¿Una sociedad pornoviolenta?

Foto portada: Mart Production de Pexels

PornEducation para el finde, ¿te atreves? (*)                   #PornEducationParaElFinde

Un nuevo artículo para leer y reflexionar el fin de semana.

Vivimos en una sociedad que, a mi juicio, presenta entre sus infinitos rasgos, dos tan relevantes como preocupantes:

El primero es la violencia y más en concreto la violencia sexual, que se manifiesta en muy diferentes conductas de esta naturaleza (agresiones y abusos sexuales, peleas en grupos juveniles donde aparecen tambien chicas, acoso de diferente grado y consideración, retos virales de algunas redes  o propuestas de ciertos influencers descerebrados) particularmente en jóvenes.

Si me sigues, sabrás que el estudio y la prevención de los efectos de la violencia sexual es uno de los aspectos que más me apasionan, desde hace 4 décadas y que trato de divulgar en la medida de lo posible. 

Estos hechos son una realidad cuantificable que figura en los documentos oficiales anuales de la Fiscalía Española, así como en  diferentes informes del menor de las CCAA.  Por ejemplo, según los datos de la Fiscalía de Menores en la memoria anual de 2021, se advierte que,  en 2020 las agresiones sexuales cometidas por menores de 18 años fueron 544; 564 en 2019; 648 en 2018; 451 en 2017 y 476 de 2016. En 4 años se ha incrementado un 15%, si bien en 2018 llegó al  35% de aumento.

Según el INE, de los 2374 condenados por delitos sexuales en 2020 fueron hombres (2374) y mujeres(56).  En 2019 fueron 2078 y73, en 2018  lo fueron 2431 y 89 y en 2017, 2280 y 81 respectivamente. Señalamos este punto para poner el foco de esta realidad en la prevención de los mismos, sugiriendo algunas explicaciones a estas  enormes diferencias en este artículo.

Tenemos en cuenta los datos de denuncias oficiales, porque todos sabemos que es una parte pequeña de lo que sucede en la realidad.

Si nos referimos a los delitos de acoso sexual a menores (grooming), según el último informe de la Fiscalía, estos han experimentado un aumento del 175 % desde 2018.

Como botón de muestra,  cito una información en la que se advierte de un crecimiento significativo del ciberacoso en redes sociales como WhatsApp, Instagram o Tik Tok, hasta el punto de suponer el 22,6% de este tipo de agresiones.

Clica aquí si quieres leer el artículo de EL PAíS

En mi opinión, el acoso, en sus diferentes formas sexual, escolar, social… está aumentando y seguirá su crecimiento imparable a través de las RRSS, en una sociedad que mira para otro lado y que promueve la violencia y la violencia sexual en muy variados ámbitos. Como siempre, quienes más sufrirán serán los más vulnerables y los de menores recursos. Ellos y sus familias. El suicidio, por ejemplo, parece ser una de las consecuencias más dramáticas de este escenario.

Por otra parte, añado una observación personal, fruto de mi experiencia en RRSS-que no son más que un espejo de la sociedad sin filtros y con nick anónimos que facilitan el protagonismo  y el vómito escrito de los/as cobardes- incluso en mis entornos cercanos: un mayor aumento de la intolerancia social promovido, tal vez de manera irresponsable, por diferentes esferas de la política, que son los que deberían ser un ejemplo y un referente ético, para la sociedad que les retribuye generosamente.

Reconocerán conmigo que la violencia verbal, la intolerancia, las descalificaciones y los insultos son características distintivas en algunas redes sociales como Twitter o Facebook.

Por tanto la violencia política y la que incentivan diferentes movimientos sociales también hay que citarla. Porque en una sociedad violenta, la violencia sexual es un elemento más, muy significativo sin duda, por las características particulares del deseo sexual.

La violencia como motivación humana, ha tenido sentido a lo largo de la evolución de la especie. Empero, en una sociedad civilizada y supuestamente avanzada, debería tener mucho menos peso. Debería, pero no es así.

En cualquier caso, no hay ninguna razón ni justificación ética alguna, para que vaya de la mano de la sexualidad, otra motivación humana imprescindible desde nuestros orígenes, pero con otras funciones y características radicalmente diferentes.

Hemos señalado en reiteradas ocasiones que:

La sexualidad es una dimensión amorosa, saludable, divertida, tierna y placentera que tiene todo el sentido cuando se da en un entorno de deseo y acuerdo mutuo, afecto, respeto, libertad y corresponsabilidad en el placer con la otra persona, que me concierne y con la que empatizo.

Está hecha para el contacto placentero y el encuentro tierno y gozoso y, en consecuencia, no puede ni debe transformarse en una experiencia dolorosa, desagradable o incluso traumática, que puede acompañarnos toda la vida, razón por la que no podemos  en modo alguno permitir que esta concepción arraigue en nuestros menores y jóvenes.

Amable lector/a, si tienes interés en ampliar este problema de la violencia sexual en jóvenes de manera más específica, te sugiero  consultar otras entregas como por ejemplo la que se indica aquí. Las variables que parecen estar implicadas en el aumento de este fenómeno novedoso en nuestra cultura, han sido desarrolladas en este otro artículo.

Hablando de violencia sexual, excluyo la guerra cruel y despiadada de Rusia y Ucrania, a unos pocos kilómetros de nuestro país, en una Europa ilustrada y cuna de los derechos humanos, que ya de por sí merecería capítulo aparte, por las violaciones que parece conllevar en las mujeres y niñas de los vencidos (también de algunos varones)y otros tipos de violencia prácticamente normalizados.

Hipersexualización y erotización

El segundo rasgo es la hipersexualización social y la sexualización de las niñas a través de muy variopintas modalidades. Muchas canciones, publicidad en todos los órdenes y medios, videojuegos, vídeos porno con actrices infantiles/infantilizadas, influencers infantiles, dibujos y cómics tipo anime, manga… estimulan y fomentan este tipo de actitudes y comportamientos. La pornografía infantil presente en webs de acceso gratuito sería el ejemplo paradigmático.

Sobre este tipo de contenidos hemos hablado en diferentes articulos en este blog y en los libros TUS HIJOS VEN PORNO 1 y 2.

En mi opinión, los vídeos o películas sexuales pornoviolentas, deberían ser regulados al menos como ocurre con la pornografía infantil: ser considerada delito tanto su producción como su distribución. Al igual que existe una comisión ministerial de clasifica las diferentes películas comerciales, sería deseable disponer de criterios selectivos para estas producciones en Internet, a pesar de las dificultades que tal medida puede suponer. No se puede permitir por más tiempo que cualquier niño/a acceda vídeos de violencia sexual extrema sin ningún tipo de control.

El hecho de que la educacion de nuestros niños y niñas no contemple ningún tipo de medida específica para contrarrestar este ingente volumen de estímulos altamente inapropiados para su desarrollo psicosexual, a los que están expuestos a diario, merece una reflexión seria por parte de la ciudadanía y de sus representantes políticos, ya que como he dicho en varias ocasiones, estamos contribuyendo a crear una generación de niños (y niñas) pornoviolentos, cuyas características hemos desarrollado aquí.

Pornografía violenta

Hace unos meses compartía un post en RRSS sobre una película porno, en el que señalaba lo siguiente: El video con mayor numero de visitas de una de las webs porno más importantes, con varios millones de visionados, “tiene como protagonista a una adolescente, tumbada boca arriba en una mesa, con las manos y los pies encadenados, la boca amordazada, penetrada con un pene de plástico conectado a una máquina, electrocutada hasta que grita de dolor y, además, arrojando a su cuerpo cera hirviendo hasta quemarlo”.

Es decir, una niña torturada y violada, hecho sin duda terrible, deleznable e inaceptable desde cualquier punto de vista, excepto, claro, para la industria del porno y de los espectadores que se excitan con tamaña atrocidad y lo comparten alborozados por sus grupos de WhatsApp.

En otro artículo hemos analizado algunas modalidades de pornografía con violencia o de sesgo incestuoso, con títulos explícitos de agresiones sexuales, que incluyen menores y chicas aniñadas y los riesgos que ello parece comportar.

Pero también comentábamos, con gran preocupación, algo de lo que venimos advirtiendo desde hace muchos años: este tipo de porno es una de las primeras fuentes de información sexual de nuestros niños y jóvenes. Cualquiera de ellos puede ver vídeos de esa índole, e incluso mucho peores, razón por la que reivindicábamos, una vez más, una educación sexual profesional y científica, desde primaria a la universidad como una de las pocas iniciativas que tenemos.

Y que, en casa, los padres y madres hablen de todo esto y capaciten a sus pequeños/as en los diferentes riesgos sexuales de Internet.

En este empeño llevamos no pocos años, realizando diferentes materiales didácticos de ayuda a padres y madres en esta tarea en la que muchos de ellos/as -a través de los Talleres para madres y padres vergonzosos que realizamos (clica aquí si quieres saber en qué consisten)- nos dicen no saber cómo hacerlo.

Pues bien, ese post citado tuvo en pocos días muchos miles de visitas, lo que indica varias cosas, entre ellas que la pornografía atrae sobremanera, aunque cueste hablar de ella y que el sexo importa e interesa a casi todo el mundo. Y la dura pelea en torno a quien tiene el poder de transmisión de los conocimientos en esta materia se libra en Internet y, está claro, quien está ganando la batalla: la industria del porno, arrogante, que está ahí con un poderío indiscutible, incontrolable y con escasa o nula competencia.

Y los propietarios y accionistas de las productoras de cine porno, suponemos que frotándose las manos, teniendo el cuenta el impresionante negocio que supone, tal y como he analizado aquí.

Y mientras, nosotros aquí, incautos, discutiendo todavía la necesidad de la educación sexual. Hace falta un pacto social sobre este problema, si bien soy consciente de que es predicar en el desierto.

Una realidad que hay que reconocer

Internet ha provocado cambios espectaculares en nuestras vidas, pero tambien va a ser, quizá, la matriz en donde se inicien y mantengan no pocas adicciones: a los videojuegos, al consumo patológico, al juego de apuestas on-line, a las redes sociales o al porno y que van a dar trabajo a un batallón de psicólogos en los próximos años. De eso no tengo ninguna duda. Como suele acontecer, las familias más desfavorecidas, serán las que mayor sufrimiento tengan que soportar.

Porque la realidad es que, cualquier niño/a con un movil en su mano, puede acceder sin ninguna dificultad ni control, a todo tipo de películas porno con diferentes dosis de violencia, las 24 horas del día, los 365 días al año de manera gratuita. Barra libre. Sin un contrapeso alternativo que le permita otra mirada a ese mundo que más tarde o temprano al que accederá.

Hemos dicho muchas veces que el porno no es neutro. Influye y cómo. Si un anuncio de 20” en TV modifica actitudes y conductas en los espectadores, ¿Cómo no va a hacerlo, un vídeo de 30 minutos que excita y ofrece placer sexual de manera gratuita, con un cerebro inmaduro pero entregado y dopado (por la dopamina) hasta las trancas? De momento, es una de las principales fuentes de información sexual de nuestros chicos y jóvenes, transmisor no solo de cierto tipo de conocimientos sesgados, embustes y decenas de mitos; sino tambien de un modelo de comportamiento sexual que cabría esperar de un chico y una chica en esas circunstancias. Muchos chavales antes de haber dado un beso ya han visto escenas de esa naturaleza y algunos otros se jactan de ser expertos en conductas sexuales pornográficas.

Portada de mi libro, publicado por Amazon y, al poco tiempo, prohibida la venta en su catálogo.

¿Qué relación sexual propone /impone el porno heterosexual a nuestros jóvenes en una buena parte de los films que contempla excitado en su pantalla?: Él obliga a ella a una felación, hasta tener una erección descomunal y duradera, pasar al coito vaginal inmediatamente, luego coito anal y viceversa, sin preservativo alguno, volver a la felación sin solución de continuidad, para finalmente eyacular en su cara. Esto es lo que ven nuestros jóvenes TODOS LOS DÍAS. A TODAS HORAS. En un contexto donde ella es forzada de muchas y sofisticadas maneras.

Unos vídeos que de modo preminente y en su mayoría, ofrecen al menos dos mensajes: que es muy fácil tener relaciones sexuales con una chica (en todos los vídeos al final ella sucumbe) y que a las chicas les gusta que las fuercen un poco, o mucho, para que se conviertan en lobas sexuales para dar placer al apuesto actor.

Sabemos además que para una buena parte de los precoces espectadores/as no es ficción, pese a ser un argumento manido, porque lo consideran real y normal, sintiéndolo así. En cualquier caso, nada que ver con una película de Superman, porque las películas pornográficas excitan y producen placer, las películas de Superman, no. Aquí hemos hablado de todo ello.

Teniendo en cuenta que, en España, según diferentes estudios algunos niños ya acceden al porno a partir de los 8 años, incluso antes, no es difícil imaginar qué idea, qué visión de la sexualidad, de la mujer y de las relaciones sexuales y afectivas entre las personas, se va a ir configurando en su cerebro inmaduro, esencialmente plástico y abierto a todo lo novedoso que proviene del exterior y también cómo no al sexo, motivación fundamental en todos los seres humanos desde los atávicos procesos de hominización.

Hay quienes todavía no son capaces reconocer el incremento de agresiones sexuales a mujeres, incluso de grupos de chicos menores a niñas, así cómo el resto de los comportamientos violentos señalados y su relación con ese entorno social en el que viven. El consumir porno violento a menudo, en ausencia de una educación que incluya informaciones rigurosas que contraste con la que ya tienen, es un factor que hay que considerar seriamente. Hay muchos más, pero éste, a nuestro entender, es muy importante.

Diferenciar el contenido de los vídeos

Hay un primer equivoco que tenemos que resolver ya. Cuando se habla de pornografía cada cual entiende una cosa diferente y todo se mete en el mismo saco, tanto para denostarlos como para incentivar su consumo. Un craso e irresponsable error que blanquea los vídeos más violentos y los pone al mismo nivel que aquellos que no tienen ningún asomo de violencia. Consiguientemente, hay muchos tipos de películas sexuales y millones de cintas de ellas que, nosotros, a efectos didácticos en este artículo, resumimos en dos: películas eróticas y películas pornoviolentas. Una propuesta atrevida que me ha traído no pocos problemas con algunos movimientos sociales radicales de ambos signos.

En consecuencia, hablar de películas sexuales pornoviolentas, diferenciándolas de otras puede ser una alternativa pertinente, razón por la que espero tenga su interés y ojalá se generalice, ya que sería un gran paso en el camino de su regulación. Hace referencia a todo tipo de películas desagradables, agresivas, que repugnan, ofenden y son insoportables, porque reflejan comportamientos patológicos, de trastornos de la conducta sexual, inaceptables desde todo punto de vista, como el de la tortura que citábamos al comienzo.

Es sabido que, este tipo de vídeos horribles, también excitan a diferentes personas, por eso los ven y, esa circunstancia, por sí misma, ya debería ser motivo de consulta psicológica profesional, a tenor de que, para nosotros, podría ser una señal de alarma.

Mientras tanto ¿Qué pueden hacer los padres y madres sensibles a este grave problema?: capacitar a sus hijos e hijas para que sepan afrontar con éxito los riesgos sexuales que conlleva internet y de los que el consumo porno con diferentes dosis de violencia es uno de los más destacados. A sus hijos/as tambien les va a pasar tarde o temprano. Les guste o no. Quieran o no reconocerlo. Sean de derechas o de izquierdas. Feministas liberales o tradicionales. Profesen alguna religión o no.

No veo otras alternativas. Y ya vamos tarde. ¿Por qué?

Porque estamos hablando del futuro sexual, afectivo y emocional de una generación que crece en una sociedad pornoviolenta.

(*) PornEducation para el finde, ¿te atreves?es una nueva propuesta, una más, a modo de campaña de sensibilización, que quiere ofrecer contenidos formativos por medio de artículos de divulgación, sobre sexualidad, educación sexual y pornografía, que se publicaran en este blog cada viernes, para leerlos y comentarlos el fin de semana con tranquilidad, con el hashtag:  #PornEducationParaElFinde