Sexo, alcohol, drogas y consentimiento en jóvenes (I): ¿misión imposible en esta generación?

¿Sabías que una universidad pública, como la Rey Juan Carlos de Madrid, ofrece en primicia mundial un curso de formación con título propio: “Experto/a en Prevención de los Efectos de la Pornografía en la Salud Afectivo-Sexual”, para postgraduados, con una duración de 60 horas lectivas y con un plantel de profesorado de primer nivel?

Ya hemos comenzado la segunda convocatoria y haremos más, dada la excelente acogida que ha tenido esta iniciativa pionera. Si quieres saber más, clica aquí.

Me llegan diferentes testimonios de chicas de edades diversas que me dicen que tienen relaciones sexuales sin ganas ¿razón? porque es el precio que hay que pagar para comenzar a conocer a alguien…La felación es la primera barrera a saltar, después de haber tomado algunas copas de más.  Si no accedes, afirman, es difícil que la relación se pueda iniciar y mucho menos que se mantenga.

Al parecer esto no solo ocurre en determinados colectivos de jóvenes. También en plataformas como Tinder, cuya finalidad primordial es promover los ligues, aunque las partes tienen bien claro este objetivo sexual de los encuentros a través de Internet. En cualquier caso estamos hablando de un patrón común: Primero me la mamas, follamos y, luego, si eso, ya veremos.

Es decir, se trata del guion literario de la mayoría de las películas sexuales (término que prefiero al de pornografía, distinguiendo entre eróticas y pornoviolentas) que ven nuestros menores y jóvenes, constituyendo el manual de instrucciones 3.0 en lo que respecta a sus primeras relaciones íntimas.

Sostengo que el paradigma de las relaciones sexuales y afectivas en diferentes grupos de jóvenes parece estar cambiando, y que Internet y la exposición abusiva al porno violento, tienen una elevada responsabilidad en ello. Por tal razón, he dedicado un par de artículos en este mismo blog, que han merecido la consideración de miles de lectores/as.

Además hay una cierta frivolización de las sexualidad y, en algunos ámbitos, se cambian mamadas por apuntes, como señalaba uno de los protagonistas de la docuserie Generación Porno.

Ahora, una investigación de la Universidad de Barcelona ofrece datos reales de esos cambios. En este estudio, se señala que el 2,6% de los jóvenes en nuestro país,  reconocen haber intercambiado sexo por diferentes ‘dádivas’, hecho que, a juicio de los investigadores, es una forma de «explotación sexual», en la medida en que a cambio recibe «recompensas, atenciones o dinero». Este fenómeno afecta más a los jóvenes españoles que a los europeos.
También se señala que el 17,8% de los jóvenes españoles dicen haber sufrido violencia sexual en el último año: ellas sufren más casos, pero ellos, los más graves.
Los chicos lo cuentan menos y los efectos pueden ser devastadores.

Lo cierto es que, en mi opinión, sobresale el modelo masculino tradicional que genera desconcierto (y sufrimiento afectivo) en algunas chicas que, después del kiki, sin desearlo y sin placer, anhelan una segunda cita, encuentro que probablemente no va a producirse. Estas chicas parecen estar copiando ese modelo ancestral que en realidad no le satisface, para goce y jolgorio de los chavales: polvos sin compromiso, cuantos más mejor, para poder alardear de ello en la cuadrilla. Una muesca más en el revolver, que también las chicas parecen copiar igualmente para ganar popularidad.

 Pero hay más novedades a las que esta generación se enfrenta. Baste citar ahora las diversas formas de acoso sexual que los smartphones permiten 24/7, (humillaciones varias, insultos, envío material sexual, peticiones sexuales…) difíciles de soportar para muchas de las víctimas, algunas de las cuales tiran la toalla en forma de conductas autolíticas y trastornos mentales.

En dos artículos, me propongo aproximarme a algunos aspectos de las primeras relaciones sexuales de nuestros menores y jóvenes, así como de la hipersexualización de las niñas, cuestiones muy vinculadas, a partir de tres films que los abordan, en particular algunas prácticas sexuales completamente normalizadas como la felación, sin higiene y sin condón, que parece convertirse en una exigencia previa innegociable.

Estas tres películas, (How to Have Sex, Chinas y Guapis) que recomiendo ver en familia (o en algún debate en clase) en la medida en que pueden tener su interés para conocer y comprender estos cambios, particularmente cómo se entrelazan la iniciación sexual, el consumo de alcohol, drogas y el llamado consentimiento de tal manera que, este último, en ese contexto, no tiene muchas oportunidades de ejercitarse. Diría que muy pocas. ?Pedir/solicitar consentimiento en estas condiciones sería como pedir peras al olmo?

Al final del segundo artículo, como alternativa pedagógica, propongo una actividad educativa encaminada a prevenir algunos de los desastres que estos filmes ponen encima de la mesa.

Esta película estrenada en las salas comerciales en marzo de 2024, dirigida por Molly Manning Walker, es una producción británica que presenta a tres chicas adolescentes que acaban el bachillerato y, como viaje de fin de estudios, se van de vacaciones al sur de Europa, buscando el sol del mediterráneo (en Malia, Creta, aunque podría ser tranquilamente Magaluf o los barrios ingleses de Benidorm) con la expectativa de que sea el mejor verano de sus vidas.

Sin embargo, la búsqueda también incluye otra muy relevante: llevar a cabo los ritos de iniciación intergeneracionales, es decir salir de fiesta para beber como si no hubiera un mañana y tener sexo. Muchas ganas de follar y de perder la virginidad. Todo ello lejos de la familia, hecho que incentiva la conducta transgresora.

Sin embargo, esos anhelos llevan aparejados otros costes: visitar el baño para echar la vomitona, hacer lo propio desde la terraza, incluso evacuar en plena calle, intoxicación etílica o por sustancias, dormir con la cabeza apoyada en la taza del WC o desplomarse tal cual, en cualquier rincón, porque el cuerpo ya no aguanta más tute.

Con todo, es una versión más, una de tantas, de estos rituales ancestrales, aunque en este caso, incorporando los matices propios de la sociedad actual.

El título del filme que bien podría entenderse como un tutorial (Cómo tener relaciones sexuales) acerca de las primeras oportunidades de tenerlas, en realidad, ofrece un modelo totalmente contrario a lo que podría considerarse razonablemente, siempre desde un punto de vista de la salud sexual, unas experiencias saludables y placenteras. Nada más lejos de lo que ocurre no.

La joven directora nos invita a contemplar un relato de sexo y turismo barato, el de botellón, con ilimitadas dosis de alcohol y drogas, el paquete de vacaciones todo incluido al que acostumbran a realizar legiones de adolescentes británicos y nórdicos y que, generosamente, acogen numerosas poblaciones de las islas y de la costa española, porque lo que interesa de verdad es que consuman alcohol hasta que se caigan literalmente. No hay que preocuparse mientras dejen jugosos dividendos.

Quiero destacar algo que considero muy significativo: a los jóvenes nadie les cuenta, con rigor científico, incluso con afecto y cercanía, cómo hay que tener relaciones sexuales.

Bueno, el porno sí, ya que es la única  “agencia educativa” que lo hace, ofreciéndoles su visión raquítica, fisiológica, violenta y machista, extendiéndose con detalle en lo que concierne a la penetración en todas las mucosas femeninas y eso marca, es decir influye de manera decisiva en las actitudes y comportamientos de sus consumidores, como vengo advirtiendo desde hace muchos años.

Días y noches de borrachera con el objetivo de perder el control y en donde, el sexo sin consentimiento expreso, es el protagonista de esta normalización que persigue experimentar, arriesgarse, cruzar límites, buscar nuevas sensaciones… generación tras generación, especialmente todo aquello que la sociedad aparentemente prohíbe y que, por tanto, saltarse las normas o circunvalarlas, le añade un plus de atractivo.

¿Es posible el consentimiento o el mutuo acuerdo?

 En lugar de consentimiento prefiero hablar de mutuo acuerdo, si bien comprendo que, después de haber consumido alcohol y sustancias hasta las trancas, la comunicación verbal para explicar al ligue, los gustos y los límites de cada cual, se me antoja una pura ilusión en buena parte de los casos. La intoxicación etílica, unido a la de la ingesta de sustancias estimulantes, obnubila la limitada capacidad de evaluar riesgos y ventajas de un cerebro adolescente en construcción. Más bien, da rienda suelta a las conductas prohibidas en suelo patrio, cuya transgresión se torna obligatoria a unas pocas horas de vuelo chárter. Además se creen invulnerables y son fans del riesgo y de la inmediatez.

Este hecho creo que no es únicamente británico, porque si los viajes de fin de estudios del bachillerato de los chavales y chavalas españolas hablaran… Tengo algunas anécdotas super interesantes que revelan una doble moral sexual de chicos y chicas entre su lugar de residencia y el lugar de regocijo, un espacio de libertad que anima y facilita estos viajes.

Y hay que hablar antes de las relaciones sexuales. Nos evitaríamos muchos sufrimientos si eso se normalizara. Expresar las preferencias y las que no lo son. Una experiencia trascendente, no se puede dejar a la interpretación de uno u otro o a un confuso lenguaje no verbal. En cualquier momento de la relación, solo sí es sí.

Con todo, seguimos anclados en ese modelo masculino de sexualidad, que se evidencia con rotundidad  en la mamada que se hace en público en lo alto del escenario de la discoteca, donde se exhibe el poderío de los chicos que alardean de su potente  erección, de tener arrodilladas a las chicas a sus pies, chupándoles la polla como posesas o besándole y mordisqueándole todo el cuerpo, espoleados por los gritos y vítores de todos los que les contemplan, chavales y chavalas por igual,  jaleándoles, atiborrados de chupitos, cubatas y pastillas variopintas,  cual hooligans futboleros, al son de una música estridente, siguiendo a pies juntillas las directrices del animador y de la animadora que azuzan el cotarro con su micrófonos.

Todo un espectáculo, lo mejor de la noche, lo más caliente, les dicen por los altavoces ensordecedores, buscando voluntarios atrevidos, valientes y sin límites. Hay que divertirse, pasárselo súper guay, destacar por seguir las exigencias de lo que parece que mola, fingir que todo es maravilloso cuando, en realidad, no te gusta nada de lo que estás haciendo.

¿Qué es eso del deseo sexual, de una excitación maravillosa, de mariposas en todo el cuerpo, de lo que todo el mundo habla? Quizá sea tener sexo, en cualquier sitio, sin placer, con dolor, sin afecto, sin besos o caricias. Penetración rápida en una hamaca de la playa, helada de frio. ¡¡Pues vaya chasco!!

Y al día siguiente, ni una sola palabra. Ni un solo comentario cálido o comentario a secas. Es más, se impone repetir lo ocurrido el día anterior y prestarse a hacerlo otra vez, sin desearlo, incapaz de decir NO al chico obsesionado en metérsela como sea, con todo el grupo gritando y cantando al otro lado de la habitación, en la previa como dicen, volviendo a beber.

Porque estamos hablando de una experiencia sexual completamente insatisfactoria, que con el CP en la mano sería tipificada como agresión sexual, una de tantas que se llevaran a cabo en esos días y noches de alcohol y desenfreno, sea en primavera, en verano o en cualquier otro momento del año.

Un contexto nada favorable para cumplir el objetivo de perder la virginidad como sea, cuya consecución requiere la verga masculina. Porque hay que hacerlo, porque las amigas así lo sugieren/mandan. Porque el grupo con su insoportable presión así lo exige. Para luego decirlo: ya lo he hecho, independientemente de la calidad, del placer o de si es una violación o no.

¿Mayores riesgos?

¿Esta generación Z tiene más riesgos? Sin duda. La frivolización del sexo, la hipersexualización social, la generalización del uso de pornografía violenta, el consumo abusivo de alcohol, drogas y la ausencia de una saludable educación sexual y afectiva, son elementos a considerar, si bien es verdad que algunos de los cuales son similares en todas las generaciones como he señalado aquí.

Tal vez, la incorporación y protagonismo de las chicas en esta bacanal de alcohol y sexo puede ser un elemento novedoso y significativo en el momento presente. En diferentes aspectos, se comportan igual que ellos. De ahí que hable de una generación de #niñosyniñaspornograficos que analizo ampliamente en mi propuesta educativa TUS HIJOS VEN PORNO.

 ¿Cuántas chicas tienen desengaños similares? ¿Cuántas recordaran esa primera experiencia como algo desagradable e incluso traumático? ¿Cuántas se lamentarán de haberlo hecho y se arrepentirán?  Y Los chicos ¿Son realmente conscientes de que es una agresión? Además de eyacular, ¿Qué satisfacción emocional sienten en esas vivencias?

Si bien es verdad que la ausencia de una #educaciónsexualprofesional  y científica, dificulta el tener recursos cognitivos saludables para afrontar esas circunstancias, el asunto se complica gravemente cuando el consumo de alcohol y drogas es el contexto de toda la noche y del día que comienza. Un sin parar. Un auténtico despropósito. En este entorno es muy difícil pedir conductas responsables y empáticas, a no ser que lo tengas muy claro previamente.

Hay que insistir en que los chicos que violan no tienen ningún derecho a hacerlo. Es un delito y es inaceptable desde una ética humanista. Es preciso hacerles ver, pedagógicamente, sin insultos ni descalificaciones, las diferentes formas de violencia sexual, porque me consta que algunos no saben discriminar de manera eficiente.

Pero también hay un mensaje positivo que tenemos que transmitir a nuestros adolescentes: Aún en las peores circunstancias, no todos los chicos son iguales como el caso que plantea esta película. No todos son agresores. Hay quienes no se aprovechan de una chica borracha o drogada. Y hay que decirlo porque muchos no oyen estos mensajes, muy al contrario, están acostumbrados a oír en diferentes pulpitos, recados punitivos y culpabilizadores que suelen generar conductas y actitudes contrarias a las que pretenden. Observo una clara desafección de amplios grupos de jóvenes, hacia valores asociados a la igualdad, dolidos porque se sienten señalados y maltratados.

Los estudiantes de psicología de primer curso estudian este tipo de cuestiones básicas: si lo que quieres es producir cambios en el comportamiento de alguien o de algún grupo, nunca lo vas a conseguir a través del insulto y la descalificación porque, lo más probable, es que consigas el efecto contrario.

Mientras eso llega, mientras esos chicos dejan de agredir, a las chicas también tenemos que decirles que no se metan en la boca del lobo. Y a chicos y chicas advertirles que no beban tanto hasta perder el control, pero me temo que estos mensajes tienen escaso eco en amplias capas de este colectivo, ergo, no esperemos que esos comportamientos de violencia sexual disminuyan significativamente.

En el próximo artículo hablaremos de las otras dos películas seleccionadas: Chinas y Guapis. Hasta entonces.

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