Sexualidad y afectividad en personas con discapacidad (I): Una cuestión de derechos humanos.

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PornEducation para el finde, ¿te atreves? (*)                   #PornEducationParaElFinde

Un nuevo artículo de José Luis García para leer y reflexionar el fin de semana.

Esta serie de 4 artículos están dedicados a todos los chicos y chicas, hombres y mujeres, que tienen el síndrome 22Q11, a sus educadores/as y familias, que tienen una modesta asociación, con la pretensión de  visibilizar su realidad,  ya que siguen sufriendo a diario, no solo la dejación de una buena parte de los responsables educativos y sanitarios, sino también la falta de conciencia de sus necesidades reales por parte de aquellos/as políticos/as que deberían tomar decisiones realistas y valientes, así como la incomprensión y falta de empatía de una parte importante de la sociedad.

Clica aquí si quieres saber más sobre este síndrome o apoyar a la Asociación Nacional que necesita tu colaboración.

Falta de reconocimiento

¿Sabes que las personas con discapacidad también tienen necesidades afectivas y sexuales? Las suyas. Como tú. Cómo yo. Ni más ni menos. Algunas de ellas, manifiestan intereses de esta naturaleza y tienen determinadas prácticas sexuales, en una relación con otra persona o individualmente. Hay quienes tienen menos interés, incluso están las que no tienen ninguno, hecho que hay que respetar. Como acontece en el resto de la población, donde existe una gran diversidad de realidades y vivencias.

Nos consta que la pornografía es para un grupo importante de ellos una fuente de información y aprendizaje de los hechos sexuales, al igual que sucede en otros sectores poblacionales sin discapacidad.

Sin embargo, la situación de ocultamiento y negación, en términos generales, que han vivido estas personas, particularmente las que presentan una discapacidad intelectual (D.I.) en lo que concierne a su dimensión afectivo sexual, ha sido una constante en la historia. Es también conocido que estas circunstancias han sido mucho más restrictivas para las mujeres de ese colectivo.

A este respecto, hace muchos años (exactamente en 1998) escribíamos un artículo sobre la SEXUALIDAD DE LA MUJER CON DISCAPACIDAD en el número 114 de la revista Minusval del antiguo IMSERSO, cuando era “políticamente poco correcto y muy polémico”, hablar de estas cuestiones

Unos años antes, en concreto en el número 69, de septiembre de 1990, participamos activamente en un monográfico sobre la sexualidad y la discapacidad, que fue un hito en aquella época, todo ello como complemento al Primer Congreso Nacional que se había hecho en Albacete sobre tal asunto. Años intensos aquellos. A decir verdad, esta revista tuvo su época gloriosa en la divulgación de esta temática.

En mi opinión, el grado de discapacidad revela que cuando este es mayor, suele haber también una mayor desatención en esta área y, cuando es menor, los riesgos sexuales y reproductivos se incrementan. Con todo, los efectos del consumo de pornografía  más aún aquella que presenta contenidos violentos, deben ser considerados como una prioridad a tenor de la falta de capacitación y educación que tienen estas personas en estos asuntos, razón por la que incluimos a este colectivo en nuestro blog.

La sexualidad y la afectividad, entendida ahora como una dimensión positiva, saludable y bienhechora de nuestra vida, también en las personas de este amplio colectivo social -incluyendo muy diversas discapacidades físicas y/o sensoriales que, aunque tienen otras características diferenciales, comparten aspectos en común- ha sido una cuestión a la que y hasta ahora, siempre desde una perspectiva inclusiva e integradora, no se le ha prestado la suficiente atención.

En mi opinión sigue existiendo una falta de reconocimiento por parte de la mayoría de la sociedad y de legitimación sobre sus necesidades sexuales y afectivas.

En consecuencia, cabría afirmar que, históricamente, se ha negado cuando no prohibido de forma expresa, estas necesidades lo que supone una injusticia que sigue sin resolverse, sin ofrecer soluciones valientes, creativas y saludables en amplios sectores de este sector poblacional. Está casi todo por hacer.

Sin embargo, se trata de una cuestión de respeto por los derechos humanos de un colectivo de población muy amplio y del que, al parecer y así me lo dicen, solo se acuerdan los/as políticos/as en épocas electorales.

Tal vez podríamos resumir esta actitud social en una creencia muy extendida, que nuestros protagonistas están hartos de escuchar: “Eres muy afectivo/a, pero tú no tienes esas necesidades sexuales, eres un niño/a, espera a cuando seas mayor”.

Sin embargo, ¿Cuándo son mayores? Para muchas familias y profesionales, nunca, al menos en lo que concierne a las cuestiones afectivas y sexuales. En muchos casos, son engañados incomprensiblemente, desde esa cosmovisión de infantilismo y sobreprotección muy característica en la historia, haciéndoles albergar esperanzas que jamás llegarán.

La permisividad hacia la masturbación en determinados chicos, mucho más que en chicas, podría ser uno de los pocos comportamientos permisibles por parte de algunos progenitores.

Por ello no ha de extrañar que, entre otras muchas consecuencias, la gran mayoría de estos chicos y chicas tengan una extraordinaria confusión respecto a este ámbito de sus vidas y sus relaciones. Confusión, por ejemplo, entre lo que entienden por novios/as y amigos/as, entre lo público y lo privado, entre la realidad o la ficción del porno, entre el amor y el sexo o entre el matrimonio y la pareja por mencionar solo algunos de ellos.

La creencia de la normalidad de los modelos de conducta sexual de las películas sexuales que conocen, merece destacarse, porque comporta riesgos significativos.

 Así mismo hay que subrayar la desinformación tan escandalosa que presentan, en lo que respecta a conocimientos científicos sobre anticoncepción o a la prevención de los abusos sexuales, dada su extrema vulnerabilidad por su falta de capacitación específica. Esta situación, a una buena parte de estas personas y, a menudo, les genera no pocos sufrimientos, porque “son carne de cañón” de los depredadores sexuales.

La ignorancia, el silencio y la desinformación incrementan claramente el riesgo de abusos/violaciones a menores con discapacidad. Esta cuestión ya ha sido analizada ampliamente en ocho artículos en este blog.

En consecuencia, marco con toda claridad y rotundidad mi posición a este respecto: Es preciso reconocer y legitimar que las personas con discapacidad, sea intelectual o de otra naturaleza, son seres sexuados con necesidades afectivas y sexuales y que, como cualquier otro ser humano, requieren una adecuada preparación y capacitación en orden a una positiva integración de su sexualidad y afectividad a lo largo de toda su vida y en todas sus relaciones.

Poder, desigualdad y sexualidad

Vivimos en una sociedad muy desigual en todos los ámbitos y eso facilita una larga lista de arbitrariedades, las más de las veces envueltas en violencia, por parte de quienes detentan el poder. Pensemos en un momento en la injusta e inaceptable guerra, a la que estamos asistiendo con estupor, en pleno siglo XXI, donde los soldados rusos masacran y asesinan sin piedad a sus vecinos ucranianos, sean niños, adultos o mayores.

¿Quién se imaginaba hace tan solo tres semanas, en la Europa defensora acérrima de los derechos humanos y de todos los avances sociales conseguidos, una contienda así, tan destructiva y que, sin contar las muertes, el dolor y el sufrimiento humano que va a producir, desencadenará a no dudar, una vuelta atrás en el desarrollo social no menos de 50 o 60 años en ese territorio. Un retroceso que afectará a dos o tres generaciones que sufrirán enormes destrozos emocionales, de salud y de de otra índole.

Circunscribiéndonos a nuestro tema, la historia se escribe en parte por esa lucha permanente entre los/as que detentan el poder en la economía, religión, educación, salud o los medios de comunicación, por citar los más relevantes. De frente, se encuentran los/as que quieren acceder a él para cambiar esas injusticias y defender los derechos sexuales y las libertades de todas las personas, basándose en los conocimientos científicos. Y, en esa liza, lamentablemente, andamos en los últimos siglos a pesar de que se trate, como ya se ha dicho de derechos humanos, de salud y de justicia.

Las desigualdades sociales, más las que ocurren entre hombres y mujeres, determinan el uso del sexo como un arma de poder. Las agresiones sexuales y los abusos en este dominio son más frecuentes cuando hay relaciones de poder: el poderoso, la inmensa mayoría de las veces hombre, utiliza su dominio para satisfacer sus deseos sexuales sobre personas más vulnerables, mujeres y/o menores.

Los abusos sexuales a menores, mucho más vulnerables si presentan alguna discapacidad, o las violaciones a mujeres, son todos ejemplos de poderosos/opresores que se aprovechan de esa desigualdad, de esa asimetría, para obtener privilegios y doblegar voluntades.
Hay algunos vídeos sexuales,donde los protagonistas son menores y a veces presentan claros rasgos de discapacidad,que están a disposición de cualquiera.En otros son adultos. Algo inaceptable desde todo punto de vista.

Pues bien, creo que una de las desigualdades más obvias y no reconocidas es la sexualidad y afectividad de las personas con discapacidad, que sufren una doble discriminación en esta sociedad injusta y a veces cruel con ellas. Pero, si nos referimos a mujeres con discapacidad, elevamos un grado más la discriminación. Si añadimos una etnia distinta, otro nivel más. Finalmente, si añadimos la orientación sexual, mucha mayor discriminación aún si cabe. Aquí todo suma… pero en negativo.

Un poco de historia

En la primavera de 1980, tuvimos la fortuna de impartir un seminario de educación sexual en el Colegio El Molino de Pamplona que atiende a personas con discapacidad intelectual. Fue una de las primeras iniciativas que, en esta materia, se hacía en Navarra y, con ese formato incluso en España, a tenor de que eran tiempos difíciles para aventurarse en las procelosas aguas de la sexualidad en general y de esas personas en particular. Por aquel entonces, se oía con frecuencia que no tenían ningún tipo de necesidad sexual y que eran ángeles asexuados. ¿Para qué abrir la puerta entonces?

Si, en aquella época, hablar de sexualidad era una temeridad , hacerlo sobre este grupo de población era muy arriesgado. Empero, yo he seguido haciéndolo contra viento y marea, porque se trata sobre todo de justicia y de derechos humanos.

Casi 40 años después de esa experiencia (el 8 de abril de 2019) volvimos a impartir una Jornada sobre el mismo tema, en ese mismo Colegio, que me permitió valorar los cambios acontecidos, análisis  enriquecido con una ingente actividad formativa  durante ese periodo ya que he tenido la fortuna de colaborar con más de un centenar de entidades y asociaciones tanto de España como de Iberoamérica, en calidad de formador de familias y profesionales que trabajan con estas personas y que, por aquellos lares, suele denominarse diversidad funcional. En sucesivos artículos hablaremos de esos cambios y de las reflexiones que me han suscitado.

Si tienes interés en conocer el programa de formación que llevamos a cabo y los centros con los que hemos trabajado, clica aquí.

En los próximos días tendré la oportunidad de trabajar con un grupo de profesionales que atienden a jóvenes en viviendas tuteladas en Pamplona, (una microcooperativa denominada Incluye Navarra) circunstancia que me permitirá volver a constatar la realidad de estas personas y valorar los cambios que se hayan producido.

Cuando trabajamos con familias y profesionales tratamos de plantearles algunas preguntas, para que tomen conciencia de la realidad: ¿Las personas con D.I. tienen necesidades afectivas y sexuales? ¿Piensan en el sexo? ¿Se enamoran? ¿Se excitan? ¿Tienen deseos sexuales? ¿Tienen fantasías? ¿Se masturban?¿Consumen porno? ¿Se sienten atraídas? ¿Deseadas? ¿Atractivas? ¿Les gustaría tener novio/a, pareja? ¿Seducen? ¿Pueden? ¿Saben hacerlo? ¿Conocen/Usan métodos contraceptivos? Las respuestas que obtenemos a veces nos producen estupor y sonrojo. Mucho más si se las hacemos a los jóvenes con D.I.

En cualquier caso, hay que señalar que está tan generalizado este galimatías que, por sí mismo, merecería la pena reflexionar sobre las necesidades de estas personas en este terreno a lo largo de su ciclo vital, al que, nos consta, dedican tiempo y energía porque les interesa, de un modo similar al que lo hacen quienes no tienen esas discapacidades. La situación del consumo de pornografía en este colectivo, es absolutamente inaceptable, ya que su vulnerabilidad es mucho mayor.

Aquellos chicos y chicas con unos niveles de mayor capacidad cognitiva y habilidades sociales, que participan de los programas de integración e inclusión, tienen a mi juicio un mayor riesgo en la gestión de los contenidos sexuales pornográficos, dada la profusión y facilidad de los mismos y la menor capacitación que tienen a este respecto.

Observamos una notoria confusión entre muchos aspectos que tienen que ver con esta área.   En muchas familias estos hechos se viven con gran preocupación no exenta de cierta ansiedad y miedo. A otras se les antojan incomprensibles cuando no lejanos. En no pocas ocasiones se tienden a negar. Con frecuencia se potencian las conductas de carácter más afectivo, si bien en cualquier caso y para la gran mayoría, la realidad es que no saben muy bien cómo afrontar adecuadamente estos hechos. El resultado final, a menudo, suele ser optar por no reconocer estas necesidades, hacer como si no existieran.

Sin embargo, la realidad cotidiana, tozuda hasta la saciedad, acaba evidenciando que esa falta de reconocimiento, no parece ser una buena alternativa. La desinformación y la confusión en materia de sexualidad serían, a nuestro entender, dos características básicas de la situación en la que se encuentran una buena parte de estas personas. Y, como podrá comprenderse, ello es un riesgo de salud muy importante, como ya advertíamos en nuestro libro de la derecha, ya agotado, publicado por la Asociación Síndrome de Down Lejeune de Cádiz hace algunos años y que, “como hijos de su tiempo”, utilizamos un término en su título que ahora es inapropiado.

Internet ha venido a desbaratar ese castillo de cristal en el que algunas familias tenían protegidos a sus vástagos, convirtiéndose en una fuente de información sexual a la que acceden menores y jóvenes, también los que tienen discapacidad intelectual. La ignorancia y el ocultamiento no tienen ninguna ventaja. Ninguna.

A lo largo de estos años, hemos conocido infinidad de situaciones que evidencian esa falta de información y confusión, que darían para otro libro. Por ejemplo, aquella chica Síndrome de Down que nos comentaba, y estaba convencida de ello, que “hacer el amor era dar un beso a una foto”. Su madre nos decía que su novio era Cristiano Ronaldo, que había sustituido a Rafa Nadal semanas atrás. Con esa información sexual y esa idea de las relaciones sexuales va a resultar difícil evitar, por ejemplo, los abusos sexuales.

 Cada vez es más urgente adoptar iniciativas tendentes a cambiar paulatinamente estas circunstancias, porque la hipererotización comercial de la sociedad y los riesgos derivados de una instrumentalización desmesurada sobre el sexo, se incrementan. Con internet, las redes sociales y los móviles de última generación, el modelo de sexo frívolo, fisiológico, sin afecto, machista, una especie de tabla de gimnasia, está entre nosotros, en nuestra casa, omnipresente a nuestro alrededor de una manera incontrolable.

Y no esperemos que las industrias que viven del suculento negocio de Internet, con sus aplicaciones y plataformas, hagan gran cosa aparte de vendernos sus programas de control parental, porque uno de sus objetivos es que se navegue por la red el máximo tiempo posible y así obtener cuantiosos beneficios por la publicidad monetizada de la la atención y el tiempo que les vendemos, además de otros datos personales.

Las familias deben tomar las riendas y ejercer ese control. Hay mucho por hacer, pero si tuviéramos que realizar un listado de prioridades, probablemente una de las primeras sería la necesidad de promover programas de formación tanto para padres y madres, como para los profesionales.

Por cierto no estaría de más recordar que todas las personas podemos tener una discapacidad en cualquier momento – baste pensar por ejemplo en un accidente de tráfico o uno cerebrovascular- y que, cuando seamos mayores, las tendremos, sí o sí. Y estoy seguro de que desearíamos que nos trataran con respeto y con dignidad

En este sentido, y muy sucintamente, presentaremos en los próximos artículos una modesta experiencia realizada en diferentes lugares de España, pero que quiere ser un punto de partida del trabajo a desarrollar en este sector de la población. En numerosas entidades públicas y privadas, asociaciones de todo el territorio español y en Latinoamérica, hemos llevado a cabo otras tantas iniciativas, en algunos casos interviniendo con chicos/as, familias y profesionales de manera coordinada en dos momentos cronológicos, que sientan las bases para una actuación susceptible de ser evaluada periódicamente.

Seguiremos hablando de todo ello en los próximos artículos.

(*) PornEducation para el finde, ¿te atreves?, es una nueva propuesta, una más, a modo de campaña de sensibilización, que quiere ofrecer contenidos formativos por medio de artículos de divulgación, sobre sexualidad, educación sexual y pornografía, que se publicaran en este blog cada viernes, para leerlos y comentarlos el fin de semana con tranquilidad, con el hashtag:  #PornEducationParaElFinde

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