
Mis últimos libros publicados sobre pornografía y educación sexual, escritos para ayudar a familias y profesionales, en la compleja tarea de afrontar los retos que tienen nuestros menores y jóvenes, en una sociedad digital convertida en referente y modelo educativo de su sexualidad y afectividad. Si quieres saber más visita el apartado libros en mi web.
Este artículo pertenece a una serie de ellos en los que abordo la adicción a la pornografía. En el anterior (clica aquí si quieres leerlo) nos aproximamos a la implicación de una sustancia cerebral (se produce igualmente en el intestino) la dopamina, denominada también la molécula del placer, en el amplio espectro de las gratificaciones de las personas, en particular de la sexual y la afectiva, que son la base de este acercamiento que estamos haciendo, desde una perspectiva de divulgación, facilitando a las personas interesadas algunos contenidos formativos que pudieran serles de utilidad.
Pretendo acercarme sucintamente uno de los efectos más conocidos que tiene el consumo de películas sexuales violentas: la adicción, cuestión ésta que he abordado ampliamente en diferentes libros que he escrito sobre la educación sexual y la pornografía, en particular en el que propongo una guía práctica para superar el enganche a la pornografía, (¿Cómo superar la adicción a la pornografía? clica aquí) así como en otros muchos artículos de divulgación.
Este aspecto me parece de singular importancia para entender los efectos del consumo precoz. Diferentes estudios sugieren que cuanto más baja sea la edad de exposición, por las razones que vimos con anterioridad, más riesgos conlleva, al igual que sucede con otros tóxicos adictivos como el alcohol, el tabaco, las drogas o los vídeo juegos, a tenor de que los mecanismos son similares.
Conductas adictivas en Internet
Se dice que la adicción a los dispositivos es ya un problema de salud a escala planetaria, que la situación de aislamiento derivada de la covid-19 no ha hecho más que ponerlo encima de la mesa. Recientemente la OMS categorizaba (en su sistema clasificatorio de los trastornos mentales CIE-11) la adicción a los vídeos juegos como “Trastorno mental del comportamiento o del desarrollo neurológico”(gaming disorder). Es probable que no tarde mucho tiempo en que esa calificación se generalice para el resto de comportamientos de consumo abusivo ( también llamadas adicciones; conductuales) asociados a Internet.
No en vano, es usual leer en artículos científicos, en los medios de comunicación o en revistas especializadas, advertencias al respecto e invitación a plantear muy seriamente, algún tipo de desconexión digital de las pantallas, dado el riesgo de dependencia.
De todas maneras, creo que lo que seduce realmente son los contenidos más que las pantallas físicas y sorprende que se hable más de estas y no se mencione tanto el consumo de películas sexuales sean o no pornoviolentas (PSP), de videojuegos, apuestas online, sextorsión, comida, acoso, compras compulsivas en la red etc. hechos cada vez más normalizados y de uso creciente y, diría más, imparable. Estoy seguro de que las demandas en atención clínica psicológica, de estas nuevas adicciones conductuales en los próximos años, va a ser espectacular
En cualquier caso, los profesionales de la salud y de la educación se encuentran ante un desafío extraordinario, porque el propósito de la mayoría, si no todas, de las aplicaciones, portales, plataformas, RRSS … es la de crear consumidores compulsivos y, si son adictos, mejor. Al igual que les sucede a los medios de comunicación y las TV que “matan” por obtener suscriptores, audiencia, porque lo jugoso es conseguir usuarios/as fieles, que incrementen el share y por tanto la publicidad ALMA MATER de todo este conglomerado. Es decir, lo de siempre, la pasta.
¿Por qué? desde mi punto de vista, en realidad de lo que se trata, es de generar beneficios en base a la monetización del tráfico de usuarios en cada plataforma o portal, y por ende de dividendos por publicidad, independientemente del efecto dañino que eso pueda producir. “No haber entrado”, “Eres libre de hacerlo” o “Los padres son los únicos responsables de que sus hijos se enganchen”, dicen los defensores a ultranza de la libertad de mercado( de SU libertad y de sus ganancias).
No es baladí que la infancia sea un colectivo diana para las industrias que viven de las adicciones. Las razones son obvias, en la medida en que son muy vulnerables desde el punto de vista cognitivo y emocional, por ello estos lobbies apuestan a largo plazo, ofreciendo productos que generan dependencia con lo que garantizan la producción futura. Además lo hacen en muchas ocasiones de manera burda y grosera.
Un caso conocido fue el del propio gobierno de Japón. Según informaba el diario elmundo_es, el gobierno japonés habría lanzado un concurso para recabar ideas con el fin de que los jóvenes beban más alcohol y revitalicen la industria alcohólica, con el lema “¡Viva el sake!”
Este hecho debe hacernos reflexionar para ponderar las ventajas e inconvenientes de una medida así ¿Cómo se sentirán los profesionales de la salud que trabajan duramente en prevención del alcoholismo?
A mi me parece una iniciativa triste, desoladora y lamentable. Los intereses de la industria priman sobre la salud de los/as ciudadanos/as, en el alcohol y en otras muchas sustancias adictivas: tabaco, azúcar, porno, drogas….
Esta, y no otra, siempre desde mi modesta perspectiva, es la finalidad fundamental, porque es la base de su negocio. Internet es la madre de todas las adicciones. El cultivo perfecto, como ya he analizado en otras publicaciones. Nos quieren consumidores abducidos por las pantallas, navegando por los infinitos portales, entretenidos en las RRSS, sin pensamiento crítico, mientras hacen unos negocios megamillonarios con la publicidad. A mi entender, es el invento más exitoso del neoliberalismo y del que hablábamos hace algún tiempo aquí y aquí.
¿Qué son las adicciones?
Por tanto, existen muchas y variopintas conductas adictivas. ¿Cuál es la más adictiva? Hay diferentes opiniones por otros tantos especialistas y va a depender de muchos factores. Creo que el poder adictivo del porno es muy significativo por las características que tiene, particularmente referidas al deseo sexual como motivador de la conducta, y que le hace ser diferente a otras adicciones a no sustancias (compras compulsivas, RRSS, apuestas on line, videojuegos…) y a las sustancias (alcohol, tabaco, drogas… incluso el azúcar).
Por cierto, el dinero, el poder y el sexo son tres motivaciones muy importantes de la conducta humana que le interesan a todo el mundo. A unos más que otros, pero hay quienes harían lo que fuera por conseguir su propósito. Eso hace que tengan un poder adictivo extraordinario. A menudo van juntas y el que tiene dinero y poder acostumbra a tener más sexo. Las apuestas on line, junto al porno ganan por goleada. Sostengo que el consumo precoz y abusivo de porno violento promueve un enganche fácil en el trio ganador.
La droga más dura no es la que se inyecta, sino la que permea suave y dulcemente, decía José Ignacio Alonso en un post interesante sobre este tema en la red profesional LinkedIn a propósito de otra publicación mía sobre la violencia sexual en la pornografía.
La inmensa mayoría de la sociedad consume en alguna medida este tipo de sustancias y no sustancias. El grupo juvenil es uno de los que mayor crecimiento ha experimentado. La estructura socioeconómica de nuestra sociedad obliga a ello. Está previsto que sea así. Sin embargo, en determinadas personas y circunstancias, este consumo acaba siendo abusivo, en razón de que el individuo va a dedicar más tiempo a consumir porque necesita hacerlo. Si no lo hace va a experimentar un malestar psicofisiológico. Por tanto, se le impone, no puede controlarlo, aunque ello comporte un deterioro de sus relaciones sociales, personales y familiares y, por tanto, de consecuencias laborales, económicas o de salud.
Por ejemplo podemos señalar a aquellas personas que están varias horas, a diario, en las redes y que no es su forma de trabajo (tipo youtubers, instagramers o ticktockers…)
Muchos padres se quejan del comportamiento de sus hijos/as cuando les quitan el móvil, olvidándose que es similar al que presenta un adicto al alcohol o al tabaco. Es como un síndrome de abstinencia, es decir el cuerpo necesita esa sustancia y la persona expresa ese malestar en forma de manifestaciones más o menos agresivas. Todos conocemos a alguna persona adicta y sabemos que esa adicción le cambia completamente su vida, su familia, sus relaciones, su trabajo…
Para considerar una conducta adictiva es preciso el estudio pertinente, realizado por profesionales de la psicología cualificados, donde se valorarán entre otras variables, el tipo de adicción, el grado de tolerancia, las características y motivaciones del consumo, así como sus efectos tanto físicos, psicológicos y sociales. Según diferentes especialistas, muchas personas con este tipo de comportamientos, a menudo suelen presentar algún tipo de trastorno mental.
Adicción al porno
Desde mi perspectiva educativa y preventiva, es importante que nos centrémonos en hablar de control, de decisión, de elegir en definitiva, frente a las fortísimas presiones que no solo no van a seguir, sino que se incrementarán en el futuro en esta sociedad de pantallas. La educación pretende formar adultos que sean capaces de tomar decisiones saludables para ellos/as y para su comunidad. Con una sólida formación, se trataría de encontrar un equilibrio entre el clásico dilema del uso y el abuso, no siempre fácil para aquellas personas más vulnerables cuyos efectos van a depender de la personalidad del individuo, la frecuencia del consumo, la edad o el tipo de contenidos, entre otros factores de interés. Mejor sería que no hubiera esas sustancias, o que no se consumieran… pero la realidad es bien otra.
Lo cierto es que tenemos que capacitar a nuestros niños y niñas a que vayan tomando decisiones, en aras a un mayor bienestar y salud para ellos/as, aunque su cerebro inmaduro se lo va a poner difícil. Pero hay que transmitirles por activa y por pasiva, y con nuestro propio modelo de comportamiento, que hay vida después de Internet. Que hay actividades muy gratificantes fuera de las pantallas.
La adicción a las películas sexuales, es solo una de las numerosas adicciones que está generando la red y que, cabría pronosticar, podría convertirse en un grave y generalizado problema de salud mental en las próximas décadas. Ya hay algunos servicios públicos de salud que ofrecen atención profesional en este área.
“Es como si el porno me llamara. En todos los sitios, a todas las horas. Estoy deseando ir a casa, dejar a los amigos, sentarme ante mi gran pantalla y entrar en mis webs favoritas. Eso me calma, al menos durante el tiempo que dura la excitación y la paja. Reconozco que no controlo este impulso que me lleva a verlo constantemente. Es como si tuvieras en tu cabeza un enano que te dice, venga, vamos, hazlo, te sentirás mejor… y no se va hasta que lo haces. Luego estás más tranquilo, pero dura poco. Enseguida, vuelta a empezar”.
Una de las conclusiones más repetidas de diferentes estudios científicos sobre las repercusiones del consumo de las películas sexuales es la adicción, (algunos se refieren al consumo abusivo o conducta adictiva) que, como he dicho, es comparable a la que sufren las personas que tienen un elevado grado de dependencia al tabaco, el alcohol o las drogas, ya que exhiben un patrón similar, tanto a nivel neurológico como conductual. Una de la diferencias, nada baladí, es que aquellas son completamente gratuitas y accesibles. En su smartphone, pegado en la palma de la mano.
Hay numerosos estudios científicos, como el del equipo de Todd Love, que subrayan que “la adicción a la pornografía en Internet encaja en el marco de la adicción y comparte mecanismos básicos similares con la adicción a las sustancias” considerándola como una adicción conductual y, por ende, siguiendo ese patrón.
Yo suelo referirme a una conducta adictiva y siguiendo a otros muchos expertos, la considero un trastorno de control de los impulsos de naturaleza sexual. Mas temprano que tarde se incorporará como tal en alguna nueva versión del DSM, sistema clasificatorio de salud mental de los profesionales a nivel mundial.
Como señalan muchos testimonios que me han sido enviados a través de mis RRSS, las personas suelen vivir esta situación, compulsivamente, como una poderosa presión, un ansia por llevar a cabo ese comportamiento, que escapa a su control, tan fuerte que les impele a seguir adelante aun a costa de las consecuencias que comporta y que son, por otra parte, conocidas por quienes la sufren.
El hecho de no llevarla a cabo le produce elevados niveles de estrés y ansiedad provocándole gran sufrimiento emocional, toda vez que puede acabar afectando al conjunto de su vida personal, familiar, social y laboral.
La preparación previa para ver el vídeo porno, ya de por sí excitante, y su visionado son relevantes, claro , aunque la masturbación posterior, es determinante, puesto que una vez que se ha provocado el placer orgásmico fisiológico, unido al que deviene de poder hacerlo, de conseguirlo, y de lograr una cierta calma temporal, la persona con esa dependencia frecuentemente quiere más, ya está pensando en el siguiente vídeo. Nunca está satisfecha. La dopamina, siempre quiere más.
Como vimos en el anterior artículo, la dopamina no encuentra sosiego. No da tregua, en la ansiada búsqueda de la satisfacción TOTAL, que no existe y por eso nunca llega. De ahí que cueste tanto dejar la adicción a la pornografía, como suelen reflejan muchos testimonios. La persona está encadenada a esa actividad, depende de ella y no la puede controlar. Se le impone.
Seguiremos en el próximo artículo.




