteraciones cerebrales que produce el consumo abusivo de pornografía. Las diferentes aplicaciones, en particular las redes sociales, se pelean por captar nuestra atención y que estemos el mayor tiempo posible en su “corralito”, ya que eso les supone tener más información nuestra y vender más espacios publicitarios.

Un artículo[30] sobre los menores y jóvenes en TikTok advertía a propósito de subir vídeos sexys que: “Cuando los niños obtienen la gratificación instantánea de ganar toneladas de seguidores y seguir determinadas tendencias, esto solo alimenta su deseo de hacer más vídeos similares”.

No es nada nuevo. El halago, el reconocimiento, el premio, la palabra amable y cariñosa son recompensas que los seres humanos utilizan desde siempre como un refuerzo positivo de la conducta. Sin embargo, las RR SS no han hecho sino potenciar y generalizar ese hecho con un clic.

Nos gustaría dejar constancia de la frecuencia, casi general, con que los jóvenes utilizan el sexo como un elemento de popularidad. Por tal razón, quien cuenta el chiste más atrevido, el más puesto en el tema, el que más experiencia tenga o aquel que haya visto películas más osadas, triunfa más. O también quien tiene más relaciones sexuales, más parejas. Se prima la cantidad sobre la calidad.

También es interesante destacar los riesgos de salud mental derivados del uso de Internet y de las redes sociales. Un psicólogo especialista en este ámbito, Pedro Moreno, declaraba que: “Cada vez hay más jóvenes con ansiedad y depresión por la frustración que generan las redes sociales”[31]. En su criterio, hay gente que “muere por un like y ese tipo de enfoque vital le hace presa de la ansiedad y de la depresión a edades cada vez más tempranas”.

Las redes sociales están teniendo un efecto dramático en la salud mental de las niñas. Según el famoso documental El dilema de las redes sociales, emitido por Netflix en 2020, especialistas consultados señalaban que había habido un enorme aumento en las tasas de suicidio y autolesiones en menores.

En ese documental, del que hablaremos en el apartado de recursos educativos, uno de los creadores de las aplicaciones más exitosas de Internet refiere que ellos nunca creyeron que algo como el clic “Me gusta” o el corazoncito rojo diseñado para algo positivo acabarían siendo un elemento clave para la adicción y la confrontación. Me cuesta creer esa “bondad” y ese “altruismo” en uno de los creadores de los negocios más espectaculares de la historia.

El porno como educador sexual

Incomprensiblemente, una de las páginas porno más importante del mundo ha creado un apartado específico en su web destinado a ofrecer información sexual a los adolescentes, aun cuando los menores de 18 años tienen prohibido el acceso, lo que confirma que ese coto no sirve para nada y todo el mundo se lo salta. Tiene tela que el porno se autoconsidere guía en la orientación sexual de la juventud. Lo terrible es que lo ha conseguido.

Si ya de por sí la pornografía se ha convertido en un “mediador cultural” para que los jóvenes entiendan y experimenten el sexo, ahora pretende convertirse en su mejor educador sexual. Justo al lado de millones de vídeos porno muchos violentos y muchos con títulos explícitos sobre violación, relaciones incestuosas, jovencitas, etc. Algo así como si el lobby del alcohol fuera el encargado de hacer educación para la prevención del alcoholismo y como medida educativa instalara quioscos de bebidas alcohólicas gratuitas a la puerta de los colegios.

En consecuencia, si los padres no hacen educación sexual adecuada, otros lo harán en su lugar, de cualquier manera y con el claro objetivo de generar adictos.

Los padres, madres y docentes deben tomar conciencia de esta realidad y la primera medida para afrontarla es su formación en este tema para poder ofrecer a sus hijos e hijas una educación más eficiente. ¿Cómo hacerlo? Este libro pretende ofrecer algunas respuestas.

Pero quiero dejar claro desde el comienzo que esta educación que proponemos tiene que ser igualitaria para chicos y chicas. No vale ser más restrictivos con las chicas y permisivos con ellos. Algunas agresiones sexuales se podrían haber evitado si la chica menor no hubiera subido a un piso con tres jóvenes mayores, pero lo que está claro es que no se habrían producido si los chicos no hubieran invitado a la chica a subir y, mucho menos, para aprovecharse de cualquier situación de vulnerabilidad de ella. Hay que decir a los varones que nunca, bajo ningún concepto, agredan a una mujer.

Mi opinión es que si los chicos y chicas saben qué es la pornografía y sus recovecos, perderán gran parte del interés. Si revelamos el truco el porno pierde su “magia”. Por tanto, educar y capacitar puede permitirnos que ellas y ellos tengan diferentes opciones y argumentos para tomar una decisión. La industria solo persigue sus beneficios a costa de denigrar la sexualidad y a los hombres y mujeres que la practican en sus pantallas. Es, también, una cuestión ética y de valores.

Porque el truco del porno es asociar la excitación sexual y el placer con imágenes distorsionadas y especiales que estimulan las zonas más primarias de nuestro cerebro. Vincula un hecho natural y saludable con conductas sexuales que no lo son. Eso es lo que tienen que comprender nuestros hijos e hijas.

Como trataremos de mostrar, a la industria pornográfica no le interesa lo más mínimo la salud de nuestros menores y jóvenes, de tus hijos, sobrinos o nietos. Tenemos que comprender que estas plataformas de películas sexuales, al igual que las casas de apuestas o los lobbies del alcohol, las drogas o el tabaco, están diseñadas y pensadas para generar adictos, si son menores, mejor, en la medida en que son más fáciles de captar y, a la vez, son potenciales consumidores de películas sexuales en el futuro cercano. A nuestro juicio, esta es una de las claves para entender el problema.

¿Te acuerdas de cuando tú eras joven?

               Mi primera sugerencia va para ti y es una invitación para que recuerdes algún pasaje de tu historia personal, cuando eras niña, niño o adolescente. Para que te tomes unos minutos y pienses cómo accediste a los conocimientos y a los hechos sexuales.

La sexualidad es importante para todas las personas y también para los niños y niñas. Para unos más que para otros, claro. Pero es un aprendizaje significativo y muy particular porque comporta gran interés y atracción y, a la vez, excitación y placer, por lo que nuestro cerebro, que es muy receptivo y sensible a todo ello, lo tiene a buen recaudo.

               El sexo activa nuestra materia gris, está perfectamente arraigado en ella, en particular en el cerebro emocional, más primario y atávico, en los impulsos biológicos básicos, pero también en los aprendizajes que comenzamos a establecer desde el nacimiento. Los primeros conocimientos y las primeras experiencias sexuales están bien guardadas en nuestra memoria, en una atalaya privilegiada, por lo que no dudo que los rememorarás.

               Trata de situarte en torno a tus 10-12 años y recuerda qué hacías para resolver tus dudas, preguntas y preocupaciones en torno a la sexualidad. ¿Con quién hablabas de ello, si es que lo hacías con alguien?  ¿Con tu padre y/o tu madre por igual? ¿Con uno más que con otro?  ¿Tal vez con los amigos y amigas? ¿Consultabas alguna revista, libro, vídeo o la televisión?

               Recuerda con quién te hubiera gustado hablar e informarte de estas cuestiones. ¿Con personas o medios diferentes a los que recurriste? ¿Tal vez hubieras deseado que alguien cercano a ti te hubiera hablado con cariño, con tranquilidad, sin tabúes, sobre aquellas cuestiones que te preocupaban y respondiera las preguntas que te asaltaban y para las que no tenías una respuesta tranquilizadora? Incluso, ¿habrías preferido que te hubieran dado algunas informaciones explícitas, concretas, algún consejo sobre la conducta y las relaciones sexuales que vendrían luego?

               Con todo este bagaje de conocimientos, actitudes sexuales y conductas sexuales que has ido acumulando a lo largo de tu vida, tengo el atrevimiento de preguntarte qué tal te ha ido tu vida sexual y afectiva, en tus relaciones amorosas.

               Ya sé que es un atrevimiento, pero, bueno, la respuesta solo la vas a saber tú.

               ¿A qué viene esta actitud preguntona sobre cuestiones tan íntimas nada más comenzar?, dirás.  Pues bien, como te he dicho, durante 37 años he trabajado como psicólogo clínico especialista en Sexología, 36 de ellos en una consulta en un centro de salud público atendiendo en exclusiva problemas y disfunciones sexuales. Todos los días atendía a hombres y mujeres o parejas que venían a consulta por diferentes cuestiones de naturaleza sexual que les preocupaban, que afectaban a su vida o a su relación y que les hacían sufrir en mayor o menor medida.

Sesión de trabajo con familias en Etxauri (Navarra)

               El sexo, que interesa de una u otra manera a la mayoría de las personas, es también una cuestión de salud y como tal tiene unos maravillosos efectos bienhechores, además de la gratificación y el placer para la persona y para su relación de pareja. O, al contrario, puede ser una fuente de sufrimiento y frustración. Mi experiencia clínica corrobora con absoluta claridad esta afirmación.

               Por ello, puede que en alguna ocasión te dé la impresión de que soy rotundo en alguna de mis afirmaciones o consideraciones. Lo hago porque mi grado de convencimiento respecto a la asociación entre la educación sexual recibida en la infancia y adolescencia y la calidad de las relaciones afectivas y sexuales posteriores es alto. No tengo muchas dudas al respecto. Con toda probabilidad, muchas de las personas que han acudido a mi consulta -no me gusta mucho llamarlas pacientes- no lo habrían hecho si hubieran tenido otras condiciones y oportunidades de aprender y experimentar determinados hechos sexuales en su biografía, evitándose dolor emocional y malestar psíquico.

               Por consiguiente, en este libro te voy a contar muchas cosas y, en particular, quiero compartir contigo algunas reflexiones que son el resultado tanto de esa experiencia clínica como de la educativa, ya que, además de la consulta psicosexual, he impartido centenares de cursos y conferencias sobre sexualidad y educación sexual en España e Iberoamérica y sigo haciéndolo, felizmente.

               Pues bien, de esa experiencia destaco la necesidad de que te plantees, si no lo has hecho antes, en profundidad y con valentía, digo bien, con valentía, la educación sexual y afectiva de tus hijos e hijas porque su futuro, en lo concerniente a esta parte de su vida, podría estar condicionado por muchas variables entre las que destacaría la relación que hayas establecido con ellos.

Son importantes también las que tienen con sus amigos/as y familiares cercanos. Todas estas relaciones están asociadas a determinadas conexiones cerebrales extraordinariamente complejas que el/ella ha establecido con esas interacciones.  Se quedan fijadas, pegadas, es decir, que se aprenden y se recordarán. No quiere decir que determinen de por vida, no, pero son muy importantes.

               Por otra parte, casi todo se puede reconducir en cualquier momento del ciclo vital. Por uno mismo, con ayuda del entorno o con apoyo profesional. Pero, cuanto mejor sea su educación sexual y afectiva, la probabilidad de que sus relaciones interpersonales y su vida amorosa sean gratificantes, placenteras y felices aumentará. A la gran mayoría de las personas con las que he hablado les hubiera gustado recibir otro tipo de educación sexual y no querrían repetir los errores que cometieron sus padres y educadores/as.

               Te adelanto que cuando hablo de educación sexual en el hogar no me refiero solo a la información y conocimientos que podamos transmitir a nuestros hijos. No. La educación sexual, tal y como yo la entiendo son muchas más cosas: por ejemplo, la calidad de la relación que tienes con tu pareja y la que tenéis con vuestros hijos e hijas, que se proyecta permanentemente en la convivencia familiar. 

Seguramente, en el recuerdo de tu infancia prevalezcan aquellos aspectos que tienen que ver con cómo te sentías y qué tipo de afectos experimentabas más que los regalos, las cuestiones materiales o los éxitos educativos. Las experiencias que tienen que ver con las relaciones familiares, estar juntos, apoyándose, queriéndose o haciendo cosas divertidas, por ejemplo, son recuerdos imborrables y crean el anhelo de repetirlas cuando esos hijos e hijas son adultos y se convierten en padres o madres.

                La Psicología ha mostrado en numerosas investigaciones la importancia de las relaciones afectivas y de los vínculos de apego que se establecen en el núcleo familiar.  En ese marco aprendemos muchas cosas que nos van a ser sumamente útiles en el futuro emocional. Por ejemplo, la bondad o la maldad de las personas pueden estar en juego en esos primeros aprendizajes que se establecen a partir los vínculos de apego. Sin ninguna duda, el padre y la madre son el mejor modelo, el más influyente y que, a modo de espejo, irradia y refleja energía que las hijas e hijos absorben como si fueran una esponja. Probablemente este hecho es uno de los más determinante en la educación sexual. Lo veremos en profundidad.

Por consiguiente, los riesgos asociados al acceso a uso Internet y el consiguiente uso del móvil o la tablet, incluyendo la pornografía, están ahí y seguirán estando, cada vez más omnipresentes, con novedosas propuestas sofisticadas y atractivas. Es prácticamente imposible evitarlo y mucho menos hacer que desaparezca. La pornografía siempre ha existido, pero lo que hay ahora es otro mundo completamente diferente a cualquier realidad anterior.

Habría razones psicobiológicas que justificarían esa atracción por el porno y el riesgo de la adicción. Si aceptamos que hay una presión biológica en el hombre para fecundar al mayor número de hembras, esta aumentaría por el hecho de ser diferentes, novedosas. La novedad es constante en los millones de vídeos porno. Cada hembra nueva en la pantalla es una oportunidad genética e incrementa el deseo. Dado que la dopamina se libera con mayor intensidad en cada estímulo novedoso y la pornografía ofrece a un joven un ilimitado número de mujeres sexualmente disponibles, la trampa adictiva resultará muy eficiente.

Una encuesta[32] publicada recientemente en prensa, cuyas características científicas desconocemos, revelaba el siguiente dato: el 95 % de los hombres necesita consumir pornografía para masturbarse frente al 27 % de mujeres que admitió no necesitarla. La encuesta señalaba, además, que el 71 % de las mujeres se ha masturbado mientras su pareja dormía al lado, si bien los hombres se masturban más que las mujeres, incluso un 35 % lo hace a diario. El 44 % de ellas utilizan los modernos succionadores de clítoris.

La generalización y consumo de la pornografía es un hecho indiscutible en todas las edades. Siendo realistas, poco podemos hacer que no pase por capacitar a nuestros hijos e hijas en un consumo racional y crítico. La razón es evidente y de sentido común: ver películas pornográficas de manera frecuente, sin una educación sexual previa, puede favorecer que los jóvenes consumidores crean que lo que ven en su pantalla es lo normal, lo que hay que hacer cuando se encuentren en esas circunstancias.

Para poder ayudarles es preciso entender qué es la pornografía y qué es lo que está pasando, qué están viendo nuestros hijos e hijas, qué motivaciones tienen para hacerlo y cuáles son las consecuencias de todo ello.

Probablemente no hay chute más atractivo para un adolescente, que ver pornografía en una deslumbrante pantalla en la intimidad de su habitación, excitado a tope mientras la dopamina inunda su cerebro. ¿Hay algo más novedoso, seductor, excitante y placentero que eso? Además, gratis. Supéramelo. A tu hijo, nieto o sobrino les pasa también esto. Y tú lo sabes. ¿Qué vas a hacer? Porque esa experiencia es, así mismo, profundamente adictiva. Muchos jóvenes se engancharán por el mismo mecanismo que se enganchan a la cocaína o a los porros. Pronto tendremos una pandemia de hombres adictos al porno violento y de mujeres que sufren esas prácticas aprendidas durante cientos de horas.

Tienes que saber que cualquier niño/a con cualquier dispositivo con acceso a Internet se topará, sí o sí, con el porno violento. Conocemos sus graves efectos en su futuro sexual y afectivo. En tú mano está prevenir esas consecuencias. ¿Qué vas a hacer?

¿TE HA GUSTADO? Pues tienes 400 páginas más por lo que cuesta un café. Una oportunidad única. Para que hables con tus hijos/as, nietos/as o sobrinos/as, con rigor y eficiencia y, de paso, apoyes este ingente trabajo que llevo entre manos. Aquí lo tienes. Nos vemos.


[1] James R. Stoner et al. (2014) Los costes sociales de la pornografía. Madrid: Rialp.

[2] http://defensordelmenordeandalucia.es/informe-anual-de-menores-2019

[3] https://internethealthreport.org/2019/educacion-sexual-en-la-era-digital/?lang=es

[4] https://psiconetwork.com/sexo-y-pornoviolencia-los-ninos-pornograficos/

[5] https://psiconetwork.com/ninas-pornograficas/

[6] https://www.familylives.org.uk/

[7] https://ciberconsumo.wordpress.com/2012/06/28/las-tragicas-consecuencias-del-consumo-de-porno-online-entre-los-ninos-segun-family-lives/

[8] Según Isabel Ponce: “Podemos definir las redes sociales online como estructuras sociales compuestas por un grupo de personas que comparten un interés común, relación o actividad a través de Internet, donde tienen lugar los encuentros sociales y se muestran las preferencias de consumo de información mediante la comunicación en tiempo real, aunque también puede darse la comunicación diferida”. https://iabspain.es/estudio/estudio-anual-de-redes-sociales-2019/

[9]https://www.culturereframed.org/

[10] https://twitter.com/BetrayedInfancy/status/1309021547303182336?s=20

[11] https://www.eluniversal.com.mx/mundo/alerta-europa-y-al-abuso-sexual-entre-menores

[12] https://www.bbc.com/mundo/noticias-37751106

[13] https://www.news.com.au/lifestyle/relationships/sex/boner-garage-posts-a-window-into-the-world-of-sexualised-young-women-online/news-story/f7d83a68c48e378027430fd8e93da349

[14] https://www.news.com.au/lifestyle/relationships/sex/boner-garage-posts-a-window-into-the-world-of-sexualised-young-women-online/news-story/f7d83a68c48e378027430fd8e93da349

[15] Flood, M. et al. (2003). Youth and Pornography in Australia: Evidence on the extent of exposure and likely effects Canberra: The Australia Institute, Discussion Paper, Vol. 52: 1-64.

[16] https://www.elmundo.es/tecnologia/2020/12/15/5fd84e64fc6c830f7e8b4627.html

[17] https://www.elmundo.es/tecnologia/2020/12/10/5fd0c317fdddff1e2a8b459b.html

[18] https://www.msn.com/es-es/noticias/espana/40-detenidos-en-espa-c3-b1a-por-distribuir-pornograf-c3-ada-infantil-a-trav-c3-a9s-de-instagram-34-de-ellos-menores/ar-BB1cjIxZ

[19] https://www.20minutos.es/noticia/4550300/0/detenidos-tres-menores-por-violar-en-grupo-a-una-chica-de-15-anos/

[20] https://www.fiscal.es/memorias/memoriaEl2019/FISCALIA_SITE/index.html

[21] https://www.publico.es/sociedad/fiscalia-denuncia-alarmante-incremento-violencia-sexual-menores.html

[22]https://www.ara.cat/societat/memoria-fiscalia-menors-Barcelona-preocupant-augment-delictes-sexuals_0_2523947721.html

[23] https://endsexualexploitation.org/research-institute/ Un interesante informe sobre los abusos sexuales infantiles puede verse en: https://www.acf.hhs.gov/sites/default/files/cb/cm2018.pdf

[24] https://www.hispantv.com/showepisode/10-minutos/reino-unido-abuso-sexual-infantil/59163

[25]  https://www.lavanguardia.com/vida/20200922/483616031722/condenas-menores-cometer-delitos-sexuales-aumentan-29-por-ciento.html

[26] https://gaptain-com.cdn.ampproject.org/c/s/gaptain.com/blog/relacion-entre-el-primer-movil-la-educacion-afectivo-sexual-y-la-pornografia/amp/

[27] https://www.adrianaandradepsicologa.com/post/madres-haciendo-porno

[28] https://www.3djuegos.com/comunidad-foros/tema/20917000/0/18-los-vídeos-mas-asquerosos-de-la-red/

[29] https://www.youtube.com/watch?v=iFfkjp03koQ

[30] https://www.rollingstone.com/culture/culture-news/tiktok-dance-pornhub-nonconsensual-porn-1064794/

[31] https://www-larazones.cdn.ampproject.org/c/s/www.larazon.es/salud/20200910/al54bpcogvck7i2dptxbukxq44.html?outputType=amp

[32] La encuesta fue realizada por JOYclub. Véase: https://www.msn.com/es-es/estilo/pareja/el-71-de-las-mujeres-se-masturba-mientras-su-pareja-duerme-al-otro-lado-de-la-cama/ar-BB1aU8Qz?ocid=msedgdhp

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